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UNA noche lanzaron bombas contra el Consulado de Colombia y la embajada de España. Otra noche colocaron explosivos en el edificio donde se reunía la Comisión de Negociación y Diálogo monitoreada por Gaviria. Otra noche secuestraron en Plaza Altamira a varios soldados desertores y a sus respectivas novias y los asesinaron en el parque Caiza. Otra noche manipularon al portugués Gouveira quien, enloquecido, disparó contra la gente reunida en la plaza de las infamias.
El episodio, fríamente calculado, estuvo a punto de desencadenar una masacre.
Otra noche lanzaron una bomba contra las embajadas de Cuba y Argelia. Más recientemente lo hicieron contra el Regimiento Guardia Presidencial de Miraflores.
Este último explosivo pudo haber provocado una catástrofe: el artefacto cayó cerca de la estación de gasolina y las calderas a gas de la instalación militar. Fue esta la última proeza, por ahora, de los terroristas nocturnos. Y ya los hilos están detectados. La autoría intelectual está determinada.
Rhona Otolina, un personaje abrumado por la vida y por el peso de la memoria de su padre aparece implicada, al extremo de que ya fue imputada por un juez y sobre ella recae una prohibición de salida del país. En su computadora está registrado el documento golpista, elaborado días antes del hecho, y en su fax quedó la reseña de la comunicación dirigida a Globovisión -lo que explica que este canal haya estado 10 minutos después de la explosión en el lugar de los acontecimientos- y otra al ex-fiscal general, Escovar Salom, un pájaro de cuenta. También se estableció la conexión con el general calvo, el inefable González
González, de “heroico” comportamiento con las carajitas de Plaza Altamira, pana de Medina Gómez, ambos participantes en una extraña reunión en el páramo La Culata, Mérida, celebrada en una propiedad de Gustavo Cisneros.
No podía faltar en este tipo de reunión, cuya implicación en las noches de bombazos terroristas debiera ser investigada por los organismos de seguridad del Estado, el ilustre prelado Baltazar Porras.
¿O no?. Porque en este país hay personajes que reclama absoluta impunidad, incluso para colocar bombas o para dar órdenes sangrientas y aplicarles la ley equivale, para ellos, a violar la libertad.-
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