Independencia de las colonias americanas

Difícil es decir que la mayoría de los liberales de la época en España comprendieron la realidad de la emancipación de las colonias americanas. Pero como el proceso histórico no se detiene ante consideraciones de este género, las antiguas colonias continuaron su movimiento de emancipación. En México fue Iturbide quien, al pasarse al bando criollo, facilitó la independencia en 1821. En el Sur, independientes ya Argentina y Chile, el bastión del Perú terminó por caer; el 12 de julio de 1821 entraba San Martín en Lima y un Cabildo abierto proclamaba la independencia el 28 del mismo mes. La batalla de Carabobo, el 24 de junio de 1821, significaba el fin de la dominación española en Venezuela. Ecuador proclamaba su independencia el 16 de mayo de 1822 (Batalla de Pichincha) y el primero de septiembre de 1823 llegaba Bolívar a Lima como triunfador, después que San Martín, al retirarse, le dejó libre el campo. Con la Batalla de Junín el 6 de agosto de 1824, el Perú obtiene su independencia. La Gran Colombia Bolivariana estaba en marcha. Los términos de la Constitución de Cádiz constituían el programa de la parte más avanzada de la sociedad española de la época. No es extraño, pues, que durante largos años hayan seguido siendo la bandera de combate de los sectores liberales. Los Constituyentes de Cádiz habían considerado que los territorios de América formaban parte de la nación española, pero luego retrocedieron al aplicar las consecuencias de ese principio que hubiera exigido mayor número de diputados americanos que peninsulares. Se concedió entonces el derecho de voto sólo a los blancos, dejando a las “castas” privadas de él. Llamábanse “castas” a los mestizos, mulatos y gentes de “color quebrado”, intermedias entre indios y criollos.

Cierto es que los dirigentes del movimiento político en las colonias eran esencialmente criollos, capa superior de la sociedad americana que había entrado en contradicción con la explotación de las mismas por la Monarquía. Pero los buenos propósitos de los legisladores de Cádiz no podían nada contra una realidad de raíces profundas. Razones que explica José Carlos Mariátegui así: “La política de España obstaculizaba y contrariaba totalmente el desenvolvimiento económico de las colonias al no permitirles traficar con ninguna otra nación y reservarse para la metrópolis, acaparándolo exclusivamente el derecho de todo comercio y empresa en sus dominios”. El impulso natural de las fuerzas productoras de las colonias pugnaba por romper este lazo. La naciente economía de las embrionarias formaciones nacionales de América necesitaba imperiosamente, para conseguir su desarrollo, desvincularse de la rígida autoridad y emanciparse de la medieval mentalidad del rey de España. Las “Instrucciones” dadas por el Ayuntamiento de la ciudad y provincia de Guatemala a su diputado en las Cortes de Cádiz, D. Antonio Larrazabal, son uno de los ejemplos más característicos de esas necesidades de las colonias. En ellas se recaba la libertad de industria y de comercio. Se dice: “prohibir la importación de mercaderías a pretexto de fomentar las fábricas nacionales es una injusticia que se hace al consumidor, ya que las industrias nacionales, sin estímulo, no progresarían”. Se insiste en que “todos los habitantes tengan oficios útiles” y también se dice “los guardacostas de América para que no se comercie con extranjeros son inútiles”.

Por otra parte, la noticia de la ocupación de España por los franceses determinó a las capas criollas, dirigentes de la sociedad, a reaccionar por cuenta propia, comenzando por rechazar las proposiciones de los agentes franceses que Napoleón y José I se habían apresurado a enviar. Cuando las Cortes de Cádiz se reunieron, el movimiento de Independencia estaba en marcha con fuerza irreversible. Venezuela está regida por una Junta de Gobierno desde el 19 de abril de 1810 y el 5 de julio de 1811 proclama su independencia y su primera Constitución, aunque en 1812 los patriotas tienen que capitular y Miranda cae preso, victima del engaño de Monteverde. En Buenos Aires, el 25 de mayo de 1810, el virrey tiene que ceder su puesto a la Junta dirigida por Belgrano. El 18 de mayo de 1811, Artigas derrota a los españoles en Las Piedras. Tres días antes se proclamaba la independencia del Paraguay. En Chile existe desde 1810 una Junta de Gobierno de tipo transitorio, pero a fines de 1812 ya tiene su Constitución y su bandera. Las juntas surgen por doquier en Colombia y Ecuador. En México, el cura Hidalgo da el “grito de Dolores” el 16 de septiembre de 1810. Después de su muerte, es Morelos quien dirige la lucha y reúne en Chipalzingo un Congreso, en septiembre de 1813, que proclama la Independencia el 6 de noviembre. Morelos será también ejecutado, el 22 de diciembre de 1815, por el coronel español Concha. El virrey Abascal resiste en Lima y también en 1814 es vencida la Junta de Santiago. Pese a reveses momentáneos, las colonias de América, siguiendo el método de las Juntas de los patriotas de la metrópoli, afirmaban su independencia que será definitiva en el decenio siguiente. En esta lucha encontraban el apoyo –nada altruista por cierto- de Inglaterra, cuando se convencieron estos de la imposibilidad de ganar las colonias a la causa de José I.

No es de extrañar que el Estado Español se mostrase cada vez más incapaz para dominar el levantamiento nacional en las colonias de América. Si el Congreso de Viena y el relente de Restauración que soplaba por Europa facilitaban el absolutismo fernandino, nada hicieron por apoyar a la Monarquía española para dominar sus colonias, ya que Inglaterra, interesada económicamente en la liberación sudamericana, impidió que tomasen decisiones sobre el particular. Y Rusia, valiéndose de Ugarte, endosó a Fernando VII, por 400 millones de reales, una partida de navíos de guerra en pésimo estado que no pudieron cumplir su misión y acabaron de pudrirse en La Carraca. El 27 de noviembre de 1823, Fernando VII solicitaba la intervención de la Santa Alianza en los siguientes términos: “S. M., que ha visto con el más profundo reconocimiento los esfuerzos de los soberanos unidos por la Santa Alianza (de la que se honra de ser miembro), para conservar los principios de la legitimidad en Europa, debe esperar que contribuirán igualmente a obtener un resultado igualmente digno en esas vastas regiones y a conservar en ellas su soberanía.” Sin duda alguna, el gobierno español se olvidaba tanto de lo que significaban los pueblos movilizados por su independencia como de la importancia creciente no sólo de Inglaterra, sino también de los Estados Unidos, Canning intentó rechazar la sugerencia española, pero sin darle tiempo a redactar su respuesta, el presidente norteamericano Monroe comunicaba al Congreso, el 7 de diciembre, su famoso mensaje en el que se consideraba toda intervención de una potencia europea en cualquier país del continente americano como un acto hostil hacia los Estados Unidos. En realidad, la actitud de Canning y Monroe, que correspondía a los intereses que respectivamente representaban, sólo era posible porque después de trece años de batallar las antiguas colonias habían hecho una realidad de su independencia.

El 9 de julio de 1816 se celebra el Congreso argentino de Tucumán. Desde comienzos de 1817, Simón Bolívar lleva una lucha empeñada en los territorios de Nueva Granada y Venezuela. En el verano de 1819 efectúa su célebre Paso de los Andes y al finalizar el año los Estados Unidos de Colombia son ya una realidad. El 13 de febrero de 1817 José de San Martín libera Santiago de Chile, donde la Independencia es solemnemente proclamada el 1 de enero de 1818. Sólo resisten verdaderamente los virreinatos del Perú y de México, donde el general Iturbide (que seis años más tarde debía proclamar la independencia) fusila a Morelos en 1815. Las colonias americanas habían dejado de serlo, a excepción de Cuba y Puerto Rico, entre la incomprensión, el asombro, la ignorancia y la estupidez congénita de los gobernantes españoles. El 9 de diciembre de 1824, en Ayacucho, las fuerzas americanas, mandadas por el General Sucre, derrotaban en toda la línea a las fuerzas españolas. Poco después, la caída de la fortaleza de El Callao confirmaba la liquidación definitiva de la dominación española en el continente americano. La lamentable expedición de Barradas, que el gobierno absolutista envió en 1828 de Cuba a Veracruz, sirvió para desenmascarar hasta a los más contumaces.

Por fin, la aglomeración de tropas en Cádiz, destinada a embarcarse para proseguir la lucha contra las jóvenes naciones de América, facilitó el trabajo a los liberales. Un centro directivo de conspiradores comenzó a funcionar, compuesto por el comerciante D. Javier Istúriz, los letrados Vadillo y Vallesa, D. Vicente Beltrán de Lis, Sr. Gutiérrez Acuña, el coronel Grases, al que más tarde se incorporaron D. Antonio Alcalá Galiano y D. Juan Álvarez Mendizábal, además del médico D. Juan Manuel de Aréjula. El descontento cundía entre las tropas acantonadas, “los inválidos que regresaban de Venezuela al desembarcar en las costas del litoral gaditano, andrajosos, hambrientos, inutilizados y escarmentados, ponderaban su mala ventura y decían a voz en grito a los acantonados expedicionarios que les esperaba igual suerte si sobrevivían al adverso destino que iban a buscar... En cuanto a los oficiales, así entre ellos y entre los soldados, era general la opinión de que el restablecimiento de la Constitución de 1812 allanaría el antagonismo de los criollos y abriría la puerta a la pacificación de aquellas regiones y a una era de sólidas ventajas, tanto para los americanos como para los españoles”. Digamos para completar el cuadro, el día 1º de enero de 1820, la expedición de veinte mil hombres que se aprestaban a partir de Cádiz en auxilio de Morillo, ya no vendrá. Los generales Riego y Quiroga, jefes de la expedición. Se han insurreccionado contra Fernando VII, obligándole a aceptar la Constitución de Cádiz, y los jefes y soldados se niegan a ir a Venezuela a combatir, ya que consideran Legítimo el Derecho de estos Pueblos a ser Libres y Soberanos. Los liberales españoles, insistían con dureza que sus principios eran: “Adhesión constante a la Constitución de 1812, paz con las naciones y no reconocer derecho de Intervención por parte de ninguna; he aquí su divisa y la regla de su conducta, tanto presentes como venideras”. “Luís XVIII de Francia dirigía una carta a Fernando VII en que, después de recordarle discretamente que sus fuerzas le habían devuelto la corona, le aconsejaba alejarse de la ciega arbitrariedad, que, lejos de aumentar el poder de los reyes, lo debilita”. Volviendo a lo que representaron en nuestra historia las Cortes de Cádiz, vale la pena citar unas palabras de la alocución de despedida hecha por su presidente (Gordoa). Hizo ver cuán triste y lamentable era el estado de la Monarquía y cuán insuperables los obstáculos que han tenido que vencer para destruir los abusos, para derrocar el monstruoso feudalismo y hacer desaparecer el cruel fanatismo. En efecto, la estructura de la vieja sociedad española había sido alcanzada por el impacto de las Cortes, pues, como dijo Carlos Marx: España estaba dividida en dos partes. “Ideas sin actos y actos sin ideas.”

Desde aquel momento el clero pasó a la oposición. Entre los asuntos que más han llamado la atención del Gobierno desde el restablecimiento de la Constitución, lo han sido los promovidos por la oposición de los obispos a cumplir los decretos de las Cortes y las providencias del Gobierno. La jerarquía eclesiástica era activamente apoyada en esta empresa política por el Nuncio del Vaticano, quien no dejó de promover incidentes hasta que, finalmente, abandonó el país y se trasladó a Tavira (frontera de Portugal) a fin de continuar interviniendo en las cuestiones internas de España. El Vaticano manifestó también su enemistad por el régimen constitucional. La abierta hostilidad del clero al nuevo régimen era ya marcada, oyéndose desde el púlpito predicaciones enemigas; el alto clero, más influyente aún por sus riquezas y sus relaciones constantes con las clases y familias apegadas al antiguo régimen, constituía los elementos de una extensa organización y no tardó en establecer un foco de conspiración.

Como nos hace falta hoy, el espíritu, la fuerza, la unión, las ansias de ser libres, que movían a aquellos “grandes hombres” que lidera-rizaron la Independencia de nuestra América del Imperio Español; desde el Río Grande hasta el Cabo de Hornos, desde el Atlántico, al Pacifico; Y así salirnos de las garras del “Águila Imperial” y lograr la independencia político-económica, y, construir nuestro propio modelo de socialismo.

“Los esclavizadores saben bien que mientras está el esclavo cantando a la Libertad se consuela de su esclavitud y no piensa en romper sus cadenas”.

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