Apenas han pasado minutos, desde que leí
la carta que le escribe el negro Villafaña a Ángela, a propósito del 21 aniversario de la Masacre de Cantaura. De pronto me dieron ganas de convocar los recuerdos y las complicidades épicas de esos meses de septiembre y octubre del año 82. Diez meses atrás en Puerto Cabello, tuvimos la oportunidad de encontrarnos a Fidel Argenis López C., para nosotros el comerciante, ya que estudio, comercio en el Liceo Miguel Peña. Ya nosotros no éramos de BR (afortunadamente).
Entre tragos de navidades le comentamos la situación del Frente Américo Silva y la situación interna de Bandera, que asumiera una actitud más crítica, ya que él se incorporaba en esos días a la guerrilla, que nosotros teníamos una escuadra de compás en la zona, y que habíamos hecho contactos fortuitos con algunos mandos del Américo Silva y su operatividad dejaba mucho que desear.
Su respuesta: ganas de joderlo, de desmoralizarlo, de envidiosos porque éramos fraccionalistas, “mala leches” (término despectivo usado por la dirección de bandera; nosotros le decíamos la derecha a ellos). Se fue “el comerciante” para el frente. El 19 de enero del 82, los cazadores los sorprenden a él y dos compañeros más (no me acuerdo de los nombres). Como siempre, la dirección no dio una explicación razonable de lo ocurrido, se le echó la culpa al liberalismo de los compañeros. Ellos, la dirección, como cuadros militares no evaluaron la derrota; lo importante era que el 20 de enero el partido estaba de aniversario.
Para finales de septiembre nos encontrábamos en los alrededores de la población de Anaco, teníamos un operativo de retención; notamos algunas vainas raras en la zona, nos pusimos en alerta y formación de combate defensivo para evadir al enemigo. En el amanecer del 4 de octubre escuchamos los broncos, las bombas. Ya sabíamos que no era con nosotros. Coño, jodieron a los compañeros, porque para nosotros muchos de ellos todavía eran hermanos. A pesar de los pesares, nos dolió porque ahí teníamos que estar nosotros, pues por promoción teníamos que haber sido los mandos en el AS, y habíamos aprendido el dicho de la vieja Juana, campesina de Santa Maria de Ipire: " muchachos la malicia es la amistad de la vida"; es decir, desconfiar al máximo de todo lo anormal en el Monte.
Nosotros abandonamos la zona y la operación, sólo tuvimos una escaramuza en la Alcabala las Flores, entrando a la ciudad de San Juan.
Hubo varias evaluaciones de lo sucedido, la dirección como todas las direcciones, salvó su responsabilidad. Quedaron abaleados, mutilados. Jóvenes compañeros, en su gran mayoría nacidos a finales de los 50 y comienzos de los años de los sueños y la rebeldía los años 60.
Decía Milán Kundera, que la lucha del hombre contra el poder, era la lucha de la memoria contra el olvido.
Románticamente, sin preparación, con un morral de sueños y con unas enormes ganas de entrar a la capital montados en un jeep, a semejanza del che, esos fueron los muchachos de Cantaura, nacidos en los 60, nacidos para rebelarnos. Muchachos, nos veremos nuevamente un día de estos, porque nosotros continuamos cargando el morral, ahora cargado de mayores sueños.