NOTA PREVIA
Enterándome
de la noticia por distintos medios de comunicación, la contribución de
la Exxon, la trasnacional más depredadora del mundo, por su sed
insaciable de ganancias económicas i por su desprecio por los Derechos
Humanos de todos los pobladores del mundo, a excepción de la clase
poderosa de los Estados Unidos; su contribución, repito, a los planes
desestabilizadores, conspirativos e invasores del Imperio contra la
nación venezolana que, como los denunciara el Libertador hace unos
doscientos años, están aquí dispuestos a llenar de miseria a la América
a nombre de la libertad, esa empresa que no atendió como muchas otras a
entrar en serios i justos convenios petrolíferos i comerciales con un
país soberano, ha conseguido despreciables lacayos venezolanos que como
siempre, han hablado con el vozarrón de los asnos, con rebuznos
ridículos como lo han hecho dos basuras humanas: Rafael Poleo i Oscar
Yánez, “escribidores” que ni alcanzan el nivel de intelectuales, pero
que, sin ser Giusti tampoco ningún intelectual, al menos está a la
altura de Miquilena i otros, como traidor mayor i le ha hecho daños
supermillonarios a su supuesta patria. Los
rebuznos de Luis Giousti han sido notables, como cuando pronosticó que
el saboteo a PDEVSA no lo soportaría el país ni por 10 días i tumbaría
al gobierno; i ahora, cuando acaba de pronosticar que el embargo de la
EXXON sería trágico para Venezuela. Redondeando su faena de traidor,
convirtiéndose en Asesor Petrolero del emperador Bush. Conociendo pues
a este traidor desde joven, cuando fue un estudiante mediocre, paso a
exponer la CARTA A LUIS GIUSTI que le hice hace algún tiempo atrás.
CARTA A LUIS GIUSTI
Sólo los méritos pequeños.
son partidarios de la mentira
que los favorece”
Stendhal
Esta
es una misiva para un destinatario, identificado con nombre i apellido,
pues no me amparo ni en anonimatos ni en eufemismos, para expresar
claramente mi pensamiento, porque a quien me dirijo, le conocí desde
joven, así como conozco también la familia Giusti, de antaño, en
Maracaibo; pero en realidad es, para otros muchos destinatarios, con
pasiones, apetencias o idiosincrasias similares, que los hace entes de
un mismo conjunto matemático que, como ingenieros una gran
mayoría, saben como puede crearse con unos pocos o muchos objetos
semejantes, por alguna cualidad común.
Le
conocí como alumno del bachillerato en el Colegio Gonzaga, pero no lo
recordaba como recuerdo a compañeros brillantes por su talento i
dedicación al estudio, (tres de ellos extraordinarios médicos
venezolanos, por lo cual me enorgullezco de haber contribuido en algo a
su formación) quienes me revivieron la imagen de Luis Giusti, evocando
entonces, su fenotipo de catirito flacucho, con ojos claros i un mechón
en la frente, poco atlético aunque alto, que me hicieron recordar a los
hermanos Giusti, ciclistas, basquebolistas i deportistas aficionados a
otras varias disciplinas, con sus caras largas i poca bola de Bichat,
o alguno de ellos que fue mi buen amigo por un tiempo atrás i, viví su
tragedia de hogar, vulnerado por discordias maritales i la muerte
trágica de una esposa. Por años perdí toda pista o conocimiento de ese
apellido i del opaco alumno Luis; solamente supe que había escogido la
carrera universitaria de ingeniero, aunque no supe de la especialidad.
Con los años, de pronto, el apellido apareció en la prensa i
fundamentalmente en PDVSA, empresa que, aunque el grueso de su trabajo
es en el Zulia, era una especie de Vaticano, un Estado dentro del
Estado que, desconocida su esencia en esta lejana provincia, se decía nació
como una Trinidad de las principales empresa trasnacionales que se
fundieron, en una confusa, misteriosa i compleja nacionalización,
ejecutada por el hombre que más daño ha hecho a Venezuela, en toda su
historia, i le sigue haciendo: el bachiller Carlos Andrés Pérez. Allí
fue el gran negocio de este analfabeto cultural lleno de vanidad, odio
i bajos instintos, que le permite todavía vivir como multimillonario en
el exterior, financiando agresiones para su supuesta patria. Pues,
bien, con esos respaldos, parece que durante muchos años el alumno
opaco i el ingeniero que nunca vimos destacarse en nada, se hizo
“meritocrático”, en la empresa de todos los venezolanos,
en la cual llegó hasta la Presidencia i, después de años con sueldos
millonarios, fueron invirtiendo el producto o ganancia en dólares, a
punto de llegar a recibir cuatro veces la empresa, lo que aportaba a
fisco nacional. Cuando se jubiló, según se expuso públicamente, sus
prestaciones pasaron de los mil millones. La riqueza i la vanidad, le
han llevado a pensar alcanzar la Presidencia de la República, pero como
estimo que, íntimamente sabe que no tiene capacidad para ello, lo que
ha resuelto es comandar absolutamente a PDVSA, privatizándola, en
complicidad con muchos de la llamada estúpidamente meritocracia, i con
eternos competidores al cargo, como son Quiróz Corradi, Calderón Berti
(que ya habían sido presidentes) o un audaz que se autocalifica como experto
petrolero, Montiel Ortega, quien, para darnos a ver que era
universitario, cuando fue candidato presidencial, en los tiempos ya
avanzados de la informática i adelantos afines, sacaba la regla de
cálculo de los ingenieros, de hace más de medio siglo atrás, que
solamente se les consigue ahora en los museos.
Así,
a veces, sacando las “pastorales” de casi una página de los periódicos,
escritas por Quiróz Corradi, de vez en cuando leímos un artículo de
Luis Guisti, con el propósito claro para sus intereses, pero notándose
su mala sintaxis o la ayuda de otro para redactar, porque sospecho que,
debe estar podrido en dinero pero, casi en la ruina intelectualmente.
Fuera de sus conocimientos de ingeniería i sus artimañas para ganancia,
negocios compromisos, no debe poseer un gran acervo
cultural. Esos artículos los leí al principio por curiosidad, pero
llegó el momento de convencerme que no se puede malgastar el tiempo,
cuando hai tanta maravilla cultural por leer.
Sin
embargo, es indudable que, después del disimulado respaldo del
imperialismo (dispuesto siempre a intervenir donde hai petróleo) i del
otro respaldo económico de quien ya es casi dueño de media Venezuela
(encolerizó el cognomento de Bolivariana, pero se iba a llamar
Cisnerolandia), el comandante en
sombra, de los dictadores de PDVSA, es el alumno opaco Luis; corrijo,
brillante de dinero que, al morirse de llevará al cielo (con Tarjetas
Doradas Celestiales) i que, tal como lo sospecho, no debe conocer ni
amar la historia patria, prefiere convertir a Venezuela en una estrella
más de una bandera. I esto lo expreso porque, la vida es breve, i para
ricos o pobres, el día tiene 24 horas i el año unos 365 días, i el
estar pendiente solamente de la riqueza, de viajar sin culturizarse, de
vivir en fiestas i placeres, de negocios i pactos secretos, etc., no le
queda tiempo alguno ni para leer un libro completo. La cultura no se
improvisa; es un edificio intelectual i conceptual, que se inicia desde
que aprendemos a leer i nada nos entra por ósmosis, sino por estudio i,
la mayoría de los políticos i de los hombres de dinero, adquieren un
título para poner unas siglas antes del nombre, pero al salir de la
Universidad, no vuelven al estudio jamás, como lo demuestra lo mal que
conocen el idioma materno. Por eso menosprecian el talento, pero cuando lo tienen
–con honrosas excepciones- es para lo que decía el Libertador: “el
talento sin probidad, es un azote”. Otros creen que, por hablar inglés
u otro idioma, ya son cultos. Otro idioma habla cualquiera persona que
tenga oportunidad de vivir en otro país, como lo vemos en el caso de
los jugadores de Grandes Ligas o cualquier lavador de platos o barredor de pisos. El
talento se demuestra con las ideas; el filósofo Jhon Locke decía que,
pensar i tener ideas es la misma cosa, pero la idea es creativa en lo
material, en lo científico, pero quizá lo es más en lo inmaterial, en
lo poético o en lo artístico i literario. Por ello una de las cosas que
más molesta, es la llamada meritocracia, un término que se refiere al mérito, que en otros idiomas es habilidad i
que de ninguna manera es “tiempo de permanencia en algo”. Si fuese así,
permanecer en la vida por 80 ó 90 años, sin saber leer, debería ser un
mérito i al
mismo tiempo, por “ósmosis”, un aprendizaje que nos hiciese sabios.
Pensando así, resulta el popular adagio de que todos los viejos serían
sabios, condición que estimo no existe como lo he
explicado muchas veces. Por ello, aprovecho esta misiva, para referirme
al mérito i por consiguiente a ese invento de la “méritocracia”.
Volviendo entonces, al trato directo de una carta i no a las
consideraciones generales que he hecho tangencialmente, creo Ingeniero
Luis, que te llaman doctor, como a muchos colegas médicos, abogados,
licenciados, etc., que usurpan este título sin poseerlo i sin saber el
significado de la palabra, le voi a referir lo que es el mérito, una de
cuyas consideraciones, es la de Stendhal (que no sé si sabe quien es)
puesta de epígrafe en esta carta no mui común.
El mérito implica saber que significa el verbo merecer. Merecer una cosa, dice Lalande, bien sea salario, felicidad, buen éxito o recompensa -en
lo positivo- también pude ser en lo inverso, censura, fracaso, castigo,
todo respecto a la manera de haber obrado. Los méritos ni son
hereditarios ni son comprados i, naturalmente tener una cosa merecida,
es tener algo considerado como justo. El merecer está íntimamente
ligado a lo justo, lo diáfano, lo bueno i bello. Por eso, el mérito
tiene dos acepciones, como lo tiene el término éxito o la palabra
crisis. Existe una crisis negativa (que en lo que se cree comúnmente)
pero hai también una crisis positiva. Fíjate, ingeniero, lo que puede
aportar el conocimiento de la filosofía i el conocimiento del lenguaje.
La acepción positiva de mérito, entonces, tiene valor moral o ético (no
sé si sabes la diferencia entre lo moral i lo ético) i para participar
de ese valor (la mayoría ignora también qué son los valores)
se requiere un inmenso esfuerzo tesonero i virtuoso, que es una
tendencia a la perfectibilidad, pero consciente de que la perfección,
no existe. Ni siquiera sirve como argumento para demostrar la
existencia de Dios, i eso sería largo de explicártelo. Este sentido del
mérito es el más aceptable, ya que otro es de tipo, teológico, basado
en una vida moral de santidad que…creo que tampoco existe. Los autores
que han tratado estas cosas expresan, que toda confusión proviene de
dificultades verbales i sofismas, que no distinguen
claramente el esfuerzo del bien, no para quien obra solamente, sino
para sus semejantes. Este razonamiento, ingeniero Luis, apenas tiene un
barniz de filosofía, pero creo que profundizarle más, es lograr que
usted no me entienda nada, ni sus compañeros de PDVSA, que se llenan la
boca con ese término de méritocracia i no saben ni su significado. Toda
palabra o término tiene un sentido i un significado. Usar
solamente el sentido, la manera de presentar, sin saber el significado,
es lo que yo llamo deshonestidad intelectual: hablar o predicar, de lo
que no se sabe.
Por la realidad presente, ahora por primera vez al descubierto, cuando el gobierno dijo abracadabra,
frente a las puertas de PDVSA, lo que menos ha mostrado a todos los
accionistas del pueblo venezolano es que, sus sueldos, sus privilegios,
sus actitudes antipatrióticas, nada tienen de meritorios. Cuando les
comparamos con otros países productores, la comparación los acusa de
tal manera que no encontrando asidero legal, constitucional, pero sobre
todo ético, lo que tratan de propiciar es un golpe de estado o una
desestabilización total de la sociedad civilizada, que acaba por borrar
el porcentaje de méritos que podrían exhibir, por el tiempo de
enquistamiento en la empresa. Sea, por lo menos esta vez, discretamente
justo i leal con un país que usted no siente o ama como patria.
Posiblemente sus genes extranjeros, predominan, aunque le digo con
conocimiento profundo de este sentir, la mejor, noble i creativa
inmigración que ha fortalecido a Venezuela, es la italiana i que yo
conozco casi íntegramente a ese país cuna del arte universal, i le amo
tanto como a España, Bélgica o Francia, que son los que más conozco i
admiro. A un amigo desorientado, le comentaba esta frase de Leonardo
D'Vinci, el artista más universal del planeta: “Solamente se conoce bien, la cosa amada”.Usted,
amigo Giusti, permítame que por una vez le llame así, no se si tendré
que recordarle que está entre la frase lógica de Sócrates, “todos los
hombres son mortales”. La decisión de sus ancestros, que encontraron en
esta tierra de gracia, su hogar i echaron raíces en sus hijos i nietos,
se morirá como todos pese a los miles de millones de dólares que posea
en los bancos i en sus bienes, e igual le pasará a sus descendientes,
pero vea que gran tesoro se llevó a la inmortalidad de
la postergación del olvido, Simón Bolívar, que de rico mantuano, murió
prácticamente en la miseria pero ascendió a la gloria de la posteridad,
porque la otra inmortalidad, en la que usted tal vez, cree, no
existe i si existiese, allí no le servirán sus riquezas. Platón decía
que, no es pobre el que poco tiene, sino el que ambiciona mucho. ¿Hasta
cuando ambiciona dinero Luis Giusti? ¿Aunque tenga que arruinar i vejar
a la patria buena que escogieron sus antecesores? ¿Cree Luis Giusti que
los otros venezolanos no merecen surgir i ser felices, como usted ha
disfrutado en exceso?
Podría
referirme a muchos otros excesos i ambiciones de mi antiguo alumno
opaco, pero ya esta carta compite en largo con lo que escribe Quiróz
Corradi. He querido, más que señalarle que su obra no
tiene el mérito que supone, llegar a su conciencia, tocar su corazón,
estremecer su pensamiento racional, pedirle por la felicidad i la paz
de Venezuela. Esto lo he hecho con otros personeros i, empiezo a creer,
que nos falta mucho por escudriñar científicamente el cerebro humano,
para saber si en todos, existe algún centro o un paraje del mismo,
donde radica la conciencia, pues por la obra i los méritos, parece que
no en todos hai conciencia del mundo i de la vida.
I, al final, le inserto la frase de mi maestro a distancia Bertrand Russell, que signó mi vida: “La buena vida es la inspirada por el amor y guiada por el conocimiento” o la de mi dios, el Libertador, que afirma: “La justicia, es la reina de las virtudes republicanas”.
Atentamente,
DR. ROBERTO JIMÉNEZ MAGGIOLO
robertojjm@hotmail.com