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Globovisión: Alegando hambre en medio del banquete
Por: Rodrigo López Oviedo
Fecha de publicación: 06/10/03
imprímelo mándaselo a
tus panas


Un modesto colombiano como el que esto escribe, y como muy seguramente
muchos ciudadanos del resto del mundo, pudo observar por un canal venezolano
de televisión la “ominosa afrenta” de que fue víctima la libertad de
expresión de ese “bravo pueblo”.

No lo podía creer. Un Gobierno como el de Hugo Chávez Frías, que fue capaz
de soportar un paro empresarial de 62 días sin acudir a ningún tipo de
censura contra los medios de comunicación ni atropellar las libertades
ciudadanas; un Gobierno como el de Hugo Chávez, que soportó un golpe de
estado oligárquico y mediático sin reaccionar con censura contra nadie; un
Gobierno que ha tolerado por más de cuatro años que los canales de
televisión se convirtieran en directorios políticos de la subversión no
podía estar cometiendo semejante crimen contra la libertad de expresión,
máxime ahora que la economía comenzaba a sobreponerse a los rudos golpes del
inmediato pasado y empezaban a asomarse tímidas las primeras soluciones a
los tradicionales problemas de la población más pobre.

La información no podía parecer más sospechosa de mendacidad, pero, sin
embargo, allí estaba la evidencia confirmatoria: A plena luz del día y
actuando sobre seguro, un peligroso destacamento de cuatro o cinco
funcionarios de la estatal Comisión Nacional de Telecomunicaciones
–CONATEL-, vigorosamente armados con sus destornilladores y un computador
portátil, procedieron a cumplir la decisión oficial de desconectar una
antena de microondas que Globovisión venía utilizando de manera clandestina
para atizar la contrarrevolución.¡Vaya, Vaya, Vaya!

Lo curioso era que semejante cercenamiento de la libertad de expresión
estaba siendo informado al mundo entero por la misma compañía cercenada, la
cual, aprovechando la permisividad de Hugo Chávez, había convertido el hecho
noticioso en ocasión para el escándalo y en oportunidad para trinar
nuevamente cacerolas contra el déspota. Curioso también que la que se
confesaba reprimida en su derecho a la información fuera la misma que, como
jugando a “ver y no contar” con los demás monopolios de la comunicación, ha
mantenido desinformado al mundo sobre los muchos progresos alcanzados
durante los cuatro años de gobierno del presidente Chávez, pese a la brutal
oposición de los dueños del país.

Claro que no era la primera vez que un medio de comunicación era
intervenido. Ya antes CATIA TV había sido objeto de igual tratamiento. Solo
que a diferencia de lo que hoy se comenta, en aquella oportunidad no fueron
las tropas de asalto de CONATEL las que realizaron la diligencia, sino
modestos contingentes de la Policía Metropolitana al mando del antichavista
visceral Alfredo Peña, alcalde de Caracas. Y también a diferencia de esta
vez, en tal oportunidad sólo nos dimos cuenta del censurable hecho tiempo
después, y eso a través de medios de comunicación alternativos, como los que
pueblan las redes de Internet, pues a CATIA TV. no se le permitió continuar
sus transmisiones ni se le brindó la solidaridad que le sobró a la opositora
Globovisión. Es que la concepción oligárquica del derecho a la información
no coincide con el derecho de la ciudadanía a que se le informe con
pertinencia y veracidad. Tan sólo significa potestad para explotar los
medios en procura de preservar el poder, al tiempo que se lucra en lo
personal. Sólo que en esta oportunidad, el poder, al menos el poder
ejecutivo nacional, no está del lado oligárquico. De ahí su acerba
oposición.

Definitivamente, no se puede estar a la mesa disfrutando del mejor banquete
y al mismo tiempo protestando hambres. A Globovisión no le queda bien
exhibirse como víctima cuando viola las normas de telecomunicación y no
puede mostrar un solo indicio verdadero de la represión que cuestiona. A las
claras se ve que tiene cientos de micrófonos y cámaras al aire, dedicados a
la arenga contrarrevolucionaria y en total olvido de la ética periodística.
Con semejante farsa está evidenciando la profunda debilidad en que se
encuentra la reacción venezolana desde su fallido asalto golpista. Esa
debilidad se le convertirá en nueva derrota si hay referendo revocatorio.


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Rodrigo López Oviedo


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