|
El presente artículo fue publicado en el diario The Los Angeles Times el pasado 3 de Octubre.
Philip Agee fue un agente de operaciones de la CIA desde 1957 a 1969, publicó “Dentro de la Compañía: Diario de la CIA” en 1975, en la cual expuso cientos de operaciones y a personal de la CIA en América Latina.
El rebolullo actual sobre la revelación al público del nombre de un agente encubierto de la CIA, trae el recuerdo de vívidas memorias y cómicas ironías. La ley de 1982 que ahora amenaza a Karl Rove (el principal sospechoso de revelar la identidad del agente), o a quienquiera que haya sido quien filtró el nombre del oficial de inteligencia, se llama el Acta de Protección de Identidades de Inteligencia, y fue adoptada para silenciarme.
Yo fui un agente de la CIA durante 11 años en Latinoamérica, pero renuncié en 1969 y escribí un libro que contaba la verdadera historia de mi vida dentro de la agencia.
En los años 70, junto con algunos colegas emprendimos una campaña de “periodismo de guerrilla” para exponer las operaciones de la CIA y a su personal alrededor del mundo porque pensamos que podíamos combatir el rol de la agencia en apoyo a muchos dictadores asesinos de ese entonces, incluyendo a aquellos en Vietnam, Grecia, Chile, Argentina, Uruguay y Brasil. El Acta de Protección de Identidades de Inteligencia. El cual castiga la exposición de agentes de inteligencia, fue diseñada para detenernos.
Aquí está la primera ironía: fue el presidente George H.W. Bush quien luchó para aprobar esa ley cuando él fue director de la CIA entre 1976 y 1977 y luego como vicepresidente.
Para justificar la restricción de la ley en la primera enmienda de la Constitución, el viejo Bush y otros oficiales de la CIA repitieron las mismas mentiras una y otra vez: que al identificar públicamente a Richard Welch, el jefe de la CIA en Atenas quien fue asesinado por terroristas en diciembre de 1975, yo era responsable de su muerte.
Bush repitió esa mentira aún mucho después que el congreso aprobará la ley, durante su período como presidente y aún después. Su esposa, Bárbara, también la repitió en su autobiografía de 1994. Yo la demandé por difamación. Como parte del acuerdo legal, ella me envió una carta de disculpas contentiva de la admisión de que yo no había identificado a Welch.
De hecho, yo nunca conocí a Welch, no sabía que estaba en Atenas y nunca había publicado su nombre o informado a nadie.
Pero la campaña de Bush en los setentas fue efectiva. Mientras fue director de la CIA, la agencia trabajó con agencias de inteligencia amigas en Europa para etiquetarme, en tiempos distintos, como una amenaza a la seguridad, un desertor y un agente soviético o cubano y fueron exitosos en lograr mi expulsión de cinco países de la OTAN.
Adelantemos hasta nuestros días. El hijo de George y de Barbara es actualmente presidente de los Estados Unidos con una agresiva agenda neo-imperialista, incluyendo la guerra para garantizar el control del petróleo del Medio Oriente.
A fin de vender esta guerra opcional como una guerra necesaria, el joven Bush junta un paquete de mentiras. Pero cuando el retirado embajador Joseph C. Wilson abre un pequeño hueco en el paquete de mentiras de Bush, alguien en la Casa Blanca expone al público el nombre su esposa como una agente de la CIA en retaliación; un intento claro de arruinar su carrera. Wilson fue el que descubrió que era mentira lo dicho por Bush con relación a que Saddam Husein buscaba uranio en países africanos para contruir armas nucleares.
Uno tiene que preguntarse, qué pensará el viejo Bush de esta clara violación de su ley bajo la propia administración de su hijo.
Tuvimos razón en exponer las actividades de la CIA en los setentas porque la agencia estaba siendo utilizada para imponer una agenda criminal estadounidense. Hoy en día continúo pensando que las operaciones de la agencia deben ser expuesta en lugares como Venezuela, donde sin duda está trabajando doble tiempo para organizar y apoyar a las fuerzas inclinadas a derrocar al dos veces electo presidente Hugo Chavez. Su crimen aparentemente es desarrollar programas que finalmente hagan llegar las fabulosas riquezas petroleras de ese país a la gente común.
Pero en vez de ese apropiado tipo de exposición, oficiales de inteligencia están siendo expuestos, y la ley violada, por la propia administración Bush como parte de una pobre táctica política de dañar a un enemigo para mantener el apoyo a una guerra deshonesta e indefendible.
Las ironías son deprimentes.
Articulo leido aproximadamente 1234 veces
|