Durante el verano (agosto) de 1984, Baltazar Porras estuvo involucrado en un
affaire en Nicaragua, cuando fué denunciada por algunos medios de
comunicación del lugar, una reunión de sacerdotes nicaragüenses y el mencionado
con presuntos representantes de la "contra".
La “contra” formó parte, en ese momento, de una acción integral de
desestabilización y acoso a un país que, desde 1979, transitaba un proceso
revolucionario, nacionalista y democrático, después de una larga y sangrienta
dictadura encabezada por Anastasio Somoza quien en 1933 fue encargado, por los
norteamericanos, de “cuidar” a Nicaragua luego de invadirla y ocuparla en 1912.
En 1981 el gobierno de Ronald Reagan reinició las actividades americanas en
este país, con los argumentos de siempre: armas, drogas, el diablo, comunismo,
Fidel, indios, etc. y la infaltable campaña propagandística por todos los medios
del globo. Se creó entonces la Coordinadora Democrática (no es mamadera
de gallo, así se llamó), formada por la Fedecamaras nicaragüense, los partidos
políticos de derecha, la jerarquía eclesiástica nacional e internacional
–encabezada por el entonces Arzobispo de Managua, Miguel Obando Bravo- y los
representantes de los halcones del Pentágono y del Departamento de Estado de
EEUU, quienes realmente dirigieron todo el tinglado. Su “brazo armado” fueron
los “contras” - también allá hubo doble discurso - que llegaron a ser unos
20.000. Mercenarios, pagados y armados por los de siempre, tuvieron sus bases en
Honduras y Costa Rica, desde donde actuaron impunemente (1). Sus acciones
costaron cerca de 50.000 vidas y la ruina económica de la pequeña nación que, en
ese entonces, no llegaba a los 4 millones de habitantes.
En noviembre de ese año 84 se realizaron las primeras elecciones libres y
universales de la historia nica, en la cual los sandinistas obtuvieron el 67% de
los votos. Lo que pasó después es conocido por todos: los cientos de millones de
dólares en armas y tecnología, la traición de las oligarquías latinoamericanas,
la manipulación de los sectores más oscuros de la jerarquía católica (Obando
Bravo: Cardenal el 25 de mayo de 1985) y los errores de los sandinistas,
produjeron en los 90 una derrota temporal de ese pueblo que en estos momentos
parece retomar el camino.
La ingerencia de los norteamericanos en Centroamérica durante los siglos XIX
y XX es tristemente recordada: Panamá, Nicaragua 1, Guatemala, Honduras, El
Salvador… Sin embargo, durante los años ochenta esta intervención adquiere
particularidades: aumenta su virulencia y descaro (2) e incorpora
gobiernos y grupos democristianos latinoamericanos ultra conservadores (léase
Opus Dei), quienes a través de funcionarios (¿de quién o de qué?) interfieren en
los asuntos de estos países: el mas tristemente conocido fue Leopoldo Castillo
(3) (el mismo de Globovisión). Pero no fue el único.
Esta tormenta política y militar estuvo acompañada de un cisma religioso que
ya había cobrado las vidas del Arzobispo de San Salvador, Oscar Arnulfo Romero,
y cuatro religiosas norteamericanas, en 1980 y que significó presiones,
sufrimiento moral y hasta la pérdida de la vida de otros sacerdotes y religiosas
centroamericanos, especialmente los nicaragüenses, que en su mayoría estaban
incorporados al proceso sandinista. El evento más dramático ocurrió en 1989 con
la muerte de seis sacerdotes jesuitas, su ama de llaves y la menor hija de ésta,
en la Universidad Centro América (UCA) de El Salvador (4).
En este contexto se produjo la “visita” de nuestro “Monseñor” quien, por
cierto, había intentado entrar a Nicaragua sin la documentación en regla,
devuelto a Panamá, desde donde la Nunciatura Apostólica tramitó su ingreso que
se produjo el 5 de agosto del citado año (5). Si mal no recordamos, el
aquelarre fué en un lugar situado a la orilla de un lago y su objetivo no era
conciliar, sino "poner en su lugar" a los sacerdotes que apoyaban el proceso
sandinista así como la Coordinación de acciones (?). La información se
dio por varios medios nicas (no estamos seguros, pero creemos que hasta en "La
Prensa" se publicó). Porras dijo, en ese momento, que "le habían tendido una
trampa" para involucrarlo en cuestiones políticas pues la citada reunión iba a
ser de "estricto carácter religioso". Lo cierto es que silenciaron el
show ulterior y el tipo salio de Managua el 11 de agosto de 1984.
El asunto, por supuesto, molestó y dolió. Los religiosos venezolanos que
conocemos pertenecen a un linaje de luchadores sociales, comprometidos con su
pueblo y su desarrollo espiritual, social y económico, que en nada se parecen a
éste Torquemada mezclado con CAP, que lanza la piedra y esconde la mano en la
sotana. Sin embargo, su perfil se fue aclarando, pues de allí en adelante estuvo
inmiscuido en cuanto boicot y destrucción de movimientos de base católicos
importantes hubo en el país, incluida su pasantía merideña y el gran papelón en
la Asamblea Episcopal Venezolana, llena de intrigas, manipulaciones,
conspiraciones y persecuciones. Para muestra de su estilo ver las declaraciones
que dio al diario El País (6), en España, dignas de la prosapia adeca mas
que la opusdeistica, por la cantidad de mentiras que dijo, con lo cual nos
demostró que no tiene nada que ver con el Hno. Gaudensio, el padre Hernández y
otros ya fallecidos (preferimos no nombrar a los vivos por aquello de la
neoinquisición).
Definitivamente, no aprenden: una cosa es la religión y la fe de la gente y
otra la burocrática, corrupta y medieval jerarquía de nuestra iglesia venezolana
al servicio de terrenales y pantanosos intereses.
Pero aún nos preguntamos: ¿Qué porras hacía un recién nombrado obispo
auxiliar venezolano en aquel berenjenal? ¿Tendría vínculos con la CIA o el
Departamento de Estado? ¿Y del Opus, qué? Y entonces nos damos cuenta, en el
momento en que escribimos esto, que el protagonista de nuestra nota pertenece a
una estirpe, que se hizo famosa durante la guerra civil española por la boca del
general franquista-aznarista Millán Astray cuando en la Universidad de
Salamanca, delante de Miguel de Unamuno, lanzó su declaración de principios:
¡Abajo la inteligencia, que viva la muerte¡ ante lo cual, y desde los
tiempos del Antiguo Testamento, los pueblos responden con una consigna que ad
pédem lítterae expresa: Dejen de fastidiar, queremos trabajar. (7)
P.S. Me imagino que después de lo de Escrivá, el capelo cardenalicio viene
volando: “gracias por los favores recibidos”. ¿Será “in pectore”? Que le
aproveche.
(1) Juicios del show Irán-Contras, realizados en los Estados Unidos, en 1986.
Mr. Norton: culpable. Ver también reportaje de CNN, del 3 de octubre del 2003,
sobre la petición de Salvador Talavera, representante de los mencionados, al
Departamento de Estado, para ser reconocidos como “veteranos de guerra” de los
EEUU, pues “Fuimos entrenados, financiados y creados como parte de la
política exterior de Estados Unidos". Que cinismo.
(2) Corte Internacional de Justicia de La Haya, 27 de junio de 1986.
Condena a USA por agresión a Nicaragua.
(3) Embajador de Venezuela en El Salvador desde 1981. Ver “Operación
Centauro”.
(4) Se han producido diferentes investigaciones y juicios en Centroamérica
y EEUU, siempre implicando a sectores de derecha y sus militares. Recientemente
se abrió causa a un oficial salvadoreño en el país del norte en relación con la
muerte del Arzobispo Oscar Arnulfo Romero.
(5) El Nazional. 1ª. Plana. 5 y 6 de agosto de 1984. Porras dijo entonces
que su viaje tenía como objetivo asistir a la graduación de un sacerdote de
apellido Porras. Curiosamente no aparece, en los días siguientes, lo acontecido
posteriormente.
(6) El País. Madrid. 30-9-2003 “El Gobierno de Chávez es un fracaso
social”
(7) ¿Se acuerdan de la descripción de necrofilia que hizo Erich
Fromm? Quien le quiera seguir la pista puede utilizar Internet, de 1990 para
acá; antes, las hemerotecas. Al paisano le gusta dejar rastros. Cuando
crucen nombres incluyan a Otto Reich, Rogelio Pardo-Maurer, Charles Shapiro,
John N Negroponte, Roger Noriega, Aznar, Opus Dei, etc.
Dr. José Mata
C.I. N° 3246406
Integrante del Grupo “Simón Bolívar”,
de la UCV, que en ese entonces (1984) ofreció y dio apoyo a la Facultad de
Medicina de la Universidad Autónoma de Nicaragua en la ciudad de León.