Hacia un programa
común por la defensa y profundización
de la Revolución Bolivariana.
El problema
de la dirección política de la Revolución Venezolana
en la perspectiva de los movimientos populares y de los trabajadores.
îNo es posible separar mecánicamente lo político de lo organizativo!
Lenin
El rechazo del cuadro político organizado por parte del movimiento popular
(en Venezuela) lejos de coincidir con un estado de despolitización y depresión
de éste, es al contrario, el rasgo más notable de su recuperada vitalidad.
Alfredo Maneiro
Breve relación de las organizaciones.
En los trece años
transcurridos desde el alzamiento popular del 27 de febrero, pocas constantes
permiten comprender la trascendencia de este proceso: la voluntad de cambio
del pueblo venezolano expresada testarudamente por múltiples vías; el ascendente
liderazgo social de Comandante Hugo Chávez a partir del año 92; y el rebase
de las estructuras partidistas de izquierda y de derecha y por ende la ausencia
de dirección política clara, tanto en las fuerzas sociales que pugnamos por
el cambio como en los sectores dominantes.
El proceso de cambio
que experimenta la sociedad venezolana dio al traste con las organizaciones
de izquierda que reivindicaban para sí la dirección histórica del proceso, incluso
se llevó por el medio en proporción a sus vacilaciones en los últimos diez años,
a organizaciones que habían asumido seriamente la construcción de la vanguardia
política y que habían agrupado un importante liderazgo social que les permitió
hasta hace muy poco un sostenido crecimiento.
De la contribución
de algunos de los aparatos partidistas de izquierda hay poco que decir, su cancelación
como proyectos aunque no ha sido declarada necesita solamente el levantamiento
del acta de defunción. Estos aparatos subsisten reproduciendo los vicios del
sistema que pretendían combatir e incluso sostenidos por este de inverosímiles
maneras con el fin (aún ahora) de justificar el sainete de la democracia
representativa. Una evidencia de esto es que las proclamas estratégicas de estos
partidos están en abierta contradicción con sus tácticas y con su política actual,
y esto sólo es tolerable por la poca incidencia social que tienen y por la alineación
honesta de algunos de ellos con el proceso de cambio.
El caso MAS es
una historieta sin heroes que compramos por entregas, el último capitulo lo
protagonizó Miquelena y Puchi (los dos eran villanos). Salvo algunos cuadros
valiosos que honrosamente se mantienen al lado de la causa bolivariana no hay
mucho que esperar de esta fracción política.
En el caso de La
Causa R y luego de su división el PPT, su dirigencia no fue consecuente
con las tareas para las que se había estado preparando, la derecha del partido
impulsó impunemente un plan divisionista de engorde para luego perderse con
las siglas al hombro en los negocios de la corrupción y el fraude, ya sin ninguna
orientación de poder como era de esperarse después de un viraje tan drástico.
La izquierda del partido, ahora PPT, aunque resteada con los cambios no se percató
de que su nueva agrupación no era aún un partido político, sino que era producto
de una crisis de división que los había partido en pedazos aún inconexos. Así
abandonaron la tarea de construcción del partido y se entregaron al parlamentarismo
y a la conspiración, pretendiendo incluso dirigirla en momentos en que era evidente
que la voluntad de cambio del pueblo aunque no los excluía había puesto a otros
a la cabeza del proceso de cambio.
El lanzamiento
de El Movimiento Quinta República fue solo cuestión de activar un aparato
administrativo para afrontar las coyunturas electorales. No hay construcción
político ideológica en su proceso sino un ideario bolivariano no contextualizado,
que aunque es asumible por todo el movimiento popular como parte integrante
de la experiencia histórica, no es ideología, si entendemos a ésta no como un
dogma, sino como la síntesis de la experiencia revolucionaria de los trabajadores
y el pueblo. Tampoco hay construcción político organizativa ni se asumieron
en este proceso los liderazgos populares reales sino los disponibles y cercanos,
por supuesto, con el manejo intencional de los cercanos y los disponibles.
En no pocos casos
se abortaron procesos de organización social para montar por encima de éstos
la intendencia electoral necesaria para consolidar el triunfo.
Demás está decir
que las victorias electorales que hemos logrado son un resultado que disculpa
suficientemente a sus responsables, pero que este aparato electoral deviniera
en sustituto del antiguo aparato clientelar de la cuarta república no se puede
justificar, agravado con el abandono o la imposibilidad de cumplir con las más
elementales tareas de una dirección política.
Debemos decir que
este aparato electoral se hizo insuficiente para las tareas sociales y políticas
actuales y que mientras continua activado, sus principales funcionarios están
administrando los recursos disponibles para la organización y la política en
función de instalar sus redes en la vieja estructura administrativa del Estado
venezolano, reproduciendo con torpeza las prácticas clientelares del pasado
con una voracidad de primerizos.
Agreguemos a esto
que todo indica que El MVR como estructura electoral no podrá cumplir
ni la cuarta parte de sus responsabilidades futuras y que un cambio de siglas
no será suficiente para salir victoriosos de tan importantes retos.
La derecha política
para nuestra fortuna está en una situación similar en varios aspectos: todas
sus organizaciones tradicionales fueron rebasadas en su responsabilidad de control
del movimiento popular e incluso en su representatividad de los sectores medios
y de la pequeña burguesía; esto ha obligado a los sectores dominantes a presentarse
con rostro propio en la palestra política, nunca como ahora habíamos asistido
a un cuadro tan corporativo de la política venezolana. Parece que como en "La
Eneida" de Virgilio, los dioses hubieran descorrido el velo de la mirada
de los mortales para que viéramos quiénes son los protagonistas verdaderos de
la batalla social.
Nuevas organizaciones
de origen electoral pretenden llenar el vacío de la derecha tradicional en algunos
casos son ediciones camaleónicas de ésta. Una constante de todo el esfuerzo
organizativo de movilización de los sectores de derecha es la ausencia de liderazgos
sociales por debajo de la línea de los sectores medios, el liderazgo con que
cuentan estos sectores es de reciente edición y de origen completamente mediático
y todavía no se han acordado para darle direccionalidad política a su proyecto.
La diferencia es
que estos sectores están trabajando cada vez más en conjunto para hacerse de
una dirección política que pueda disputarle la base social al chavismo y que
eventualmente pueden lograrlo si orientan apropiadamente sus recursos. La cercanía
con la cúpula Cetevista y la creación de fracciones sindicales de las nuevas
agrupaciones, es un intento por es un intento de hacerse de una brecha hacia
la clase trabajadora y darle trascendencia a sus proyectos nuevos partidistas.
Algunas de sus
otras ventajas es que ya han ensayado abiertamente la conspiración cívico-militar
y que han apuntalado la vocación de poder en los sectores que componen este
sector; también han afinado las relaciones internacionales con sectores extremistas
de derecha, con gobiernos y corporaciones con voluntad de financiar sus iniciativas
sediciosas
En el seno del
movimiento popular existe cada vez más consensuada, la necesidad de hacerse
de una dirección política construida con el amplio liderazgo social alineado
a favor de la defensa y profundización de los cambios revolucionarios, una organización
democrática y dotada para la lucha social, para la disputa de la hegemonía del
proyecto revolucionario venezolano en el seno del pueblo. Esta necesidad y disposición
aún no es homogénea y menos aún logra concordancia con las iniciativas de quienes
nominalmente asumen la tarea de iniciar esta construcción desde el gobierno.
El llamado Comando
de la Revolución es un sin sentido si todos los hombres, sectores y grupos
con responsabilidades en el gobierno y en la lucha social, no tienen un sólida
comprensión y una férrea subordinación a sus decisiones políticas. Su condición
de colegiación de cúpulas e individualidades apenas resuelve un problema formal
de escasa importancia.
El relanzamiento
del MBR200 y la creación de los círculos bolivarianos demuestra
la preocupación conciente del compañero Presidente Hugo Chávez sobre el problema
de la dirección política y de la organización de las bases sociales del proceso
de cambio. Pero la administración de este proceso desde el gobierno y desde
algunas instancias del aparato electoral lo limita enormemente y lo pervierte
en algunas ocasiones.
Las intenciones
son buenas pero no se puede construir una organización política sin pasar por
el debate y la articulación del liderazgo social, sin permitirle a éste tomar
sus propias decisiones. Es decir, si el proceso de construcción no es democrático
no solamente no sumará lo mejor que el movimiento popular ha acumulado, sino
que el resultado no se corresponderá con el tipo de organización que necesita
la revolución venezolana. Una que permita completar el tejido social conciente,
base de apoyo del proceso y fortalecerlo para la enorme tarea de construcción.
La articulación
y la organización del movimiento popular y de los trabajadores venezolanos.
Encontrarnos a través de la políticas.
Existen actualmente
múltiples intentos de coordinación a nivel popular, comunitario y a nivel de
las organizaciones de trabajadores.
La Fuerza Bolivariana
de Trabajadores tiene la enorme responsabilidad de superar la coyuntura
electoral que le otorgó mas del 40% de la representación sindical actual, para
convertirse en una fuerza clasista pilar fundamental de la profundización política
social y económica de la revolución, empezando por la consolidación de un programa
común de lucha para todas las organizaciones agrupadas a nivel nacional
y por una política de consolidación del movimiento. Si La FBT no cumple
con esto debe ser rápidamente superada por una coordinación que encarne los
retos de los trabajadores en el actual momento.
Es necesario incorporar
a los trabajadores a la tarea de construcción de una organización política que
reivindique el rol protagónico de clase y haga suyo el proceso de cambios y
los ayude a superar el nivel reivindicativista de la lucha.
En este sentido
la lucha por un Sistema Integral y Social de Seguridad Social puede ser la oportunidad
para elevar los niveles de debate de los trabajadores. En este y otros procesos
los dirigentes sindicales deben aparecer con rostro nuevo y abierto a la palestra
pública para confrontar la oxigenación mediática de los viejos jerarcas de la
CTV.
En Caracas el movimiento
popular ha tenido varios momentos estelares de coordinación en función de la
lucha social y política. Actualmente siguen habiendo intentos de agruparse en
torno a un programa de lucha común. La necesidad de asumir los programas sociales
gubernamentales que elevan la calidad de vida y que fomentan la participación
protagónica de la gente facilita los niveles de coordinación y articulación,
también la necesidad de garantizar que los nuevos instrumentos y políticas sociales
reflejen la síntesis lograda por el movimiento popular en su experiencia histórica.
Hay una resistencia
para asumir niveles de coordinación política en los grupos y movimientos comunitarios,
culturales, etc. La defensa del espacio propio de participación logrado a través
de una tenaz lucha de resistencia contra los partidos tradicionales, ganándole
batallas a la exclusión social y a la pobreza, logrando niveles aceptables de
calidad de vida para nuestra comunidad, no nos permiten ver más allá de lo que
directamente les atañe a las organizaciones sociales. Muchos escogimos la defensa
del espacio local antes de ser absorbidos por una sociedad política corrupta
y partidizada.
Aún ahora, pese
a la alineación de la mayoría del movimiento popular organizado con el proceso
de cambio y pese al apoyo al presidente Chávez, muchas organizaciones populares
no se sienten representadas ni en los responsables políticos locales ni en muchos
de los representantes electos a nivel parroquial y municipal y mucho menos con
la gestión de algunos Alcaldes y diputados. El problema de estos interlocutores
primarios de la gente es que no actúan en función de profundizar y consolidar
el proceso con la gente, sino que siguen trabajando para su reelección como
si ésta fuera posible en un marco distinto al de la consolidación del proceso.
El problema de las organizaciones populares es que no están articuladas para
plantearse metas más elevadas.
Creemos que existen
una serie de experiencias de naturaleza articuladora en función de fortalecer
las bases sociales y culturales de este proceso de cambio que son los escenarios
en los que se debe debatir un programa político común que permita crear un comando
social y político del proceso:
Las redes sociales comunitarias y sectoriales.
Los medios de comunicación comunitaria (publicaciones, televisión,
radio, agencias de noticias populares, redes de contrainformación, etc.).
La economía social (cooperativas, microempresas, cajas de ahorro,
asociaciones, etc.)
La cogestión y autogestión de empresas públicas locales y municipales.
La construcción de las organizaciones campesinas, de pescadores,
acuacultores, profesionales y técnicos de ramo en el marco de la consolidación
de los cambios contenidos en las nuevas leyes de tierra y pesca.
Los Comités de Tierra Urbana, en el marco del decreto de regularización
de la tenencia de la tierra urbana en los barrios y urbanizaciones populares
(democratización de la tenencia de la tierra urbana).
Las Comunidades Educativas en el marco del Proyecto Educativo
Nacional, de las escuelas bolivarianas y del programa de alimentación escolar.
La Educación no formal (alfabetización, etc.).
Los Consejos Locales de Planificación de Políticas Públicas.
Los círculos bolivarianos.
La solidaridad y el intercambio internacionalista con las luchas
políticas y sociales de los pueblos latinoamericanos y del mundo.
La participación activa de las comunidades y sectores de la
sociedad en la elaboración de los nuevos instrumentos legales en el marco de
la Constitución Bolivariana. (Ley orgánica del Poder Municipal, Ley Orgánica
de Educación, Ordenanzas de participación ciudadana, etc).
Comités por el derecho a la información o de usuarios de los
medios de comunicación.
La coordinación cívico-militar para los planes de desarrollo
social.
Agrupaciones y redes en defensa del ambiente y de los derechos
indígenas.
Las asambleas populares y de trabajadores, asumidas cómo espacio
primario del poder popular.
La diversidad de
escenarios y de organizaciones convocadas para este debate es garantía de un
programa coherente consustanciado con toda la realidad del proceso de cambio
acorde a las necesidades.
En estos escenarios
el movimiento popular debatirá, confrontará y coincidirá frecuentemente con
los actores administrativos del proceso, ya que el móvil de estos escenarios
es en mucho la tarea de construcción del poder popular. Esta dinámica permitirá
validar el liderazgo validable actualmente a cargo de la administración gubernamental
y pondrá a prueba la voluntad del liderazgo social de ir a la política y elevar
sus niveles de compromiso con el proceso de cambio.
Hacia una confluencia
de organizaciones populares y obreras
"Las soluciones organizativas fueron siempre, síntesis de las experiencias
en la construcción de la vanguardia y, en ningún caso, decisiones puramente
administrativas de cenáculos dirigentes. Síntesis logradas a través de discusiones
francas, a menudo, duras y siempre amplias" Alfredo Maneiro
Proponemos preparar
un Encuentro de organizaciones populares y de trabajadores por la defensa
y profundización de la Revolución Bolivariana con el ánimo de constituir
un programa de lucha común de los revolucionarios venezolanos.
Crear a partir
de esta iniciativa mecanismos de coordinación política de los grupos, organizaciones
sociales y sectoriales autónomas a nivel local y nacional. Que permitan debatir
la política, construir en común y movilizarse juntos para la lucha.
Crear instancias
operativas y administrativas para garantizar la formación del liderazgo para
el cambio, para la articulación efectiva y horizontal entre los hombres, mujeres
y organizaciones involucradas y sobre todo para los procesos comunicacionales
de difusión de las política.
Participar y construir
coherentemente en los espacios creados por la Constitución y las leyes bolivarianas
y en los programas sociales, económicos y políticos del gobierno.
Promover las asambleas
populares cómo instancia primaria en la construcción del poder popular.
Promover iniciativas
diversas para la consolidación y profundización jurídica, política, social,
económica y cultural de la Revolución Bolivariana.
Acordar un Plan
para la integración con las luchas sociales y políticas de los pueblos latinoamericanos
por la justicia social y contra la globalización neoliberal.
Este proceso debe
avanzar con el tiempo y las posibilidades hacia la consolidación de una dirección
política de la revolución, democrática, participativa y protagónica, reflejo
de los cambios que se propone impulsar y no negación sistemática de ellos cómo
ocurre hoy en día. Una vanguardia revolucionaria a la que el movimiento popular
asuma porque este vinculada genéticamente a este, alejada de la práctica clientelar
y lista para bregarse la hegemonía política en el seno de nuestro pueblo.
En la crisis de
abril quedo demostrada la falta de respuesta orgánica de las direcciones políticas
instituidas para el proceso, excepto por la voluntad indivudual de algunos de
sus miembros, también fue notable la capacidad de respuesta del movimiento popular
y del pueblo, el nivel de conciencia alcanzado en poco tiempo.
Es hora de ver a las dos realidades concilidas en una solución política.
Se trata de crear
las condiciones y las relaciones para que esto sea posible el nacimiento de
una organización rectora de la revolución, eficaz para resolver el problema
del poder y capaz de otorgarle calidad y profundidad al proceso.
Red para la
Articulación Popular
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