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Señores Obispos, a mí ya no me engañan, como tampoco a mucha gente de mi pueblo, pero me duele cómo siguen manipulando a cantidad de almas buenas e ingenuas que confían en unos pastores que, a escondidas, se reúnen con los lobos. Me refiero al documento que provocó la justa indignación del Presidente Chávez. Porque, ¿qué otra escalada de violencia nos tiene preparada la oposición golpista, si ya los obispos, como punta de lanza, abren el camino para luego justificar mil iniquidades? En dicho documento, del 11 de julio del 2003, los Obispos repiten la palabra “paz” veintiocho (28) veces. Como yo sé a quién obedecen los Obispos, también sé que tienen un gato enmochilado, listo para darnos otro zarpazo, y me pregunto: ¿Será una bomba, pero, ahora sí, bien potente y destructiva? ¿Será otra balacera con muchos muertos inocentes, en un autobús escolar? ¿Será algún acto de sabotaje criminal contra un oleoducto, central eléctrica o sistema de distribución de agua potable? ¿Se tratará del asesinato de uno sus propios dirigentes, para luego echarle la culpa al gobierno y así agarrar un poco de aire en la opinión internacional? ¿O será, y no lo quiero ni pensar, un intento más para matar a nuestro Presidente?
Cualquier marramucia o cochinada que hagan, ya los Obispos se han adelantado, poniendo cara de Niño Jesús que no ha roto un plato, y mostrándose ellos como abanderados de la paz, acusando de sembrar odios al Gobierno y al Presidente Chávez, que pasarían a ser los auténticos demonios de la violencia, y culpables de todos los males que aquejan a este país.
Pero, para demostrar que los Obispos no quieren la paz, para desenmascararlos, porque lo que pretenden es darnos otra puñalada por la espalda camuflados en la bandera de la paz, a esas veintiocho (28) veces que repiten la palabra paz, yo les voy a hacer veintiocho (28) preguntas que deben responder ante el mundo, responderlas al pueblo venezolano, y, aprovechando el viaje de monseñor Porras a Italia, responderlas también ante el propio Vaticano. También acepto el hecho de que hay obispos que no son conscientes de cómo han sido y son manipulados por un grupo de sicópatas, que los llevan a separarse de su propio pueblo, y a cometer auténticos delitos que ameritan la cárcel. Para ellos, sirva este escrito que nace de un profundo amor por Venezuela. Para no perdernos en los entretelones de la historia, comenzaré mis preguntas sobre hechos concretos de los últimos años:
1. ¿En nombre de la paz, es que Monseñor Velasco le echó la culpa al Presidente Chávez -no desmentida por un sólo obispo-, de la terrible desgracia que asoló el estado Vargas, y que enlutó miles de hogares, en diciembre de 1999, cuando se desencadenó un auténtico diluvio como no se había visto en toda la historia del país?
2. ¿En nombre de la paz, es que los obispos convocaron a un campanazo en todas las iglesias del país, como un cacerolazo eclesial, para manifestar su rechazo activo al gobierno, y como apoyo al paro convocado, días antes, por Fedecámaras y la CTV, el día 10 de diciembre del 2001?
3. ¿En nombre de la paz, levantaron eufóricos las manos de los golpistas Carlos Ortega y Pedro Carmona Estanga, en el Pacto de Gobernabilidad, marzo de 2002, fruto de la confabulación y de las mesas de transición que venían funcionando con muchos meses de anterioridad, hasta en instituciones religiosas del país?
4. ¿En nombre de la paz, participaron los obispos en los múltiples conciliábulos preparatorios del golpe de estado, como lo confirmó el Cardenal Velasco un año después de aquellos actos vergonzosos?
5. ¿En nombre de la paz, ustedes, obispos de Venezuela, festejaban en Fuerte Tiuna, la noche trágica del 11 de abril, el derrocamiento y prisión de nuestro Presidente, compartiendo brindis y abrazos con los generales golpistas?
6. ¿En nombre de la paz, es que recorrían los obispos, departiendo sus risas y congratulaciones, los pasillos del Palacio de Miraflores, la mañana del día doce, todavía la sangre caliente, a menos de veinticuatro horas de haber sido asesinados muchos venezolanos por las balas traicioneras de francotiradores previamente apostados por los golpistas?
7. ¿En nombre de la paz, ese bochornoso día 12 de abril, secundaron nuestros Obispos los rabiosos aplausos a la lectura del Artículo 1 del Decreto de Carmona, que decía arbitrariamente: “Se asigna al ciudadano Pedro Carmona Estanga, Presidente de la República de Venezuela quien asume en este acto y de forma inmediata, la Jefatura del Estado y del Ejecutivo Nacional”...?
8. ¿En nombre de la paz, los Obispos celebraron también jubilosos la lectura del Artículo 2 del Decreto de Carmona, con el que “Se establece el nombre de REPÚBLICA DE VENEZUELA”... y se le arrebataba el nombre de BOLIVARIANA a nuestra Patria?
9. ¿En nombre de la paz, en el mismo acto, que pasará a la posteridad como el más inicuo de nuestra historia, nuestros Obispos aplaudieron alborozados la lectura del Artículo 3 del Decreto de Carmona que decía: “...se suspende de sus cargos a los diputados y suplentes de la Asamblea Nacional”...?
10. ¿A nombre de la paz, también aplaudieron a rabiar el Artículo 8 de aquel Decreto demencial que dice: ...”de destituyen de sus cargos ilegítimamente ocupados, al Presidente y Magistrados del Tribunal Supremo de Justicia, al Fiscal General de la República, al Contralor General de la República, al Contralor General de la República, al Defensor del Pueblo, a los Miembros del Consejo Nacional Electoral”?
11. ¿A nombre de la paz nuestros Obispos aplaudieron hasta el paroxismo el artículo 10 que señalaba el siguiente dislate jurídico: ...“Se mantiene en plena vigencia el ordenamiento jurídico, en cuanto no colida con el presente Decreto...?
12. Para remate y mayor vergüenza, ¿a nombre de la paz, finalmente, nuestros obispos alborozados respaldaron con su firma aquel vil decreto de Carmona, canallada criminal, que mataba sin pudor la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, la más solidaria y participativa que existe en el mundo?
13. En aquella noche triste, del mismo día 12, ¿a nombre de la paz, los Obispos celebraron eufóricos y volvieron a brindar con licor su triunfo golpista, en la mismísima sede de la Conferencia Episcopal Venezolana y en otras instituciones religiosas?
14. ¿En nombre de la paz, nuestros obispos se escondieron como sabandijas, el glorioso 13 de abril, cuando todo un pueblo se echó a la calle para rescatar a su Presidente y restablecer el hilo constitucional, horas antes cercenado?
15. Ocho meses después, en diciembre de 2002, ¿también, en nombre de la paz, los obispos apoyaron el criminal paro de diciembre con el que pretendieron romper el hilo constitucional, y que a muchos comerciantes y empresarios obligaron a cerrar sus negocios con amenazas y violencia?
16. ¿En nombre de la paz, los obispos apoyaron el sabotaje y abandono del trabajo de miles de empleados de PDVSA, lo que acarreó, por un lado, más de 10.000 millones de dólares en pérdidas para la Nación, y, por otro, la pérdida de sus puestos de trabajo lo que les fuerza a deambular desempleados y sin medios de sostener a sus familias?
17. ¿En nombre de la paz, nuestros Obispos vieron con satisfacción las angustias infinitas de miles de humildes madres en búsqueda de una bombona de gas con que cocinar para dar de comer a sus hijos, y la quema de vehículos con sus chóferes que no aceptaban el bloqueo de las avenidas?
18. ¿En nombre de la paz, nos mandó Monseñor Porras a “organizar una procesión ante la escasez de gasolina”, cuando las colas interminables en las gasolineras ya clamaban al cielo ante tanta zancadilla indigna?
19. ¿En nombre de la paz, celebraron jubilosos y apoyaron la quiebra de miles de empresas y la pérdida de cientos de miles de puestos de trabajo, que acarreó el demencial paro golpista, porque con ello se lograba tumbar al Gobierno?
20. ¿En nombre de la paz, nuestros obispos gozaron el acaparamiento de alimentos vitales para doblegar por hambre a la mayoría de la población pobre, porque las neveras y despensas episcopales estaban repletas?
21. ¿En nombre de la paz, los obispos coordinaron el cierre de la Universidad y los colegios católicos, por medio de la AVEC, violando sin pudor el derecho inalienable a la educación de millones de nuestro hijos?
22. ¿En nombre de la paz, frotaron sus manos los Obispos ante el acto de chantaje terrorista como lo fue el atracar frente a Maracaibo, y amenazar volarlo, un barco con cuarenta y cuatro millones de litros de gasolina?
23. ¿En nombre de la paz, dieron su aprobación los Obispos, como Herodes, a la Coordinadora Democrática que intentó acabar con la ilusión de los niños prohibiendo que se celebrara la Navidad del año 2002?
24. ¿En nombre de la paz, es que les faltó coraje a los obispos para reconocer que se salvó la Patria, gracias a los miles de venezolanos que se echaron el país al hombro y enfrentaron el sabotaje, tanto civiles como militares, recuperando las plantas de refinación, cuidando los centros de distribución de gasolina, estableciendo nuevas redes de abastecimiento de alimentos y medicinas, digo, en nombre de la paz, no fueron capaces de agradecer tanto sacrificio?
25. ¿En nombre de la paz, defendieron y defienden la perversa manipulación de los medios de comunicación, llegando incluso a alabar su guerra mediática en un documento de la misma Conferencia Episcopal, del 12 de diciembre de 2002, justo en los mismos días en que se daban los macabros partes de guerra que encadenaban los canales de televisión, con las palabras que cito textualmente: los arzobispos y obispos “...hacemos un apremiante llamado a respetar a los medios de comunicación social , en su labor de libre servicio informativo y de promoción de los auténticos valores e intereses del pueblo venezolano”? Creo que no se habrá visto en la historia tanto cinismo y descaro arropados bajo el manto sagrado de la paz.
26. ¿Y ya en este año 2003, por qué los obispos venezolanos no dijeron ni una palabra contra la invasión de Iraq, a la que el Papa Juan Pablo II consideró “una guerra ilegal”, y no lo acompañaron cuando clamó a los cuatro vientos que “la guerra nunca es una fatalidad y siempre es una derrota de la humanidad”?
27. ¿En nombre de la paz, los obispos venezolanos fueron ciegos para ver que miles de obispos del mundo se unieron a sus pueblos en las manifestaciones más grandes en la historia de la humanidad, más de 100 millones de manifestantes, en rechazo a la masacre del pueblo iraquí?
28. Por último, ¿en nombre de la paz, los obispos no se han dignado decir una sola palabra de estímulo a los cientos de miles de venezolanos que se están alfabetizando gracias al plan Robinson, ni una palabra de aliento a los miles de enfermos que al fin encontraron atención oportuna con los médicos de plan “barrio adentro”, ni una palabra de alegría a los campesinos que al fin tienen una tierra donde sembrar, ni una palabra de consuelo a las familias de los setenta y dos (72) campesinos asesinados por los sicarios de los latifundistas, ...?
¡Cuántas preguntas más se me quedan clavadas en el alma! Quiero concluir con una invitación y una última reflexión. La invitación es para que sigamos, todos los que queremos a nuestra Patria, haciéndoles otras preguntas a nuestros Obispos, exigiéndoles que nos las respondan públicamente, como una manera de ayudarlos a salir del abismo en que han caído. Y la reflexión es que, nunca había encontrado una expresión más acertada para definir el comportamiento actual de nuestros obispos, como la utilizada por Jesús cuando los llamó “sepulcros blanqueados”, porque pretenden esconder toda su podredumbre y reconcomio, con la blanquísima bandera de la paz.
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