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Saqlawiyah, Irak.
Si alguien desea saber por qué los iraquíes colocan bombas a los soldados estadounidenses, solo tenía que sentarse ayer en la villa de dos plantas en esta pequeña aldea de granjeros menores y mirar el gélido rostro de Ahmed al-Ham y de sus airados amigos.
El cincuentón padre de Ahmed, Sabah, fue enterrado hace apenas una semana --treinta y cinco días después de haber muerto en poder de los estadounidenses en la prisión de Abu Ghraib-- y el joven de diecisiete años con su pequeña barba y los penetrantes ojos castaños culpa a George Bush por su muerte. "Cerdos", murmura. Ahmed también era prisionero, y su padre murió en sus brazos. De acuerdo a un primo de Sabah, su tragedia empezó a las 3 de la madrugada del 3 de agosto, cuando aproximadamente cuarenta vehículos militares americanos llegaron a Saqlawiyah, un pueblo Sunni a 10 millas de Fallujah, escenario de docenas de ataques fatales contra las tropas estadounidenses de ocupación. Una fotografía de Saddam Husein enmarcada y en buen estado, cuelga en la pared sobre nosotros mientras hablamos.
El primo, granjero jubilado con problemas de próstata, suplica que su nombre no sea usado para evitar ser arrestado y dice que él permitió de buena gana a los estadounidenses registrar su casa --como Sabah al-Ham lo hizo cien metros más lejos--y caminó espontáneamente hacia un grupo de oficiales estadounidenses fuera de su casa cuando le fue solicitado hacerlo.
"Dí mi nombre y les dije quién era yo y entonces llegaron unos policías militares", dice. "Me pidieron que caminara dentro de un sitio cercado de alambre de púas a donde fueron traídos aproximadamente otros treinta hombres del poblado. Ahmed estaba allí con su padre, Sabah. Fuimos mantenidos en ese lugar durante siete horas, sentados sobre el suelo. Entonces ataron nuestras manos, nos vendaron y nos subieron a un camión. Las cosas se pusieron malas. A la siguiente noche fuimos confinados en una vieja base del ejército. Cada uno de nosotros fue encerrado bajo llave dentro de un cubículo de baño".
Ninguno de los hombres era conocido por estar en cualquier lista de solicitados y Sabah --quien tenía tensión arterial alta y dificultades respiratorias-- era, dice su primo, un mero "sub-oficial" del ejército Iraquí, equivalente a un subteniente.
"Nos quejamos de nuestros problemas de salud. Yo sólo puedo orinar a través de un catéter y Sabah insistía en decir que necesitaba agua fría. Fuimos llevados en un camión de plataforma hasta un salón grande donde debíamos pasar un día, sentados u obligados a permanecer de pie con nuestras manos atadas y después llevados al campo de prisioneros en el aeropuerto de Bagdad. Aquí tenían solo tres preguntas para nosotros: ¿Ha usted atacado a los estadounidenses? '; '¿Qué tipo de ataques ha organizado? '; '¿Conoce algún oficial del régimen anterior? ' . A todo dijimos no.
"Ese fue todo el interrogatorio que tuvimos. Sabah siempre estaba pidiendo agua pero ellos nada hicieron aun cuando les dijimos que él tenía la tensión arterial muy alta. Entonces nos llevaron al sur hasta Nasariyah, a un campamento del desierto bajo tiendas en las cuales había aproximadamente 55 grados. Sabah estaba en mal estado".
Después de cuatro días, durante los cuales un oficial sanitario estadounidense administró por tubo para la deshidratación de Sabah, los hombres fueron de nuevo llevados en camión al norte, esta vez a Abu Ghraib. En la vía, según Ahmed, su padre rogaba por agua fría pero los soldados solo le dieron agua caliente y un diminuto trozo de hielo para poner en su boca. Otra vez bajo el calor en una tienda en Abu Ghraib, Sabah pronto perdió el conocimiento.
"Una y otra vez pedimos ayuda y de nuevo ellos le dieron alimento por goteo pero no lo enviarían al hospital ni le permitirían ir", dice Ahmed.
Ahmed abrazó a su padre cuando éste murió en la tienda sanitaria. "Lavé su cuerpo y el imán de la prisión dijo las oraciones sobre él y entonces ellos me dijeron que su cuerpo debía ser trasladado a la villa de su familia en tres días. Dijeron 'lo siento'. "Pero cuando, un mes después, Ahmed y los otros fueron liberados, regresaron a Saqlawiyah para encontrarse con su familia y preguntando dónde estaba él. Los estadounidenses todavía tenían su cuerpo. "No nos atrevimos a decir al resto de su familia que él estaba muerto", dice el primo.
Sólo después que pidieron ayuda a la Cruz Roja pudo la familia de Ham rastrear al cadáver de Sabah. Había sido depositado en el aeropuerto de Bagdad, les dijeron, y hallado por casualidad en un área de refrigeración cerca del antiguo palacio presidencial en Bagdad. Con gran disgusto --y con armas disparadas al aire--el pueblo sepultó a Sabah el 17 de septiembre. Ningún estadounidense ofreció compensación a la familia o expresó formalmente pesar a ella.
El primo dijo que había un "buen estadounidense" en Abu Ghraib, quien creía que todos ellos eran inocentes. "Nos dijo cuan afligido estaba cuando Sabah murió. Y al ser liberados, él vino hasta cada uno de nosotros y nos estrechó la mano. Su nombre era Johnson. Era un buen hombre. Los otros eran malos".
Entretanto, la guerra continúa. Ayer en Bagdad, una bomba a la orilla de un camino explotó poco después que una patrulla estadounidense había pasado --volviendo pedazos a un autobús de la ciudad, matando a un pasajero e hiriendo a veinte.
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Robert Fisk es reportero de The Independent y autor de Pity the Nation. También contribuye con el próximo libro de Cockburn y St.Clair, The Politics of Antisemitism.
http://www.counterpunch.com/fisk09252003.html
Fuente: Robert Fisk - The Independent - Via Counterpunch
Traducido de www.irakwar.ru por Ángel Cristóbal Colmenares E.
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