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La palabra del pueblo frente al llamado “atropello del lenguaje”
Por: Prof. Peter Valera Gil
Fecha de publicación: 27/09/03
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El argumento trillado al que apelan los sectores históricamente enemigos y contrarios a los intereses colectivos, para deslindarse DARWINIANAMENTE de estos grupos humanos, conocidos sociopolíticamente como pueblo, es de insulsa “FORMA”, al connotar el uso informal del lenguaje que utiliza nuestra gente frente a las cámaras de TV.

Secularmente se ha venido utilizando el pretexto del idioma como instrumento de dominación de quienes han tenido el control del Estado, entonces el idioma se ha convertido en uno de los baremos que pulsa, quiénes son los destinados a gobernarnos y a dominarnos, como si las direcciones históricas y los destinos de una sociedad lo debiera llevar quien hable más bonito. Si al caso vamos entonces los propios sectores de la oposición deberían someterse a un gobierno universal y globalizado -como ellos lo sueñan- en donde el presidente sea el, mismísimo Noam Chomski, Van Dijk, entre otros.

De manera que el argumento del idioma no es más que un vano pretexto de FORMA cuando en el FONDO, el asunto estriba en que a estos grupos de “impoluto” uso de la lengua, se les ha escapado de las manos el poder, y una forma de seguir presente en el escenario político, es advertir frente a las cámaras de televisión sobre el peligro que implica un país gobernado por estas clases “mal vestidas y mal habladas”.

Sin lugar a dudas que un innegable desarrollo de la conciencia social y la conciencia de clase, ha venido arropando a Venezuela y otros países de América Latina en los últimos años. El argumento del atropello del idioma por parte de los “sin Camisas” , los “chancletudos” “las hordas”, “las chusmas”y los “desdentados”, es una forma más de expresión denigrante de los sectores dominantes, con un agotado discurso sin ningún tipo de argumentos políticos de peso, para contraatacar la avalancha progresista y revolucionaria de estos momentos de cambios. Por ello esgrimen el discurso excluyente, xenofóbico, racista y de contenido abiertamente fascista, cuando apelan a la calumnia y al desprestigio de estos grupos humanos conocidos como pueblo.

Rafael Cadenas publicó en 1986 una obra entorno a "La quiebra del lenguaje" en donde entre otras cosas dice acertadamente que desconocemos prácticamente nuestra lengua, llegando a afirmar que "El idioma en Venezuela vive en estado de indigencia".. Aunque este trabajo no tiene pretensiones lingüísticas, no obstante la lengua como fenómeno sociológico histórico nos interesa, por ello se resalta lo que señalan los propios lingüistas, respecto a que no existe tal pobreza en la lengua, como lo afirman los detractores de los nuevos liderazgos sociales que ha venido pariendo este proceso histórico, si no, a cambios lingüísticos que se suscitan a través de las transformaciones que sufre el idioma, entre otras cosas por las propias corrupciones del lenguaje, donde en todo caso es el habla no la lengua la que cambia, donde se impone la expresión de lo que se quiere decir por encima del léxico mismo, dado que el objetivo es el hecho meramente comunicacional.

Sin lugar a dudas que a esta fatídica y satanizada imagen ante la opinión pública del “marginal” ha contribuido aparatosa y grotescamente los propios medios de comunicación, especialmente la televisión, cuando es la propia TV, en la proyección de las imágenes de sus iconos comerciales, con grotescos Talk Show al estilo de “Cristina” y “Laura en América”, difunden y multiplican, los propios vicios lingüísticos que ellos le achacan como mal congénito a los sectores populares, calificados por ellos como “GENTE DE BAJOS ESTRATOS SOCIALES”, algo así como “No habléis pequeños mortales”, como si ellos vivieran en el Monte Olimpo.

Hombres como Octavio paz, que para todos es sabida su posición de clase, que dista mucho de ser afecto a los sectores populares, en más de una oportunidad alertó en torno al papel de los medios de comunicación ...“Pues le podemos pedir solamente una cosa: que sea fiel a la vida, es decir, que sea plural, que sea abierta. No una televisión gobernada por un grupo de burócratas empeñados en hacer la unanimidad en torno al Jefe y a la Doctrina o en vender este o aquel producto. Le pedimos una variedad de canales de televisión que expresen la diversidad y pluralidad de la cultura…”

Humberto Eco por su parte recomienda la aplicación de sus estudios sobre ESTRUCTURA SUPERFICIAL Y ESTRUCTURA PROFUNDA, para efecto de los análisis someros que hacen estos sectores denigrantes de las mayorías poblacionales, en torno al discurso político del pueblo; decía… “Es la televisión la que fija, como se suele decir, la agenda de la prensa”.

A este respecto, volviendo a lo que es el argumento idiomático para excluir al pueblo de su derecho a la expresión y sus propias formas de organización y gobierno, las mayorías venezolanas, específicamente el campesino, ha logrado reinventarse sus propio idioma, y sus propios medios comunicacionales, un idioma común entre estos sectores que les ha permitido perfectas maneras de interrelación y organización, formas idiomáticas surgidas en el seno de la resistencia cultural que comenzó con la llegada de los invasores europeos, formas organizativas que les ha permitido crear nuevas maneras de interpretar y transformar sus realidades, a causa del marginamiento al que ha sido sometido. Para ello se ha reinventado su propia historia y su propia forma de existencia, como lo diría Pedro P. Linárez en “Etnohistoria del Estado Lara”.

En todo caso es el mismo idioma español impuesto a nuestra población, pero con otras designaciones ligüísticas, el pueblo tiene una forma particular para llamar a las cosas según las categorías y/o códigos que entienden sus comunidades, que va de la comunicación desde grandes distancias, por silbidos y “guarureo”, hasta cambiar las formas usuales del idioma para designar objetos y cosas por nombres alusivos a las características de comportamiento, o a la apreciación que q simple vista le produce; verbigracia: “Compadritos”, “Sombrerúos”, “Amos de agua” para denominar a lo que universalmente el idioma español destina con el nombre de “duendes”.

Usualmente el pueblo venezolano vive creando en medio de las más terribles adversidades, la forma de ganarle espacio a la desesperanza, una de estas es a través del humor, un humor simpático que no duda en mofarse, cada vez que puede de los pruritos y los eruditos de la lengua, como es el caso de un chiste de difusión y creación popular en donde resalta lo siguiente:

“Un campesino venezolano, se dirige a la casa de su patrón, un citadino “culto” y adinerado que iba siempre acompañado de una juguetona perrita de conocido pedigrí:

lo saluda y el patrón le pregunta qué desea

.- Bueno que vengo a denunciar que su perrita me LAMBIÓ la cara -mire- dice el patrón tratando de corregirle la expresión.- no se dice LAMBIÓ, se dice LAMIÓ.

responde el campesino más enojado - ¡No! Es que si me LA MEA la mato!”

Esto demuestra que el insulso argumento del idioma, y las distintas fonologías utilizadas para la expresión, vienen poniendo en evidencia un pretexto de corte fascistoide que sólo cala en la realidad virtual de una minoría económicamente poderosa, pero que mientras no suban a los cerros a plantear sus ideas desconectada de la realidad, no podrán jamás calar en las grandes mayorías a las que aborrece y quienes les detesta.

Así es como las comunidades gallísticas, tienen una forma particular surgida en el seno de los sectores rurales en donde se da la cría de estos animales, para designar diferencialmente a sus ejemplares; así un gallo giro es distinto a un gallo pinto, una gallina piroca es distinta a una gallina jabada, una chonga, todo esto partiendo de la reinvención de una taxonomía fenotípica y de una escala cromática, que sin alejarse a las investigaciones genéticas que hiciera Mendel, y a los estudios de óptica que realizara Newton a principios del siglo XVIII, sustituye las maneras de ver las morfologías y los colores que la educación y el academicismo occidental ha impuesto por más de quinientos años.

¿Acaso el color “carrubio” que utilizaban las mujeres en las áreas rurales para ruborizar sus cachetes en tiempos de ferias, es menos rojo porque se le cambie la designación cromática occidental establecida axiomáticamente, desde hace más de cinco siglos?

En el argot de los campesinos criadores de caballos, igualmente existe esta forma sui géneris de designar según la variedad del color a las crías, esta visión distinta para designar a los matices, que ha sido creada partiendo inductivamente de la realidad existente en el entorno. Así nos encontramos a lo azabache en sustitución del negro, el rucio moro en lugar del rojizo, el cenizo para designar los colores grisáceos, entre otros colores y otras cosas, que desde el campo venezolano debemos en estos tiempos comenzar a reivindicar como expresión idiomática, o en todo caso como valedera forma comunicacional, e incorporar estas designaciones a colores creados por el pueblo, como tesis cromática de la resistencia anti occidental. No es extraño entonces a que a un maestro o maestra influida(o) por los academicismos occidentales, pretenda burlarse del niño campesino preguntándole.

.- ¿Y de qué color es el caballo blanco de Simón Bolívar?- a lo que éste contesta con toda ingenuidad pero con firmeza.

.- ¡PALOMO!

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Prof. Peter Valera Gil


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