Las presentes líneas tienen como objetivo la
sistematización de algunos elementos ya presentados en dos documentos
anteriores que pudieran en estos momentos facilitar el camino para la apertura
a la construcción de Otra Política. En síntesis son un conjunto de premisas que
esperamos aporten a un accionar político colectivo totalmente ajeno a la
parálisis en que nos encontramos por años estando atados a la lógica y los
intereses de una burocracia de gobierno totalmente extraña a cualquier interés
emancipador real. Un camino duro por la cantidad de elementos que en estos
momentos entran en discusión comenzando por la revolución misma, sus sujetos,
sus escenarios, sus horizontes, su relación con el estado y el gobierno, sus
formas orgánicas, sus objetivos actuales, etc. Lo importante en todo caso es
que se produzcan desde ya los elementos principales que faciliten el camino
para la consolidación de la Autonomía Política del inmenso universo de
organizaciones y colectivos que hoy constituyen la base y el alma del proceso
revolucionario. Estamos en una situación de urgencia, comenzando con la
rebelión antiburocrática posterior al 2D, luego la definición de una nueva política de
conciliación fijada por el gobierno, y por último la ley de amnistía, se ha
develado por entero la imposibilidad de forjar las bases de una sociedad libre
e igualitaria acudiendo al mandato de un estado hijo directo del poder
colonizado y oligárquico que ha gobernado nuestro país desde que somos
república. El problema no está en un hombre, en un líder, en los epítetos de
derecha o traidor que pudiésemos añadir a cualquiera de su entorno. La rabia
existe y es bueno expresarla pero ella no emancipa. El problema está en
nosotros y en la capacidad que tengamos de romper con la historia paralizante y
hacer la revolución que tiene más de veinte años esperando, estando intactas y
agigantadas sus fuerzas. Llego la hora del definir, del hacer, del luchar, no
hacerlo eso sí es traición.
1. Principios al voleo
para Otra Política
-Ella tiene un punto de vista autocrítico muy
puntual. Más allá de lo bueno o malo que se ha hecho, de los aciertos o
errores, de unidades y diferencias, ya se hace evidente que la existencia de
una “subjetividad revolucionaria” creada y masificada en este proceso no es
suficiente para desatar un movimiento de liberación real. Esa subjetividad
necesita acompañarse de una política cuyo origen es imposible que venga del gobierno,
del estado, y por extensión de Chávez y del “chavismo” oficial, incluido el
PSUV como partido, como instrumento de mediación de ese estado. Nace de su
propio fuero en pensamiento y acción. Un tejido militante fuera de todo
compromiso con el estado de dominio. Otra política es aquella que empieza a
construirse cuando se han dado las condiciones para ello y esas condiciones al
menos nacieron con la derrota de la burocracia el 2D.
-Comienza por recordar que la necesidad del
“líder indiscutible” es proporcional a nuestra debilidad y a la hegemonía sobre
el proceso que conserva la vieja izquierda. Nuestras fortalezas colectivas,
crecientes y arraigadas, por fuera de las estructuras de dominio, si se quiere
harán descansar hasta el mismo comandante y nos liberarán a los liderazgos y
organizaciones colectivas de nuestros miedos y ataduras ideológicas.
-Aunque parezca paradójico decirlo, esa otra
política tiende a nacer en buena parte del sentimiento auténtico de ese inmenso
conglomerado popular que se hace culto de la figura del presidente, y seguirá
haciéndolo por un buen tiempo. Gentes que por lo general no tienen nada que
perder y que por tanto no tienen problema en expresar sus verdades sin
ocultamientos, o mejor dicho, solo ocultan lo que aún le temen y no lo que le
conviene ocultar; allí sus militantes, el verdadero “movimiento bolivariano”.
Más nunca de los que fomentan ese culto a la personalidad por conveniencia y/o
a conciencia de lo destructivo que puede ser ese culto a la personalidad.
-Por tanto, esa otra política nace alrededor de
los que se le sublevan a las castas políticas que los han traicionado y los han
explotado a su provecho. No es un hecho de mera sociología o intrínseco a la
naturaleza del “pueblo bolivariano” que hemos idealizado. Es un hecho político
de rebelión que en la medida en que multiplica sus brotes al mismo tiempo
empieza a sentir de la necesidad de Actuar Ya. De empezar a liquidar el viejo
orden no mediante leyes prefiguradas por “los representantes políticos” sino
por su propia acción y protagonismo colectivo encarnado en los espacios de
organización que asumen la condición poderes populares. Es por ello que
necesita de “otra política” y otro lugar de producción de esa política.
-Ella en estos momentos no pude ser otra cosa que
el fortalecimiento de los campos concretos de control territorial y gobierno
colectivo sin ningún tipo de sumisión burocrática impuesta o comprada. Espacios
donde se impone la soberanía colectiva. No estamos política y militarmente
preparados para liquidar por completo el viejo orden como un todo, que además
en el contexto de la globalización del capital, el imperialismo y el avance
interno del fascismo, se complica hasta en su misma ubicación y delimitación.
Los estados nacionales hoy en día son piezas, consulados de u mismo imperio
capitalista mundial.
-Pero antes de que él nos liquide, es
fundamental avanzar en la “territorialización” concreta y articulada del acto
de construcción de una nueva sociedad, superando los límites del movimientismo
social fragmentado. Esas “totalidades territoriales”, microrepúblicas de
libertad y igualdad, donde esa “otra política” va produciendo a su vez “otra
salud, “otra educación”, “otra cultura”, “otra economía”, “otra defensa”,
“otras relaciones de poder y producción”. Configurándose como territorios para
el desarrollo de todo un entramado complejo de experiencias liberadoras, ellas
tienden a convertirse en el primer legado estratégico de cualquier otra
política y la primera condición para tener los acumulados necesarios para ir
liquidando ese mundo de opresión y explotación.
-Por tanto, ella comienza por asumir la
autonomía plena de “esa-nuestra-política”. Autonomía no sólo de las ideas, de
la organización social o de clase, asume plena autonomía frente a la lógica del
estado-nación, de su orden territorial, de la “democracia” liberal en su
versión de izquierda o de derecha, y en la medida de lo posible, de las
alienantes barreras de la división del trabajo, de relación despótica entre
dirigentes y dirigidos, que el capitalismo nos delega.
-Deduciendo entonces y aún utilizándolo en
ciertas circunstancias, ella no puede sostenerse sobre el chantaje de la
“legitimación electoral”: ese es el camino directo a convertir toda política en
un mercado, en una competencia de propagandas, oportunismos y narcisismos,
junto a una polarización artificial que la misma propaganda de ambos lados
sostiene para que los polos se mantengan y ambos sobrevivan; gana en los
cómputos el que mejor se propangandiza, triunfa como un todo el sistema de
dominación.
-Ella sostiene en su fuerza, en la propia mayoría
que ella va construyendo, sin que exista otra soberanía que la que nosotros
conquistamos. Una soberanía colectiva y en acto que no se delega. Se van
produciendo de esta forma las rupturas necesarias con todos estos resabios
culturales y políticos propios del estado burgués sustentado en el “contrato
social” o en las viejas concepciones instrumentalistas del estado que la
izquierda buscó para justificarlo.
-Empieza a saberse parte de un espacio sin
fronteras de lucha y resistencia que tiene en Venezuela la posibilidad de
avanzar en múltiples esferas fuera del mando burocrático y capitalista,
sobreviviendo y extendiéndose en tensión o confrontación con ellos de acuerdo a
como evolucionen las situaciones y se radicalicen las contradicciones. Pero no
es Venezuela donde se realiza como hecho y poder colectivo triunfante. Al menos
necesitaremos de una dimensión continental del mismo para acariciar su
victoria.
-Cualquier otra política en ese sentido no es
un proyecto de estado es un proyecto emancipativo, colectivamente luchado y
construido, que empieza a conocer de sus principios, sistematizar su ciencia y
sus técnicas, develar sus estrategias y objetivos, en la medida en que logramos
crear las condiciones socio-políticas y se dan de hecho los acontecimientos que
nos permiten desde ellos mismos descubrirla. La emergencia de esas
posibilidades y el reconocimiento de sus actores en medio de las circunstancias
que vivimos después de 2D, parece que constituyen unos de los grandes frutos de
la dolida derrota.
2. Lo que nos dice el momento
-Estamos concientes de que hemos llegado a un
momento crucial en el proceso que demanda la construcción de un tejido férreo
de organizaciones político-sociales que estén a la altura del combate político
frontal en que estamos involucrados. Pero igualmente concientes que aquí en
nuestra patria tan sólo somos un punto más de confrontación contra todo un
sistema de dominio planetario que intenta despedazar y explotar todo lo que han
sido los frutos de la creación humana y natural.
-La experiencia de estos ocho años nos indica
que necesitamos construir situándonos por fuera del estado, estableciendo con
el gobierno únicamente compromisos tácticos que sirvan al proceso emancipatorio.
Apoyamos en ese sentido el proceso bolivariano entendido como momento de
expansión del protagonismo, la soberanía y el poder popular. Exigiendo a los
distintos entes de gobierno lo que nos es necesario y no tenemos, de lo
contrario, no quedará otra salida que apropiarnos de ello por fuera de todas
sus leyes. Ya lo hemos constatado con nuestra piel; definitivamente la leyenda
de un estado comprometido con la liberación de los pueblos no es solo una
triste y destructiva falacia sino la vía más expedita para hundirnos en la
impotencia. Cada paso que se de, si quiere apuntar a la emancipación de todos,
ha de derribar los monumentos de la mentira, de la sustitución, de la
delegación, de la representación y la explotación tanto política como económica
del pueblo.
-No confundimos por supuesto al funcionari@ que
se gana la vida o incluso al que de buena fe y teniendo algún cargo de
dirección estatal, quiere aportar lo que pueda al proceso colectivo de
liberación. Estamos concientes que hoy la relación estado-gobierno-sociedad en
sus laberintos internos es igualmente una zona de mil tensiones pero sin
ninguna salida interna. Por ello mismo le exigimos a los que están allí que no
se confundan con las metas y la razón de ser del Estado como tal, cueste lo que
les cueste, eso se lo exigimos a Tod@s. Estado que, llámese como se llame,
tenga las leyes y constituciones que tenga, siempre será un instrumento de la
opresión y la explotación capitalista.
-No obstante la tensiones y corrientes
internas, el Estado no es distinto a la derecha que hoy acusamos, y solo con
nuestra lucha, como bien lo demostramos el 13 de Abril, evitaremos que se
transforme en una maquinaria meramente fascista y de desintegración de toda
soberanía. La derecha fuera o adentro, roja o azul, es la misma porque sus
fines son los mismos: administrar y participar en la apropiación de las
riquezas producidas por los trabajadores y colectividades creadoras,
convertirnos en piezas de sus ansias de poder y riqueza. Nuestros gobiernos
propios, nuestra revolución, la de los parias que ningún capital tienen ni
quieren, será todo menos un estado capitalista, será una república libre, de
iguales y sin fronteras.
-Más allá aún, asumimos que si no están los
pocos amigos que quieren ser solidarios y honestos en los interiores del
gobierno, y por los mecanismos que sean desplazados de sus lugares de sus
funciones por los burguesitos y fascistas de la derecha, igual seguimos la
lucha. La presencia de enemigos o amigos en el estado no nos diminuye o
engrandece en sí mismo; nadie nos otorga poder, somos nosotros lo que tenemos
que hacernos poderosos en todos los frentes de la lucha popular. Por ello, en
toda circunstancia debemos ganar terreno y hacernos más fuertes y capaces. Y si
estos fascistas porque ganan o pierden elecciones quieren guerra, guerra
tendrá. Incluso en un terreno tan difícil e indeseado tenemos que multiplicar
nuestro poder, construir la república de iguales. Pedimos a todas nuestras
organizaciones que se preparen para ello.
-Consideramos que la revolución bolivariana es
un proceso que no termina pero que tuvo su primera muerte el 2D, y eso lo
consideramos absolutamente necesario. Era demasiado necesario que muera el
silencio convertido en norma “revolucionaria” y que se destapen las voces y afloren
las verdades que ni siquiera en los momentos mas duros del 2002 y el 2003
afloraron. Derrotada la burocracia, el caudillismo, la vieja izquierda, el
reformismo traidor, el populismo, la revolución maniquea y convertida en
espectáculo mediático, resurge ella misma sobre un nosotros absolutamente
antagónico a esta lógica.
-No hay ningún problema en reconocer y defender
el liderazgo del compañero presidente ante los ataques del imperio y sus
lacayos internos. Sin embargo también consideramos que las insistencias
reaccionarias de poner en su persona, y por extensión en la burocracia, la
representación absoluta de este proceso de lucha, quiebra toda posibilidad de
victoria. Esa forma de representativismo alienante y desmovilizador también ha
sido derrotado. Ha comenzado la rebelión antiburocrática, libertaria y
socialista hecha con nuestras manos y liberada con la palabra. No hay otra
salida, toda conciliación es morir de antemano.
-Llega el momento en que el pueblo hecho común
y cualquiera, retomando su condición de sujeto, asume el protagonismo
revolucionario y comienza a derribar con sus fuerzas las bases políticas,
económicas y militares de la vieja sociedad. Pero para ello es necesario reencontrarnos
con nosotros mismos, oír al de al lado, producir la política como conciencia
que se fabrica desde el pensamiento, la ciencia y la voluntad de todos. Los
duros y frontales pasos a dar se darán únicamente desde el fuero colectivo y
participativo o será derrotada. No importa su magnitud. No importan los tamaños
y trascendencias de nuestras rebeliones. Ojalá sean inmensas, pero vale por
igual la mas sencilla. De todas formas, valga que una culmine con éxito para
que se multiplique como pólvora; ese es el signo del momento porque la crisis
“es revolucionaria”; ellos fueron los derrotados no nosotros.
3. Objetivos a cubrir
en las próximas semanas:
.En tal sentido, siguiendo los lineamientos de
múltiples eventos donde se han convocado asambleas y reuniones populares,
estimamos imprescindible el fortalecimiento inmediato del campo popular
organizado y autogobernante. Se ha tomado la decisión de fortalecer los Corredores de Lucha Territorial desde
donde se articulan las luchas populares en base a sus propios territorios
concretos; allí desde donde los propios núcleos de organización se han venido
coordinando sumando parroquias en un solo corredor o delineando espacios más
concretos en aquellas que incluyen una vasta población y territorio físico.
Esto vale como principio de encuentro, principio militar de defensa, pero a su
vez, dados los eventos del 2D, se considera necesario el ir más allá y
convertir estos corredores en lugares para la formación de las primeras formas
concretas de gobierno popular en toda su diversidad y ejercicio del poder
mismo. Es decir, empezar desde ya la formación concreta de la república de
iguales.
Se considera propicio el momento para ir
trabajando en dos puntos fundamentales que nos darían la posibilidad de
avanzar:
-En primer lugar: Proyectar en base a encuentros y
fortalecimiento de amplias coordinaciones de base la formación inmediata de las
Comunas Populares, siguiendo incluso
los mismos lineamientos generales que estaban establecidos en el texto de la Reforma Constitucional con los arreglos que
progresivamente se convengan desde la propia práctica y el proceso de
radicalización de la experiencia colectiva revolucionaria.
-En segundo lugar: La formación de las Comunas
Populares deben traer consigo la sustitución inmediata y de hecho al menos de
las repudiadas Juntas Parroquiales e implantar formas de Gobierno Comunal bajo la forma que cada territorio decida, siempre
sustentado en los principios de la igualdad y la democracia participativa y
protagónica, sin amos ni burócratas a quien obedecer. Obviamente son las
organizaciones reales del colectivo a través de sus delegaturas las que
constituyen la base de estas primeras formas de gobierno revolucionario.
-En tercer lugar: La formación de la
Comuna
como sus respectivas formas de gobernabilidad necesitan de una “Carta de Lucha” que sirva de programa
de acción y construcción realmente participativo, hechas por la gente que ponga
allí sus sueños, sus necesidades, sus reclamos, sus exigencias. Hechas desde
los mismos barrios y zonas populares utilizando las formas mas creadoras de la
propaganda y la comunicación nuestra. En el caso que no se pueda avanzar en lo
inmediato hacia la formación de la Comuna Popular, por debilidades específicas de
cada territorio, de todas formas consideramos indispensable avanzar el la
construcción de dichas cartas como base de un programa mínimo de lucha y
trabajo en cada zona. La asamblea popular dictará la pauta.
-En cuarto lugar: Las Cartas de Lucha y su síntesis
en las respectivas Comunas no son programas acabados, gobiernos anquilosados o
metas burocráticas a cumplir. Son verdaderos objetivos de transformación
radical de nuestras realidades que se van ampliando y complejizando en la
medida en que avance la consolidación y el poder del pueblo en los espacios
comunitarios, obreros, culturales, educativos, comunicacionales, de salud, de
defensa territorial, etc. Las necesidades inmediatas de servicios, salarios,
infraestructura, etc., en la medida en que se profundice nuestro propio diálogo
y aprendizaje como pueblo empalman así con objetivos mucho más profundos y universales.
-En quinto lugar: La radicalización de estos procesos
y nuestra firme exigencia al Estado de recursos y necesidades, necesariamente
nos llevará a abordar espacios mayores de gobernabilidad directa, controlar
zonas públicas y de producción más ambiciosas y que ya han comenzado a pelearse
en todo el país a través de la toma de tierras, empresas, instituciones, etc.
Se trata de la indispensable tarea de la expropiación de los capitales
saqueadores y monopólicos, de los reductos privatistas de la decisión política,
que siguen intactos. La república libre y socialista allí se engrandece. Pero
todo esto debe estar guiado por una forma de protagonismo popular directo que
rompa de plano con el burocratismo y el representativismo derrotados.
-En sexto lugar: Todo este complejo movimiento de
iniciativas políticas directas y desde la base, no deben llevar a la formación
de una “cartografía general de luchas”,
las cuales debemos sistematizar, ayudar a su integración y comunicación
directa, organizados fundamentalmente por los propios Corredores Territoriales
en formación. Las organizaciones populares por sí mismas, los movimientos
sociales aislados, mucho menos los partidos, son instrumentos garantes de
avance para la nueva etapa donde se arrecia el conflicto abierto por la
revolución. Necesitamos de instrumentos y conceptos territoriales de
organización realmente creadores que nos permitan dar el salto adelante en la
revolución y donde lo fundamental esté centrado en la experiencia constituyente
y emancipadora como tal y no en el grupo, colectivo u organización popular en
sí misma. Si todo este conjunto de organizaciones no son a su vez germen
concreto de una experiencia liberadora y de lucha revolucionaria real, su
papel, su desempeño político, a la final se convierte en una barrera del
propósito revolucionario como tal. Reproduciendo de esta manera el
representativismo de estado y la lucha fraccional de vanguardias
autodeclaradas.
-En séptimo lugar: Los lugares de encuentro de
organizaciones que hoy se multiplican por toda la geografía, al tratar asuntos
concretos y lineamientos de lucha específicos a cada realidad, deberían
apuntalar la formación de lugares síntesis del movimientismo y la experiencia
popular a nivel local, regional y nacional. Es fundamental que brote de una vez
una realidad política que le haga contrapeso real al estado, al partido,
exigiendo una relación entre ambos de “equivalencia
de poderes” y respeto a la
“soberanía colectiva”. Estos lugares síntesis vistos como ensambles
territoriales de un gran tejido
militante nacional y nuestramericano esperemos que puedan generar una “otra ciencia de lo político” centrada
en la lucha emancipadora que quienes somos los parias de la tierra y no la
gestión del capital privado que es la tarea natural del estado y el poder
constituido. Movilizaciones, solidaridades, desplazamientos, proyectos,
contralorías sociales, comunicacionales y productivas, cartografías de lucha,
diagnótico de situaciones, redes de defensa, diseños estratégicos, son las
tareas sobre las cuales se proyecta el poder popular en construcción. La “Asamblea Nacional de Movimientos
Populares” en formación de acuerdo al debate y los consensos realizados,
tiene allí un reto central para esta nueva fase libertaria y antiburocrática
del proceso revolucionario.
jansamcar@gmail.com