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El engaño de George W. Bush
Por: Joseph E. Stiglitz (*). Publicado en bitacora.com
Fecha de publicación: 22/09/03
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En 2001, el Presidente George Bush engañó al pueblo americano. Dijo que una rebaja de impuestos no destinada a estimular la economía la estimularía y el pueblo americano lo creyó. Pero no fue así. Dijo a los estadounidenses que los grandes superávit que fueron uno de los legados del Presidente Clinton permitían a EEUU darse el lujo de reducir los impuestos en gran escala. También en eso estaba equivocado. No avisó a los estadounidenses de lo dudosos que pueden ser esos cálculos.

En 2003 el Presidente Bush engañó una vez más al pueblo americano en relación con la economía. Unas semanas después de convencer al Congreso para que aprobara otra reducción de los impuestos -en algunos sentidos menos equitativa aún que la primera-, su gobierno reveló lo grave que había llegado a ser la situación fiscal. El superávit de US$ 230.000 millones heredado de Clinton se había convertido en un déficit de US$ 450.000 millones.
Ahora, después de entregar miles de millones a los americanos ricos mediante reducciones de impuestos que benefician casi exclusivamente a ellos, el gobierno de Bush está pasando el sombrero para pedir aportes de otros países a fin de que contribuyan a pagar el costo de la guerra de Irak. Aun dejando de lado los otros aspectos dudosos de la política de Bush respecto del Irak, la combinación de despilfarros provocados por los regalos a los ciudadanos más ricos de EEUU con la actitud de que EEUU ponga el caso a escala internacional no puede mover precisamente a comprensión.
Entretanto, el déficit comercial de EEUU aumenta. Este país, el más rico del mundo, no puede, evidentemente, vivir con sus propios medios, por lo que ha de pedir prestados más de mil millones de dólares al día. Cuando EEUU mira en derredor en busca de alguien a quien echar la culpa, era inevitable que centrara la atención en China, con su gran superávit comercial, del mismo modo que hace dos decenios el doble décifit -fiscal y comercial- de la época de Reagan propició que se centrara la atención en Japón. Pero eso equivale sólo a trasladar la culpa. Los déficit fiscal y comercial americanos están íntimamente vinculados. Si un país ahorra menos de lo que invierte, debe pedir prestada la diferencia al exterior y los préstamos del exterior y los déficit comerciales son las dos caras de una misma moneda.
El ahorro nacional tiene dos componentes: el privado y el público. Con las irresponsables rebajas de impuestos de Reagan, combinadas con la escasez de ahorro de EEUU, este país no tiene otra opción que la de pedir prestado al exterior. Ahora, en la época de "Bush II", EEUU está repitiendo esa insensatez. La situación puede empeorar aún más, una vez que se reavive la inversión, a no ser que el ahorro privado aumente de un modo que no tiene precedentes en EEUU.
Hay quien en el extranjero se regodea con los problemas de EEUU. Para muchos, es otra razón para poner en entredicho la capacidad de este país a la hora de tomar el mando de forma eficaz. EEUU tardó 12 años en salir del lío fiscal en que Reagan lo metió. Puede que se tarde tanto también en remediar el lío creado por Bush. Pero esa expectativa de los extranjeros es desafortunada. La mundialización significa que los errores en un país -sobre todo en la mayor economía del mundo- tienen repercusiones importantes en otros.
A ese respecto vale la pena tomar nota de tres cosas. Primero, los déficit de EEUU van a absorber, seguro, cantidades inmensas de las reservas de ahorro del mundo. Pero en su momento el mundo se recuperará de su actual desaceleración económica y esa escasez de ahorro cobrará importancia. Significará tipos de intereses reales más elevados, menor inversión y un crecimiento más lento, todo lo cual será oneroso en particular para los países en desarrollo.
Segundo, el enorme déficit comercial de EEUU puede ser una causa de inestabilidad mundial. ¿Seguirá el mundo financiando dicho déficit de buena gana, metiendo su dinero en un país con tan demostrada falta de competencia en la gestión macroeconómica? ¿Qué exigirá a cambio? ¿Y si los inversores mundiales llegan a la conclusión de que deben cambiar su combinación de carteras de valores y abandonar ligeramente los activos estadounidenses? Una Europa débil y la volubilidad sobre los mercados en ascenso ha sido una de las grandes bazas de EEUU, pero, ¿por cuánto tiempo puede depender este país de la debilidad de los demás? Por último, al buscar a quien culpar, EEUU puede volver a entrar en una época de proteccionismo, como hicieron en la de Reagan. Bush puede pregonar a los cuatro vientos la libertad de mercado, exactamente igual que Reagan, pero, del mismo que puede superar a éste en irresponsabilidad fiscal, puede aventajarlo también en hipocresía en materia de comercio.
Se calcula que en el momento de auge del proteccionismo de Reagan casi un cuarto de las importaciones estadounidenses resultó afectado por las restricciones comerciales. No hay que esperar menos de Bush. El año pasado no se mostró demasiado reacio a imponer aranceles a los productos siderúrgicos, en clara violación de las normas de la OMC. La bueno es que el mundo está empezando a tener un imperio de la ley en materia de comercio: un marco legal que, pese a no ser totalmente justo para los países en desarrollo y a que el poder económico sigue contando mucho en él, puede limitar la capacidad de EEUU para recurrir de nuevo al proteccionismo del pasado.
Europa se ha comprometido a respetar la responsabilidad fiscal casi con demasiado celo, al no reconocer que un déficit bien concebido en época de recesión puede brindar un rendimiento elevado. El gobierno de Bush ha adoptado reducciones de impuestos que provocan déficit, pero muy poco estímulo. Igualmente preocupante -para EEUU y el mundo- es la vía por la que se ha internado: déficit sin fin. Las políticas de Bush no anuncian nada bueno a largo plazo para EEUU y, por tanto, para el mundo.

(*) Premio Nóbel de Economía.


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Joseph E. Stiglitz (*). Publicado en bitacora.com


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