principal | EN contrARTE | autores | foro | contacto | nosotros | archivo
    Actualidad

¿Cuando caerá Bush?
Por: Immanuel Wallerstein* (Tomado de La Jornada)
Fecha de publicación: 22/09/03
imprímelo mándaselo a
tus panas

Los días de George W. Bush están contados. Tiene serios problemas que no se
disolverán así nomás. El tejido de justificaciones para la invasión de Irak
se deshilacha fragmento a fragmento. Tanto el presidente de Estados Unidos
como Tony Blair han hecho el intento de retractarse de sus más egregias
aseveraciones. Las famosas armas de destrucción masiva no se hallan por
ningún lado. Si aparecen algunas enterradas en las profundidades, en algún
sitio, será la prueba de que las famosas armas no estaban listas ni
disponibles para hacer la guerra, definitivamente no en los 45 mi-nutos que
anunciaba el primer ministro británico. Los tubos de aluminio resultaron ser
exactamente lo que Saddam Hussein decía que eran: material para fabricar
cohetes. Las presuntas ligas entre Saddam Hussein y Al Qaeda fueron siempre
poco probables y no hay evidencia que las confirme. Bush culpa ahora a la
Agencia Central de Inteligencia, mientras la bancada republicana del Comité
de Inteligencia del Senado acusa a la CIA de filtrar materiales que ponen en
dificultades al presidente. Los ladrones rompen filas.

Estados Unidos ya vivió antes circunstancias semejantes, no hace mucho
tiempo. Para el presidente Richard Nixon la cobertura de Watergate funcionó
al principio, y sólo los francotiradores daban lata. Pero cuando intentó
señalar chivos expiatorios (recuerden a John Dean), éstos comenzaron a
revelar la verdad. Nixon se religió. Pero hasta ahí llegó. Al final tuvo que
renunciar a su cargo cuando fue inminente que sería procesado.

Por supuesto, ambas situaciones son muy diferentes en sus detalles. Pero
existen sorprendentes similitudes. Ambas ocurrieron en el contexto de una
ambivalente postura de la opinión pública estadunidense en torno a la guerra
e implican a presidentes que insistieron en usar todos los instrumentos a su
alcance para intimidar a sus oponentes y sortear las políticas que los
habrían frenado. Ambos presidentes tenían a su alrededor a personas con
maestría en técnicas de parapeto. El vicepresidente Dick Cheney debe haber
tomado clases con el procurador general de Justicia de Nixon, John Mitchell.

En la política -mundial, nacional, local- uno puede lograr mucho respaldo si
va ganando. Pero a veces ese apoyo se evapora tan pronto como empieza uno a
perder. Bush prometió a Estados Unidos (y al mundo) la transformación de
Irak, de hecho de todo Medio Oriente, con sólo derrocar a Saddam Hussein. En
este momento, casi tres meses después del colapso militar del régimen
iraquí, ¿cuál es la situación de Irak? Todos los días mueren soldados
estadunidenses a manos de acciones guerrilleras con claras repercusiones. La
policía iraquí, recientemente designada por las fuerzas de ocupación,
amenazó con renunciar si los soldados estadunidenses no abandonaban las
estaciones de policía, sabiendo que sus vidas corren peligro por la
asociación tan cercana con el ejército invasor. Parece ser que los soldados
no son vistos como protectores de quienes cooperan con ellos sino como una
asociación forzada que pone en peligro la existencia.

Las fuerzas de ocupación han sido incapaces de restaurar un suministro
mínimo de energía eléctrica en los centros urbanos iraquíes. Francamente me
sorprende. Uno pensaría que el gobierno estadunidense podría reunir el
número necesario de ingenieros, transportar el equipo requerido y procurar
la protección básica a los profesionistas, de modo que la electricidad
funcionara en el lapso de una o dos semanas. ¿Es acaso tan costoso? ¿Hay
otras prioridades? ¿No lo considera importante Estados Unidos? Los iraquíes
comunes la viven como la prioridad número uno y co-mienzan a enojarse. Muy
pronto el país comenzará a añorar el régimen que Estados Unidos derrocó.

Entre tanto, en Gran Bretaña el heroico aliado de Estados Unidos, Tony
Blair, está también sumido en serios problemas. Los conservadores han
decidido que no hay beneficio alguno en respaldarlo. Los liberales nunca lo
hicieron. Crece el número de funcionarios públicos laboristas que aguarda
sin hacer nada.

En este preciso momento, Estados Unidos anuncia que juzgará a seis personas,
dos de los cuales son ciudadanos británicos, en la bahía de Guantánamo. Una
tormenta se cierne sobre Gran Bretaña entre los más respetables juristas que
objetan lo que consideran procedimientos sospechosos, incluso ilegales.
Están conminando a Blair para que haga que Estados Unidos entregue a estos
hombres ante la justicia británica. Pero Blair no puede prometer a Estados
Unidos que confesiones extraídas sin asesoría legal aguanten la prueba de
las cortes británicas. No hay una salida fácil, pues Estados Unidos no puede
ayudar a Blair sin poner en riesgo toda la estructura de la pesadilla de
Guantánamo. Al mismo tiempo, el gobierno estadunidense tiene dificultades
para convencer a algunos abogados estadunidenses que funjan como defensores
de estos hombres, pues los litigantes argumentan que las reglas están
dispuestas en su contra ilegítimamente.

Se suponía que la victoria estadunidense en Irak tendría el efecto de hacer
que sus recalcitrantes aliados -Francia, Alemania, Rusia- revirtieran sus
posiciones. No hay signos que lo demuestren. ¿Por qué ha-brían de
revertirla? En marzo, cuando la revista Time llevó a cabo una encuesta en
Europa con la pregunta "¿quién de los tres siguientes, Corea del Norte, Irak
o Estados Unidos, es la mayor amenaza para la paz mundial?", un contundente
86.9 por ciento contestó que Estados Unidos. Y dicho país y Europa están en
el sendero de la confrontación en torno a asuntos mundanos de comercio. En
esto, Estados Unidos tiene, claramente, una posición débil. La Organización
Mundial de Comercio tiene dictámenes contra Estados Unidos en es-tos
asuntos. Muchos países pequeños rehusan plegarse ante Estados Unidos (unos
calladamente, otros no tanto) en su insistencia de ser el único país por
encima de las leyes internacionales.

Por último, pero no por eso de menor importancia, la economía estadunidense
no está muy bien que digamos. Además, hay conservadores que gritan que el
régimen de Bush no es realmente conservador, porque aumenta, no disminuye,
el papel del Estado. Howard Dean comienza a ser visto como el potencial
candidato demócrata. Y aunque no obtuviera la nominación, algo que sí podría
lograr, ya forzó a los otros candidatos a "moverse hacia la izquierda" si
han de captar algo del apoyo que Dean parece estar convocando.



¿Podrá Bush darle la vuelta a todo esto? A corto plazo, tal vez. Si logra
capturar a Saddam Hussein, eso le ayudaría. De nuevo, estoy sorprendido de
que Estados Unidos no haya podido lograr tal captura. Pero no debería
sorprenderme. Tampoco han capturado a Bin Laden, ni vivo ni muerto, después
de casi dos años de persecución. El mullah Omar también anda suelto, y
parece que reorganiza a los talibanes.

Y en cuanto a los halcones que rodean a Bush, un día después de la caída de
Bagdad arengaban en favor de invadir Siria. Pero todo eso se calmó después.
Ni Irán ni Corea del Norte frenaron su impulso de adquirir armas nucleares.
Muy por el contrario, están a punto de presumirlas. Estados Unidos ha sido
muy prudente. No pa-rece siquiera tener tropas disponibles para lo urgente
que es reforzar su posición en Irak. En esas condiciones no podría,
seriamente, avanzar sobre Irán o Corea del Norte. Las iniciativas
diplomáticas tampoco han logrado mucho, ni en Israel/Palestina, ni en el
nordeste asiático ni en América Latina.

Si yo fuera Bush estaría muy preocupado. Tal vez él no lo está. El orgullo
va primero que la caída. Pero apuesto que sus brillantes asesores políticos
se están mordiendo las uñas. Se sentían muy seguros, hace tan poco. Pero el
barco del Estado se topó con aguas revueltas. Puede no hundirse de
inmediato. Pero, ¿llegará a puerto a salvo? Los nomios no son como para que
sonrían con displicencia.

* Director del Centro Fernand de la Universidad de Binghamtom
Traducción: Ramón Vera Herrera

Articulo leido aproximadamente 1624 veces

Immanuel Wallerstein* (Tomado de La Jornada)


Copyleft 2002, Aporrea.org