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Son pocas las materias que hayan ocupado tanto espacio, gastado tanta tinta y energía vocal como la concerniente al referéndum revocatorio (RR) presidencial, porque para las obcecadas mentes opositoras, los setentitantos revocatorios sometidos desde hace tiempo a consulta en el CNE, no cuentan para nada.
Hasta ahora toda esa inmensa cantidad de opiniones, se ha centrado principalmente en lo referente la cantidad, la autenticidad y la extemporaneidad de las firmas recogidas y entregadas al CNE.
A estas alturas, luego de la decisión del CNE del viernes 12 de septiembre de 2003, poca importa la cantidad y el tiempo en que fueron recogidas las firmas.. Los “atoraos” opositores deben comenzar de nuevo a “fildear” los 2,4 millones de pacientes con “disociación sicótica” que quieran firmar para un nuevo show mediático de la oposición.
Mi humilde opinión es que hagan lo que hagan, nuestra auto-vapuleada oposición no será capaz de recolectar el número requerido de firmas. No obstante, supongamos por un momento que la pandilla opositora logre acumular una cantidad suficiente de firmas auténticas y las lleve cumpliendo con todo lo establecido en el “librito” al CNE. Se supone que una vez recibidas, con show o sin show, se volverá a plantear el problema fundamental de todos estos procesos y que es el de ¿cómo asegurarnos de la autenticidad de esas firmas, sobre todo tratándose de que los antecedentes electorales de los que entregan las rúbricas a menudo son nada recomendables?
A pesar de haber leído centenares de páginas relativas al RR a lo largo de este año, no he visto ninguna proposición medianamente seria que tienda a resolver el anterior dilema. Baste decir que lo último lo vi en el vespertino El Mundo el mismo viernes 12, que proponía además de la firma, la huella del pulgar del firmante. Vaya disparate. Ese diario ignora que para comprobar la identidad de alguien usando la base de datos de la ONI-DEX hay que mover cielo y tierra, mas el auxilio de uno o varios dactiloscopistas y muchas horas de trabajo. El mismo trabajo o quizás mayor, sería el de verificar grafológicamente “una por una todas las firmas”, (¿contra que o quien las irán a comparar?) como lo han afirmado varios líderes del MVR y del PPT.
No hay duda de que uno de los aspectos más avanzados y democráticos de la “Bicha”, así la llama afectuosamente Chávez, es el establecimiento de la figura del referéndum revocatorio. Es una herramienta excepcional para corregir a tiempo los desvíos de aquellos funcionarios electos por el voto popular que traicionan el poder que les entregamos de buena fe. Pero esa figura del referéndum debe ser considerada como un asunto muy serio, cuya utilización debe ser cuidadosa y sabiamente reglamentada para que no se convierta en esa ópera bufa que se vive actualmente en California.
Es imprescindible que el CNE con el concurso y cooperación del resto del Estado y de las comunidades organizadas, reglamente de forma indubitable lo concerniente al referéndum revocatorio.
Como una contribución a ese reglamento es que someto a consideración de los muy avispados lectores la siguiente propuesta, que no es para el RR presidencial sino para todos los referendums que se vayan a solicitar de ahora en adelante (hasta el 2021 por lo menos):
El CNE debe diseñar una planilla maestra especial para recoger las firmas, para todos los referendums, que deberá entregar en cantidad suficiente a quienes vayan a promover un RR. Nadie mejor que el CNE sabe cuantos firmantes son necesarios para llamar un RR al alcalde del municipio Tucusiapón por ejemplo. Esta planilla por lo menos debe contener los siguientes campos:
-Encabezamiento introductorio con toda la “paja” legal que se considere necesaria y pertinente.
-Nombre del ciudadano, preferiblemente como aparece en la cédula.
-Número de cédula de identidad
-Fecha de vencimiento de la cédula de identidad
-una manera de localizar al firmante. Puede ser un teléfono, e-mail ó la dirección de habitación.
-Unas coordenadas numéricas únicas para cada firmante, a quien se le entregará un comprobante con dichos números, indicándole que deberá guardarlo y tenerlo a mano hasta que se llame a referéndum.
Una vez identificados todos los firmantes de esa manera, verificar con certeza la veracidad de las firmas es juego de niños, ya que con establecer una muestra aleatoria ( hay centenares de softwares que hacen esta selección) y estadísticamente significativa y encuestar a cada uno de los integrantes de la muestra, se tiene el problema resuelto. La encuesta es sencillísima .Las preguntas mínimas pueden ser:
1) ¿Es UD. fulano de tal?
2) ¿Firmó UD para el RR tal por cual?
3) ¿Dígame su # de Cédula.
4) Su nombre según la cédula
5) Fecha de vencimiento de la cédula
6) ¿cual es su coordenada o número de registro que le dieron cuando firmó?.
Si el encuestado contesta correctamente esa sencilla encuesta no hay duda de que el es un legítimo firmante. Debido a que todos los encuestados están firmando para un mismo propósito, el margen de error debe ser bajísimo; si la encuesta resulta por ejemplo 95% cierta, no hay duda de que si se revisaran todas las firmas, el porcentaje de certeza sería igual de alto y por tanto, TODAS las firmas deben considerarse como válidas sin pataleos de ninguna especie, gústele o no a los contendores.
Quizás lo mas novedoso de esta propuesta es el establecimiento de esas coordenadas o grupo de números, unívocos para cada firmante de la muestra , que dependiendo del tamaño y lo aleatorio de la muestra, hacen prácticamente imposible que se produzca un fraude con firmas chimbas.
Es obvio que debe haber discusiones entre el CNE y los representantes políticos de la sociedad (lo siento por Súmate y Corina, la “sin par de Caurimare”, no van p´a este baile) para definir detalles tales como si se acepta el uso de un método tal para la validación, tamaño de la muestra, porcentajes de aceptación, formas de elegir y de encuestar la muestra y otros que irán surgiendo; pero yo no tengo dudas de que algo muy parecido a esta modesta propuesta es la solución buscada.
Gerardo González Blanco
g_gonzalezb@hotmail,com
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