|
Hay gente que descubre tardíamente algunas cosas y, por eso mismo, cuando
las practíca, lo hace sin estilo. Lo digo porque me ha sorprendido ver tan
des melenado a Henry Ramos Allup, yo que lo tenía por el único adeco que
se tomaba en serio lo de la socialdemocracia, es decir, la presunta
ideología del partido.
El viejo zorro ha comenzado la temporada 2003- 2004 con unas estrategias en
verdad nada originales en la política local pero sí raras en él:
primero, pretender descalificar a los adversarios tachándolos de
homosexuales, una modalidad más bien pastorheydrística de la lucha por el
poder; y segundo, queriendo caerse a pescozones con sus colegas
parlamentarios, algo más propio del pablomedinismo arcaico.
Dándole el beneficio de la duda, respecto al primer aspecto, tal vez don
Henry haya planificado dedicar su tiempo a especular acerca de la vida
privada de los funcionarios de la V República con la finalidad de
desquitarse de las malas pasadas que otrora le hicieran a él sus mismísimos
compañeros de tolda. En efecto, en los años 80, cuando AD era todopoderosa,
las peleas intradecas eran una delicia para los amantes de lo
escatológico. En esa época, la familia que acaudillaba el partido del
pueblo en el Carabobo natal de Ramos Allup le aplicó a éste, adversario
interno, una de sus modalidades favoritas de des moralización: comenzaron
a correr la bola de que al joven abogado, como suele decirse en las
conversas de botiquín, se le mojaba la canoa. Y como los señores de esa
familia eran los clásicos adecos comesancocho y bebecerveza, o sea, machos
criollos y vernáculos, aquella especie adquirió tal fuerza que al
infortunado valenciano le tocó luchar años enteros, casarse en segundas
nupcias y mostrarse orgulloso con su bella esposa y sus hijitos para que
aquella invectiva cayera en el olvido.
Claro, que tal vez a ello contribuyó el hecho de que AD se parezca ahora a
URD, razón por la cual las inclinaciones sexuales de sus líderes ya no son
tan noticia como antes.
En todo caso, Ramos Allup parece haber resuelto devolverle al mundo parte
del sufrimiento que la mafia carabobeña le infligió con sus difamaciones
baratas, y para ello ha lanzando la atrevida tesis de que Ameliach,
Carrasquero y Rin cón son homosexuales y, por si eso fuera poco en nuestra
machista sociedad, los tipos tienen un gusto pésimo ya que viven juntos.
La segunda estrategia inusual del legendario diputado adeco es esa de
andar manoteándose con emeverristas y pepetos, a sabiendas de que éstos
siempre están dispuestos a la camorra. Es bien sabido que en toda fracción
de todo parlamento en cualquier país, debe existir uno o varios
tiragolpes. Pero sucede que Ramos Allup nunca perteneció a esa especie, ni
siquiera cuando era el mozo de espadas de Canache Mata. Ahora, ya ajado
por los años, le lucen todavía menos esos desplantes de perdonavidas. Por
supuesto y, de nuevo, en su descargo, cabe la posibilidad de que se haya
convencido de que, dada la absoluta ramplonería tanto de sus adversarios
como de sus compañeritos en la Asamblea Nacional, es ocioso esperar que
alguien le plantee una discusión de grandes ligas sobre neoliberalismo y
poder político, por mencionar sólo una de las áreas de su quehacer
intelectual. Harto de esperar un milagro, resolvió -obviamente tarde-
bajarse del pedestal y ofrecerle -sin mucho estilo hay que decirlo-
trompadas al primer guapo de barrio que lo mire feo. No, señor Henry, déjele
eso a Marquina que a usted le pueden dar un mal golpe.
Articulo leido aproximadamente 4522 veces
|