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Patriotismo?*
"Al pobre no le beneficia la patria por que no es de él. La patria es la
propiedad de unos cuantos que son los dueños de la tierra, de las minas, de las
casas, de las fabricas, de los ferrocarriles, de todo cuanto existe".
Ricardo Flores Magón (1873-1922)
De mil maneras se nos incita a los pobres a ser patriotas. Desde que nacemos
a la vida hasta que rendimos el ultimo suspiro, zumban en nuestros oídos estas
palabras “ama a tu patria, ama a tu patria, ama a tu patriaâ€.
Puede decirse que amamos al patriotismo con las primeras gotas de leche que
arrancamos al pecho materno. La madre nos arrulla con canciones en que se
glorifica a la patria. Más tarde nos enseña a amar a la bandera, cuyos colores nos
parecen más lúcidos que los de cualquier otra. De niños se nos obsequia con
juguetes que nos hacen jugar a los soldados, fingimos, en nuestros juegos,
campos de batalla en que hacemos mover el polvo de la derrota a todos los que han
cometido el delito de haber nacido fuera de los linderos de la nación, pues
para todo buen patriota es enemigo el que no nace dentro de las fronteras de la
patria.
La educación patriótica no termina con nuestros juegos de chiquillos: sigue
en la escuela en las primeras letras.
Allí el buenazo del maestro nos hace entonar coros en los que se enaltece a
la patria; en el libro de lecturas deletreamos composiciones en prosa y en
verso en honor a la patria y en nuestros ojos se extasían ante las laminas que
representan acciones de guerra defendiendo a la patria. Oímos el himno nacional y
la sangre circula por nuestras arterías con mayor rapidez.
El cura en sus sermones nos excita con amar a la patria; el político en sus
discursos, nos habla de la grandeza de la patria; el periódico burgués estimula
nuestros sentimientos patrióticos; por donde quiera que volvamos la vista
vemos en la estatua de un patriota o el cuadro con algún asunto patriótico; no
hay que olvidar cada año las fiestas patriotas.
Todo, en fin está sabiamente calculado para encender y mantener encendida, en
nuestros pechos, la lumbre patriótica.
Preparados de esa manera y aun cuando no seamos dueños de un terrón de tierra
donde inclinar la cabeza; aun cuando de la patria que se nos ha enseñado a
amar no poseamos ni un centímetro cuadrado de su territorio, a pesar de las
indignidades, humillaciones, atropellos y desmanes de que somos victimas por estar
abajo en la escala social; a pesar de todo nos encontramos dispuestos a
cometer los mayores excesos, a matar y dejarnos matar por la patria, por ese algo
que ningún beneficio nos reporta y en cambio exige de nosotros los más grandes
sacrificios porque, hay que confesarlo, todas las cargas que implica el
patriotismo descansan exclusivamente en los hombros de los pobres. El pobre sólo
sabe que tiene patria porque tiene que servir en el ejército y los beneficios que
de la patria recibe son el garrotazo del policía, los impuestos para mantener
a los gobernantes, el servicio militar y la ley que lo somete a eterna
servidumbre bajo las garras del dueño de la tierra y de la maquinaria de las
fabricas.
Al pobre no le beneficia la patria por que no es de él. La patria es la
propiedad de unos cuantos que son los dueños de la tierra, de las minas, de las
casas, de las fabricas, de los ferrocarriles, de todo cuanto existe; pero el
pobre se le inculca desde su niñez que ame a la patria para que esté listo a
empuñar el fusil en defensa de los intereses que no son suyos, cuando sus amos
comprenden que esos intereses están en peligro y hacen que los intereses
materiales son la patria, que incluso la burguesía no se opone a una inversión
extranjera cuando ésta no tiene por objeto despojarla de sus propiedades y hasta es
solicitada la invasión cuando los rifles invasores pueden prestar algún apoyo al
principio de propiedad privada, cuando ese principio esta en peligro de
desplomarse a las recias embestidas de la justicia popular.
Los políticos que tanto hablan de la patria tienen su dinero en Estados
Unidos o Suiza y sus hijos estudian en universidades del primer mundo. ¡Vaya
patriotas!
Esta patente que el patriotismo no es practicado por los que nos lo
inculcan. Ese es un sentimiento que hábilmente se nos fomenta para tenernos a su
disposición nuestros verdugos.
Cuando tomemos el fusil para defender a la patria lo que defendemos son los
bienes de nuestros amos.
Abramos los ojos.
* Publicado en el periódico insurgente Regeneración, el 24 de febrero de
1917.
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