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Con su bata de algodón estampado en flores, las cholas de plástico para estar - en todo el barrio - como en su propia casa y la mirada esperanzada y pacífica de los pobladores de El Rinconcito, Griselda cuenta que a su barrio no había subido jamás un médico a atender a la gente y a involucrarse con la comunidad como lo han hecho los médicos del Programa Nacional Barrio Adentro.
“Antes yo vendía pastillas para el dolor de cabeza, la fiebre…, tu sabes, las cosas más comunes, pero desde que llegaron los médicos cubanos ya la gente de por aquí no necesita comprarme ningún medicamento, los médicos se los dan gratis”, dice Griselda de Castro en las cercanías de la “Casa de la Salud y la Vida”, ubicada en El Rinconcito.
El consultorio o “Casa de la Salud y la Vida” de esta barriada funciona en una construcción que había sido destinada para un módulo policial, al que nunca llegaron los efectivos de seguridad. “Esta casa la había ocupado un muchacho de la zona para vender empanadas, porque no tenía empleo, pero cuando nos enteramos de Barrio Adentro quisimos darle nuestro apoyo a los médicos”, señala Griselda.
La comunidad pidió al joven que desocupara la casa para el desarrollo del Programa y él exigió 300.000 bolívares para salirse, pues había hecho mejoras físicas al lugar. “Ya le pagamos la mitad del dinero”, dice Griselda y agrega orgullosa que este consultorio médico es un regalo que se ha hecho la propia comunidad.
Conseguir el espacio físico ha sido una ardua tarea para la gente de El Rinconcito; organizados han tenido que vender rifas y dulces caseros en las calles para poder cancelar el costo de las rejas, puertas y ventanas que había mandado a colocar en la casa el muchacho que vendía empanadas.
La afectuosa convivencia diaria y la colaboración humanitaria entre la comunidad y el equipo de médicos, ha sido uno de los factores determinantes del éxito de Barrio Adentro en esta zona, una de las 9 grandes barriadas de El Winche, en el Estado Miranda; sus habitantes dan fe de ello.
“Mientras sea por el bien de mi comunidad, no importa si dejo de vender,” asevera Griselda de Castro -dueña, como comenta- “de la bodega más grandecita del barrio”; un expendio de chuchería y alimentos básicos al detal, que otrora también ofrecía medicinas en el poblado denominado El Rinconcito, del barrio El Winche en las Filas de Mariches.
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