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Cuando la gente, de nuevo, confió en el llamado que le hicieran sus líderes para firmar y con ello sellar la salida definitiva del Presidente, creyó que esa vez, al menos, sí sabían lo que hacían.
Pero que va. Por enésima vez tampoco tenían claro qué persguían, ni que lograrían con El Firmazo, más allá del abultado espacio en los medios, que aun cuando no garantiza el éxito, por lo menos genera la sensación de.
Hoy, siete meses después, la única sensación que queda es de frustración. Ese sabor a incompetencia que para la masa opositora produce la continua improvisación política a la que se ha visto obligada gracias a la (des)Coordinadora Democrática y sus integrantes.
El inconvencional
Durante los agobiantes días de diciembre, Andrés Velásquez, sin querer, lo confesó: Es que este no es un Presidente común. Según su tesis, si a otro, cualquiera, adeco, copeyano o del chiripero, le hubiesen aplicado las mismas técnicas ya fuera historia.
Sin usar las herramientas que eventualmente hubiera usado cualquier otro mandatario en situaciones similares, es decir, sin enviar censores, ni cerrar un medio o suspender garantías, Chávez decidió hacerle frente a un golpe, a una retahila de paros, y a una torpe oposición que demostró con creces no tener trazada ninguna estrategia de factoría autóctona para combatirle en el terreno político.
Por ello, más que con el MVR, que ha demostrado hasta el cansancio haber heredado más de lo deseado de la cuarta que tanto reniega, Chávez para su campaña ha contado más con la oposición.
Fracasos y resultados
Así como dicen que no sabían que la marcha después de Chuao se dirigiría a Miraflores, así tampoco imaginaron que después de organizar un golpe tan bien cuadrado, al tercer día, por primera vez en la historia de Latinoamérica, el Presidente de Venezuela resucitó de La Orchila, reenganchó a sus enemigos en Pdvsa y cambió a sus ministros para complacer a sus críticos.
El vencido se tornó en el vencedor en 48 horas.
Ocho meses después planificaron un paro petrolero con la esperanza, pero no la certeza, de reeditar la historia de Allende. Abandonaron y sabotearon la principal industria del país, entregándosela, con causales de despido incluida pues según sus cálculos para Reyes Chávez sería un asunto del pasado.
Pues comimos hayacas y recibimos el año con el susodicho en Miraflores. Los cerros soportaron estoicamente. Las largas horas en colas, la falta de coca cola, de gasolina, de la Catira y del Oso, solo perjudicó la imagen de sus propios promotores.
Por último, apostaron todo a un Firmazo, no hicieron caso a las repetidas advertencias que sus propios adeptos hicieran al terrible error que en términos de tiempo implicaba presentarlas. No repararon en las fallas evidentes en su recolección y en la redacción del encabezado de las planillas. Ahora, como todo el mundo sospechaba fueron rechazadas por el CNE y a este punto, luego de mucho nadar, sin tener claro hacia dónde, la orilla luce lejos.
Tanta improvisación deja sólo dos opciones a la imaginación: o Chávez tiene una quinta columna infiltrado en la oposición o a la Coordinadora le sale una Constituyente.
http://panodi.com/hoy/1233980.html
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