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“...Mucho más temprano que tarde, serán abiertas de nuevo las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para la construcción de una sociedad mejor”
Salvador Allende Gossens
Fueron éstas las últimas palabras que dijo aquel gran estadista chileno en un dramático mensaje radiado a su pueblo, en precisos instantes que era bombardeado y atacado el Palacio de la Moneda por tropas militares adscritas al golpismo, aquel aciago 11 de septiembre de 1973, inaugurándose una de las dictaduras militares más sanguinarias y crueles de América Latina: la tiranía del general Augusto Pinochet Ugarte, considerado como el Hitler de Latinoamérica.
A partir de aquel momento, decenas de miles de chilenos fueron vilmente perseguidos, encarcelados, torturados, desaparecidos y asesinados y durante 17 largos y tortuosos años que duró el régimen fascista y genocida del prusiano y rastrero Pinochet, un lacayo más del imperialismo yankee.
Jamás la derecha chilena y los Estados unidos le perdonaron a Allende el hecho de emprender políticas totalmente radicales en función de la transformación política, social y económica de Chile para hacerla una Nación soberana y próspera, en virtud de que ello afectaba sus privilegios.
Eran los tiempos de la Guerra Fría y el imperialismo yankee no podía permitir que en su “patio trasero”, como consideró y aún considera a América Latina, hubiese un país que alzara su voz en defensa de su soberanía y autodeterminación, pues eso era considerado como “comunismo” y atentaría contra sus intereses.
Era muy visible que el golpe de estado que depuso y asesinó a Allende fue ejecutado por la oligarquía chilena con el pleno auspicio de Estados Unidos a través de su siniestra C.I.A. y su poderosa transnacional de comunicaciones ITT, por mucho que lo hayan negado, y así lo revelan miles de documentos desclasificados; entre tantas cosas, la C.I.A. financió por alrededor de 14 millones de dólares a la derecha de Chile, además de asesorarla en la planificación y ejecución de una larga cadena de eventos que desembocaron en el golpe.
Por otra parte, Pinochet hizo creer a la opinión internacional que Allende se había suicidado, cosa que nunca pudo demostrar, a pesar de la censura mediática que impuso. Al ser sacado del Palacio de la Moneda, el cadáver del líder marxista chileno presentaba cerca de 19 impactos de bala en todo el cuerpo, lo que hace suponer que fue vilmente acribillado. A todas éstas, nadie se puede quitar la vida con tantos balazos, pues con uno sólo basta. Pero ese animal uniformado pretendía tapar el sol con un dedo.
En otro sentido, más de un millón de chilenos salieron al exilio, al ver que su Patria se hundía en un fango de ignominia, felonía y sufrimiento. Países de Europa, como Suecia, Dinamarca, Francia y España, y de América Latina y el Caribe, como Perú, Bolivia, ecuador, Brasil, México, Cuba y Venezuela, les abrieron los brazos con la mayor calidez y solidaridad posible para que pudieran rehacer sus vidas, marcadas por la violencia y el terror del fascismo.
Han pasado 30 años de aquella fatídica fecha, y, pese a que se restauró la democracia (¿?) en la hermana República, las múltiples heridas causadas, lejos de curarse, aún permanecen abiertas, y se corre el inminente peligro de desatarse una especie de erupción de consecuencias impredecibles. En mi criterio, son muchos los aspectos que pueden servir como caldo de cultivo, a saber:
1.- La persistencia de la influencia pinochetista en los órganos del Poder Público Chileno, y muy fuertemente, en las aún fracturadas Fuerzas Armadas.
2.- Según informaciones que he recibido de hermanos chilenos, todavía se aplican los mismos métodos de represión contra manifestaciones populares, laborales y estudiantiles. En otras palabras, los presidentes que sucedieron a la dictadura (Aylwin, Frei y, actualmente, Lagos) han sido manejados por tentáculos pinochetistas y al compás del imperialismo yankee. A esto se añade la brutal violación de derechos humanos de que son objeto los indios mapuches.
3.- El tratado de libre comercio entre Chile y Estados Unidos, firmado recientemente por Ricardo Lagos y el tirano del norte, George W. Bush, arrasará con la ya débil economía chilena, tal como pasó en Argentina, generando el cierre de empresas, desempleo, hambre, pérdida de identidad, valores, cultura y la misma soberanía chilena. Es la eterna historia del pez grande que engulle al pez chico.
4.- El manto de impunidad que se tiende cuando, según resoluciones de Lagos, se les da de manera disfrazada el indulto a Pinochet y sus esbirros, lo cual les daría el derecho de pasearse libremente por toda Chile como si nunca hubieran quebrado ni un plato.
¿Cómo puede haber verdadera reconciliación con una justicia penetrada y putrefacta? ¿Qué hay del dolor de miles de chilenos que perdieron a sus familiares en tan horrendos crímenes calificados como de lesa humanidad? ¿Dónde están los cuerpos de los desaparecidos? ¿Quién cura todas esas heridas? Hay que hacer muchas reflexiones. Esas heridas exigen ser sanadas. Esas familias reclaman justicia por sus muertos y desaparecidos. Las grandes alamedas exigen ser abiertas para que al fin el hombre las transite en plena libertad. Si no hay justicia, no habrá paz.
No obstante, la Revolución que emprendió Allende ha servido como importante marco referencial para los diversos procesos que habrán de darse en Latinoamérica, y nuestra Revolución Bolivariana toma aspectos relevantes de dicha referencia. Por eso, desde aquí la República Bolivariana de Venezuela, me dirijo a los hermanos chilenos, con un abrazo solidario y revolucionario, para expresarles mis más sinceras palabras de ánimo, lucha y combate, que deben levantarse de nuevo y con la plena seguridad de que nunca jamás se caerán y que sus pasos, en lo sucesivo, serán firmes.
Salvador Allende Gossens no ha muerto, sólo se volvió pueblo y vive en cada uno de los chilenos de buena voluntad. Hermanos chilenos, apóyense en nosotros los venezolanos, su dolor es el nuestro, sus luchas son también nuestras luchas, y junto con los demás hermanos latinoamericanos caminemos hacia la consolidación de la Unión. Más elocuente no podía ser nuestro Libertador y padre de la Patria Simón Bolívar al afirmar que “todos debemos trabajar por el bien inestimable de la unión”. La integración latinoamericana avanza, y por eso los invitamos, hermanos chilenos, a trabajar activamente para ello.
PATRIA O MUERTE!!!
VIVA LA INTEGRACIÓN LATINOAMERICANA!!!
El Gay Revolucionario
gay_revolucionario@hotmail.com
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