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Tacones o vedetismo
Por: Alejandrina Gómez
Fecha de publicación: 11/09/03
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El martes 9 se realizó en la Universidad Bicentenaria de Aragua un Foro denominado “PERIODISMO EN TACONES”. Título muy sugestivo, por demás femenino, dedicado a exaltar o resaltar la trayectoria de la mujer en el periodismo. El evento fue organizado por estudiantes de la Escuela de Comunicación Social. Los jóvenes tuvieron toda la buena intención del mundo y trabajaron mucho para la realización del evento. Atendiendo a la invitación que me hicieron como dirigente del gremio en Aragua, asistí con la ponencia “TRAYECTORIA DE LA MUJER EN EL PERIODISMO VENEZOLANO”, donde hice una exposición seria y detallada de la incursión de la mujer en la prensa, desde el siglo XIX hasta hoy.

Me acompañaban en el panel las periodistas Carmen Elisa Pecorelli, Anais Cruz y Charmaint Corado. A pesar de las expectativas que tenía sobre el desarrollo del tema, dado el nombre tan atractivo, no pude disimular mi decepción a medida que éste avanzaba, porque sentí que se desperdició una excelente oportunidad de mostrar al público juvenil que se reunió en el auditórium de la Biblioteca “Dr. Emilio Medina" de la UBA, (cuya edad promedio no superaba los 30 años), lo que es actualmente el periodismo ejercido por mujeres.

A excepción de la inteligente intervención de Carmen Elisa Pecorelli, quien supo concluir dignamente el mal llamado Foro, la conclusión que saqué, y que probablemente se llevaron los asistentes, fue que para ser periodista, primero tienes que calificar con la regla 50 – 50 (cincuenta por ciento bonita y cincuenta por ciento inteligente), - las feas, y las negras, me imagino, abstenerse. No califican. Siempre hay que tener la cajita del maquillaje a la mano, “porque tú eres la imagen del canal”, afirmó una de las ponentes. Confieso que no pude menos que imaginármela cubriendo la invasión a Irak y maquillándose para transmitir el siguiente bombardeo sobre Bagdad. Esta exposición fue ilustrada con paseitos por el escenario, saltitos intercalados, con reminiscencias de pasarela. La siguiente intervención fue para agarrar palco. Allí la ¿forista? hizo un análisis pormenorizado de lo que era su día a día, sin tiempo para nada que no sea estar en una autopista, rumbo a cualquier parte, en la cobertura de la noticia y los tremendos e incalculables riesgos para la vida que eso implicaba.

El fastidio que era alojarse en hoteles tan lujosos como el Meliá Caracas, en la cobertura de la Mesa de Diálogo, porque allí estaba Gaviria, ¡Nada menos que Gaviria! “Y la semana que viene me voy para Washington invitada por la SIP”. Y aquel foro, de nombre tan encantador, se transformó en una oda al vedetismo, que es algo así como el monólogo del yo-yo. Fastidiada de tanta exhibición de jactancia y pre potencia decidí desconectarme e irme a Marte, de donde me trajo violentamente la joven, quien olvidándose que se trataba de un foro, me señaló con el dedo y me conminó en forma poco amable a que le respondiera, inmediatamente, determinada pregunta relacionada con el gremio. Allí el Foro encantador se convirtió en debate público.

No se aprovechó el momento para hablar de las heroínas del pueblo, de esas que verdaderamente patean la calle en la búsqueda de la noticia, porque fue preferible hablar de las heroínas de la televisión, para quienes el ejercicio del periodismo es una buena “pinta”, perdón, imagen. Imagen que no es la tuya, sino la del canal, léase, la del amo que paga. No hubo tiempo de reivindicar o hablar simplemente de las damas, de las periodistas que trabajan en la prensa escrita, en la radio, en las instituciones públicas y privadas, en las revistas, porque no existieron otras, sino "yo, yo, yo". Es decir, una oda a sí mismas. Bien lejos quedó la humildad, y más aún las enseñanzas de mis profesores Héctor Mujica, Federico Alvarez, Juan Páez Avila, acerca del noble ejercicio de la profesión. Lo lamentable era que un sector mayoritario del público estudiantil las escuchaba embelesado. Hubo una joven que casi levitó al escuchar sobre todo la parte del Hotel Meliá y el nombre de Gaviria. Analuisa Llovera, ¿dónde guardabas tu cajita de maquillaje cuando luchabas para lograr el voto femenino, fundar la Asociación Venezolana de Periodistas o hacerle frente a la dictadura de Pérez Jiménez? Yo te mencioné aquí, junto a las otras compañeras.

Es probable que fuera la primera vez que oyeran tu nombre, porque tampoco sabían que existió un periodista que se llamó Fabricio Ojeda, que murió en la cárcel y la historia oficial registró el hecho como “suicidio”. Tampoco sabían nada de Verónica Texeira. Para estos jóvenes el periodismo nació ayer, en 1998. Las bombas lacrimógenas de hoy son más sofisticadas y las balas que hoy dispara el gobierno contra los periodistas sí matan, por eso hay que usar chalecos antibalas, escuché afirmar en medio del barullo. Sólo que, inexplicablemente, aún no ha muerto el primer periodista. La culpa de esta división tan terrible la tiene Chávez, gritó un joven gordo desde una esquina y una de las colegas llegó a decir que antes no había desunión. Eso fue lo que oí. Decepcionada, salí del foro, y, simbólicamente, me quité los tacones y pateé la calle con los pies descalzos, pero con la convicción de que el periodismo existe y es otra cosa.

Es la mirada de un pueblo que está despertando y que reclama ser tratado con respeto. Quizá su reclamo es fuerte, pero él no ha tenido el privilegio de la educación que hoy comienza a dársele. De todos modos, antes de sacudir los tacones, sugerí a los jóvenes estudiantes de Comunicación Social de la UBA, que leyeran la historia de 40 años atrás, para no ir tan lejos, y sobre todo, que revisaran las hemerotecas. Allí hay valiosa información sobre periodistas muertos, perseguidos, atropellados, exiliados. Diarios allanados y cerrados, revistas prohibidas. Mordaza auténtica en una democracia representativa. Yo lo viví. Con esa información quizá se atrevan a volver a ponerse los tacones. Por lo pronto no están ni a nivel de alpargatas.
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Alejandrina Gómez


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