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Había prometido un informe sobre mi viaje al occidente del país, especialmente al Táchira. Se trataba de un viaje de descanso para visitar a mi familia. De hecho, fue de mucha actividad, pero sin embargo fue energizante, estimulante, como ya les diré. Visité de ida a algunos compañeros en Barinas, uno de los cuales mandó a la lista de los CLPP, de Conexionsocial, un breve informe. Ya en San Cristóbal, visité varias comunidades organizadas: Barrancas (un barrio de gente humilde entre San Cristóbal y Táriba), Palo Gordo (parte arriba de Táriba), Naranjales (una aldea más allá del Piñal), El Corozo (en la salida hacia los llanos de San Cristóbal). Luego fui a Rubio, ciudad pontálida, donde me crié. Visité también La Grita, para lo cual pasé por el Páramo del Zumbador, en un trayecto muy hermoso de dos horas. De vuelta a San Cristóbal pasé por El Cobre. En San Cristóbal hablé en la televisora local, TRT (Televisora Regional del Táchira), en la Grita hablé en dos emisoras de radio comunitarias y en una estación local de televisión, llamada Atenas (pues a La Grita, la llaman por este nombre, para evocar a su vocación cultural, como la antigua metrópolis griega), en Rubio hablé en la emisora comunitaria Kania (nombre de uno de los grupos indígenas pobladores de los alrededores de Rubio antes de la conquista). A mi papá no lo descuidé, claro, pues mi casa allá era mi punto de "pernocta" entre idas y venidas, y él estaba feliz viéndome animado en estas andanzas.
Recordé en mis andanzas de esta vez mis tiempos en la universidad, cuando visitaba los barrios de Caracas en jornadas organizativas, de concientización política, y en jornadas ecológicas para recoger basura junto con la gente, para humanizar los entornos de la gente marginada en esos tiempos. Pero mientras en mis tiempos universitarios nos costaba bastante tener la atención de la gente, muchas veces engañada por los partidos gobernantes con pequeñas dádivas a la hora de votar, en esta ocasión la experiencia fue totalmente diferente. Le hablé a la gente de lo que creemos que debe ser la consigna principal en los tiempos que vivimos: Todo el Poder para el Pueblo Organizado. De hecho, creemos que el proceso de cambios sólo avanzará en la medida que la democracia participativa no se quede sólo en palabras. La gente, de acuerdo a la Constitución Bolivariana, no puede conformarse ahora sólo con promesas, o con dádivas, sino que debe asumir tareas de planificación, gerencia pública y seguimiento de los planes decididos. Una de las cosas que más me alegró visitando a las comunidades, en particular a las más pobres, es que yo no iba a ofrecerles nada (material, digo). Algunos resabios del pasado hacían a alguna gente pedirme favores con "contactos" en el alto gobierno, pero hablamos de que había terminado el tiempo de las peticiones, de los ruegos, de la adulación, de los lloriqueos, y había llegado el tiempo de la acción, de la realización, limitada sólo por las propias carencias, de sus sueños. Había que convocar las asambleas populares para constituir los Consejos Comunales y Locales de Planificación, sobre todo donde no se habían conformado o donde se habían conformado de manera equivocada, como en Puerto Cabello, o en Valencia, según rezan las opiniones de la Defensoría del Pueblo y las decisiones del Tribunal Supremo de Justicia. Le hablé a la gente que ellos no tienen que esperar a que el Alcalde convoque las asambleas, y que él o ella sólo pueden convocar a los consejeros de los CLPP una vez electos por las asambleas autónomas de ciudadanos, propiamente convocadas. Les hablé del porqué de la consigna de todo el poder para el pueblo: no sólo es un derecho, nuevo, adquirido en el nuevo proceso político, sino que es, de hecho, una necesidad, la única garantía tanto de la unidad del pueblo, como de la eficiencia de la administración pública. Mis argumentos fueron más o menos como sigue.
Una experiencia que ha demostrado que la organización del pueblo en función de sus intereses comunes logra la unidad y mejora la eficiencia es lo que está ocurriendo con los comités de tierras, de aguas, con el Plan Barrio Adentro, y con algunos Consejos Locales de Planificación Pública. En el Plan Barrio Adentro, por ejemplo, la gente se ha empezado a organizar para limpiar su entorno, y para generar conciencia en la necesidad de mantener higiénico el lugar; se están haciendo planes para sanear tanto las casas como las calles y otras áreas comunes con sistemas de aguas negras y de aguas blancas; se está valorando la actividad deportiva por motivos de salud, tanto para jóvenes como para adultos; se está valorando la educación como forma de superación humana, y se están planificando escuelas y organizando brigadas de seguridad para proteger a las comunidades y a las instalaciones comunitarias de actos de vandalismo; se están incorporando cada vez más jóvenes a tareas comunitarias y se está empezando a generar una fuerte campaña espontánea en contra de alegrías vanas, destructivas y evasivas de la desesperanza, como las drogas. ¿Creen ustedes que en estas actividades la gente se va a diferenciar como adeca, copeyana o emerrevista? Han adivinado bien. De hecho, hemos sabido de altos dirigentes de partidos de oposición que se quejan amargamente por lo que ha significado este programa en términos de la horadación de la base social de esos partidos. Va sin decir lo que este programa ha significado en términos de las divisiones entre los dirigentes y partidos que apoyan el proceso de cambios, pues de estos movimientos comunitarios que han surgido en mucha medida de manera espontánea para acompañar los programas como Barrio Adentro, o las oportunidades, como los Comité de Tierras urbanas, surgen los verdaderos líderes, por su acción y por su prestigio en la práctica y en la concepción que la acompaña. La unidad, pues, se basa en las necesidades de la población, que son comunes generalmente, por lo menos mayoritariamente, y en liderazgos que vienen de la acción, del conocimiento cotidiano. Estas dos cosas eliminan, tanto modelos de acción y concepción que no van acordes con las preferencias reales de la gente, por un lado, como los liderazgos y partidos artificialmente impuestos por la vía de la alienación ideológica o mediática. Los programas y los líderes surgen así, pues, de la base, de abajo hacia arriba, podríamos decir, y quienes no son genuinos se ponen de lado de manera natural. Lograr la unidad por acuerdos de supuestos líderes es sólo una ilusión, una "paz" que se basa en un conflicto latente, en espera de cualquier cambio de circunstancias para volver a irrumpir en forma abierta. El conocido "oportunismo" es conocido por aprovechar esos cambios de circunstancias: ahí se quitan las caretas los supuestamente unitarios, para seguir usurpando, esta vez sin compartirlo, el poder que sólo pertenece, por lo menos de acuerdo a la nueva Constitución Bolivariana, al pueblo mismo.
Y esto del programa Barrio Adentro es solo una pequeña muestra de lo que puede ocurrir si el empoderamiento socio-político surge de la base en todos lados, a través de las instituciones de los Consejos Comunales y Locales de Planificación Pública. Así como este programa permite que la comunidad trabaje, se organice y realice trabajo voluntario en torno a un problema común, la salud, que trae consigo la sanidad, la limpieza, sistemas de aguas negras y blancas, recolección de basura, etc., por motivos de prevención, también puede usar otros proyectos para el mismo fin, con las sinergias que todo un plan comunitario trae consigo. Los planes de la comunidad tienen que ver con proyectos de infraestructura social y económica (entre ellas escuelas, ambulatorios, sistemas de riego, mercados agrícolas, canchas deportivas, vialidad rural, etc.), planes educativos, deportivos, planes crediticios para cooperativas productivas de la comunidad, etc. Y si el sistema de planificación funciona con la máxima eficiencia, esos planes se articulan con los planes regionales y nacionales de desarrollo, en el marco del Consejo Federal de Gobierno y los Consejos Regionales de Políticas Públicas. Consideramos un gran desperdicio, un error político de monta, y una concepción técnico-económica errónea el hacer énfasis, en este momento, en la planificación central, "desde arriba". En cambio, consideramos prioritario desde todo punto de vista el arranque con todo el ímpetu posible de la planificación "desde abajo", o participativa, que surge naturalmente de los planes de los CLPP.
Debe hacerse todo el esfuerzo posible en la conformación, constitución y funcionamiento de los CLPP, siempre basados en las asambleas locales, los Consejos Comunales de Planificación, incluso a riesgo de posponer algunos planes generales estratégicos, como la construcción de algunos troncales carreteros nacionales. En realidad una contradicción frontal puede perfectamente evitarse, pues las cosas pueden hacerse simultáneamente sin necesidad de una planificación totalmente articulada dadas las limitaciones institucionales existentes en este momento (el Concejo Federal, por ejemplo, no tiene ley aprobada y no está funcionando -aunque debería estarlo!), pero para enfatizar la importancia socio-política de esta necesidad, reafirmamos que es incluso más importante atender la necesidad de la organización popular en los órganos apropiados para ejercer el poder participativo, que el hacer proyectos centrales (faraónicos algunos, y sin inserción económico-social real otros, como algunos Saraos) sin la participación de la gente. La razón es muy sencilla, pero sumamente poderosa: mientras la planificación desde arriba implica el trabajo de un pequeño grupo de personas, la planificación desde abajo implica la participación de miles de personas. Mientras la planificación desde arriba adolece de la información sobre qué es en realidad lo que necesita y quiere cada comunidad para su localidad, la planificación participativa surge de necesidades y preferencias muy conocidas y sentidas, y no sólo tiene en cuenta asignaciones presupuestarias para financiar los distintos proyectos, sino también, de manera crucial, los recursos físicos, ambientales y humanos, el capital productivo, humano, social y moral con que cuenta la comunidad en cuestión, en particular, la capacidad de trabajo voluntario, solidario, de la comunidad, como ha salido a relucir en el caso del programa Barrio Adentro. Por último, mientras la planificación desde arriba implica sólo las ideas de un grupo de personas, la planificación desde abajo involucra no sólo las ideas de muchísimas personas, sino, cruciamente también, el trabajo de implantación de los planes, y lo que es no menos importante, la supervisión, el seguimiento de su puesta en práctica y satisfactoria conclusión. Además de lo dicho, la planificación desde abajo implica un proceso de aprendizaje político social impostergable que es la garantía, como decimos, de la unidad, tanto por concordancia de las mayorías en los planes aprobados, como por aceptación democrática de las reglas de decisión colectiva, de todos los venezolanos.
Además del aspecto político-social de la unidad de los venezolanos en torno a sus necesidades reales, locales y nacionales, y sus preferencias ideológicas auténticas, el poder del pueblo organizado es también, por si fuera poco, la única garantía de la eficiencia del manejo de los recursos del sector público. Este es un tema más conocido, y sus aspectos teóricos serán brevemente comentados más abajo. La contraloría social es, de hecho, el secreto para la minimización del problema de la corrupción. Cuando el presidente me pidió un sistema de seguimiento para él poder controlar sus decisiones, como gerente que maneja a un grupo de personas que las pone en práctica, yo aproveché para concebir un sistema que hiciera posible que no sólo él pudiera hacer ese seguimiento, sino que también la gente, el ciudadano común, pudiera participar en el mismo. Pero el concepto debía también contemplar la posibilidad de que las decisiones, y su seguimiento, su control, no fueran sólo "desde arriba", sino también "desde abajo", y, lógicamente "de manera horizontal", interactiva. La herramienta que tomamos para ese fin en la Comisión Presidencial de Transformación y Consolidación del Estado (una comisión de modernización, de reforma hacia la eficiencia, dentro de la nueva doctrina constitucional), que viene del movimiento de Software Libre, es el TUTOS. El mismo permite plasmar planes en forma de proyectos que tienen sus objetivos, sus metas concretas, su cronograma de ejecución, y su o sus responsables. Cualquier ciudadano podría meterse en el sistema y verificar si el ritmo de ejecución del proyecto, reflejado en los datos presentados allí, se compadece con lo observado en la práctica por él o por ella.
Sin esperar a que el gobierno central decida o no incorporar sus planes y proyectos a un sistema de seguimiento como el escogido y desarrollado por la mencionada Comisión (lamentablemente vemos que este proyecto se ha abandonado, por ahora...), nosotros proponemos que los Consejos Locales de Planificación lo hagan con los suyos. Por lo menos podrán hacer control social de lo que ellos deciden en su ámbito, y la gente aprenderá a ejercer esa magnífica práctica de gerencia social solidaria para beneficio del colectivo. Los únicos perjudicados serán, por supuesto, los corruptos, que verán imposible la evaporación de los dineros públicos mediante proyectos fantasma y otras prácticas malignas. Cada bolívar tendrá un destino, y ese destino será constatado por la propia gente, que sufre las carencias de su uso incorrecto, y se beneficiaria de su uso adecuado, por lo cual tiene los incentivos adecuados para reportar los problemas, y corregirlos, en el caso de que la gerencia colectiva pueda darse en la práctica. Comoquiera que los planes de los CLPP de determinada localidad van a tener mucho que ver, y esto se notará cada vez más, en un proceso de aprendizaje social, con los de los CLPP de otras localidades vecinas, y con los de los planes de los gobiernos regionales, y, naturalmente con los del gobierno central, comenzar con el control social por parte de los planes de los CLPP va a implicar una presión cada vez más fuerte sobre la gestión de todas las instancias del poder ejecutivo. Un sistema único capaz de permitir ese control va a ser algo muy útil para la nueva sociedad que se está gestando, y su implantación va a requerir el concurso del trabajo solidario, y en general de los aportes solidarios de recursos, como por ejemplo una red de servidores para ser usados como "espejos" para garantizar la seguridad de los datos, a la manera como se garantiza la seguridad y accesibilidad de las herramientas de Software Libre en el mundo entero, de mucha gente. Lo que estamos impulsando con nuestra plataforma de conexionsocial es un inicio de este proceso, el proceso que, como decíamos, garantizará tanto la unidad del pueblo, como la eficiencia de la administración pública. La consigna "todo el poder para el pueblo organizado", pues, va a tomar un tiempo en ponerse en práctica, pero hay que empezar ya. Creemos que esto es indetenible, afortunadamente, por razones de incentivos adecuados permitidos por la Constitución y las leyes de participación que están en marcha: la gente lo necesita, lo quiere, y el marco legal vigente se lo permite.
Volviendo a los aspectos teóricos que justifican la consigna de todo el poder para el pueblo organizado, es cierto que la planificación descentralizada comporta los peligros de la anarquía en las políticas públicas de una nación. Pero la planificación centralizada trae consigo un problema mayor, además de lo planteado, que es el de la asimetría de información entre los planificadores y gerentes centrales, y los ejecutores locales, lo cual acarrea el conocido problema entre "principal" y "agente", que genera corrupción a la hora de ejecutar los planes por parte de gente no coordinada desde abajo, y no compenetrada, ni en interés, ni en relaciones humanas, con los planes concebidos por alguien ajeno, que muchas veces no reflejan las necesidades y posibilidades de la comunidad en cuestión. Antes que confiar sólo el la moral de los gerentes escogidos para cargos de confianza, hay que incidir decisivamente, sobre todo porque ahora lo permite la Constitución y las leyes respectivas, en diseñar instituciones apropiadas que eviten la corrupción. Estamos convencidos de que la corrupción puede comerse, fácilmente, este proceso, incluso si el Presidente de la República, y algunos de sus ministros, son gente totalmente pura y capaz. Lo ideal serían los planes en conjunto, articulados, como pretendimos hacer al final de nuestra gestión con el proyecto de "pari-pasu", o cofinanciamiento entre el gobierno central y los regionales y locales, con la participación activa de los CLPP. Lamentablemente este proyecto, un intento piloto de comenzar la planificación desde abajo, pero coordinada nacionalmente, al parecer se ha caído, pues no hemos tenido noticias de su continuidad. Esperamos que sólo sea un problema de desinformación que tenemos. En todo caso, esta desinformación es muy criticable en el gobierno, pues lo primero que se necesita en estas cosas es saber qué se está haciendo en este terreno, idealmente por parte de todos los ciudadanos y los CLPP como mínimo. Este era uno de los proyectos que pensábamos impulsar cuando presidiéramos la Comisión Presidencial de los CLPP, para impulsar el trabajo, en la práctica, de un Consejo Federal de Gobierno de facto, dadas la premura de las necesidades de planes y proyectos coordinados nacionalmente, pero basados en la idea de la planificación participativa.
Pero si no puede garantizarse lo ideal, ni siquiera para un plan piloto, diré que es absolutamente esencial que los planes y proyectos para el 2004 deben hacerse con la participación masiva de los CLPP. Habidos los incumplimientos legales en relación al presupuesto del 2003, no debe volver a cometerse el error de desconocer los derechos, y lo que es más importante para el momento, no deben obviarse las grandes posibilidades políticas y de gerencia pública que provienen de ello, de la planificación participativa. Debemos luchar, todos los que estamos convencidos de esto, sobre todo desde la base, pero también desde los partidos que apoyan el verdadero carácter revolucionario de este proceso político en marcha, y desde la acción de apoyo decidido de los personeros del gobierno conscientes de su responsabilidad en este sentido, para exigir que el presupuesto del 2004, tanto de gestión como de proyectos en general, de las alcaldías, sean realizados, gerenciados y supervisados por los CLPP, con una amplia participación de la población, congregada en los Consejos Comunales de Planificación, y en asambleas de grupos organizados de las distintas áreas del quehacer comunitario (deportes, ambiente, distritución de tierras, etc.). Esta es la tarea política más importante de los revolucionarios a partir de ahora y por lo menos durante un año. Por demás está decir que esta tarea es más importante que la tarea de elecciones de alcaldes, gobernaciones y otras autoridades: esto último debe venir como una de las muchas consecuencias de lo primero, ya que los candidatos deben venir de abajo, y no impuestos desde arriba, así se trate de entes paternalistas benévolos, pero con la gran falla de la falta de omnisciencia. Lo contrario es, y esto hay que decirlo con toda claridad, traicionar la revolución, y no creer en los poderes creadores del pueblo, creyendo, en vez, en los fantasmas y las sayonas electorales de la oposición: no debemos caer de nuevo en el terreno de la lucha electoralista como lucha primordial, abandonando el trabajo organizacional de la base, que garantiza la unidad de todo el pueblo, un liderazgo auténtico y fuerte, y una gerencia pública saneada, para lograr la mayor suma de felicidad posible a nuestro pueblo, como quería Bolívar y queremos nosotros, en la reencarnación actual, en un momento histórico determinante para ello, de ese deseo ancestral que se remonta incluso a los anuncios de una Buena Nueva, hechos por Jesús de Nazaret. Ha llegado la hora de ese nuevo Reino: el de la Verdad y la Justicia para los pobres. No podemos fallar ante el compromiso que la historia nos pone por delante por culpa de cobardías, de miedos a un enemigo que quiere conducirnos a su terreno, el del electoralismo y la alienación mediática. Aquí se prueba realmente nuestra fe en la democracia participativa, y no en la representativa, basada en pujas electoralistas, que usurpan el poder del pueblo, así sea con buenos propósitos. Ha pasado la hora del paternalismo y ha llegado la del protagonismo del pueblo organizado, y la labor de rescate del poder popular vamos a realizarla entre todos los que nos sumemos a esto, cada uno con sus recursos, de manera solidaria, incluso si hay oposición del gobierno, o de alguno de sus personeros o partidos políticos que dicen impulsar la revolución.
Conexionsocial sólo quiere permitir que la gente, por un lado, a través de su interacción comunicativa, se dé cada vez más cuenta de ello, y, por otro, usando herramientas apropiadas de formulación de planes y proyectos y de seguimiento, se organice para tomar ese poder en la práctica y usarlo para el beneficio colectivo, para construir su destino, que indudablemente será muy hermoso: el del reino de la verdad, de la justicia, del amor verdadero, y de la paz y la armonía verdaderas para los venezolanos, los latinoamericanos y todos los pueblos del mundo. Cordialmente y pendientes.
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