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En el documental "Uso mis manos, uso mis ideas", realizado por el grupo de
cine Mascaró, se registra magníficamente la experiencia de alfabetización
realizada en 1973 en Centenario, Neuquen, más precisamente en Villa Obrera.
Allí Elsa, quien en aquel entonces era alfabetizadora, cuenta cómo
-alterando la lógica previsible del orden en que se debían desarrollar las
clases-, tuvieron que pasar rápidamente en aquel septiembre a conocer las
dificultades de la letra "CH". Pedagogía liberadora, pedagogía del oprimido,
la alfabetización debía partir de las necesidades de sus protagonistas. La
lectura del mundo no podía obviar aquella conmoción que los sacudía. La
escritura de la historia tuvo que comenzar por las letras más complejas.
Elsa no dudó al modificar los planes, incorporando como "palabras
generadoras": Chicho - Chile - Lucha.
Chicho. El nombre con que se conocía al Compañero Presidente, que acababa de
inmolarse en La Moneda. Salvador Allende. Sus últimas imágenes lo retrataban
portando el arma que le regalara en su visita realizada en noviembre de 1971
Fidel Castro, simbolizando así, tanto como La Moneda en llamas, los límites
que había encontrado la experiencia original desarrollada por la izquierda
chilena: el intento de construir una nueva sociedad, hombres y mujeres
nuevos, nuevas relaciones, partiendo de las propias instituciones del
capitalismo, basándose en la creación de una mayoría popular política que
garantizara esas transformaciones. La "vía chilena al socialismo" era la
apuesta a una revolución "pacífica", a evitar el derramamiento de sangre, a
conquistar el poder popular forzando los límites de la democracia
representativa.
Chile. El nombre que representó una esperanza para toda América Latina y que
empezó a ser una herida y una advertencia. El golpe de Estado, la feroz
dictadura, anunciaban la decisión del gobierno de EE.UU. de hacer de la
Doctrina de Seguridad Nacional el dogma para el apoyo a los regímenes
despiadados que promovieron en todo el continente, en los que utilizaron
estratégicamente el terror para instalar el modelo neoliberal del
capitalismo. El último mensaje de Allende denunciaba a los responsables del
agotamiento de ese proyecto: "el capital foráneo, el imperialismo, unidos a
la reacción". Anunciaba también un tiempo futuro en el que "se abrirán las
grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad
mejor." Lucha. La palabra que designaba la única actitud vital que
permitiría seguir soñando los sueños de quienes fueron devorados por la
monstruosidad pinochetista.
Chicho - Chile -Lucha. Así escribieron en sus cuadernos, en esos negros días
de septiembre, los obreros y obreras de Villa Obrera. Así aprendían también
su propia historia y aprehendían la manera de registrar sus esperanzas y
comunicar sus propuestas.
La experiencia de alfabetización fue interrumpida. Primero la derecha
peronista desplazó a los sectores combativos que participaban del gobierno
provincial que -al igual que en el país- comenzaron a ser perseguidos.
Tiempo después en Argentina se establecía una dictadura feroz. El Plan
Cóndor fue el nombre de la estrategia contrainsurgente desarrollada por el
imperialismo y por las burguesías locales en ambos países.
La dictadura fue la respuesta a la búsqueda de cambios que recorría al
continente. El Chile de Chicho no sólo anunció grandes transformaciones.
También las produjo. En el discurso de despedida a Fidel, realizado en
noviembre de 1971, Allende subrayaba: "recuperamos nuestras riquezas básicas
de manos del capital foráneo, y por eso, dentro de los cauces legales y de
la propia Constitución, pode-mos decir al mundo, con orgullo de chilenos: el
carbón es nuestro, el salitre es nuestro, el hierro es nuestro, el acero es
nuestro, el cobre es nuestro. Hemos intensificado la reforma agraria y
herido profundamente al latifundio, hemos estatizado la banca y hemos
estatizado también diversos monopolios para fortalecer el área de la
economía social".
En ese mismo tiempo quedó registrada con claridad la advertencia que hiciera
Fidel a Allende en el encuentro recordado como "El diálogo de América" "yo
tengo una impresión: que esa resistencia acude a los procedimientos
clásicos, además más desarrollados. Es un procedimiento que nosotros
calificamos de fascista y que trata por tanto de ganar masa. Masa, con la
demagogia si es posible de los sectores más atrasados de las capas humildes,
y ganar masa en las capas medias. Y entonces hará falta una cuestión por
demostrar: si esos intereses se resignarán pasivamente a los cambios de
estructura que la Unidad Popular y el pueblo chileno han querido llevar
adelante. Y es de esperar, si nosotros vamos a analizar teóricamente esta
cuestión, que hagan resistencia, hagan resistencia fuerte e incluso hagan
resistencia violenta."
La reacción no se resignó a perder sus privilegios, y conspiró con el
gobierno norteamericano para producir el golpe. Frente a la ofensiva
fascista, no existió una estrategia clara de la izquierda chilena tendiente
a defender las conquistas de la Unidad Popular, consolidando el bloque de
fuerzas que dio posibilidad a esta experiencia, evitando el enfrentamiento
sectario entre los partidos que integraban la coalición, reforzando el
proyecto histórico socialista desde las bases de un poder popular, con
capacidad y decisión para sostener la estrategia socialista, en las
distintas condiciones que exigiera la lucha de clases. La "vía chilena al
socialismo" era una oportunidad histórica, que merecía ser defendida,
apelando a la organización popular de base, desconfiando sistemáticamente de
la institucionalidad que conspiraba contra el gobierno socialista, y mucho
más aún, de las FF. AA. cuyo rol histórico ha sido el de sostén del sistema
capitalista. El socialismo, no podía ser alcanzado por una sola vía. La
combinación de las formas de lucha, la capacidad de poner freno a la
violencia contrarrevolucionaria, la creatividad en la creación de un bloque
histórico transformado en sujeto de la construcción socialista, eran
requerimientos para llevar adelante ese desafío.
La dictadura no sólo concretó un genocidio físico. Realizó también un
genocidio cultural. Vació las palabras de contenido, las sepultó en fosas
comunes. Desapareció los valores fundantes de lo popular. Exilió la memoria.
Un presidente que se llama socialista, ha firmado en Chile el ingreso al TLC
(Tratado de Libre Comercio).
Sin embargo, como revancha de la historia, cuando se cumplen 30 años del
golpe de Estado, el primer Paro Nacional conmovió al país con el ¡ya basta!
de miles de trabajadores.
Participé el 13 de agosto en las movilizaciones, corridas, actos relámpagos,
que acompañaron la convocatoria al Paro Nacional. Vi lágrimas que brotaban
producto de los gases y lágrimas que nacían de la memoria, de verificar que
aunque aún no se hayan abierto las grandes alamedas, los constructores de
sueños siguen dando tercamente la pelea.
Fue en el regreso de Santiago, en el que me acordé que mi propia
alfabetización política, fue iniciada también en el año 73, en las marchas
de la juventud argentina por Chile, en las que resonaba aquel grito "hermano
chileno, no bajes la bandera, que aquí estamos dispuestos a cruzar la
cordillera". Recordé también cuando con las brigadas solidarias de la
juventud argentina participamos en Chile durante los años 84, 85, 86, en
diferentes acciones que preparaban el esfuerzo de la rebelión.
Como los obreros y obreras de Neuquen, escribí entonces en un papel, con las
dificultades y las esperanzas de la CH: "Chicho: ¡Chile lucha!"
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