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Capitalismo, basura y televisión
Por: Simón Royo/Rebelión
Fecha de publicación: 02/09/03
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En el siglo V a.C. ya enseñaba Crítias en su Sísifo que los gobernantes habían inventado a los dioses con la intención de gobernar mejor a los ciudadanos, haciéndoles creer en un policía interior (Freud lo llamará “Über-Ich”) ante el cual no podrían ocultar sus delitos ni pensamientos. Poco después, hacia el 400 a.C., Platón escribirá La República (Politeía), donde nos contará lo que son las “mentiras necesarias” (414b-d): el hombre de Estado tiene que inventar “mentiras nobles” para persuadir a los ciudadanos y que sean buenos. Inmediatamente pasa a narrar el Mito de las Edades (415a-d) y termina su libro sobre cómo fundar y dirigir el Estado perfecto con el Mito de Er (614b ss), en el que tal personaje muere, permaneciendo su cuerpo incorrupto, resucita y nos cuenta cómo es el más allá, la manera en que las almas inmortales de los buenos van hacia arriba a recibir dichas y las de los malos hacia abajo a recibir castigos. Por algo dijo Nietzsche que “el cristianismo es platonismo para el pueblo”.




Pero hoy, el poder del estadista ya no necesita del omnisciente ojo divino para someter a los ciudadanos, del Gran Hermano en los cielos, sino que le basta con la televisión. Ese aparato sustentado por la nada eléctrica de los rayos catódicos es el superego actual. Aborrega mucho mejor que las Iglesias y las sectas, manipula, más bien, crea la opinión pública, a la que hace balar como les place a los políticos de turno. De ahí la furiosa pelea que hubo no ha mucho entre el PP y el PSOE por el monopolio de la televisión y por las parcelas de poder del ente público y privado.




Quien desenchufa la televisión y se pone a leer comete un pecado de desmesura -hybris, la llamaban los griegos- y comienza la difícil andadura del héroe trágico. La buena literatura universal, la primera democracia en la Atenas ilustrada, desde cuyo repensamiento podrá quizá salvarse la democracia actual, no me ha protegido de la psicosis. La telebasura ha influido en que pueda identificar a los buenos con policías que matan sin cesar y apalean y torturan a los detenidos, eso sí, los asesinos “buenos” siempre me parecen más guapos y atractivos que los “malos” que no suelen ser arios sino más bien oscurillos y malencarados.




Ya no soy capaz de disfrutar y descansar viendo una película de vaqueros, uno de esos Westerns que tanto me gustaban en la niñez y que en su mayor parte, salvo honrosas excepciones, narran como el héroe “bueno” y blanco asesina sin descanso a multitudes de indios “malos” y color cobrizo. La televisión en cuanto aparato tecnológico no es ni buena ni mala, como el computador o cualquier otra máquina su bondad y maldad depende de cómo se usa, pero, desgraciadamente, el uso de tal máquina deja mucho que desear. La utiliza desde hace mucho la superpotencia mundial hoy hegemónica para apuntalar sus valores a nivel mundial en una suerte de imperialismo de la cultura basura, pues no otros han sido los inventores de la tele-basura, como lo son de la hamburguesa-basura. Después de estar casi lobotomizado por los partidos de fútbol, los programas concurso y los reality shows, intenté mirar sólo los telediarios, pero las imágenes contradictorias se sucedían con pasmosa celeridad, veamos algunas de esas noticias antiguas, consultando una grabación de video de 1997: “¡Feliz desenlace!, todos muertos, los monstruos peruanos del MRTA (que se han atrevido a exigir tierra y libertad), okupando la embajada japonesa, han sido (felizmente) exterminados”; “Un oso hormiguero nace en el zoo de Berlín, se llama Fritz y las especiales hormigas que come le cuestan al Estado alemán 1 millón de marcos mensuales”; “Desnutrición en Zaire, se calcula que el dictador Mobutu Sese Seko posee 350 mil millones de pesetas, su mujer tiene un chalet de 200 millones en Madrid, (ciudad que la acoge como benefactora de la humanidad)”; “Pase de modelos, (chicas guapas pero anoréxicas y desnutridas llevan los vestidos que sólo los opulentos obesos y derrochadores del primer mundo podrán comprar)”; “Más millones de parados”, “Estados Unidos dice que bombardeará Irak si no cumple las exigencias de la comunidad internacional, (es decir, sus exigencias)”, “los empresarios piden la libre circulación de mercancías y la derogación de los impuestos”, “temor ante la avalancha de inmigrantes que invaden las costas españolas”, “El PP pide el aumento de la edad de jubilización para poder pagar las pensiones futuras”. Anuncios: “Compre un coche, una casa, pida créditos; Pulcrilim lava mejor”; Anuncio del Ministerio de Salud Pública: “Beber no es vivir”; “Whisky de los triunfadores, la copa que te hace irresistible”; Anuncio del Plan Nacional contra la droga: “No te drogues, no sabes lo que te metes, (porque al ser ilegal la mafia adultera el producto que te vende)”... Después de ver esto mi hermana me dice que no les dé ordenes contradictorias a sus perros porque se vuelven psicóticos, pero a nosotros nos bombardean de mensajes contradictorios sin descanso…




He repasado algunas noticias de 1997 poniendo entre paréntesis lo que toda mente crítica y despierta descubre en los mensajes televisivos, y si me he referido a imágenes de hace cinco años es porque no hay que olvidarlo todo, siendo el presentismo uno de los más graves riesgos televisivos. Cualquiera podrá actualizar esas noticias, sustituyéndolas con otras de actualidad. Se podrá apreciar entonces que los mensajes son permanentes y que continúa diciéndosenos “lo mismo”, machaconamente lo mismo, y saber entonces que continuarán con ello hasta que nos los aprendamos, querámoslo o no. Hasta que aprendamos la lección de egoísmo, de la brutalidad, de la zafiedad, de la privatización de las relaciones sociales y la explotación generalizada.




Pero la gente no es imbécil, no se la aborrega totalmente con la televisión, como quieren algunos. La gente sale a la calle si hace falta y se manifiesta contra la guerra, sintiéndose luego fatal cuando no sirve para nada. Lo que ocurre con la televisión es muy simple y es que tras la explotación del excesivo trabajo diario se busca un poco de relajación. Quizás los más ociosos y privilegiados no lo necesiten, pero los demás no podemos estar las 24 horas del día políticamente activos y mentalmente alertas.




Yo también soy gente, también me gusta descansar, a veces, frente al televisor y mantener ese estado mental de mínimo ejercicio cerebral tras una jornada extenuante. No veo nada de malo en ello. Incluso a veces, pocas veces que podrían ser muchas, he podido disfrutar de unas excelentes películas o de unos magníficos y muy educativos documentales en la televisión. Incluso ha llegado a haber algún humorista con talento y capaz de hacerme reír. Es muy humano querer descansar un poco y relajarse viendo un espectáculo de entretenimiento tras el ejercicio laboral. Pero lo que no hay derecho es a que se utilice ese espacio de relajación, ese momento en el que se está menos alerta y más se quiere descansar, ese lugar para el entretenimiento de niños y mayores, para bombardear insistentemente con consignas simbólicas subliminales del imperialismo y del capitalismo. La excesiva publicidad es una de esas lacras. Pero no en todas partes es igual, lo que puede dar una idea de que las cosas pueden ser de otro modo. Otra televisión es posible. En Francia casi no se emite publicidad por varios canales de la televisión pública y en algunas cadenas estatales no se emite en absoluto, mientras que por otro lado, la televisión pública alemana se financia con un canon que pagan los telespectadores de unos 20 euros al mes, no recibe ni un céntimo del presupuesto del Estado y también apenas emite publicidad. En ambas, no obstante, abundan también los reality shows y las basuras concurso. Pero sería un modelo francés radicalizado el que a mi juicio nos llevaría a esa otra televisión posible, esto es, un modelo televisivo totalmente estatal, pero trasparente y de calidad, que no emita publicidad y ponga a sus responsables ante la posibilidad de ser destituidos en cualquier momento si no ofrecen un buen servicio.




La paradoja española reside en una televisión pública vertida en la estupidización de la gente mediante demasiado fútbol, programas concurso y películas del basurero de Hollywood cuando su función social debería convertirla en un lugar cuya primera meta fuera la educación democrática de los ciudadanos y cuya segunda intención estuviese en su formación cultural y en un ocio de calidad. Pero ya nos recordaba Raymond Chandler, refiriéndose a la televisión norteamericana que es el modelo universalizado, que “la televisión es el Nirvana de los pobres”.




En las sociedades actuales se produce una extraña inversión entre lo público y lo privado. Pues es así como lo privado, que es donde se supone que se deberían vender tonterías bajo la ley de la oferta y la demanda de los asnos, se revela como un sitio en el que ofrecen calidad (porque los ciudadanos no son tontos y piden calidad, pero sus gobernantes les ofrecen basura). Y por el contrario, lo público, que es donde sólo se han de promover cuestiones socialmente relevantes (pues para las demás apetencias particulares ya se supone que estaba la oferta privada) lo que aparece es la nimiedad en bruto, la exaltación de la abulia y de la perfidia cuando no directamente la promoción de encefalogramas planos. ¿No es muestra suficiente de la esquizofrenia de nuestra sociedad? En lo relativo a la televisión en España lo público actúa como si fuese un medio privado, puesto que emite tanta publicidad y basura como el que más. De modo que hay una voluntad clara de desprestigio de lo público, una campaña de confusión entre lo que pertenece al pueblo y lo que pertenece a las multinacionales. Confusión que si no fuese frenada y denunciada, acabaría llevando a la privatización de todo en todas partes.




Soy optimista, no todo es basura y es desde la no-basura, desde lo que vale la pena, centrándonos en ello y abundando en esa dirección, produciendo algo noble y rechazando lo vil, que algún día lograremos que haya una sociedad en la que la televisión no sea mayoritariamente telebasura; un ente que preste un servicio público y sea saludable para la mente y relajante para el espíritu. Y mientras tanto, mientras tanto, o más bien a la vez, habrá que procurar seleccionar bien lo que vemos y dosificar nuestras exposiciones a la pantalla. Habremos de volcarnos sobre medios participativos y verdaderamente democráticos de entre los que este de Internet es un ejemplo, como ciudadanos responsables en la construcción de una ciudad. Platón mentía en sus mitos, pero dejó maravillosas partes de su obra, como ejemplos de la participación política.




Tanto los libros como Internet también tienen sus basuras, ¿no es en esos soportes de transmisión de la información también mayoritaria la basura? ¡Desde luego! Pero eso es porque bajo el sistema de producción y explotación capitalista lo que más abunda es la basura.




Y la mejor defensa contra esa basura de toda índole que nos ahoga, rodea y basuriza, al final, sólo podrá ser, el tener una mente bien amueblada, una cabeza que soporte una humanidad bien constituida, llamada a transformar (desde una limpieza no higienista ni puritana) el sucio mundo en que vivimos.

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Simón Royo/Rebelión


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