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Entrevista a Noam Chomsky: Lenguaje colateral
Por: David Barsamian */Znet en español/ revista Koeyu Latinoamericano
Fecha de publicación: 02/09/03
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Entrevista a Noam Chomsky
Lenguaje Colateral

David Barsamian y Noam Chomsky
ZNet en Español - Z Magazine, Julio/Agosto 2003
Título original: Collateral Language
Traducido por Juan Aballe y revisado por Ricardo Jiménez

Noam Chomsky es profesor en el departamento de lingüística y filosofía del
Massachussets Institute of Technology (MIT). Es autor de numerosos libros,
sus últimos son "Power and Terror" y "Middle East Illusions". Su libro 9-11
ha sido un bestseller internacional.

BARSAMIAN: En los últimos años el Pentágono y, más tarde los medios de
comunicación, han adoptado el término "daños colaterales" para describir la
muerte de civiles. Hábleme de la función del lenguaje a la hora de
constituir y dar forma a lo que la gente percibe de los acontecimientos.

CHOMSKY: Bueno, es tan antiguo como la historia. En realidad no tiene mucho
que ver con el lenguaje. El lenguaje es el modo en que interactuamos y nos
comunicamos, así que, naturalmente, los medios de comunicación y el
trasfondo conceptual que hay tras el lenguaje, que es más importante, son
usados para tratar de dar forma a actitudes y opiniones e inculcar
conformismo y subordinación. No es extraño que fuera creado en las
sociedades más democráticas.

El primer ministerio de propaganda coordinado, llamado Ministerio de
Información, fue creado en Gran Bretaña durante la primera guerra mundial.
Su misión era, tal como fue descrita, controlar la mente del mundo. Lo que
más les preocupaba era la mente de Estados Unidos y, más concretamente, la
de los intelectuales estadounidenses. Pensaban que si podían convencer a los
intelectuales estadounidenses de la nobleza del esfuerzo bélico británico,
los intelectuales podrían conseguir llevar a la población, básicamente
pacifista de EE.UU. -que, con razón, nada quería tener que ver con las
guerras europeas-, a un estado de fanatismo e histeria que les llevaría a
participar en la guerra. Gran Bretaña necesitaba el respaldo de EE.UU., así
que volcó su Ministerio de Información principalmente hacia la opinión
estadounidense y sus líderes. La administración Wilson reaccionó
constituyendo la primera agencia estatal de propaganda en EE.UU., llamada
Comité sobre Información Pública.

Tuvo mucho éxito, principalmente con intelectuales liberales
estadounidenses, gente del círculo de John Dewey, quienes de hecho estaban
orgullosos de haber creado, por primera vez en la historia según ellos, un
fanatismo de tiempos de guerra, y no por parte de líderes militares ni
políticos sino por los miembros más responsables y serios de la comunidad,
los reflexivos intelectuales. Y organizaron una campaña de propaganda que
consiguió en pocos meses convertir a una población relativamente pacifista
en fervientes fanáticos anti alemanes que querían destruír todo lo alemán.
Se llegó a un punto en el que la Orquesta Sinfónica de Boston no podía
interpretar a Bach. El país fue llevado a la histeria.

Los miembros de la agencia de propaganda de Wilson incluían a gente como
Edward Bernays, quien se convirtió en el gurú de la industria de relaciones
públicas, y Walter Lippmann, el principal intelectual público del siglo XX y
la figura más respetada de los medios. Ellos aprendieron mucho de aquella
experiencia. Si se leen sus escritos de los años 20, decían que habían
aprendido de ella que se puede controlar a la opinión pública, que se pueden
controlar actitudes y opiniones. Aquí es donde Lippman dijo: "podemos
fabricar el consenso mediante la propaganda". Bernays afirmó: "los miembros
más inteligentes de la comunidad pueden conducir a la población a donde
quieran" mediante lo que el llamaba la "ingeniería del consenso". "Es la
esencia de la democracia", dijo.

Esto también llevó al nacimiento de la industria de las relaciones públicas.
Es interesante observar el pensamiento en los años 20, cuando esta surgió.
Fue el periodo del Taylorismo en la industria, cuando los trabajadores
estaban siendo entrenados para convertirse en robots, con todos los
movimientos controlados. Esto creó una industria muy eficiente, con seres
humanos convertidos en autómatas. Los bolcheviques quedaron también muy
impresionados con ello. Trataron de copiarlo. De hecho, lo intentaron por
todo el mundo. Pero los expertos del control del pensamiento se dieron
cuenta de que no sólo puedes tener lo que se llamó un control en el trabajo,
sino también fuera de él. Es su frase. Controlarles fuera del trabajo
induciéndoles una filosofía de la frivolidad, concentrando la atención de la
gente en cosas superficiales de la vida, como el consumo de moda, para
básicamente quitárnoslos de encima. Dejad que la gente que se supone que
debe llevar las riendas lo haga sin la interferencia de las masas, que no
han perdido nada en el foro público. De aquí surgen enormes industrias,
desde la publicidad hasta las universidades, todas ellas conscientemente
dedicadas a la idea de que debemos controlar actitudes y opiniones porque la
gente es sencillamente demasiado peligrosa.

Es especialmente chocante que se desarrollara en las sociedades más
democráticas. Intentaron copiarlo en Alemania, la Rusia bolchevique,
Sudáfrica y otros sitios. Pero fue siempre un modelo claramente
estadounidense. Hay un buen motivo detrás de todo esto. Si puedes controlar
a la gente por la fuerza no es tan importante controlar lo que piensan y
sienten. Pero si pierdes la capacidad de controlar a la gente por la fuerza,
se hace más necesario controlar actitudes y opiniones.

Esto nos lleva hasta la actualidad. Ahora la gente no está dispuesta a
aceptar agencias estatales de propaganda, así que la Oficina de Diplomacia
Pública de Reagan fue declarada ilegal y tuvo que funcionar con métodos
menos directos. Lo que ocupó su lugar fueron los despotismos privados,
básicamente corporaciones, que llevan a cabo la función de controlar la
opinión y las actitudes. No reciben órdenes del gobierno pero por supuesto
están muy vinculadas a éste. Este es nuestro sistema actual. Muy seguro de
sí mismo. No hace falta que especulemos demasiado sobre lo que hacen, porque
ellos son lo bastante amables como para contárnoslo en publicaciones
industriales e incluso en la literatura académica.

Si retrocedemos, digamos a los años 30, encontramos probablemente los
orígenes de buena parte de la ciencia política moderna. En 1933, un liberal
wilsoniano, Harold Lasswell, escribió un artículo llamado "Propaganda" en la
Enciclopedia de Ciencias Sociales, una importante publicación, cuyo mensaje
era literalmente: "no debemos sucumbir a los dogmatismos democráticos que
hablan de los hombres como los mejores jueces de sus propios intereses". No
lo son, lo somos nosotros. Y como la gente es demasiado estúpida e ignorante
para comprender cuáles son sus intereses, por su propio bien -ya que somos
grandes humanitarios- debemos mantenerlos al margen y controlarles. La mejor
manera de hacerlo es la propaganda. La propaganda no tiene nada de negativo,
dijo. Es tan neutral como el asa de una cacerola. Puede ser usada para hacer
el bien o el mal. Y como somos personas nobles y maravillosas la usaremos
para el bien, para asegurar que las masas estúpidas e ignorantes se mantiene
al margen, lejos de cualquier capacidad de tomar decisiones.

Las doctrinas leninistas son aproximadamente las mismas. Existen grandes
similitudes. Los nazis también lo utilizaron. Si lee Mein Kampf, observará
que Hitler estaba muy impresionado por la propaganda anglo-americana.
Argumentaba, no sin razón, que eso fue lo que ganó la primera guerra mundial
y prometió que la próxima vez los alemanes también estarían preparados y
desarrollarían sus propios sistemas de propaganda basados en las
democracias. Los rusos lo intentaron, pero era demasiado tosco para ser
eficaz. Sudáfrica lo usó, otros lo siguen haciendo hoy en día. Pero la
verdadera vanguardia son los Estados Unidos, porque es la sociedad más libre
y democrática y ahí es mucho más importante controlar actitudes y opiniones.

Podemos leerlo en el New York Times. Publicaron un interesante artículo
sobre Karl Rove, el manager del presidente -básicamente su cerebro, el que
le enseña lo que debe decir y hacer-, describiendo lo que Rove está haciendo
ahora. No estuvo directamente implicado en la planificación de la guerra,
pero tampoco lo estuvo Bush. Eso estuvo en manos de otras personas. Pero su
objetivo, dice, es presentar a Bush como un poderoso líder belicista, de
cara a las nuevas elecciones presidenciales, para que los republicanos
puedan sacar adelante su agenda doméstica -que es en lo que él se
concentra-. Esto significa recortes fiscales -ellos dicen para la economía,
queriendo decir para los ricos- y otros programas que no se molesta ni en
mencionar, pero que están diseñados para beneficiar a un sector minúsculo de
los muy adinerados y privilegiados y tendrán un efecto nocivo para la gran
masa de la población. Pero aún más significativo que eso -aunque no se
destaca en el artículo- es el intento de destruir la base institucional de
los sistemas de servicios sociales, el intento de eliminar cosas como
colegios, la seguridad social o cualquier cosa basada en la idea de que la
gente se preocupe por los demás. Esta es una idea horrible que hay que sacar
de las cabezas de la gente. La idea de tener simpatía y solidaridad, de
preocuparse por que la viuda discapacitada del otro extremo de la ciudad
tenga algo que comer, es algo que hay que eliminar de las cabezas de la
gente.

Existe una clara brecha en la guerra de Irak entre la opinión pública
estadounidense y la del resto del mundo. ¿Atribuye esto a la propaganda?

No cabe ninguna duda sobre ello. La campaña sobre Irak comenzó el pasado
septiembre. Esto es tan obvio que incluso es discutido en publicaciones
convencionales, como la United Press International (UPI), cuyo principal
analista político, Martin Sieff, escribió un extenso artículo describiendo
cómo se hizo. En septiembre, cuando casualmente daba comienzo la campaña
para el congreso, empezaron los redobles de la propaganda de guerra. Tuvo un
par de temas constantes. Una de las grandes mentiras fue que Irak constituía
una amenaza inminente para la seguridad de los Estados Unidos. Tenemos que
detenerles ahora o ellos nos destruirán mañana. La segunda gran mentira fue
que Irak estaba detrás del 11 de Septiembre. Nadie lo dice directamente, es
de algún modo insinuado.

Mire las encuestas. Reflejan la propaganda muy directamente. La propaganda
es distribuida por los medios de comunicación. Ellos no la inventan,
simplemente la distribuyen. Se lo puede atribuir a altos funcionarios del
gobierno o a quien quiera. El hecho es que la campaña de propaganda
enseguida se reflejó en las encuestas. A partir de septiembre prácticamente
el 60 por ciento de la población, con leves oscilaciones, cree que Irak es
una amenaza a nuestra seguridad. El congreso, si miramos la declaración de
octubre -cuando autorizaron al presidente a hacer uso de la fuerza-, dijo
que Irak era una amenaza a la seguridad de EE.UU. Para entonces
aproximadamente la mitad de la población, quizás ahora más, cree que Irak
fue el responsable del 11 de Septiembre, que iraquíes viajaban en los
aviones, que están planeando nuevos ataques.

No hay nadie más en el mundo que crea todo esto; no hay ningún país en el
que se considere a Irak como una amenaza a su seguridad. Kuwait e Irán, que
fueron ambos invadidos por Irak, no consideran a Irak una amenaza. Irak es
el país más débil de la región y como resultado de las sanciones, que han
asesinado a cientos de miles de personas -unos dos tercios de la población
están al borde de la inanición- el país tiene la economía y la fuerza
militar más débiles de la región. Su economía y su gasto militar son
aproximadamente la tercera parte de los de Kuwait, que cuenta con el 10 por
ciento de su población, y muy por debajo de otros. Por supuesto, todo el
mundo en la región sabe que allí hay una superpotencia, la base militar
estadounidense en ultramar, Israel, que posee cientos de armas nucleares y
unas fuerzas armadas robustas que dominan completamente todo.

Pero sólo en los Estados Unidos hay miedo por cualquiera de estas creencias.
Se puede atribuir el auge de estas creencias a la propaganda. Es interesante
que EE.UU. sea tan susceptible a ella. Hay una base, un trasfondo cultural
interesante. Por los motivos que sea, el hecho es que EE.UU. es un país muy
asustado en términos comparativos. Aquí los niveles de miedo a casi todo;
crimen, extraterrestres, cualquier cosa, son mucho mayores de lo habitual.
Se podría argumentar e investigar sobre los motivos, pero ese trasfondo está
ahí.

¿Qué hace a Estados Unidos tan susceptible a la propaganda?

Esa es una buena pregunta. No digo que sea más susceptible a la propaganda,
es más susceptible al miedo. Es un país asustado. Los motivos, francamente,
no los comprendo pero están ahí y se remontan muchos años en la historia de
EE.UU. Probablemente tenga que ver con la conquista del continente, cuando
había que exterminar a la población nativa; con la esclavitud, cuando había
que controlar a una población considerada como peligrosa, porque nunca se
sabía cuándo se iba a rebelar. Quizá sea un reflejo de la enorme seguridad
de Estados Unidos. Ésta es mucho mayor que la de cualquier otro país. EE.UU.
controla el hemisferio, controla ambos océanos y ambas orillas de los dos
océanos, nunca amenazadas. La última ocasión en que EE.UU. estuvo amenazado
fue en la guerra de 1812. Desde entonces sólo conquista otros países. De
cierta forma esto genera una sensación de que alguien va a venir a por
nosotros, de manera que el país termina estando muy asustado.

Hay un motivo por el cual Carl Rove es la persona más importante de la
administración Bush. Es un experto en relaciones públicas encargado de
fabricar las imágenes. De esta manera consigue sacar adelante la agenda
doméstica, llevar a cabo la política internacional asustando a la gente y
crear la impresión de que un líder poderoso nos va a salvar de la
destrucción inminente. The Times prácticamente lo dice porque es muy difícil
mantenerlo oculto. En eso consiste.

Una de las construcciones léxicas que me gustaría que comentara es la de
"periodistas empotrados" (" embedded journalists", en inglés).

Este es un término muy interesante. Es interesante que los periodistas estén
dispuestos a aceptarlo. A ningún periodista honesto le gustaría describirse
a sí mismo como "empotrado". Decir "soy un periodista empotrado" es como
decir " soy un propagandista del gobierno". Pero es aceptado. Y esto ayuda a
implantar la concepción de que cualquier cosa que hagamos es correcta y
justa; por lo tanto, si te encuentras empotrado en una unidad
estadounidense, eres objetivo. De hecho, lo mismo ocurrió, en algunos
aspectos incluso de forma más dramática, en el caso de Peter Arnett. Peter
Arnett es un periodista experimentado y respetado, con grandes logros a su
crédito. Es odiado aquí precisamente por eso. Por el mismo motivo por el que
es odiado Robert Fisk.

...siendo Fisk británico y Arnett originario de Nueva Zelanda.

Fisk es con diferencia el periodista de Oriente Medio más experimentado y
respetado. Lleva allí una eternidad, ha hecho un trabajo excelente, conoce
bien la región y es un gran periodista. Es despreciado aquí. Rara vez se
puede leer una palabra suya. Si se le menciona es para denunciarle de algún
modo. La razón es que es simplemente demasiado independiente. Nunca sería un
periodista empotrado. Peter Arnett es condenado porque ofreció una
entrevista a la televisión iraquí. ¿Se condena a alguien por conceder una
entrevista a la televisión estadounidense? No, eso es maravilloso.

El ataque a Afganistán en octubre de 2001 generó un par de estos
interesantes términos, que usted ha comentado. Uno fue la "Operación
Libertad Duradera" y otro "combatiente ilegal". Toda una innovación en la
jurisprudencia internacional.

Es una innovación desde el período de la posguerra. Después de la segunda
guerra mundial se estableció un marco legal internacional relativamente
nuevo, incluyendo las convenciones de Génova. Y éstas no aceptan ningún
concepto como "combatiente enemigo" en la manera en que es usado aquí. Se
pueden tener prisioneros de guerra pero no existe una categoría nueva. De
hecho es una categoría antigua, anterior a la segunda guerra mundial, cuando
se podía hacer prácticamente todo. Pero bajo las convenciones de Génova, que
fueron establecidas para incriminar formalmente los crímenes de los nazis,
esto se cambió. Así que los prisioneros de guerra deben tener un estatus
especial. La administración Bush, con la ayuda de los medios de comunicación
y los tribunales, está retrocediendo al período previo a la segunda guerra
mundial, cuando no existía un marco legal internacional serio que se hiciera
cargo de los crímenes de guerra y contra la humanidad, y ha decidido no sólo
llevar a cabo una guerra de agresión sino también clasificar a las personas
que bombardea y captura como una nueva categoría que no posee derecho
alguno.

Han ido mucho más allá. La administración ahora reclama el derecho de llevar
allí a personas, incluidos ciudadanos estadounidenses, para confinarlas
indefinidamente sin acceso alguno a familiares o abogados, y mantenerlas
allí sin cargos hasta que el presidente decida que ha terminado la guerra
contra el terrorismo, o como lo quiera llamar. Esto no tiene precedentes. Y
ha sido, hasta cierto punto, aceptado por los tribunales. De hecho están
yendo aún más lejos que el nuevo decreto, llamado también PATRIOT ACT 2, que
aún no ha sido ratificado. Está en poder del Departamento de Justicia pero
fue filtrado. Ya hay un par de artículos de profesores de derecho y otros
sobre ello en la prensa. Es asombroso. Reclaman el derecho de retirar la
ciudadanía, un derecho fundamental, si el fiscal general sospecha - no tiene
que tener ninguna evidencia-, solamente si sospecha que la persona está
involucrada de alguna forma en hechos que puedan ser perjudiciales para
Estados Unidos. Hay que retroceder a estados totalitarios para encontrar
algo parecido a esto. Es el caso del combatiente enemigo. La forma de tratar
a las personas, lo que está ocurriendo en Guantánamo es una violación
gravísima de los principios más elementales de la legalidad humanitaria
internacional desde la segunda guerra mundial, es decir, desde que estos
crímenes se tipificaron formalmente como reacción a los nazis.

¿Qué opinión le merecen las declaraciones del primer ministro británico Tony
Blair citadas en "Nightline" el 31 de marzo en que afirmaba, "Esto no es una
invasión"?

CHOMSKY: Tony Blair es un buen agente propagandístico para Estados Unidos:
se expresa bien, enlaza bien unas frases con otras, al parecer a la gente le
agrada su aspecto. Está siguiendo una postura que Gran Bretaña ha adoptado,
conscientemente, desde el final de la segunda guerra mundial. Durante la
guerra Gran Bretaña reconoció -hay abundantes documentos internos sobre
ello- lo que era obvio; había sido la potencia mundial dominante y no lo iba
a ser después de la segunda guerra mundial, iba a serlo EE.UU. Gran Bretaña
tuvo que tomar una decisión: bien ser simplemente un país más, o ser lo que
ellos llamaban el compañero menor de Estados Unidos. Aceptó el papel de
compañero menor. Y eso es lo que ha sido desde entonces. Gran Bretaña ha
sido golpeada en la cara una y otra vez de la manera más escandalosa y lo
acepta sin moverse del sitio diciendo, "de acuerdo, seremos el compañero
menor. Aportaremos a la llamada coalición nuestra experiencia de siglos de
brutalidad y asesinato de extranjeros. En eso somos buenos". Ese es el papel
británico. Es vergonzoso.

A menudo, en las charlas que da, surge siempre una pregunta, la de "¿Qué
puedo hacer?". Eso es lo que se oye en el público estadounidense.

Tiene razón, eso ocurre en el público estadounidense. Nunca se oye en el
tercer mundo.

¿Porqué no?

Porque cuando viaja a Turquía o a Colombia o Brasil, o a otro lugar, la
gente no le pregunta "¿Qué puedo hacer?". Le cuentan lo que están haciendo.
Sólo en las culturas muy privilegiadas la gente pregunta "¿Qué puedo
hacer?". Tenemos todas las opciones abiertas ante nosotros. No tenemos
ninguno de los problemas que tienen que afrontar los intelectuales en
Turquía o los campesinos en Brasil, ni nada parecido. Podemos hacer
cualquier cosa. Pero la gente aquí está educada para creer que tenemos que
hacer algo que podamos y que sea fácil, que funcione muy rápido, para
después poder volver a nuestra vida cotidiana. Y no es así como funciona. Si
queremos hacer algo debemos tener dedicación y compromiso con lo que hagamos
día tras día. Sabemos exactamente en qué consiste: en programas educativos,
en organizarse, en activismo. Así es como cambian las cosas. ¿Queremos algo
que funcione como una llave mágica, que nos permita volver a ver la
televisión mañana? No existe.

Usted fue un temprano y activo disidente en los años sesenta, oponiéndose a
la intervención estadounidense en Indochina. Tiene la perspectiva de lo que
ocurría entonces y lo que ocurre ahora. Describa cómo ha evolucionado la
disidencia en EE.UU.

De hecho, hay otro artículo en el New York Times que describe cómo los
profesores son activistas contra la guerra, pero los estudiantes no. No como
era antes, cuando los estudiantes eran los activistas. El artículo se
refiere a en torno al año 1970, y en efecto hacia 1970 los estudiantes eran
activos protestantes contra la guerra. Pero esto fue ya después de ocho años
de guerra de EE.UU. contra Vietnam del Sur, que para entonces ya se había
extendido a toda Indochina, borrándola prácticamente del mapa. En los
primeros años de la guerra -fue anunciada en 1962- los aviones
estadounidenses estaban bombardeando Vietnam del Sur, el napalm fue
autorizado y se hacía la guerra química para destruir cosechas, se llevaron
a cabo programas para llevar a millones de personas a las "aldeas
estratégicas", que eran esencialmente campos de concentración. Todo de
manera pública. Sin protestas. Era imposible conseguir que la gente hablara
sobre ello. Durante años, incluso en un lugar como Boston, una ciudad
liberal, no podías reunirte en público contra la guerra porque eras
saboteado por estudiantes, con el apoyo de los medios de comunicación.
Habría sido necesario tener a cientos de policías estatales alrededor para
permitir a los conferenciantes como yo salir de allí ilesos. Las protestas
llegaron después de años y años de guerra. Para entonces habían sido
asesinados varios cientos de miles de personas y gran parte de Vietnam había
sido destruida. Entonces empezó a haber protestas.

Pero todo esto ha sido borrado de la historia, porque dice demasiado sobre
la verdad. Hicieron falta muchos años de trabajo duro de muchas personas, en
su mayor parte jóvenes, para acabar teniendo un movimiento de protesta.
Ahora está mucho más avanzado. Pero la periodista del New York Times no
alcanza a comprenderlo. Estoy seguro de que la periodista está siendo
honesta. Está diciendo exactamente lo que creo que le enseñaron -que hubo
desde el principio un enorme movimiento contra la guerra- porque la historia
real tiene que ser borrada de las conciencias. No podemos enterarnos de que
el esfuerzo comprometido y la dedicación pueden tener como resultado cambios
significativos en la conciencia y la forma de entender las cosas. Esa es una
idea demasiado peligrosa como para permitir que la gente la tenga.

*David Barsamian es fundador y director de Alternative Radio. Es autor de
"Decline and Fall of Public Broadcasting" así como de un gran número de
libros, entre ellos "Propaganda and Public Mind" con Noam Chomsky,
"Confronting Empire" con Eqbal Ahmad y "Culture & Resistance" con Edward
Said. Es colaborador habitual de Z, The Progressive y otras revistas.

Articulo leido aproximadamente 1844 veces

David Barsamian */Znet en español/ revista Koeyu Latinoamericano


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