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Vengo Observando con atención un fenómeno que se está incrementado aceleradamente en muchos lugares de Venezuela a lo largo de las carreteras nacionales y estadales. Comento lo que veo, en mi
diario ir y venir a través de la carretera panamericana, observo como se extiende a pasos agigantados de manera inexorable día a día, el crecimiento de la marginalidad.
En mis años de vida y debido al trabajo que realizo he observado muchas invasiones en este país, grupos de familias necesitadas para construirse un techo, estas ocupaciones las caracterizaba la velocidad con que estos hechos se sucedían, eran cayapas que ocupaban rápidamente un terreno, levantaban sus viviendas y se iniciaba un proceso de consolidación, pero ahora en estos últimos tiempos, no hay prisa, es poco a poco, pareciera algo planificado como si fuera un negocio de personas que mercantilizan pobreza, comercian con la indigencia y juegan con la estrechez y la necesidad de personas humildes.
De manera inexorable las colinas y cerros que están al margen de la carretera panamericana desde el kilómetro cero hasta el ocho, continuado en el kilómetro dieciséis hasta Tejerías, se van
poblando de ranchos insalubres, sin ninguna servicio básico, seguridad, aguas blancas, aguas negras. Se levantan en los sitios más insólitos, no importa lo escarpado o lo difícil del terreno estas personas trepan, bajan, hacen el banqueo, colocan cuatro latas, en muchos casos restos de vallas propagandísticas derribadas por el viento o por un vehículo fuera de control y día a día se perfilan los nuevos ranchos y después de un tiempo en algunas aparece el letrerito “se vende”.
Yo me pregunto sobre la calidad de vida de estas personas que habitan estos lugares, en un endeble techo, sin agua potable, lanzando aguas negras al cerro, viviendo hacinados, lanzando los desechos al margen de la vía, conectándose a las marañas de cables de todos los calibres
del primer poste de luz eléctrica disponible. Se observan hombres, mujeres, niños y niñas escalando y bajando el cerro, cruzando a paso apresurado la carretera, los conductores aceleran, todos con la paranoia del miedo retratada en sus ojos, los pobres para no ser
atropellados y los conductores temiendo ser atracados. Una pregunta obligada, ¿qué será de esta vía en varios años?, ¿Será algo como la carretera de Mariches a Santa Lucia?, aguas negras inundando la vía, montones de basura, conductores asustados y agresivos sorteando obstáculos, salpicando de inmundicia a los niños barrigones por las lombrices y ojos saltones por la desnutrición.
Yo me pregunto: ¿No es esto una conspiración? ¿Quién propicia estos eventos que cunden con su tejido de miseria todos los bordes de las vías de comunicación? ¿Quién esta detrás de todo esto? ¿Es el gobierno el que aupa estas invasiones?.
Igualmente me puedo responder estas interrogantes y al hacerlo no quiere decir que sean las respuestas correctas, solo las dejo suspendidas en el aire para la reflexión.
Puede ser una conspiración, sectores oscuros organizados, que comercian con la miseria de las gentes y se enriquecen a costa de pingues ganancias que le produce la venta de ranchos estartalados, van haciendo un tejido de miseria, abandono y dolor que cunde la patria de Bolívar de norte a sur de este a oeste.
Puede ser una conspiración donde las mafias comercian con seres humanos indocumentados que vienen de países vecinos, desplazados por la violencia o que llegaron en búsqueda de otros horizontes para sus hijos, y entraron al país por caminos verdes o bajo la mirada indolente de funcionarios corruptos. Una conspiración cuyo objetivo será poner en evidencia la desgracia, el infortunio y la desdicha de seres humanos para producir lástima y para que sectores poderosos encuentren en sus iglesias bajo la prédica sus pastores la justificación de practicar la caridad de migajas para alcanzar el cielo y acallar sus conciencias mientras devoran exquisiteces.
Estos eventos pueden ser propiciados por políticos con nefastos intereses de hacer ingobernable un país y justificar soluciones de fuerza, o favorecer el ascenso del fascismo bajo la mirada complaciente de la metrópoli norteamericana, o patrocinar el exterminio sofisticado a través de técnicas Maltusianas de control de la natalidad ligando las trompas para esterilizar a las parturientas jóvenes que ingresan a los centros de salud.
Sectores ligados al gobierno propician la invasión. Algunas personas enemigas del proceso están convencidas de esto, el Alcalde de Los Salias es uno de ellos, coloca letreritos, pancartas y vallas, espolea a los vecinos que iracundos en varias ocasiones han trancado la redoma de San Antonio vociferando con el odio retratado en sus rostros. El gobernador Mendoza es otro pero su discurso es solo en la panamericana hasta el kilómetro dieciséis, después de este
sitio y en otros lugares del estado igualmente la invasión de ranchos al lado de las vías es evidente. Dado estos hechos, pareciera es un arma política que se utiliza con intencionalidad y con propósitos fríamente calculados. Ahora bien, cual es la respuesta del gobierno nacional, pareciera que ninguna por ahora de los gobernadores y alcaldes afines al proceso, los ranchos crecen como monte, la marginalidad se pone en evidencia, la calidad de vida de estas personas es nula y el deterioro el entorno evidente, no hay respuestas y las que se promueven pareciera que a estos lugares no les llegan, con el poder en la mano se pueden dar señales que se tiene la voluntad para cambiar esta situación; censando a estas comunidades emergentes, utilizando trabajadores sociales los cuales pueden hacer un estudio de casos en cada familia en las nuevas barriadas, proporcionarles la información y la capacitación para que estos venezolanos se organicen y mejoren su calidad de vida.
O solamente, detrás de estos eventos esta la miseria, la pobreza, la indigencia, la estrechez económica, la necesidad que tiene cara de perro y ante el desbarajuste y falta de control se desborda y se propaga en los cerros cercanos a cualquier ciudad de este país.
Detrás pueden estar los que viven de la miseria y el dolor ajeno, los políticos con intenciones torcidas que propician invasiones para ganar futuros votos, sectores que propician la ingobernabilidad para obtener ganancia en rió revuelto. En fin, es un caso de estudio donde los investigadores sociales de las universidades, tienen un filón para dilucidar cuales son las razones, causas y consecuencias de esta invasión.
En un país como este, donde la pobreza se ha hecho endémica, la indigencia es la constante en calles y esquinas de la ciudad, por la escasez de lo más elemental para alcanzar niveles de vida dignos, el día a día es la estrechez económica, el desempleo a llevado a que miles de compatriotas ejerzan el negocio informal, mientras los otros habitantes de la ciudad en menor cantidad, gozan, beben, ríen, gastan, se lamentan de los marginales y hablan mal del gobierno en los lugares exclusivos de la ciudad. Al final de la tarde listo para subir a los altos
mirandinos me paseo por Sabana Grande y veo las penurias de los pobres llevando en sus hombres al triste espectáculo de la mendicidad, niños, ancianos, indígenas, enfermos la escena de los menesterosos es parte de la cotidianidad en un país de necesitados, se evidencian los estados mas paupérrimos, personas arruinadas, con gran estrechez económica y carencia de las cosas más elementales para vivir una vida de seres humanos, solo se escucha a lo lejos el discurso vacío de un locutor a través del televisor del Gran Café alimentando la diatriba y la intolerancia.
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