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La realidad Argentina: ¿Rompiendo con el pasado?
Por: Nora Ciapponi/Nuevo Rumbo N° 7/Argenpress.info
Fecha de publicación: 28/08/03
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En el número 6 de 'Nuevo Rumbo', recién elegido el gobierno Kirchner, nos referíamos a las dudas planteadas en vastos sectores populares: '¿Para quién gobernará? ¿Intentará un gobierno de consenso con aires renovadores? ¿Cómo piensa Kirchner llevar adelante su discurso de 'no ser el hombre de las grandes corporaciones' y de 'romper con el pasado' ante la ofensiva imperialista y de las multinacionales?

Si bien algunos de estos interrogantes no aparecen resueltos, las expectativas populares en el actual gobierno alcanzan una considerable mayoría. A ello colaboró decisivamente que en los meses transcurridos se hayan tomado una serie de medidas políticas que son apoyadas por la mayoría de la población y que han ocupado el centro de la escena política: a) la intervención al PAMI; b) la salida de Nazareno, Presidente de la Corte Suprema de Justicia; c) los pases a retiro por connivencia con el delito, de miembros de las policías Federal, Provincia de Buenos Aires y personal carcelario; d) la anulación del decreto que impedía la extradición de los militares acusados de violaciones a los derechos humanos; e) la incorporación al salario de los $ 200 otorgados por el gobierno Duhalde a los trabajadores de las empresas privadas; f) la resolución positiva frente al tratado de las Naciones Unidas que declara imprescriptibles los crímenes de lesa humanidad; g) la señal política que esto implicó para que la Cámara de Diputados resolviera por amplia mayoría anular las leyes de punto final y obediencia debida (1986/87).

La dramática vida cotidiana de la mayoría del pueblo argentino, sin embargo, sigue sin encontrar soluciones. Los índices de destrucción del país, de pobreza y desocupación -por más retoques que uno u otro organismo oficial hagan- siguen actuando como un revulsivo en el conjunto de la vida social, también para acrecentar la secuela de crímenes, secuestros y violaciones que parecen no tener fin. La economía vuelve a transitar una meseta que está haciendo bajar los pronósticos más optimistas, luego de la levantada que se produjo después de la devaluación y el default. Se podrá argumentar una vez más 'que es poco tiempo para esperar reales mejoras', o que 'hemos llegado tan abajo en la crisis, que será lento y dificultoso lograrlo'. Expresiones como estas, que indudablemente contienen parte de verdad, no hacen más que mostrar, sin embargo, las renovadas esperanzas en que el gobierno Kirchner logre recuperar el país. Pareciera que las motivaciones de la rebelión iniciada en Diciembre del 2001, como la decisión de amplios sectores populares de comenzar a tomar las cosas en sus manos por el positivo descreimiento en los políticos, hubieran sido olvidadas en el tiempo, y especialmente, devoradas por el nuevo escenario que estamos transitando. ¿Realmente es así? ¿Podrá el gobierno Kirchner sacar al país de su profunda crisis?

¿Brasil en el espejo?

El Presidente Lula de Brasil se enoja cuando se lo acusa de llevar adelante la política de Fernando Henrique Cardoso (su antecesor) o de Menem. Pero todos los pasos que ha dado y sigue dando, son coincidentes con las políticas impuestas por EE.UU. y los grupos financieros. Así, los 30.000 millones de dólares que el FMI prestó a Brasil poco tiempo antes de las elecciones, (existía el peligro de default), fue hábilmente aprovechado por los emisarios del F.M.I. para condicionar y acordar un plan global por dos o tres años que comprometió el conjunto de la política económica de su gobierno. El objetivo de EE.UU. y el FMI era claro: dejar caer a Argentina ante la incertidumbre política provocada por la crisis institucional abierta con la rebelión popular (esperando que se dieran pasos para cerrarla), mientras trataba por todos los medios que el coloso latinoamericano (Brasil) no entrara también en default. De esa manera el nuevo gobierno fue 'puesto en caja' antes de su propia asunción. Para ello el FMI contó con la inestimable ayuda de los grupos financieros que ejercieron todo tipo de presiones internacionales, especialmente creando la imagen de una posible debacle económica en caso de que ganara Lula. Y evidentemente, como señalan distintos analistas económicos comprometidos con el pueblo brasileño, la mejor opción era entrar en default, simplemente porque no se podía pagar, medida que sin dudas hubiera sido apoyada activamente por los millones que votaron al P.T..

Los 30.000 millones de dólares prestados para evitarlo, en cambio, se convirtieron en la soga para el ahorcado. Se comprometió al nuevo gobierno a tener superávit comercial (aumentando exportaciones y reduciendo importaciones), también fiscal, superávits importantes que lejos de quedarse en Brasil, no tendrán otro destino que pagar los compromisos de la deuda y en menor medida, acrecentar en algo las alicaídas reservas. Y este plan -repetimos- es de largo alcance.

La situación de Brasil hoy es clara: se profundizó la recesión, se ataca aún más el ya bajo nivel de vida de los trabajadores, no se han puesto en marcha los famosos proyectos contra el hambre y la desocupación prometidos en la campaña, no hay avances en la reforma agraria, no hay fondos para el mentado Plan de Obras públicas ni políticas que puedan permitir el desarrollo de la producción. A ello se suma la decisión de ingresar al ALCA, más allá de impulsar el MERCOSUR o de cacareos críticos de Lula destinados a cuestionar uno u artículo del proyecto, posición que es compartida por el gobierno Kirchner.

El desembarco del FMI en nuestro país

Hay que hacer un real esfuerzo para encontrar en la prensa amplios informes de lo que se está negociando con el Fondo Monetario Internacional. Poco se supo también sobre la entrevista Bush-Kirchner. Perdidos entre muchas otras noticias, aparecen algunos puntos por aquí, y otros por allá. En realidad, estas discusiones y negociaciones deberían hacerse de cara al conjunto de la población, dado que representan temas cruciales para el futuro del pueblo y del país mismo. Igual que siempre, nos iremos enterando por cuentagotas, ya con el paquete cerrado, sin haber tenido ninguna posibilidad de hacernos oír, de ejercer nuestro inalienable derecho a decidir qué queremos y necesitamos para nuestro futuro. Y ello se agudiza por los avances que el F.M.I. logró con Brasil, los que rondan sobre nuestras cabezas como un maligno duende, como también por el pedido de ayuda militar que viene reclamando EE.UU. para sus planes guerreristas.

Conocemos sí algunas cosas puntuales que se han ocupado de hacernos conocer para 'prepararnos'. Según Scioli habrá rápido aumento de las tarifas de los servicios públicos... Y nos preguntamos: ¿En qué quedaron las palabras del Presidente Kirchner de que primeramente se revisarían los contratos de las empresas privatizadas?

De lo que estamos seguros, más allá de las peculiaridades de uno y otro país, es que EE.UU. y el FMI quieren para nosotros, lo mismo que hicieron en Brasil: un acuerdo global y de largo plazo. A diferencia del gobierno Kirchner, escueto en las informaciones de lo que se está tratando, los emisarios del FMI no se cansan de repetir desde hace meses lo que andan buscando: metas, sí, acuerdos, sí, ¡pero también más reformas! Razones más que suficientes entonces, para estar alertas, plenamente informados, preocupados y discutiendo cómo responder, entre otras razones porque los acuerdos con Brasil rondan sobre nuestras cabezas como maligno y ya conocido duende...

¿O acaso Kirchner y su gobierno se sentirían más fuertes que el gobierno brasileño? ¿Por qué no se hacen públicas las exigencias y las negociaciones? ¿Quién cree que con el F.M.I. podremos lograr condiciones 'ventajosas' mientras los trabajadores y el pueblo esperamos pasivamente? ¿Sería esta la 'novedosa' manera de hacer política de la que tanto habló Kirchner?. ¿O acaso no es esta 'institucionalización' la que pacientemente esperó EE.UU. para volver a la carga, por más y más?.

Por supuesto que no creemos en la ingenuidad de Kirchner. Estamos convencidos que amplios sectores populares no dudarían en movilizarse si fueran convocados por el gobierno para enfrentar las exigencias del Fondo, la banca y las privatizadas. Tampoco tenemos dudas que un pueblo expectante, desmovilizado, que vuelve a delegar en supuestos representantes sus aspiraciones y necesidades, es lo que mejor conviene a los intereses del establishment, del F.M.I. y del propio gobierno.

Lo más probable es que lleguemos al final de las negociaciones con muchas sorpresas que serán muy difíciles de revertir luego, especialmente destinadas a sostener a los buitres de las empresas privatizadas, de la banca, al cobro de los préstamos contraídos con los organismos internacionales y los bonos del estado en manos de los financistas. Y peor, cuando tenemos especiales condiciones para resistir los embates. No sólo por el apoyo popular que concitaría cualquier llamado a luchar contra la global ofensiva imperialista, sino también porque se ha demostrado económicamente, que mientras duró el default se pudieron esquivar algunas de las recetas más recesivas impuestas por el FMI y acrecentar las reservas. La augurada catástrofe que se anunció por el default, se mostró en cambio, como una situación virtuosa, lo que seguramente perderemos ahora en la mesa de negociaciones y en manos de una clase política que -más allá de regateos- no tiene ninguna decisión política de luchar por un país independiente.

Esa tarea impostergable que se nos impone en nuestro país y en el Continente, y por la que supimos movilizarnos a partir de la rebelión de Diciembre del 2001, no tendrá resolución si no es retomada y profundizada por los trabajadores y el pueblo todo, independientemente de los políticos del establishment. Somos parte de los millones de hombres y mujeres que en el Continente, hartos de políticas neoliberales, luchan por la defensa de sus recursos naturales, la tierra, el techo, el trabajo, la comida, la salud y la educación.

Unirnos en la lucha contra la voracidad imperialista y enfrentar el proyecto del ALCA, pueden representar una importante oportunidad para desplegar las enormes energías y potencialidades de nuestros pueblos latinoamericanos.



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