Traducido al castellano por Guillermo Crux
Han pasado 59 años desde esa tarde caliente del 20 de
agosto de 1940 en una vieja casa rodeada por árboles frondosos y cactus en un
suburbio pacífico de Coyoacán, en la capital de México. Lev Davidovich
Bronstein, mejor conocido como León Trotsky, marxista revolucionario y, junto a
Lenin, uno de los líderes más descollantes de la revolución de 1905 y la
revolución de Octubre en Rusia, cayó víctima de un asesinato expresamente
ordenado por José Stalin.
En esa tarde del 20 de agosto, un asesino profesional de la siniestra GPU o
NKVD, la cual la mera mención de sus iniciales hacía temblar a cualquier
ciudadano soviético, llevó a cabo un plan pérfido y traicionero que había sido
cuidadosamente desarrollado. Bajo el pretexto de corregir un artículo, el
asesino logró acceder al estudio del creador del Ejército Rojo. Cuando los dos
hombres estuvieron solos, el asesino lo atacó por la espalda, blandiendo un
picahielo de acero afilado con un mango corto, utilizado por los montañistas. En
unos segundos, fue destruido el cerebro de uno de los luchadores más brillantes
por la causa del socialismo.
Con el asesinato de León Trotsky - ese enemigo implacable de la burocracia
que había usurpado el poder de las manos del proletariado revolucionario - se
completó el exterminio contrarrevolucionario llevado a cabo por Stalin de una
larga lista de líderes y participantes de la revolución de Octubre. Así, Stalin
fue confirmado como el enterrador de la revolución bolchevique - un título que
su víctima ya le había concedido mucho antes.
A mí me parece como si aquella tarde sangrienta y trágica del 20 de agosto
hubiese ocurrido ayer. Yo era un joven de 14 años, Vsevolod (Seva) Esteban
Volkov, nieto de Trotsky por parte de mi madre. Había llegado a México sólo un
año antes después de un período viviendo con los Rosmers, esos amigos íntimos de
Natalia y Lev Davidovich. Me dieron una habitación al lado de la de mis abuelos,
y ya había probado el sabor de la pólvora y el calor de una bala rozando mi pie
derecho durante el primer ataque contra la familia llevado a cabo por el pintor
stalinista Alfaro Siqueiros y sus pistoleros en las primeras horas del 24 de
mayo de 1940.
Casi tres meses después, estaba volviendo alegremente a casa desde la
escuela, caminando por la calle Viena, al final de la cual se encontraba la
vieja casa. De repente, noté algo raro a la distancia: un automóvil
evidentemente mal estacionado se conducía
irregularmente por la polvorienta
calle y varios policías de uniforme azul marino y boinas militares parecían
estar parados en la entrada de la casa. Semejante perturbación era algo inusual.
Una afilada punzada de angustia me cruzó el pecho cuando tuve un presentimiento
de que algo horrible había pasado en la casa y que esta vez no íbamos a tener
tanta suerte.
Instintivamente aceleré mi paso, atravesando rápidamente la
verja que estaba abierta, corriendo hacia el jardín, donde tropecé con un
camarada norteamericano, Harold Robins, uno de los secretarios y guardaespaldas
de mi abuelo. Estaba muy agitado, con un revólver en su mano, y sólo pudo
gritarme con una voz desesperada: '¡Jackson! Jackson!
En ese instante no pude entender el significado de su apresurada exclamación.
¿Qué tenía que ver con lo que estaba ocurriendo el marido o novio de la
trotskista norteamericana Sylvia Ageloff y amigo de los Rosmers y los guardias?
Pero mientras atravesaba el jardín hacia la casa, me crucé con un hombre con su
cara cubierta en sangre a quien no reconocí inmediatamente, retirado por dos
policías. El hombre quien yo supuse debía ser el Jackson al que se refería
Harold, estaba haciendo mucho ruido, quejándose y sollozando, lo que se
transformaba en una especie de aullido. Este hombre era realmente
desagradable.
Cuando entré a la biblioteca y miré por la puerta entreabierta del comedor,
entendí inmediatamente la magnitud de la tragedia. Mi abuelo yacía en el suelo
con una herida en la cabeza, en un charco de sangre, con Natalia y un grupo de
camaradas a su alrededor, aplicando hielo a la herida para cortar el flujo de
sangre.
Entonces, Jackson - el marido generoso y atento de la camarada trotskista
Sylvia Ageloff, el hombre que llevó a los Rosmers en su automóvil a Veracruz
cuando regresaron a Europa, y que entretuvo a algunos de los guardias en buenos
restaurantes del centro de la Ciudad de México, el hombre que mostraba una
indiferencia total hacia la política, y que alegaba tener una madre belga
adinerada que siempre cuidaba de su bienestar material, y un jefe en otro país
que le pagaba jugosas comisiones por sus tratos comerciales - no era más que un
agente vulgar de la siniestra GPU que se había introducido en la vida del líder
revolucionario.
El pertenecía a ese ejército de asesinos y torturadores que ejercían su reino
de terror sobre el pueblo ruso. Eran las tropas de choque de la
contrarrevolución, el pilar principal de la dictadura de Stalin y su burocracia.
Disponían de recursos ilimitados derivados de la riqueza extraída de la clase
obrera soviética por la burocracia. Eran la élite de la élite y los favoritos
mimados del dictador.
'¡Mi madre está en sus manos! ¡Ellos me obligaron a hacerlo'! dijo Jackson
bruscamente entre lloriqueos y quejas, mientras los guardaespaldas, alertados
por los primeros gritos ensordecedores del 'Viejo', corrieron a la escena del
crimen y se abalanzaron y golpearon al asesino. '¡Jackson!' dijo Lev Davidovich,
mientras se aferraba al marco de la puerta de su oficina, cubierto en sangre y
señalando el agresor a Natalia, quien llegó corriendo. Era como si estuviera
intentando decir: aquí está, el ataque de Stalin que estábamos esperando. Con
gestos dificultosos, intentó señalar el estudio, '¡no lo maten - él debe
hablar!' logró decir mientras yacía en el suelo del comedor a aquellos que lo
rodeaban. Y tenía razón. Esta era la mejor manera de echar luz sobre el carácter
del crimen.
Ahora ya no hay ningún secreto. La conspiración procedió por etapas: Stalin,
Beria, Leonid Eitingon, su amante Caridad Mercader y su hijo, el catalán Ramón
Mercader (alias Jackson) eran las personas que asesinaron al fundador del
Ejército Rojo y el camarada de armas de Lenin.
'¡Nos han dado otro día de vida, Natasha!' solía exclamar alegremente Lev
Davidovich a su compañera inseparable Natalia Sedova todas las mañanas, cuando
la luz del día se introducía por la oscurecida alcoba - el mismo lugar donde
habían escapado milagrosamente con sus vidas en la noche del 24 de mayo, cuando
la casa fue ametrallada por Siqueiros y otros veinte atacantes. ¡Pero la tregua
fue breve! 'Morir no es un problema cuando un hombre ha cumplido su misión
histórica,' le dijo Trotsky una vez a un grupo de camaradas jóvenes.
León Trotsky no era la clase de hombre que muere apaciblemente envejeciendo
en su cama. Cayó en la primera línea de la lucha por el verdadero socialismo -
el socialismo que fue concebido por Marx, Engels, Lenin y el propio Trotsky.
Esta es la manera en la que los héroes de la revolución proletaria dan sus vidas
- con una bandera roja en una mano y un rifle de combate en la otra. El dejó
esta vida con la serenidad inmutable del que ha cumplido con su deber y ha
logrado su misión histórica.
Codo a codo con Lenin, le aportó una base ideológica marxista tanto a la
revolución derrotada de 1905 y la revolución victoriosa de Octubre de 1917. En
esta última, la intervención de Trotsky fue decisiva. Para remover cualquier
duda o remanente de la falsificación stalinista, reproducimos los comentarios
del experto militar suizo, Comandante E. Léderray,: 'El Ejército Rojo, creado y
dirigido por León Trotsky, fue un factor clave en el triunfo de la revolución
bolchevique'. En dos ocasiones fue elegido presidente del Soviet de Petrogrado,
en 1905 y 1917. También fue nombrado Ministro de Asuntos Extranjeros del estado
soviético.
Pero las páginas que se grabarán para siempre en los anales de historia serán
el último período de su vida: la lucha indomable y heroica que emprendió hasta
su muerte, junto con un grupo pequeño de camaradas, contra una de las dictaduras
más sanguinarias y bestiales conocidas por la humanidad, que se levantó sobre la
usurpación y la traición de la primera revolución socialista en el mundo.
Inicialmente, desde 1923, Trotsky emprendió la lucha dentro del Partido
Comunista de la Unión Soviética por medio de la Oposición de Izquierda, en un
esfuerzo por re-dirigir al Partido del camino de la degeneración burocrática y
el abandono del marxismo-leninismo, volviendo a las tradiciones de la revolución
proletaria y de Octubre. Pero los ardientes discursos y declaraciones del
organizador del Ejército Rojo cayeron en oídos sordos. El Partido ya había sido
infiltrado completamente por las criaturas de Stalin. El humor prevaleciente era
el carrerismo y la persecución de ambiciones personales, o el miedo hacia el
dictador naciente.
En 1927, Trotsky fue expulsado del Partido y deportado a Alma-Ata. La
Oposición de Izquierda prácticamente dejó de funcionar. En 1929 fue expulsado de
Rusia. Empezando por Turquía, comenzó su largo viaje a través de lo que él mismo
llamó el 'planeta sin visado'. Después fue a Francia, Noruega, y finalmente
México. El era totalmente consciente de que sus días estaban contados. Desde el
comienzo de su exilio, acompañado por su esposa Natalia y su hijo León Sedov, y
con la ayuda de colaboradores fieles, Trotsky utilizó cada minuto de su
existencia para mantener encendido el faro del pensamiento marxista
revolucionario y denunciar ante la opinión pública internacional y las masas
trabajadoras todos los crímenes y traiciones del stalinismo.
Después de la derrota terrible de la clase obrera alemana y el triunfo del
fascismo y el ascenso de Hitler al poder como resultado de las capitulaciones,
traiciones y errores del Partido Comunista alemán y la Tercera Internacional
stalinizada, que Trotsky caracterizó como un 'cadáver descompuesto', concluyó
que el esfuerzo por regenerarla era una causa perdida, y desde ese momento se
dedicó a lo que consideró que era la tarea más importante de su vida - la
creación de una nueva vanguardia revolucionaria en la forma de la Cuarta
Internacional, la cual logró fundar sólo dos años antes de su asesinato por
Stalin.
Marx y Engels llevaron a cabo un estudio exhaustivo y magistral de la
sociedad capitalista que Lenin desarrolló en su análisis sobre la fase
imperialista del capitalismo. Trotsky también, siguiendo el método marxista,
hizo un análisis magistral del período de transición que sigue al derrocamiento
del capitalismo. El explicó cómo el stalinismo surgió como contrarrevolución
política, en la forma de un bonapartismo burocrático en el Unión Soviética. Sus
análisis y definiciones en La Revolución Traicionada - un trabajo escrito hace
más de 60 años - son sumamente rigurosos y totalmente válidos hoy. Aquí tenemos
una descripción de una sociedad en transición - ni capitalismo ni socialismo -
bajo la dominación de una casta de usurpadores burocráticos.
Semejante formación social no tenía ningún papel funcional en la producción,
ni podría tener alguna significación permanente, y así, por sí misma, no se
elevó a la categoría de una clase en el sentido marxista de la palabra. Sólo
podía mantenerse en el poder por medio de la falsificación de la historia y a
través del terror. El resultado final era la restauración del capitalismo en
Rusia. Trotsky abogó urgentemente por una revolución política en Rusia, en la
que la clase obrera reconquistara el poder que le había usurpado la burocracia,
salvando todo lo que sobreviviera de las conquistas de Octubre, y reconstruyendo
la base para el socialismo genuino, basado en la democracia obrera con soviets
genuinos, la abolición del gobierno unipartidista y la introducción del control
democrático y la dirección de la economía planificada por parte de los
trabajadores.
Hasta el momento, esto no se ha llevado a cabo, como resultado de la inercia
política de la clase obrera rusa después de 70 años de sofocante dictadura
burocrática. Según el historiador Volkogonov, la publicación de La Revolución
Traicionada en 1936 (fue traducida inmediatamente al ruso para Stalin) llevó a
una aceleración de los planes para asesinar a Trotsky desde diciembre de ese
año. Volkogonov - quien tuvo acceso a los archivos de la KGB - afirma que Stalin
siempre tuvo miedo de Trotsky. De manera que la publicación de su biografía de
Stalin, que estaba en preparación en 1939-40, no pudo haber hecho mucho para
calmar la furia asesina del amo del Kremlin. Contrariamente a lo que uno pudiera
pensar, Trotsky escribió este libro sin mucho entusiasmo, producto de la
necesidad económica, a pedido de un editor norteamericano, dejando a un lado una
biografía de Lenin, un trabajo que le interesaba mucho más.
La contribución de Trotsky al arsenal del movimiento obreros es inmensa:
teoría marxista, polémicas, trabajos históricos, autobiografía, para nombrar
sólo las principales. El Profesor inglés Sinclair ha publicado un índice
bibliográfico de más de 400 páginas que contiene sólo la lista de los títulos
recogidos por él. Como lo expresó Ernest Mandel, quien falleció recientemente:
'Trotsky pasará a la historia como el estratega más importante del movimiento
socialista.'
En su lucha tenaz e ininterrumpida contra la dictadura burocrática
stalinista, que lo convirtió en el revolucionario más calumniado y perseguido
del mundo, hay una cosa que resalta por su importancia histórica: el
contraproceso que organizó en respuesta a las purgas de Stalin. Después de su
breve período de destierro en Escandinavia, que se convirtió en seis meses de
silencio forzado y arresto domiciliario impuesto por el gobierno 'socialista' de
Noruega, a insistencia de Stalin, Trotsky finalmente se dirigió a México.
Habiéndole sido concedido el asilo por parte del presidente mexicano, el Gral.
Lázaro Cárdenas, inmediatamente después de su llegada en enero de 1937, Trotsky
se puso a trabajar. Ahora tenía libertad completa para preparar su defensa, y
también la de su hijo, León Sedov y todos los otros revolucionarios falsamente
acusados en la farsa sangrienta de los Juicios de Moscú. Por estos medios,
Stalin y su pandilla del Kremlin buscaban encontrar una coartada legal para
justificar el exterminio de todos aquellos que podían dar un testimonio viviente
de las tradiciones de Octubre.
A sugerencia de Trotsky, se formó una comisión investigando, presidida por
célebre filósofo y educacionista norteamericano, John Dewey, y compuesta por
personas de una integridad absoluta, sin conexión con el acusado. Trotsky
anunció su disposición de entregarse a los verdugos de la GPU si se probara así
fuera uno de los cargos. Su objetivo al organizar este contraproceso no era sólo
salvar su honor y reputación como revolucionario y denunciar antes la humanidad
y ante la historia los crímenes del stalinismo, sino también dificultarle a
Stalin y la burocracia llevar acometer más juicios y exterminios. Después de 13
días de agotadoras sesiones, con la presentación de 18 imputaciones y respuestas
firmes, la comisión entregó un veredicto de 'No culpable', y caracterizó a los
Juicios de Moscú como la falsificación más monstruosa de toda la historia.
La brillante carrera revolucionaria de León Trotsky - preparando la
revolución y llevándolo a cabo; defendiéndola después contra sus enemigos y
usurpadores - se basó en todo momento en el marxismo y proporciona una prueba
irrefutable de su vitalidad y veracidad hasta el día de hoy. La precisión de su
análisis fue luego subrayada por el derrumbamiento de los regímenes stalinistas
y neo-stalinistas que Trotsky predijo con una confianza inconmovible hasta el
final. Su vida heroica sigue siendo una fuente de inspiración y un gran ejemplo
para todos los revolucionarios.
* Esteban Volkov (Vsevolod) es nieto de León Trotsky y miembro de la
Casa-museo León Trotsky en Coyoacán, México DF.