Si ayer escribía de una manera distendida, irónica y a mis anchas, hoy habré de hacerlo cargado de rabia.
De qué otra manera se puede escribir cuando el tema a tratar no es otro que el de la maldad del ser humano. Por lo que al ver la cara de felicidad de Douglas León Natera, presidente de la Federación Médica Venezolana, celebrando la sentencia que ordena la salida de los médicos cubanos de los barrios, es motivo más que suficiente para que la rabia nos obnubile.
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| Douglas León Natera, presidente de la FMV |
Y es que el jueves 21 de los corrientes la ciudadana, no es digna del apelativo de doctora y aún menos del de magistrada, Ana María Ruggieri Cova firmó una sentencia que desconoció los legítimos derechos de millones de seres, al haberse plegado a los bastardos intereses de unos pocos. Pero tampoco podemos obviar que si bien ella fue la ponente designada por la Corte Primera en lo Contencioso Administrativo, los jueces Perkins Rocha Contreras y Juan Carlos Apitz Barbera, suscribieron la ponencia que ella presentó ante el cuerpo colegiado, mientras que las juezas Luisa Morales Lamuño y Evelyn Marrero salvaron su voto, ergo, no se hicieron solidarias con ese desaguisado.
Basta darle una somera lectura al texto de la sentencia para poder comprobar que es una sentencia al más puro estilo IV República. Es decir para favorecer al poderoso y perjudicar la débil. Pero lo más grave del caso es que hace caso omiso del artículo 257 de la Constitución Nacional que establece: “No se sacrificará la justicia por la omisión de formalidades no esenciales”. Y si justicia es dar a cada quién lo que le corresponde o pertenece, razón tiene pues la norma constitucional al establecer que ningún legalismo, tecnicismo o leguleyismo, podrá privar a alguien de lo que le corresponde o le pertenece.
Y justo será el juez que anteponga la Justicia a cualquier legalismo trasnochado, Pero desgraciadamente para la ponente de la sentencia, reviste más importancia que un médico esté colegiado, es decir que cumpla con un requisito formal, y que pueda acreditar una reválida de un título obtenido en una Universidad extranjera, otro requisito formal, a que esté metido de lleno en un barrio llevándole ayuda al necesitado, cumpliendo con el deber primordial de un médico, que no es otro que el de auxiliar y curar al enfermo. Y tratándose de un médico cubano lo de la reválida no debiera tener sentido, puesto que un médico cubano tiene perfecto conocimiento de las enfermedades tropicales, las que desconocen la mayoría de médicos en EE UU o en Europa, razón por la cual a ellos sí se les debiera pedir una reválida a fin de que se pongan al días sobre ellas.
Y en la parte dispositiva la Sentencia dispone:
4.- ORDENA al Colegio de Médicos del Distrito Metropolitano de Caracas que sustituya a los Médicos Extranjeros, por aquellos Médicos Venezolanos o Extranjeros que cumplan con los requisitos establecidos en la Ley del Ejercicio de la Medicina y, que manifiesten su interés en ser contratados para el programa "Plan Barrio Adentro".
Y hasta podríamos aceptar que se sustituya a los Médicos Extranjeros, por aquellos médicos venezolanos o extranjeros que cumplan con los requisitos establecidos en la Ley del Ejercicio de la medicina.
Y hasta podríamos aceptar, tal y como lo afirma el gángster de Douglas León Natera, que hay ocho mil médicos venezolanos sumados al paro que bien pudieran sustituir a los médicos cubanos.
Pero cómo olvidar que ocho mil médicos venezolanos sumados al paro se hicieron los suecos, cuando el Gobierno solicitaba médicos para que fueran a vivir en las zonas marginales de Caracas y de otras capitales regionales. Pero cómo no darnos cuenta, no más registrada, publicada y notificada la sentencia, que Douglas León Natera tuvo el descaro de pontificar que la sentencia no elimina el programa Barrio Adentro, sino que ordena se haga con médicos que se ajusten a lo establecido en las leyes, pero que: "Nosotros le recomendaríamos al gobierno que en lugar de continuar construyendo en las humildes casas de los vecinos consultorios sin las medidas adecuadas, que más bien se ocupen de fortalecer la red primaria a través de los ambulatorios que existen ya en el Área Metropolitana de Caracas".
Entonces es cuando nos damos perfecta cuenta de que lo que se trata es que un médico venezolano no labore en las mismas condiciones en las que lo hace un médico cubano, ¡no faltaba más! Y es que para Douglas León Natera nuestros médicos no han sido diseñados genéticamente para subir cerros, ni para vivir en zonas marginales. Cuando más podrían llegar hasta el pie del cerro. Y allí bien instalados, exigir que se les permita cabalgar horarios, desaparecerse en horas de guardia para atender consultas en sus clínicas privadas, solicitar ajustes de sueldos cada seis meses, y que toda la gente se haga la vista gorda sobre los robos de insumos y materiales, etc., etc., etc. O sea, actuar tal como lo hacía el tristemente famoso Doctor Valerio, aquella miseria de ser humano salida de la mente de Ibsen Martínez, en la telenovela “Por estas calles”.
Otro hubiese sido el cantar de disponer la sentencia:
4.- ORDENA al Colegio de Médicos del Distrito Metropolitano de Caracas que sustituya a los Médicos Extranjeros, por aquellos Médicos Venezolanos o Extranjeros que cumplan con los requisitos establecidos en la Ley del Ejercicio de la Medicina y, que manifiesten su interés en ser contratados para el programa "Plan Barrio Adentro” en los mismos términos, condiciones y lugares, en los que los médicos cuestionados por la Federación Médica Venezolana prestan actualmente sus servicios, no pudiendo éstos ser removidos hasta que sus relevos ocupen efectivamente las plazas que han de quedar vacantes.
Pero ello no hubiese sido del agrado de Douglas León Natera, o mejor dicho, del adeco hijo de puta que hay en él, puesto que en esos términos el programa Barrio adentro no se vería afectado. Y de lo que se trata es de acabarlo.
¡Qué bolas!
Caracas, 22 de agosto de 2003.
riegoparejo@hotmail.com