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Alegría y tristeza en la familia
Por: Samuel Hilcias Carvajal Ruíz(*)
Fecha de publicación: 22/08/03
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Algunos miembros de mi familia deben estar contentos, como dicen, saltando en una pata, en un sólo pie. La decisión del tribunal contencioso administrativo que obliga a Bianco a retirar a los médicos cubanos cooperantes de los barrios de Caracas, es el motivo de esa alegría. Estos familiares son médicos, graduados gratis en las universidades públicas del país, algunos estudiaron en la UCV, otros en la UDO, trabajan o tienen una “beca” en algún hospital público, porque la tajada gorda viene del “ejercicio” privado de la medicina. Ese ejercicio no es condenable per se, ellos reúnen méritos para así hacerlo.

Como toda Venezuela, ellos se decantaron. Tienen sus ídolos de paja. Tienen como ídolos indiscutibles a los de la CD, escuchan con regocijo a Marta, a Napoleón, al Bufón, y cuanta sabandija corrupta y apátrida se encuentran en los medios. Incluso alguno de ellos se abraza a su héroe particular: Alfredo Peña, comparte tarimas, y de vez en cuando opina en uno de los medios golpistas, ¿Será que se prepara para optar a algo? Ya lo sabremos.

La alegría de estos parientes por esta decisión injusta que roza la prevaricación, es motivo de tristeza en otra parte, mayoritaria, menos mal, de la familia. Y no es para menos. Los seguidores de Natera, esos “médicos dignos” al estilo del Dr. Valerio, verdaderos mercaderes de la salud, están ahora llenos de regocijo, mis familiares médicos también se alegran.

Los valerios y los nateras que apoyados en sus compinches de la corte ésa, son los mismos que pretenden sacar a Bianco del colegio, y, también, son los principales responsables del desmontaje del sistema de salud publica del país o lo poco que había, y cuya tarea fundamental ha sido el saqueo sistemático de los centros hospitalarios, mediante el traslado de equipos e insumos a clínicas de su propiedad; tanto es así, que en algunos casos la factura pasaba directamente al Estado, y los equipos ni siquiera llegaban al hospital de destino. Son ellos quienes ahora pretenden con su “generación de relevo” de saqueadores consumar aún más ese despojo y condenar al pueblo a morir de mengua.

Todos esos “médicos dignos” saben que en los barrios y asentamientos campesinos, y en las comunidades indígenas, no hay nada que saquear. Los despojados históricamente, además, no tienen acceso a sus clínicas, entonces, ¿Para qué Barrio Adentro? Se preguntarán – para eso, es mejor es que se mueran esos negros chavistas – dirán y lo dicen.

Los venezolanos más humildes y débiles social, económica y culturalmente, que comenzaban a ver un hálito de esperanza con el programa “Barrio Adentro”, que venían recibiendo una atención primaria en salud exitosa, de calidad y llevada a cabo con el máximo de profesionalismo y ética, se encuentran ahora que los médicos cubanos cooperantes, protagonistas de primer orden de esta gesta liberadora y profundamente humana, no podrán atenderles, por ahora. Los mafiosos enquistados en tribunales, universidades (facultades de medicina), academias, clínicas y Federación, y en los hospitales, han ganado esta batalla. Ellos, propietarios de clínicas y hospitales impiden, momentáneamente, el desarrollo del programa “Barrio Adentro”. La guerra por el bienestar y la salud del pueblo continúa. El pueblo organizado defenderá con su lucha estas conquistas.

Mientras tanto, mis parientes, esa parte de la familia que se apunta a la agenda fascista, seguirán envueltos en su pírrica celebración. Sus hijos e hijas, mis sobrinos y sobrinas, tienen asegurada la salud. Para ellos es suficiente.

Los hijos de otro de mis hermanos, el que vive en La Vega, están excluidos. Ellos se organizan y luchan por “Barrio Adentro”.

Son éstas algunas de las lecciones complejas que nos va aportando este parto doloroso, como todo proceso revolucionario. Por eso, con mucho aplomo, pero con firmeza, la revolución debe seguir avanzando.


(*)Docente

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Samuel Hilcias Carvajal Ruíz(*)


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