La UNESR y el natalicio de Simón Rodríguez

Nace en Caracas Simón Rodríguez, calificado de "loco", "maestro" o "don", este ejemplar venezolano, de padres desconocidos, el 28 de octubre de 1771. Se dice que fue hijo adoptivo de Cayetano Carreño y de Rosalía Rodríguez. De su infancia, se conoce muy poco. Simón Rodríguez es un niño expósito y su único familiar conocido es su hermano Gayetano. Su carácter nada común lo lleva a quitarse el apellido paterno, el adoptivo y a quedarse sólo con el de su madre (originalmente se hubiera llamado Simón Carreño Rodríguez), por eso es que, el mismo Simón se presenta como expósito en el acta matrimonial. Se caracterizará toda su vida por seguir apasionadamente su ideal de pensar y enseñar en libertad plena. Su vida estuvo dominada por la pasión de las letras. Aprender para la vida, aprender a aprender, enseñar a ser capaz de todas las empresas, liquidar el miedo al trabajo manual. Estos fueron los objetivos de este insigne maestro, y quien en su vida guardó dos obsesiones: la libertad y la educación, fines que en su época eran motivo de grandes convulsiones sociales.

Para comprender su pensamiento, hay que acercarlo al pueblo, a esos viajes que fueron su vida y al motivo que los inspiró: la curiosidad de saber. El 23 de mayo de 1791, el Ayuntamiento de Caracas lo instituye como maestro de escuela, pero ya antes había ejercido el cargo con los buenos resultados que nos ha dado la historia: fue maestro de Simón Bolívar, lo que constituyó un reto por lo insoportable del niño Simón, a quien ya habían rechazado Miguel José Sanz, el Padre Andújar, y Andrés Bello. Simón Rodríguez, en 1794 presentó al Cabildo de Venezuela un proyecto de Escuelas Públicas, donde analizaba el sistema educativo para aquel entonces y donde planteaba la necesidad de la participación activa de los alumnos en las cátedras, exponiendo sus ideas y aclarando sus dudas. Pero las autoridades coloniales no le prestaron ninguna atención. Simón Rodríguez, además, de su conocimiento y talento como educador, sintió también la inquietud de la Libertad; participó en el movimiento revolucionario de Gual y España, y complicado en esta tentativa de independencia abandonó el país al fracasar el movimiento y se traslada a Jamaica, suplantando su nombre por el de Samuel Robinsón, para evitar cualquier vengativa por parte de las autoridades del rey.

Al llegar a Jamaica en 1798, se inscribió en una escuela pública para aprender ingles, donde hizo buenas relaciones con los niños, que eran sus compañeros de clase, debido a su bondadoso corazón. Luego marchó a los Estados Unidos, estableciéndose en Baltimore, donde se desempeñó por algún tiempo como cajista de una imprenta. Simón Rodríguez tenía un espíritu de aventurero y esto lo llevo a seguir recorriendo varios países. Simón Rodríguez solía decir: "No quiero parecerme a los árboles, que echan raíces en un solo lugar; sino al viento, al agua, al sol, a todas esas cosas que marchan sin cesar". Viajó por espacio de diez y seis años, conoció Italia, Suiza, Alemania, Bélgica, Rusia, Inglaterra y otros. Su estadía en el viejo continente le permite dominar el francés, el italiano, el alemán y el portugués, profundizar sus estudios filosóficos y entrar en contacto con las teorías revolucionarias que pronto implantarían un nuevo orden político y social de alcance mundial. Todos estos conocimientos, más tarde los vertería en su más destacado alumno: el Libertador Simón Bolívar. La comprensión entre los dos Simones, se debió principalmente al tipo de enseñanza que le aplicó el maestro: ejercicios físicos, y experiencia directa con las cosas, la educación no se quedó en los libros sino que formó mucho más allá. En una carta que dirigió el Maestro Simón Rodríguez a su alumno Simón Bolívar, deja claro que tipo de maestro fue: “Avanza, no pierdas la vida en indecisiones ni en titubeos. No seas como los que jamás están seguros de lo que deben hacer y por mirar miedosos la gran distancia a que se encuentran de la distancia final, dudan hasta la posibilidad de llegar. Avanza no dudes ni te desanimes. La decisión es una de las características del hombre perfecto. No te acobarde la distancia por inmensa que sea o la fijan tus ojos. El camino más largo y difícil se hace corto y agradable, cuando lo distribuyes por etapas y lo puedes ir recorriendo sin esfuerzo. Ve, que el verdadero triunfo no está precisamente en llegar pronto, sino en llegar bien. Y si caes te volverás a levantar, no permanecerás caído. Avanza, tómate todo el tiempo que necesites para descansar y anímate en el descanso. La esperanza de que mientras la muerte llega nunca es tarde para el triunfo”. Después de dar vueltas por el mundo, cambiarse el nombre, y otras aventuras, vuelve en 1823 a Cartagena, donde comienza su peregrinaje por América del sur, allí se entrega a la creación de una escuela taller, donde busca implantar los principios de su pedagogía, el secreto era reconciliar al alumno con sus propias experiencias. Ese mismo año, vuelve Simón Rodríguez a Venezuela, cuando su antiguo discípulo Simón Bolívar se encontraba preparando la emancipación del Perú. Al enterarse Bolívar de la llegada de su maestro lo llama a su lado y lo nombra Director e Inspector de Instrucciones Públicas y Beneficencia, y regenta la Escuela Municipal de Caracas. Y en calidad de tal acompaña al Libertador a Chuquisaca, donde funda una escuela, acorde con sus ideas de enseñanza. Se esmera en hacer de sus alumnos albañiles, herreros, carpinteros y otros oficios manuales. Pero lamentablemente fracasa, porque los mismos padres de familia miraban con desagrado que sus hijos aprendieran tales oficios, teniendo que cerrar la escuela. Bolívar ratificó en 1823 la manera de enseñanza de Rodríguez sobre las buenas costumbres y el amor a la libertad: «Usted formó mi corazón para la libertad, para la justicia, para lo grande, para lo hermoso».

En 1824, recibe una carta de Bolívar donde el Libertador lo invita a buscarlo, recordándole la formación que le dio. En 1825 se encuentran alumno y maestro en Perú, y años mas tarde cuando arrecian las acusaciones contra Bolívar, Rodríguez escribe el libro: "El Libertador del mediodía de América y sus compañeros de armas defendidos por un amigo de la causa social", el cual sale a la luz en 1830, el mismo año que muere el Libertador. Simón Rodríguez sigue su vida errante, se casa, continúa conociendo pueblos, escribiendo y dándole un vuelco a la educación, su petición era tener en cuenta las condiciones sociales del país, algo que hoy nuestro sistema educativo pone en práctica, dándole inclusión a todo aquel venezolano o venezolana que quiera estudiar. La UNESR en otrora ha agigantado este proceso, a pesar de las deficiencias presupuestarias. Para el maestro había que enseñar la industria, y la moral era la que debía regir las relaciones sociales, he allí el Tercer Motor “Moral y Luces”, ya la UNESR cuenta con la impartición de la asignatura “Moral y Luces”. Simón Rodríguez hizo una distinción que actualmente viene muy al caso: instruir no es lo mismo que educar, se puede instruir sin educar, la educación es la unión de conocimientos y habilidades, así como de razón para ubicarse en el contexto, la instrucción son meros conocimientos grabados sin un fin práctico, la América de su tiempo ¿y por qué no? la de hoy no debía imitar, debía ser original, porque su gente y sus condiciones eran otras. Lo que Simón Rodríguez le pedía a los maestros, debería figurar actualmente en un juramento de todos aquellos que ejercemos la educación como profesión: "Los maestros deben ser sociales, tener moralidad, conocimientos prácticos, no ser humilladores, deben ser comunicativos, prudentes, y hacer que sus alumnos los obedezcan porque piensan y no porque les temen, deben saber lo que enseñan y como lo enseñan", debemos ser líderes en nuestros salones, en nuestras comunidades. En ese entonces, Rodríguez solo contaba con treinta años.

En 1829, retirado de la docencia, establece en Azángaro, sobre las riberas del Lago de Titicacas, una fábrica de Velas, que irónicamente él llamaba "De luces americanas". Pero reclamado por la población cedió a encargarse de nuevo de la Educación. Después de la muerte del Libertador, en 1830, se traslada a Lima y luego a Huacho. En 1833, fue nombrado Director de estudios del Departamento de Concepción, este mismo año, en Chile se entrevista con su compatriota Andrés Bello y funda una escuela de Barrio. Después de algunos años de permanencia en aquella República, pasó a la del Ecuador donde fue nombrado catedrático de Botánica y Agricultura del Colegio de Latacunga. En 1846, regenta un Colegio en Quito y en 1847, se traslada al Sur de Colombia, entregado siempre a su pasión de enseñar. Luego se enrumba a Perú, donde murió Simón Rodríguez, pobre y sin hogar a los 83 años de edad, el 23 de Febrero de 1854, en el humilde pueblecito peruano San Nicolás de Amotape. Fabricaba velas, que es hacer luz. Sus restos reposan actualmente al lado de los de su alumno Simón Bolívar.

Sus restos fueron trasladados en 1954 al Panteón Nacional, en el centenario de su muerte.

No sin motivos, Bolívar usaba el calificativo de «el Sócrates de Colombia» para referirse a su maestro. Simón Rodríguez, fue un maestro ejemplar y gran luchador por la Libertad y la Justicia. En hora buena, nuestra casa de estudios, como lo es la UNESR nos honra llevar su nombre, de este hombre independentista, el cual nos mantiene vivos con sus pensamientos e ideas revolucionarias para la formación ideológica del hombre nuevo, de frente con el proceso de cambios y transformaciones que se viene gestando desde nuestra Universidad y el compromiso que tenemos con nuestras comunidades, es aún mayor.

(*)Ing.
Coord. desarrollo Estudinatil
UNESR San Juan de los Morros

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