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Entrevista a José Vicente Rangel luego de aceptar las disculpas de El Espectador
Por: Carlos Salgar/ El Espectador
Fecha de publicación: 18/08/03
imprímelo mándaselo a
tus panas
Nota de aporrea: Efectivamente debemos aplaudir el gesto de rectificación pública del diario bogotano, ojala en Venezuela al menos tuviésemos ese tipo de decencia. Lo que si debemos dejar en claro es que mas allá de las disculpas el objetivo se cumplió, se alimento en el imaginario colectivo la especie de que Chávez apoya a la Guerrilla y eso no lo borran ni con 10.000 disculpas, a eso se refiere JVR con periodismo cloacal!!!

Al aceptar las disculpas de El Espectador por la publicación de la conversación con Moisés Boyer, el Vicepresidente de Venezuela también habló del estado de las relaciones.

Al definirse a sí mismo como “cáustico”, José Vicente Rangel, el vehemente vicepresidente venezolano es generoso. De mirada acerada y nada de sonrisas, es uno de los hombres más fieles de Hugo Chávez. En la casa vicepresidencial, habló con el enviado especial durante dos horas.

Usted ya conoce el comunicado del director de El Espectador en el cual se explica el asalto a la buena fe del periódico y se ofrecen disculpas por no haber ejercido un mayor control. Previamente usted había hablado de un periodismo “cloacal”, pero no hizo una referencia ni siquiera similar cuando hace unos meses se publicó una entrevista completa (en el mismo periódico y del mismo dueño), con mucho mayor despliegue, al presidente Chávez.

He sido un gran lector de la prensa colombiana toda la vida. Y tengo un gran respeto por El Espectador. Por eso me sorprendió que haya sido publicado en El Espectador y por eso mal podría decir yo que es un periódico cloacal. Lo que sí es cloacal es ese tipo de periodismo, que mete las manos a la cloaca para sacar porquería sin importarles las relaciones internacionales, sin respetar a las personas, ni a nada ni a nadie. Fue un desliz y me parece muy digna la aclaratoria de hoy.

Yo acepto y agradezco las disculpas, las entiendo, me parece un gesto digno e incluso un buen ejemplo para la prensa venezolana, que no ofrece disculpas por nada. Le dieron una lección, de paso. Para mí, como periodista, la aclaratoria es muy buena, especialmente donde dice: “...y previa consulta con algunas autoridades colombianas...”. Yo el martes, antes de mi rueda de prensa, tenía información de que un jefe de inteligencia del Ejército colombiano había sido consultado y había dicho que sí. No lo quise decir aquí porque soy prudente.

Pero hoy sí lo mencionó...

Sí, porque cuando se habla de algunas autoridades colombianas, eso coincide con la información que yo tengo: que se trata de un jefe de inteligencia militar, y con ello presumo y entiendo que se trata de un oficial de la inteligencia militar colombiana. Por eso digo, al final de mi declaración, que El Espectador está en la obligación ética de responder a sus lectores y el Gobierno colombiano, está en la obligación de precisar quiénes fueron las autoridades colombianas que, directa o indirectamente, autorizaron o confirmaron esas informaciones, porque estoy convencido de que cuando ustedes entrevistaron allá a ese señor que, como decimos aquí, es un “malandro”, deberían haber sabido que se trataba de un irresponsable. Entonces, me pregunto, ¿qué determina que se publique? Pues que consultaron una fuente oficial y esa fuente oficial, con toda la “mala leche”, como dicen los españoles, dijo sí. Ahí está el problema. Un problema que escapa a la aclaratoria de ustedes y va más allá, porque es un problema de Estado. En algún nivel del Gobierno hay intención de causar daño a la relación. Ahí hay un enemigo agazapado.

¿Sigue siendo periodista?

Soy periodista y soy un lector incansable de la prensa tanto venezolana como colombiana. Creo en el valor de la información. Cada día, a las 6 de la mañana, ya tengo leída toda la prensa y tengo la mejor oficina de prensa de toda la administración pública venezolana, reconocida por los demás. Le doy una gran importancia a la información.

Usted escribió para “El Nacional” y “El Universal”, esos medios siguen siendo los mismos, con los mismos dueños, no hay diferencia entre esos periódicos ayer y lo que son hoy...

No, no son los mismos, han cambiado. Hoy no se concebiría una columna como la mía. Hoy son un bloque monolítico: de la primera a la última página, pasando por las páginas de opinión, hay un pensamiento único, unánime, sin fisuras. Antes no, antes había pluralismo. Antes esos periódicos reconocieron aciertos de gobierno y le daban cabida a la oposición, Aquí, hoy, el Gobierno está excluido. Lo lamento, porque eso es un error que los ha llevado a perder mucha audiencia. Ha bajado considerablemente la circulación de esos periódicos, ha bajado muchísimo el “rating” de esas emisoras y canales.

Entonces, ¿para qué ejercer represión?

Eso es muy importante, porque no falta gente que pide represión, pero durante años fui el defensor más conspicuo de los derechos humanos y lo sigo siendo, y eso incluye también la libertad de expresión. Y aquí hay plena libertad de expresión. ¿Dónde se acepta ver a unos militares uniformados incitando a derrotar a un presidente sin que se repriman esas expresiones? En ninguna parte. Nosotros nos aguantamos. Y creo que nos ha dado beneficio, porque se ha planteado el tema de los medios en el debate y no en la represión. Es un debate que rinde mucho para la cultura y el futuro del país, porque el venezolano ha aprendido a apreciar los valores de la libertad y ha llegado a un punto de conciencia crítica en la que puede decir quién le dice la verdad y quién lo engaña, y toma la decisión de comprar o no un periódico o de apagar la televisión o cambiar de canal. Pero en una democracia no puede existir un poder que no tenga control. El Ejecutivo tiene control, el Congreso tiene control, las Fuerzas Armadas tienen control. ¿Por qué debe existir un poder hipertrofiado de los medios que no tengan control?

La Ley de Contenidos o responsabilidad social de los medios que están impulsando desde el gobierno, ¿no va en busca de establecer control con represión?

No. Esa ley empezó con 152 artículos. Ha sido sometida a un debate intenso y se ha reducido, como producto del debate, a menos de 20. Ese es el debate democrático. Es una discusión en la calle, en la Asamblea, en todas partes. Se debe tener un mecanismo regulador, elaborado democráticamente. Allí no se consagra la expropiación de un canal, ni la prisión de un periodista. Se ordenan los espacios, sí. Hace 10 años, la Iglesia Católica inició una campaña feroz contra los medios de comunicación audiovisuales por la pornografía, por la violencia, etc. Ese debate no lo iniciamos nosotros, pero ahora, como lo decimos nosotros, eso es comunismo.

Pero, más allá de los medios o las regulaciones, lo cierto es que la oposición y el Gobierno están usando un lenguaje que excede los marcos convencionales, se atacan en una forma en que el solo lenguaje causa violencia... Y en esto incluyo al presidente Chávez y a usted.

Eso hace parte del fragor de la lucha. Y es posible que se exacerben los ánimos. Nosotros somos tropicales. También en el lenguaje. No somos hermanitas de la caridad, eso es así... Pero claro que lo ideal sería erradicar ese lenguaje. Estoy de acuerdo con eso, pero se necesita mucha paciencia, franciscana, para tolerar ciertas cosas, como que le digan a uno asesino, o ladrón. Yo tengo fama de ser parco. Cáustico, sí, pero parco. Sé utilizar el lenguaje. Yo no insulto. No le he dicho a nadie que es un bandido o un ladrón. En su momento dije que Carlos Andrés Pérez había dispuesto de una partida de 17 millones de dólares, hice la denuncia, pero no lo llamé ladrón. Hubo un enjuiciamiento y por eso salió.

El martes usted dijo que el Gobierno aceptaría la decisión del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), que podría definir la conformación del Consejo Nacional Electoral para conocer y decidir sobre un referendo revocatorio del mandato del presidente Chávez. ¿Están realmente dispuestos a aceptarlo?

Sí, correcto. Somos respetuosos de todas las decisiones del Tribunal Supremo de Justicia, incluso de una de las más inicuas, cuando decretó que en Venezuela no hubo golpe de estado el 11 de abril sino vacío de poder. De acuerdo con esa teoría del vacío de poder, en América Latina no ha habido golpes de estado nunca. A Allende lo tumbaron y lo mataron porque había vacío de poder; a De la Rúa lo mismo; a Gallegos aquí; el golpe de Rojas Pinilla fue por un vacío de poder también. Es decir, la doctrina del TSJ de Venezuela indica que en América Latina no ha habido golpes de estado. Y sin embargo, nos tragamos eso... Ese bacalao podrido nos lo comimos. ¿Por qué? Porque en este país se respeta el Estado de Derecho.

Y en vez de entrar a todo este problema, ¿no habría sido relativamente más sencillo un acuerdo parlamentario para que se conformara la Comisión Nacional Electoral dentro de la Asamblea Nacional?

Claro, pero la oposición no respeta una regla de oro de la democracia: la mayoría. Y nosotros tenemos mayoría en la Asamblea y en esa correlación de fuerzas le correspondían, de los cinco miembros rectores, tres al sector oficial y dos a la oposición. La oposición no se ha podido recuperar de la derrota a manos de Chávez y es una oposición que no trabaja con la realidad y por eso se la pasa inventando fantasmas. Algunos fantasmas le han salido muy caros, como el golpe del 11 de abril, o como el llamado paro cívico y el sabotaje petrolero de diciembre y enero. Todo esto implicó una gran derrota.

El 11 de abril, ellos perdieron los pocos elementos que tenían en las Fuerzas Armadas. Con el sabotaje petrolero, ellos perdieron el control nada más y nada menos que de la industria petrolera de Pdvsa, y con todo esto vino un proceso de desmoralización que ha llevado a que también pierdan la calle. Ya no tienen el poder de convocatoria que tuvieron, especialmente en la clase media del este de la ciudad. El problema de la oposición es que, a falta de banderas, de consignas y propuestas, su única consigna y bandera es la salida de Chávez. Y eso puede satisfacer a un sector radicalizado de la oposición, pero no satisface al grueso de la población. Entonces se debaten en grandes contradicciones, que los llevan a que siempre lo que prima es la tendencia golpista. El golpe está latente prácticamente en todas las políticas de la oposición.

¿Pero qué tiene que ver eso con el referendo?

El referendo revocatorio es una creación de Hugo Chávez. Fue el movimiento chavista el que en la Asamblea Constituyente consagró en el artículo 72 el referendo revocatorio. ¿Por qué? Porque aparte de la democracia representativa, debe haber democracia participativa. Nosotros hemos querido enriquecer el concepto de la democracia sacándolo del aspecto exclusivamente formal para darle un contenido de participación. Una manera de expresarlo es con el referendo revocatorio. O sea el que otorga un poder, puede revocarlo también. Esa es una figura única en América Latina. Ese fue un regalo de Chávez a la oposición que consagró de esa manera. Y en este momento todos los funcionarios electos en Venezuela están en período revocatorio. Todos, menos Chávez.

Pero él queda en período revocatorio el 19 de agosto...

Sí, con los diputados, los gobernadores, los alcaldes, todos los funcionarios electos. Ya hay más de 60 solicitudes de revocación en el CNE. Cuando se instaló la comisión de negociación y diálogo que coordinó el ex presidente Gaviria, se establecieron unas normas para buscar a la situación una salida pacífica, democrática, constitucional y electoral. El Gobierno dijo que la salida electoral estaba prevista en la Constitución, porque permite que, a la mitad del período, y si se reúne el 20% de las firmas del censo electoral, se convoque a un referendo revocatorio. La oposición, en ese momento, dijo no. Dijo que no podían aceptar eso, porque significaba esperar hasta agosto y el país no aguantaba eso. Sacaron de la manga el referendo consultivo, que está previsto para una cosa distinta. En ese momento dieron el ultimátum para el 2 de diciembre de que o se aceptaba el referendo consultivo o convocaban a un paro nacional.

El país quedó paralizado por dos meses...

El paro cívico fue un fracaso, en cuanto que fue un paro patronal. Cuando vieron que después de dos días no se paraba la industria, convocaron al paro petrolero, que consistió en el abandono de sus puestos por 18.000 altos ejecutivos, el cogollo de Pdvsa. El paro produjo globalmente unas pérdidas para el país de 10.000 millones de dólares. Se arruinaron los comerciantes, etc. Fue un paro demencial en pleno diciembre y hoy lo admiten. Si hubiesen aceptado el revocatorio para el mes de agosto, le habrían evitado al país ese costo y ese trauma. Pero ellos estaban regidos por mentiras que les llegaban de los militares de la Plaza Altamira, que los tenían convencidos de que había no sé cuántas guarniciones levantadas y que al convocar el paro y paralizar la industria petrolera, se iba a producir un golpe de estado. El mismo formato de abril. La obsesión golpista viene rigiendo la política de la oposición.

¿Y qué tiene que ver eso con el referendo?

Pues que, después del inmenso fracaso, asumen el revocatorio como una bandera propia. Es decir, se apropian del revocatorio y quieren hacer creer que ahora nosotros nos oponemos al revocatorio, una situación absurda. Nosotros no nos oponemos, lo que ocurre es que el revocatorio es un problema de la oposición, no del Gobierno. Nosotros no queremos que se revoque el mandato a Chávez. Quien se lo quiere revocar es la oposición y para ello tienen que recoger el 20% de las firmas del censo electoral; el CNE las verifica y convoca a referendo, y si sacan un voto más de los casi 4 millones de votos que sacó Chávez, entonces le revocan el mandato. Y para eso hay que trabajar y ellos no trabajan. Nosotros no tenemos problema, porque es un mandato constitucional que respetamos. Ellos son los que no respetan la Constitución.

Si el revocatorio no es su problema, ¿entonces cuál es el papel que les corresponde?

A nosotros, como Gobierno, en el referendo nos toca dar los recursos presupuestales que, una vez que el CNE electo convoque a las elecciones, solicite. Y el Ejecutivo se los dará, sin duda. Y segundo, la seguridad del proceso. Las Fuerzas Armadas están en la obligación de garantizar el proceso, y desde ya está garantizado. El Gobierno no tiene que hacer nada más. Si llamamos a que la gente se abstenga, es un problema nuestro. No estamos saboteando el revocatorio ni nada por el estilo.

En Venezuela hemos estado al borde del abismo, pero afortunadamente todo lo resolvemos legal y jurídicamente. En cuatro años de gobierno de Chávez no se ha matado a nadie, no se ha torturado a nadie, no se ha suspendido ningún medio de comunicación, no se ha violentado por parte del Gobierno el orden jurídico, no se han dejado de acatar las decisiones judiciales, sean o no favorables al Gobierno. Lo que esto significa es que aquí funcionan los poderes. La Asamblea no se puso de acuerdo para nombrar el CNE, entonces el TSJ decidió que había una especie de vacío y asume la designación de los miembros del CNE.

Toda esta situación parece haber llevado a la desaparición de los líderes en Venezuela. Hay uno, que es Chávez. ¿Quiénes son los otros, tanto de la oposición como sucesores del Presidente? ¿Cuáles son las alternativas de liderazgo para Venezuela?

Podría decir que realmente no hay líderes, pero eso no tiene sentido, porque en momentos de crisis y difíciles no se perciben con facilidad, pero sí está apareciendo un liderazgo nuevo. Hay que reconocerlo, se está renovando el viejo liderazgo venezolano. En el sector de la oposición hay muchos líderes nuevos, dentro de Primero Justicia por ejemplo. En Acción Democrática también hay líderes nuevos. Hay grupos de gente que opinan, que actúan, y eso era imposible antes, porque todos los espacios estaban bloqueados. Si algo le debe la oposición a Chávez, es que ha desbloqueado el proceso para que aparezcan nuevas figuras. Y en el seno del movimiento chavista también han surgido nuevas figuras, es un movimiento totalmente renovado. Lo que pasa es que hay una cultura política que considera que sólo las personas sacralizadas, esos nombres históricos, esos apellidos con tradición (como en Colombia), son los únicos que pueden dirigir un país, tanto en el chavismo como en la oposición. Lo que hay es que darles la oportunidad de que actúen.

Volviendo al referendo, ¿qué puede pasar?

Yo no tengo ningún problema, ni el Gobierno lo tiene. Si ellos recogen sus firmas y el CNE convoca, nos vamos al referendo. Eso no va a ser antes del año entrante. Hay que verificar las firmas y eso es un proceso largo pues son más de 2 millones de firmas. Hay que constituir el CNE en todo el país; luego hay que depurar el registro electoral, porque ese es un registro viejo, con mucho muerto e infiltrado allí.

¿Infiltrados de qué tipo?

De todo tipo, extranjeros que se meten allí, muertos que se meten y todos los partidos han hecho lo mismo. Ese registro no es confiable para nadie. Y esto lo van a plantear tanto la oposición como el Gobierno, porque todos aspiran a que los registros estén limpios. Por eso yo creo que no va a ser antes del año entrante, pero ese es un tiempo normal, no por manipulaciones ni nada por el estilo. El poder electoral en Venezuela es un poder autónomo.

¿Y si el Gobierno pierde?

Nosotros somos demócratas y estamos dispuestos a aceptar la derrota, y lo mismo esperamos de la oposición, que si pierden reconozcan su derrota. No tenemos ningún problema. Somos hijos de muchas derrotas.

¿Podría el presidente Chávez presentarse a elecciones una vez revocado su propio mandato?

Nosotros creemos que sí. Ellos dicen que no. El problema lo resolverá en su momento, y a solicitud de alguien, el Tribunal Supremo de Justicia. Hasta donde yo sé, la consulta no se le ha presentado todavía. Le corresponde al TSJ interpretar la Constitución. Yo tengo suficientes argumentos para decir que sí puede presentarse a la elección. Ellos tienen suficientes argumentos para decir que no. Como corresponde en un país civilizado y democrático, decidirá el TSJ.

¿Y José Vicente Rangel qué piensa?

Como ciudadano creo que ellos no tienen capacidad de recoger ese 20% de firmas (unos 2,6 millones) que necesitan para solicitar al CNE el revocatorio. Ellos hicieron el 2 de febrero el “show” del firmazo y dijeron que habían recogido en un día 4 millones de firmas. Eso es casi imposible en un día. Lo hicieron con una firma comercial y después se ha podido constatar que utilizaron la data de muchos bancos, usurparon firmas y ha habido infinidad de señalamientos de ilegalidad, y ese anuncio de febrero, de 4 millones, ahora se reduce a 2’400.000. Eso me sirve a mí para argumentar que es muy difícil que ellos recojan esa cantidad de firmas.

Pero aun si las recogen, estoy convencido de que no pueden derrotar a Chávez. Se lo digo porque conozco el comportamiento electoral de los venezolanos. Esa oposición tiene un problema: es demasiado virtual y poco real. Es una oposición de pantalla de televisión, es una oposición comunicacional. Ellos fabrican un país que contrasta con el país real. Aquí hay un país en el que se manipula en los diarios y en la televisión, y hay otro país sumergido, que es el país formado por aquellos que dicen que ellos son gente desde que llegó Chávez al poder, porque son tomados en cuenta tanto por el Gobierno como por la oposición, que ahora los toma en cuenta. El país virtual se afianza en el este de la ciudad, que se guía por unos valores distintos a los que guían al resto. En Caracas hay 5 millones de habitantes: 1 millón al este y 4 millones en los sectores donde tradicionalmente se asienta el chavismo. Eso es verdad en la zona metropolitana, pero en el interior es aún más crítico.

Esa división cultural, social y hasta topográfica, ha levantado muchos sentimientos de odio recíprocos y polarización. ¿No hay culpabilidad y responsabilidad tanto del Gobierno como de la oposición?

Ese razonamiento es muy frecuente, pero no se corresponde con la realidad. Eso de pensar que el país lo dividió Chávez, es una banalidad. Este país estaba profundamente dividido. 80% de pobreza crítica. Y del resto, un 90% en la opulencia y un 10% que apenas sobrevivía.

Pero no había esa polarización y esos odios de hoy…

Lo que ocurre es que esa gente que estaba oprimida, que no tenía representación, que no tenía voz, a la que nadie escuchaba, que no tenía expresión, hoy en día la tiene. Aquí no ha ocurrido ningún acto de despojo. Ninguno. Cuando Chávez ganó, decían que les iba a quitar las casas. A nadie se le ha quitado su casa. Que se les iban a quitar las tierras; a nadie se le ha quitado la tierra. Que se les iban a congelar las cuentas bancarias; a nadie se le han congelado las cuentas bancarias. Aquí nadie ha sido perjudicado desde el punto de vista personal. Lo que pasa es que antes ellos ponían los ministros, los miembros de la Asamblea Nacional, negociaban las curules parlamentarias, tenían una presencia y participación en el Estado, y hoy no la tienen. Hoy no tienen la representatividad que antes tenían, y es que cambió el signo del poder. No para atropello ni para vulnerar derechos. Lo único que perdieron fue el control que tenían del poder. Y eso es lo que no le perdonan a Chávez y por eso dicen que dividió el país. Lo que pasó fue que les dio entrada al poder a quienes nunca tuvieron acceso a él.

Pero hasta el concepto de oposición se ha visto beneficiada, porque la oposición tiene fuerza, puede manifestar, lo que antes era una proeza. Aquí se insulta al Presidente sin problema, se hacen llamados al magnicidio y sin embargo dicen que aquí hay una tiranía. Lo que pasa es que no están dirigiendo y las políticas que se ejercen son otras: microempresa, democratización del crédito, relaciones exteriores soberanas.

¿A qué se refiere con “relaciones exteriores soberanas”?

A que antes las relaciones exteriores se hacían exclusivamente con los Estados Unidos y con Colombia. Hoy no. Hoy se hacen con todo el mundo, con Cuba, con los países europeos, Japón, China; hay intercambio comercial fabuloso con Italia, con Francia. Eso les molesta, por supuesto, a los Estados Unidos, porque antes importábamos 6.000 millones de dólares de ellos y ahora importamos la mitad. Pero importamos más de Europa o de China, o de Japón; compramos maquinaria en Brasil. Han cambiado los signos y ese es el punto.

Ha mencionado Cuba, están los programas “Barrio Adentro” y “Misión Robinson”, con médicos y profesores cubanos. ¿Es que no había médicos ni maestros venezolanos para adelantar esos programas, que se recurrió a Cuba?

Sí existían los médicos, pero no iban donde estaba la gente. Aquí la red de atención primaria estaba desprotegida. Había una cultura elitesca de privilegios, de trabajar en buenas clínicas, y había un problema de mentalidad. Aquí un medico venezolano difícilmente va a los cerros. Cuando se inició el programa se convocó, a través de los medios de comunicación, a los médicos venezolanos para que participaran. Se inscribieron 51 ó 52 médicos, a las dos semanas quedaban 5, los demás desertaron. Porque es muy difícil ir a vivir en los barrios, en una casa humilde, convertir su cuarto en consultorio y tener que trabajar todos los días y todas las noches.

Ideologizar ese problema es una torpeza y la oposición ya se ha dado cuenta de eso. La gente que está en los cerros, que se beneficia de esa política, no distingue si el médico es cubano, venezolano o colombiano, lo que le importa es que tiene un médico a la mano.

Pero no parece ser el mismo caso de los educadores...

Pero sí es el mismo caso. Existen 2 millones de analfabetas, y se estaban alfabetizando de 12 a 15 mil personas anuales y ahora vamos a alfabetizar, en un año, a un millón de personas, con un método novedosísimo, cubano, que tiene una aceptación mundial y que se está aplicando en muchos países de Asia, África y Centroamérica, porque más allá de las objeciones políticas o ideológicas, Cuba tiene una autoridad en materia educativa y eso lo registran todos los organismos internacionales. No es un capricho nuestro. Si tenemos capacidad de acceso a esa medicina y a esa educación de tipo social, ¿por qué no lo vamos a hacer?

Sigamos con las relaciones internacionales, Brasil...

Tenemos unas relaciones con Brasil excelentes, un intercambio comercial muy intenso, estamos trayendo técnicos brasileños, pero de eso no se habla: de cómo se está incrementando el cultivo de la soya en Venezuela gracias a los brasileños.

En el caso de Brasil, parece haber un incremento que a su vez está deteriorando las relaciones con Colombia. ¿Es por la afinidad política Lula - Chávez y por el distanciamiento ideológico Uribe - Chávez?

No creo... Hay la tentación de interpretarlo de esa manera, pero no es así. Entre Uribe y Chávez, yo creo que hay empatía, los dos son muy tajantes y la gente cuando es clara se entiende. La reunión de Puerto Ordaz fue muy buena, creó un clima de confianza y diálogo muy interesante. En Colombia y en Venezuela había mucha gente apostando a que eso no fuera así. Ni Chávez ni Uribe complacieron a esa gente.

Usted siempre ha sido considerado como el más anticolombiano de los venezolanos, desde que escribía sus columnas contra Colombia en “El Nacional” y “El Universal”...

No. He sido crítico de determinadas posturas políticas de algunos sectores de Colombia. Ha habido actitudes que desde el punto de vista venezolano hemos considerado agresivas para Venezuela.

¿Por ejemplo?

Por ejemplo el tema del Golfo en un momento dado. Toda esa geopolítica de Londoño de buscar meterse en el Lago de Maracaibo, etc. Ha habido muchas declaraciones antivenezolanas en la política colombiana. Yo no tengo posición anticolombiana, porque Colombia es el pueblo de Colombia. Los dirigentes pueden hacer su política, pero los pueblos son iguales, hermanos y vivimos las mismas condiciones. Yo tengo un pensamiento social avanzado y no caigo en esas provocaciones. Quiero decir que la clave para las buenas relaciones, es entender los procesos de cada país. Hay gente en Colombia que no entiende el proceso venezolano o, más claramente, que están mal aconsejados por sectores de la oposición de Venezuela, y en esa trampa cayeron gran parte de los empresarios que celebraron el golpe de Carmona y el derrocamiento de Chávez y que siguen añorando, como los empresarios venezolanos, ese golpe.

Pero ustedes siempre se acuerdan de los empresarios que aplaudieron el golpe, pero no de los muchos que les dieron la mano en diciembre y enero cuando el paro, para proveer artículos de primera necesidad...

Lo reconocemos... Lo que pasa es que los primeros tienen más presencia en los medios de comunicación, mientras que los segundos son más pasivos...

Ni tan pasivos... aquí estuvieron apoyando a Venezuela en diciembre y enero, los grandes empresarios de Colombia, lo que usted llamaría los grandes capitales.

Bueno... muchos de ellos reconocieron el error del 11 de abril y la gente tiene derecho a arrepentirse.

Pero lo cierto es que la relación comercial en los últimos tiempos ha caído a menos de la mitad de lo que solía ser.

No, yo no creo que se rebaje, creo que es un problema de la dinámica de los países. Nosotros no tenemos inconveniente en mantener un comercio estable y creciente con Colombia, y vamos a hacerlo. Pero también tenemos derecho a abrirnos a otros países, y Brasil para nosotros es un país tan importante como Colombia.

Le reitero la pregunta: ¿No es una cuestión de afinidades y desafinidades presidenciales?

Eso es un sofisma. La relación de Chávez con Brasil comenzó con el anterior presidente, con Fernando Henrique Cardoso. Él estuvo cinco o seis veces aquí y consolidó esas relaciones. Pero ya desde la época de Caldera se estaba iniciando el proceso de acercamiento al Brasil.

Las relaciones, desde el inicio de Chávez, se han visto salpicadas por denuncias de la unión entre las Farc y Venezuela, se habla de ayuda desde Caracas a la guerrilla. Esto causa, por lo menos, incomodidad y enturbia las relaciones.

En forma terminante y categórica puedo decir que no hay guerrilla. Y así como digo eso, digo que en una frontera de 2.216 kilómetros, buena parte de ella inhóspita, donde hay corredores por donde van y vienen los colombianos, es muy difícil decir que no haya, en un momento dado, gentes de la guerrilla que pasen a territorio venezolano. O que no haya gente del narcotráfico que pase, o de la delincuencia común que pase a Venezuela. Pero que haya gente de la guerrilla instalada en territorio venezolano y que actúe desde Venezuela contra Colombia y que tengan conocimiento de eso las Fuerzas Armadas y el Estado, eso forma parte de un argumento montado para perjudicar las relaciones entre los dos países. No puedo aceptar bajo ningún respecto que bajo la dirección mía se pueda haber tolerado la presencia de guerrilleros y no se haya actuado. Quizás la posición mía pueda ser sospechosa. Pero en el mes de abril, cinco o seis días antes del golpe, un militar colombiano, el general Martín Orlando Carreño Sandoval, inventó que una columna guerrillera que lo había atacado se había refugiado en Venezuela y con el apoyo de estos venezolanos había actuado contra su columna, ocasionándole muertos. Se investigó y quedó en evidencia que hubo un error muy grande del mando colombiano y que para nada la guerrilla había pasado al territorio venezolano. En ese momento el general Manuel Rosendo (quien hoy es un ídolo de la oposición), que era el director del CUFA (Comando Unificado de las Fuerzas Armadas), en una rueda de prensa desenmascaró la mentira del general Carreño y demostró que no había sentido en tales afirmaciones.

Pero en todo caso no parece ser simple coincidencia la afinidad entre el Movimiento Bolivariano de las Farc y la revolución bolivariana del presidente Chávez.

Es pura coincidencia. No hay ninguna relación orgánica, ni nada por el estilo. Claro que no voy a llegar al extremo de negar que personas que tengan afinidad ideológica puedan en un momento dado tener cierta relación, en un universo de tantos millones de personas. En una frontera tan compleja como la de Colombia y Venezuela, ¿quién puede tirar la primera piedra? Es lo mismo que las denuncias de vinculaciones de los paramilitares con oficiales del Ejército colombiano. Los paramilitares nos echan muchas vainas y hacen incursiones en nuestro territorio. Yo no voy a decir, así deliberadamente, que ha sido algo ordenado por el Gobierno colombiano. Hay que llevar las relaciones a un terreno de tranquilidad, sin aprehensiones, de normalidad, sin reticencias, que haya unas excelentes relaciones que beneficien a los dos países. Que el proceso colombiano lo adelanten los colombianos como quieran y nos dejen adelantar el nuestro.

No parece ser suficiente argumento para no calificar a las Farc de terroristas. Para usted, ¿qué tipo de organización son las Farc?

Yo soy el vicepresidente venezolano y la política del Estado es no entrar en calificaciones. Es una política del Estado, y tampoco la califican los brasileños ni los ecuatorianos. Tenemos suficientes problemas para involucrarnos en ese problema.

¿Es una forma de evadir la realidad del problema?

Las Farc son una realidad...

¿Una realidad que no merece calificativo? Podrían en ese criterio pertenecer a la categoría de hermanitas de la caridad...

No, ni hermanitas de la caridad ni demonios, no son un problema nuestro, son un problema de Colombia.


Perfil de Rangel:

Siempre fue socialista, de izquierda. Se inició como miembro de la URD y salió del partido cuando hicieron el pacto de Amplia Base con Raúl Leoni. Participó en movimientos de izquierda, fue candidato presidencial del MAS en 1973, después otra vez en el 78 con otras fuerzas y después en el 83 con unos sectores de izquierda. Hasta el 83 estuvo activo en la política y “me dediqué a la vocación de toda mi vida: el periodismo”. En “El Nacional”, en “Panorama de Maracaibo” y una columna en “El Universal”, por más de 10 años. Ha practicado el periodismo en sus tres dimensiones: en la radio, en la televisión –un programa que tuvo por 10 años– y periodismo escrito. De ahí pasó a participar en el proceso de Chávez. Se inició como canciller, después fue ministro de Defensa, del Interior y ahora Vicepresidente.

“La mayoría de los que hoy somos gobierno hemos sido exiliados, apresados, torturados, todos somos hijos de la libertad, porque hemos luchado por la libertad. Yo a los 22 años salí expulsado del país. Mi familia es una familia de exilio: me casé en Chile con chilena y mis hijos nacieron en España. De los cuatro miembros de mi familia, el único venezolano soy yo. Y eso ocurre con la mayor parte de este gobierno”.

http://www.elespectador.com/reportajes/nota1.htm

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Carlos Salgar/ El Espectador


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