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Esa exquisita perversión del capitalismo
Por: Abraham Gómez R.
Fecha de publicación: 22/10/07
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La pretendida disposición de los teóricos del régimen para “cambiarlo todo” e imponer su ideología constituye un hecho bastante significativo.

Los más diversos ámbitos están en la mira: fundamentalmente lo socio-político y lo económico; el resto obtendría la invocada transformación por añadidura, pero siempre alineada con el prediseñado por quienes arrogan la condición de hacedores de historia.

Asoman ellos otras lógicas de producción económica, en apariencia socialistas. Esto es llamativo por la inconsistencia del planteamiento, dado que sin deconstruir las categorías económicas con las cuales opera el capitalismo, cuyos instrumentos de reproducción objetivos y simbólicos ocupan los más recónditos intersticios de la episteme que nutre el modo dominante de pensar, hacer y ser, entonces precario éxito y nula credibilidad avizoramos en esa búsqueda.

Los pensadores del régimen actual en Venezuela rehuyen ir al fondo del asunto, temen apellidar las cosas como tiene que ser. Les espantan los verdaderos desenvolvimientos epistemológicos que se deben encarar.

Aceptemos que en el capitalismo el plustrabajo y sus concretos efectos productivos quedan en manos del empresario, “explotación del hombre por el hombre” a decir del relato marxista.

No es mentira que en la racionalidad que impone el capitalismo prevalece, desde siempre, la maximización de la ganancia y la libre acumulación. Lo admitimos. Pero en el socialismo rancio, aunque lo reacuñen para los tiempos de hoy en nuestro país impronta y subsume a la producción económica un deleznable Capitalismo de Estado, leviatánico, expresado con mayor propiedad.

Los medios de producción de cualquier proporción y denominación, en la insaciable y voraz figuración estatizadota, llevan el color y el olor de tal empoderamiento omnímodo y totalizante. Así es entonces, anhelan los detentadores de está oprobiosa teoría que, en este capitalismo de Estado del siglo XXI, sin disimulos la utilidad excedentaria (B.C.V. incluido) sea apropiada por la estadocracia para “distribuirla” equitativamente según las necesidades de cada quien. Una mayúscula patraña, inocultable además; padecida y aborrecida por algunas naciones, que ahora se nos quiere refritar. Acaso, es factible una nueva socialidad económica que valore y centre el proceso productivo atendiendo, esencialmente, la satisfacción integral del ser humano, sin que la haga, previamente, una elucidación seria acerca de cómo el hombre (sujeto - ciudadano) aprehende y significa su realidad ? . Por más que los socialistas prebendarios tengan interés en escurrir el trasfondo epistémico, ese sustrato existencial vale y es decisorio también para lo económico. Ese es, justamente el inmenso enigma de ellos: cómo pensar el socialismo pero al propio tiempo disfrutar las exquisiteces del capitalismo.

La tríada Ser-pensar-hacer, indesligable en sus componentes, nos la encontraremos anudada en nuestras vidas.

Con el descarado señuelo, captador de incautos quieren perennizar esta “depravación revolucionaria”, a través de una reforma constitucional, lo cual constituye un fraude a nuestro Estado de Derechos, un golpe de estado a la constitucionalidad.

La vía escogida para reformar la norma suprema es violatoria de la propia constitución. Quizás la convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente, para ellos hubiera sido extremadamente riesgoso a los fines de lograr: la perpetuación del poder autocrático, con la centralización como principio rector; la configuración de un Estado militar en el tal recartografiado político-administrativo; la eliminación del atributo de disponer en la conceptualización y ejercicio del derecho de la propiedad privada; la conculcación del derecho al trabajo garantizado para cada persona por parte del Estado; la transferencia a los poderes públicos de las estructuras organizativas de la administración pública, lo que anteriormente estaba al servicio de los ciudadanos; la liquidación de la institucionalidad y el carácter profesional de las fuerzas armadas para devenir en un cuerpo armado que admite a su interior milicias populares; la eliminación de la condición autonómica del Banco Central de Venezuela para regular y controlar la política Monetaria, con lo cual se avala como en todo Estado Moderno una economía Sana y Transparente.

La vigente constitución nos ofrece el idóneo mecanismo para desconocer “cualquier régimen, legislación o autoridad que contraríe los valores, principios y garantías democráticas o menoscabe los derechos humanos”.

Ante este trenzado cómplice de los poderes públicos, abyectos y entregados al Hegemón nos corresponde Invocar a la propia constitución para: restablecer la Democracia, el orden constitucional y proteger nuestra Norma Suprema y los derechos humanos.
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Abraham Gómez R.


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