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¿Hasta cuando jodes, Iglesia Católica?
Por: Gay revolucionario
Fecha de publicación: 15/08/03
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Nota de aporrea: No hay que olvidar que a parte de otorgar el derecho al voto y al aborto a las mujeres por primera vez en el mundo, la constitución redactada por los soviets luego de la revolución de 1.917, también convirtió a la Unión Soviética en el primer país en descriminalizar la homosexualidad. Estas conquistas del pueblo y los trabajadores rusos fueron luego eliminadas por el totalitarismo de Josep Stalin.

Da lástima oir a muchos autodenominados "revolucionarios" que todavía ven a la homosexualidad como "un pecado".

Creo en Dios Padre, Creador del cielo y de la tierra, así como de todo lo visible y lo invisible. Creo en Jesucristo, hijo único de Dios, redentor de la humanidad, quien muriendo en la cruz destruyó nuestra muerte y resucitando nos dio la vida eterna. Creo en el Espíritu Santo, señor y dador de vida. Pero no creo en la Iglesia Católica en lo absoluto. De sólo leer en el diario Ultimas Noticias la noticia de las aberrantes declaraciones del Vaticano con respecto a la homosexualidad, lo que puedo sentir por esa nefasta Iglesia es un inmenso asco.

Desde tiempos remotos, específicamente en la edad media, la Iglesia Católica ha estado desatando una feroz represión hacia quien o quienes los contradigan; es decir, que la Iglesia es la única que tiene la razón y el que diga lo contrario “irá de cabeza al infierno”. Fue en aquella obscura etapa en que la Iglesia Católica, usando el nombre de Dios Todopoderoso, amenazó, reprimió y asesinó a muchísima gente, calificándolas de herejes, blasfemos, y pare de contar. La denominada “cacería de brujas”. Personajes de la talla de Juana de Arco fueron vilmente ejecutadas, y más aún si estas personas afirmaban tener manifestaciones del Altísimo. Entre otras cosas, persiguieron, reprimieron y mataron ferozmente a cientos de miles de homosexuales, calificándolos de desviados y aberrados, inculcándole a la humanidad esa mentira despiadada de que la homosexualidad era un acto “contra natura”, valiéndose de una falsa interpretación de las Sagradas Escrituras que lamentablemente tiene vigencia hoy. Fue esa etapa obscura de la historia denominada como “la Inquisición”.

Pero eso fue apenas el principio. En los tiempos de la conquista de América, miles de sacerdotes y obispos vinieron a este lado del mundo a imponer su doctrina y, por supuesto, todo aquel que se les resistiera, había que matarlo “en el nombre de Dios”. Fue allí donde comenzó nuestro calvario: muchos de nuestros aborígenes fueron vilmente torturados, reprimidos, esclavizados y, si fuera necesario para los conquistadores, asesinados, desde luego, bajo la batuta de la Iglesia Católica y “en nombre de Dios”. Por otra parte, hay que evocar aquel triste episodio en que Galileo Galilei fue excomulgado y ejecutado por la Iglesia Católica “en nombre de Dios” por haber afirmado que la Tierra era redonda (cosa en la que el astónomo nunca se equivocó y se mantuvo firme hasta el momento de su ejecución), lo cual para ellos era una herejía.

Ni hablar de la época independentista. Recordemos, entre tantas cosas, aquellos relatos del terremoto que destruyó las ocho décimas partes de nuestra capital aquel 26 de marzo de 1812, en los cuales la Iglesia Católica calificó este fenómeno de la naturaleza como “un castigo de Dios hacia el pueblo venezolano por haberse sublevado a la corona española”. Obviamente, declaración hecha “en nombre de Dios”, a lo que nuestro Libertador y Padre de la Patria Simón Bolívar, aludiendo a la corona española y a la Iglesia Católica, les ripostó: “Si la naturaleza se opone a nuestros designios, lucharemos contra ella y haremos que nos obedezca”. Evidentemente, estas palabras fueron calificadas de herejía por el clero, quienes no soportan que alguien se les enfrente y les diga sus cuatro verdades.

Por otra parte, en las postrimerías del siglo XIX, el célebre escritor inglés Oscar Wilde fue condenado a prisión por mantener relaciones homosexuales, condena que fue, por supuesto, avalada e influenciada por la Iglesia Católica “en nombre de Dios”. En las dos conflagraciones bélicas conocidas por toda la humanidad (I y II Guerra Mundial), la Iglesia Católica se afanó por influenciar a la humanidad con el mismo propósito de siempre: dominar a la humanidad. No se puede ocultar el hecho de que muchos presbíteros, obispos y sacerdotes discretamente apoyaban ambos conflictos bélicos. Es la época en que una corriente obscura, rancia, ultraderechista y conservadora se manifestaba dentro del clero, conocida como el Opus Dei.

En la época de la insurreción de Octubre en Rusia, la cual dió paso a la Revolución Bolchevique, personajes de la talla de León Trotsky, quien iría a ser el sucesor de Lenín, tenían ideales altamente progresistas, y en vista de ello planteaban la no discriminación en todo sentido, inclusive por orientación sexual. Pero un personaje totalmente gris se encargó de obstruir todo aquello cuando por medio de trampas, argucias y triquiñuelas llegó al poder en la extinta Unión Soviética, y me refiero a Stalin, quien emprendió una serie de persecuciones y atropellos contra todo aquel que no estuviera de acuerdo con él, y fue en ese momento que aplicó una serie de represiones contra las comunidades gays y lésbicas del desaparecido gigante comunista. Ideas en la que hubo influencia, directa o indirecta, de la Iglesia Católica “en nombre de Dios”.

En la Alemania de Hitler, el nazismo persiguió, torturó y masacró vilmente a homosexuales y lesbianas con una ferocidad jamás conocida, y en las que hubo influencias, de más está decirlo, por parte del Vaticano, puesto que no dijo ni pío ante tan abominables crímenes. En el año de 1969, en New York, específicamente el 28 de Junio, hubo una revuelta en un local de encuentro gay, hecho conocido como la “Insurreción de Stonewall”, en honor al nombre de dicho local, en el cual homosexuales y lesbianas ofrendaron su vida para hacer férrea resisitencia ante la represión policial de las que fueron objeto en aquel triste episodio. ¿Y la Iglesia católica? ¡Bien, gracias! Con su silencio bastó para hacer entender claramente su animadversión a lo homosexuales.

En Chile, principios de la década de los setenta, la Iglesia Católica, con influencia del Opus Dei y “en nombre de Dios”, tuvo una altísima participación en la promoción del golpe de estado contra el Presidente Salvador Allende, en la persona del presbítero Raúl Habbum, a quien se le nombró “el cura de la muerte”.Como cosa rara, el clero guardo un silencio cómplice (silencio que lo dijo todo, por supuesto) ante la feroz masacre, represión y todo tipo de delitos de lesa humanidad que desató la tiranía de Pinochet.

Y lo último, lo vivido por nosotros lo venezolanos en el golpe de estado del 11 de abril del 2002 contra nuestro Presidente Constitucional, Comandante Hugo Chávez Frías, sedición que fue contundentemente aplastada en 47 horas. Cabe destacar la alta participación de la Iglesia Católica en dicha conspiración, en primer lugar, cuando el abominable Monseñor Baltasar Porras (váyase a la porra, Monseñor) avalando el pacto entre el ave gallinácea Carlos Ortega (CTV) y el dictador Pedro Carmona Estanga (Fedecámaras), alias “Pedro el Breve”, y en segundo lugar, cuando “Zamuro negro”, es decir, el Cardenal Velazco (Dios lo haya perdonado, pero ese cerdo con sotana debería de estar achicharrándose en la quinta paila del infierno), con una sonrisita de oreja a oreja y estampando su rúbrica sin ningún pudor, avaló la breve dictadura carmonista, mientras que mi pueblo era perseguido, encarcelado, torturado y masacrado. ¿La Iglesia Católica? ¡Saludos nos mandó! ¡Bastardos!. Tenía absoluta razón nuestro Comandante en Jefe Hugo Chávez Frías en afirmar que esos elementos no son otra cosa más que demonios con sotana que les hace falta un buen exorcismo, para que dejen de echar vaina. Pero tienen el tupé de hacerse las víctimas afirmando que “no los respetan”. ¡Respeten si quieren ser respetados, miserables, y no se metan en política!



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