|
Como firme y convencido luchador de este proceso revolucionario y de
reivindicación social de Venezuela y Latinoamérica he notado con
preocupación el cortoplacismo con el cual hemos venido concibiendo esta
ola de cambios.
Me quiero referir, entre otras cosas, a la visión casi suicida de pelear
hasta morir por mantener este proceso a costa de la conservación
trabajosa de un líder, de una persona, de un hombre. Efímero, como todos.
La inevitable muerte del comandante Fidel Castro debe ser considerada
prácticamente un hecho. A pocos escalones de alcanzar el centenario y
después de una larga vida de lucha, el cuerpo físico de presidente cubano
alcanzará la muerte. ¿Representa esta pérdida la caída de la Revolución?
Para los que creemos en esto, la esperanza puesta en las semillas dejadas
por Castro nos alientan, pero al ver las luchas internas de poder en La
Habana y la cantidad de aves de rapiña que se han situado alrededor de la
isla a esperar que el líder de la manada sucumba nos hace caer en cuenta
que la pelea puede ser muy dura, incluso insalvable.
¿Es el mismo caso el de Venezuela? No lo sabemos. Pero una inminente
pérdida del poder del Presidente Chávez no puede significar el
desbarranco de la causa revolucionaria que ya ha comenzado a florecer
en estas tierras de Bolívar. ¿Pelear o morir? ¿No es mejor usar la cabeza?
La caída del Gobierno revolucionario puede suceder así salgamos a luchar
como descosidos por las calles contra viento y marea.
La propuesta de éste y otros compañeros que hemos permanecido fieles a
esta lucha -y queremos seguir así- es imaginar al proceso de
reivindicación de los derechos de los más desposeídos como un
movimiento que vaya más allá de una persona, o de un grupo de sujetos
(muchos de los cuales sólo se han pegado a la causa como rémoras
insaciables).
El proceso revolucionario debe sobrevivir a la pérdida de unas elecciones
o a la caída de un líder. Debe convocar, fortalecer, desarrollar y fomentar
los liderazgos de base. A la final, son estos los verdaderos luchadores.
De esta manera, con liderazgos formados en las comunidades, no
necesitamos ni a Fidel ni a Chávez ni a ninguna figura que por un infarto o
una bala puedan hacer tambalear o derrumbar las cimientes del proceso.
Pensemos.
Antonio Palacios
Articulo leido aproximadamente 1586 veces
|