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En el día de hoy Boyer Riobueno, otro recluta de la oposición, echó mano una vez más del desgastado verso contra los círculos bolivarianos. Desde el 11 de abril y hasta el presente, ha sido sistemática la criminalización de estos grupos. La versión de Boyer sobre la relación del gobierno con las FARC se apoyó, de manera poco original en la acusación artificiosa, repetida y hueca que relaciona a los círculos con grupos subversivos armados.
Es hora de recordar que esta denuncia fue un recurso demasiado roído por las líneas editoriales de los medios de comunicación después del 11-A, recurso que consistía en la culpabilización masiva de todos los sectores chavistas. Luego de la pantalla de humo montada para perpetrar el golpe de Estado, los Círculos Bolivarianos fueron objeto de una agresiva campaña de desprestigio que se centró en la asociación de estos grupos con hechos violentos. Recuérdese: “Círculos armados”, “tiradores bolivarianos”, “círculos agresivos” e incluso “círculos de la muerte” se utilizaron para imponer la generalización de una falsa conducta agresiva de estos grupos o de alguno de sus miembros.
La nota editorial del 12 de abril del año pasado publicada en El Universal es una muestra contundente:
“La policía presume que la violencia desatada durante la marcha que llegó hasta El Silencio fue provocada por grupos armados integrados por funcionarios de la Policía de Caracas, efectivos de la Casa Militar y de los círculos bolivarianos... cerca de tres mil personas, en su mayoría ebrios y consumiendo todo tipo de licores, expresaban su agresividad a través de groserías, festejaban en voz alta los muertos propinados por los Círculos Bolivarianos a los manifestantes que en forma pacífica y desarmados fueron masacrados en la avenida Baralt, efectuando disparos desde el puente Llaguno”. (El Universal, “El ocaso de los círculos”)
La tenencia y uso de armas por parte de los círculos bolivarianos es otra fantasía recurrente de actores políticos a los que ahora se suman los militares (caso Boyer Riobueno). Estas acusaciones delirantes tienen garantizado el espacio y la difusión en los medios que se sirven de estas para sostener su hoy alicaída campaña golpista. Persistiendo en su tenaz conducta del secuestro de la realidad, el año pasado la prensa insistió en “el desarme de los círculos bolivarianos”:
“No faltó quien dijera, a la altura de la avenida Bolívar ‘vamos a la guerra’. Se rumoraba ya que los círculos bolivarianos estaban armados hasta los dientes, esperando pacientemente en Miraflores a que llegara la ‘oposición’. (El Universal. “El presentimiento”)
“La escalada armada de los círculos bolivarianos iniciada desde septiembre del año pasado ya ha sido denunciada, hasta el cansancio, ante todos los poderes públicos”. (El Universal)
La criminalización sistemática llevada a cabo por diversos sectores de la alianza opositora (mass medias, figuras políticas y militares de derecha) sin que los afectados hayan tenido la oportunidad de ejercer el derecho a réplica, aspira a derribar y desarticular los esfuerzos de acción popular, participación ciudadana y organización local, fieras temidas por las fuerzas contrarrevolucionarias.
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