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Comprometidos con la burguesía y olvidados del pueblo pobre. Un tema inquietante y pocas veces sacado a la luz pública en América Latina es el de las relaciones Iglesia-Estado. Se puede afirmar, sin temor a caer en juicios temerarios, que si todas las verdades salieran a la luz durante la larga historia dictatorial en los diferentes países Latinoamericanos, la Iglesia quedaría muy mal parada. La única carta de identidad que tendría como defensa a la hora de presentarse ante las mayorías pobres son los movimientos teológicos de resistencia surgidos en diferentes países durante la década de los sesenta y setenta. Estos proyectos de reflexión y praxis cristiana encabezados por teólogos de la liberación como Leonardo Boff en Brasil, Gustavo Gutiérrez en Perú, Ignacio Ellacuría y John Sobrino en El Salvador, paulatinamente han ido siendo silenciados por la política vaticana. En la medida que obispos como Oscar Romero, Angeleli, Helder Cámara y otros fueron desapareciendo del escenario eclesial, bien por asesinato de la ultra derecha o porque su edad los obligaba a abandonar su labor pastoral, fueron siendo sustituidos por hombres del ala conservadora que se identifica fundamentalmente con el Opus Dei.
Hoy por hoy las voces disidentes han sido reducidas a su más mínima expresión: Gustavo Gutiérrez se ha visto obligado a refugiarse en una congregación religiosa para evitar que al final terminaran obligándolo a abandonar el sacerdocio. Boff, hoy reducido al estado laical ya no crea el mismo prurito que antes y ahora escribe sobre teología ecológica.
Los párrafos anteriores tienen como finalidad sustentar brevemente la situación que se vive en Venezuela entre el actual gobierno de Hugo Chávez y la cúpula episcopal. No quiero hacer referencia a la problemática entre Iglesia y Estado porque no es la Iglesia, situación ésta que el mismo Chávez ha clarificado en su discurso.
Según lo pautado en el Vaticano II, Iglesia quiere decir todos los bautizados, ahora si en Venezuela todos los bautizados no están en pugna con el actual gobierno y una gran mayoría pobre perteneciente a la iglesia de base sigue apoyando al gobierno actual quiere decir que no es un problema de Iglesia-Estado. Es más, se rumorea que un grupo de obispos venezolanos no comparte la posición que los directivos actuales han tomado con respecto al gobierno pero prefieren dejar el asunto en el tintero porque serían objeto de sanciones a nivel de Roma.
El problema en sus orígenes
El actual presidente de la Conferencia Episcopal Venezolana es Baltazar Porras, un caraqueño-andino que creció desde los años de seminario al calor de la burguesía caraqueña, apasionado por las corridas de toros Porras da una vida por aparecer en TV o en las primeras páginas de los periódicos. Cuando no tiene motivos para hacerlo, aprovecha su posición como arzobispo de Mérida y Presidente de la CEV (Conferencia Episcopal Venezolana) para decir que los chavistas como el mismo los llama, lo están persiguiendo para asesinarlo.
Entre los años 1993 y 99 era gobernador de Mérida Willian Dávila Barrios, perteneciente al tradicional partido venezolano Acción Democrática (AD) Entre Willian y Porras, se estableció una amistad tal que, según testigos de esa Diócesis, la gente se preguntaba quién era el monaguillo y quién el cura. Pues siempre andaban los dos en toda ceremonia oficial o eclesiástica al punto que se alternaban el momento de la predicación. ¿De qué manera había comprado Wilian al Arzobispo que habían llegado a tal grado de amistad? El primero, un mujeriego con un historial de corrupción impune y casado por segunda vez; el segundo un sacerdote que en sus inicios prometía mucho como pastor a la feligresía nacional.
Lo cierto es que en ese estado de congraseo entre obispo y gobernador llega el momento político de Hugo Chávez, un barinés hijo de familia humilde que se ganó sus primeras jornadas vendiendo limones en una bicicleta ajena en un desconocido villorrio de la región llanera del occidente venezolano.
Hugo y Willian Dávila además de contrarios en lo político, llegaron a odiarse visceralmente. En ese ir y venir entre las denuncias presidenciales al gobernador de Mérida y las respuestas de este resultó comprometido el amigo entrañable de Dávila, el obispo Porras. Seguramente Willian esperaba de éste un espaldarazo eclesiástico, para eso se había ganado su amistad, para presentarlo como intercesor religioso ante el pueblo católico a la hora de lavar su conducta oscura. Porras no tardó en enfilar sus baterías contra el Presidente Chávez. En Venezuela los presidentes habían tenido una gran consideración ante los errores episcopales y además un exagerado respeto. Hugo en cambio se presenta desde sus primeros inicios afortunadamente irreverente ante los poderes establecidos de manera que va desenmascarando a cada uno. Le correspondió el turno al obispo Porras quien por andar más identificado con la política de Dávila Barrios que con el pastoreo que le habían encomendado fue llamado por Chávez 'Adeco con sotana'. Desde entonces Porras se ha prestado para todo tipo de manejos e influencias no solo ya en la región sino a nivel nacional y ante la opinión pública internacional una vez que es electo presidente de la CEV. Es tal que ya la presencia de él en los medios no crea ninguna admiración toda vez que la gente sostiene que su discurso es más politiquero que pastoral y si hace referencia a la Biblia es para sustentar su adhesión a la oposición.
Aquí en este punto quedan situaciones oscuras que aclararemos en un segunda investigación como son el sonado caso del Hospital Sor Juana Inés de la Cruz y el Diario diocesano El Vigilante en la Diócesis de Mérida donde Porras es Obispo.
El Opus Dei y los obispos
Para nadie es un secreto que este movimiento eclesial ha llegado a ocupar un lugar privilegiado a nivel universal y sobre todo desde el gobierno central de la Iglesia en El Vaticano. Su pastoral se dirige a las clases económicamente influyentes lo que les da la posibilidad de influir de manera determinante en la vida política mediante un laicado comprometido con sus postulados. Son enemigos de la teología latinoamericana de la liberación y a nivel de diversos países han jugado un rol protagónico en los regímenes. Como muestra el caso de Chile y la dictadura de Pinochet o Venezuela con y el socialcristianiemo. La mayoría de los líderes venezolanos que desde el socialcristianismo hoy militan la Coordinadora democrática pertenecen al Opus Dei, tal es el caso de Rafael Caldera y Luis Herrera, que han sido presidentes de la república, el primero en dos oportunidades; Eduardo Fernández ex candidato presidencial en dos oportunidades y muchos otros son militantes activos y desde la óptica opusdeista ven el socialcristianismo como posibilidad de gobierno en complicidad con la Iglesia de los obispos.
Hace pocos meses, según fuentes de la propia CEV, diez Obispos venezolanos disfrutaron de casi dos semanas en la lejana Roma con todos sus gastos pagos por el Opus Dei para venir a la tan polemizada canonización del Fundador de dicho movimiento eclesial. Y por si fuera poco en hotel cinco estrellas.
Pedro Freites en escenario
Pedro Freites es un sacerdote perteneciente al clero venezolano que durante muchos años ha estado fuera del país, específicamente en Roma. Su participación en la oposición política que hacen los obispos tiene un fin muy claro, complacer los gustos de la directiva episcopal para que, de rector del Colegio Venezolano en Roma pueda ser electo obispo aunque sea de la diócesis más lejana de Venezuela. Desconocedor de la realidad del país y conocedor de la destrucción causada por la oposición venezolana a la industria petrolera, sigue prestándose para cualquier manejo a nivel eclesial en Roma con tal de encontrar una mitra episcopal. Sacerdotes venezolanos conocedores de todo su acontecer así loa firman.
En Italia aseguran que se presenta como delegado de la CEV cosa que no sabemos si es permitida por el derecho de la Iglesia. De todos modos no es de extrañar que Pedro Freites se autoatribuya este tipo de cargos, pues hace algunos años de paso por Venezuela cuando aún laboraba en el departamento para América Latina de Radio Vaticana, se presentó ante un grupo de periodistas de provincia venezolanos como el Director General de Radio Vaticana, afirmación que era totalmente falsa.
A grandes rasgos, los tres puntos anteriormente descritos pretenden clarificar a los lectores los intrincados orígenes de una oposición episcopal que ha olvidado por entero su misión de pastoreo al punto que en los barrios Caraqueños algunos Obispos no pueden asomar la cara porque corren peligro de ser apedreados por los mismos católicos militantes de movimientos de base. Según la narración bíblica, las ovejas reconocen al pastor, oyen su voz y lo siguen, si esto no sucede en Venezuela entonces o no son pastores o lo fueron y hace mucho tiempo que dejaron de serlo.
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