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Uribe en el trapecio: El fascismo enmascarado
Por: Miguel Urbano Rodrígues/De: ANNCOL /enviado por Revista Koeyu Latinoamericano
Fecha de publicación: 29/07/03
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En América Latina el fascismo raramente se presenta de la manera
tradicional. Desde el fascismo boliviano de Unzaga de la Vega, en los años
30, al fascismo militar de Pinochet, todos se han caracterizado, en la
teoría y en la práctica, por una atipicidad que no facilita el trabajo de
los cientistas políticos y de los historiadores. El actual presidente de
Colombia es un ejemplo interesante de ese extraño fenómeno.

Alvaro Uribe Vélez, por vocación, sentimiento, estilo de gobierno y opción
ideológica es un adepto del fascismo. Si hubiera vivido en la década que
precedió la Segunda Guerra Mundial, Hitler seria su modelo. El Führer alemán
lo habría fascinado.

Como la época es otra, toma por referencia, adaptándole a Colombia, el
neofascismo que inspira el sistema de poder estadounidense. Manteniendo
intactas las estructuras institucionales del Estado trata de vaciarlas de su
contenido formalmente democrático. La fachada subsiste, pero la hipertrofia
del poder Ejecutivo impide en la práctica cumplir su papel al Legislativo y
al Judicial. De dinámicos que deberían ser se transforman en estáticos.
Con la Constitución reducida a un documento casi sin valor, Uribe desarrolla
un proyecto totalitario cuya praxis es fascista.

Es un proyecto complejo, ambicioso, cuyo avance exige una ruidosa
orquestación publicitaria. Para destruir la democracia, el presidente repite
exhaustivamente que su objetivo supremo es defenderla y perfeccionarla. Por
eso la apología de la democracia es una constante en su discurso político.

En este contexto, la más reciente maniobra de Alvaro Uribe es la ofensiva
para su reelección. Un obstáculo a superar es la Constitución que limita a
cuatro años la permanencia en el poder del Presidente de la Republica.

Uribe considera insuficiente ese período. En sus discurso repite que el
cumplimiento de su programa, por la grandeza del mismo, exige por lo menos
ocho años, quizás doce.
La senadora liberal Piedad Córdoba concluyó que, por el estilo, la campaña
de la reelección trae a la memoria la de Fujimori en Perú.

Pero aunque cuente con fuerte apoyo en el Congreso, la tarea de Uribe no es
sencilla. Serán indispensables ocho votaciones para que el proyecto de
enmienda constitucional sobre la reelección alcance su objetivo.

Un demagogo hábil

Uribe Vélez no se parece a los dictadores tradicionales. Actualmente no
existe en América Latina un presidente responsable de una suma de crímenes
comparable a la suya. Su currículo define al hombre y al político. Como
gobernador del Departamento de Antioquia fue él quien dio al paramilitarismo
el empuje que permitió mas tarde a los bandos de Carlos Castaño
transformarse en la más importante organización terrorista del Continente.
La lista de crímenes comprobados que incentivó seria en otro país suficiente
para justificar una sentencia de cadena perpetua. Mas en Colombia la maquina
de la justicia, corrompida hasta la médula, es cómplice de Uribe.

Contrariamente a presidentes con la misma concepción totalitaria del poder,
Uribe Vélez no tiene un discurso truculento. Cultiva una oratoria
caracterizada por la apología permanente de la democracia representativa y
del humanismo. Hace la guerra hablando de la paz. Es indudablemente un
comunicador. Seria un error subestimar su capacidad de impresionar a los
interlocutores que desconocen su pasado y métodos. Ninguno de los
presidentes que lo precedieron en la Casa de Nariño consiguió como él
unificar a la derecha oligárquica y hacer que la pequeña y mediana burguesía
acepten un programa tan restrictivo de las libertades y derechos
constitucionales.

Gradualmente, sin que millones de colombianos lo percibieran, un neofascismo
enmascarado se instaló en el país a través de medidas y prácticas que,
permitiendo la sobrevivencia de la fachada institucional, han abierto la
puerta a una dictadura de hecho.

Bush, obviamente, identifica en su colega colombiano a un alma gemela. Entre
ambos hay, lo siente, 'una gran empatía'. Pero Alvaro Uribe no solamente
obtuvo algún éxito en su relación personal con presidentes democráticos de
América Latina; también amplió los contactos, antes difíciles, con los
grandes de la Unión Europea. Contó para eso con la ayuda de su amigo Aznar.
Regresó con las manos vacías en lo que concierne a la ayuda material para el
combate a la insurgencia, mas consiguió que los gobiernos de la UE cambiaran
su política tradicional frente a las guerrillas. Los miembros de las FARC-EP
y del ELN se encuentran desde el ultimo año en la clandestinidad en toda
Europa, donde la INTERPOL los persigue como 'terroristas'.

Mientras, la propaganda de Uribe amplía y manipula sus supuestos éxitos como
negociador. Ocurrió eso después de la reunión del Grupo de Río en el Cuzco y
posteriormente en el encuentro de Londres sobre Colombia.

En el primer caso el gobierno de Bogotá afirmó que el grupo de Río había
decidido apoyar la llamada política de 'guerra total' de Uribe, lo que es
falso. Del Cuzco no salió ninguna declaración en ese sentido.

En lo que se refiere a la reunión convocada por iniciativa de Blair y Aznar,
El Tiempo, en un editorial titulado 'El espaldarazo europeo', celebró la
imaginaria victoria del Presidente recorriendo a la tradicional expresión de
Julio Cesar conmemorando la conquista de las Galias : Vini,vidi,vici
(llegué, vi y vencí). Una mentira triunfal, porque la gran victoria fue
imaginaria.

Han omitido los epígonos de Uribe que cualquier ayuda a su gobierno será
condicionada por el cumplimiento de las 27 recomendaciones constantes del
informe de James Lemoyne, representante en Colombia del secretario general
de las Naciones unidas. Una de esas exigencias establece que el gobierno no
'podrá introducir en el orden jurídico colombiano normas que permitan a los
miembros de las fuerzas armadas desempeñar funciones de policía judicial ni
otras incompatibles con la independencia de la justicia'.

Ocurre que la injerencia del Ejecutivo en el área del Poder Judicial es
precisamente uno de los pilares del proyecto del llamado Estatuto
Antiterrorista del gobierno. Este entiende además que puede decidir, sin
intervención de la Justicia, si un ciudadano debe o no ser extraditado a
pedido de Washington.

En Epoca Uribe criticó con vehemencia el representante de la ONU (y al mismo
secretario general) considerando inaceptables sus recomendaciones. Es
oportuno recordar que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la
OEA exige igualmente que todos los Estados miembros de la organización se
abstengan de 'adoptar medidas legislativas' manifiestamente incompatibles
con sus objetivos'.

Uribe y los paramilitares

Las negociaciones en curso para la reintegración de los paramilitares en la
sociedad provocaron uno gran escándalo político.

El paramilitarismo es parte de la política del estado colombiano. Fue creado
por el ejército para ejecutar las tareas más sucias. Observadores de
organizaciones internacionales han comprobado en el terreno muchos de los
innumerables crímenes cometidos por los bandos asesinos de paramilitares.
Sobre el tema existe hoy una abundante documentación traducida a muchos
idiomas.

Uribe, cuyas intimas relaciones con el paramilitarismo fueron motivo de
acusaciones publicas manifestó desde el inicio de su mandato el deseo de
'reintegrar' los paramilitares. No es secreto que el gobierno pretende
colocar en el ejercito y en las policías algunos de los principales cuadros
de los bandos de Carlos Castaño, el jefe máximo de esa basura humana. Otros
serán parte del cuerpo de centenares de miles de 'sapos', los informadores
de los servicios de seguridad.

En las negociaciones, los paramilitares son tratados por los representantes
del gobierno como patriotas desviados que sólo han optado por la violencia
empujados por el deseo de proteger a la ciudadanía contra las guerrillas
comunistas…

Algunos reportajes publicados en la prensa de Bogotá y Medellín presentan a
esos jóvenes como seres ingenuos, casi angelicales. El general Jorge Mora y
la ministra de la Defensa condecoraron no hace mucho algunos paramilitares
por servicios a la comunidad propios de humanistas.

En realidad, la historia de los crímenes del paramilitarismo es sombría, en
paralelo con la de los más siniestros escuadrones de la muerte del
Continente. Castaño se divertía cortando con una motosierra los brazos de
los guerrilleros de las FARC prisioneros, antes de echarlos, moribundos, a
los cocodrilos del Magdalena.

Por sí sólos los testimonios -divulgados por diferentes ONGs -relativos a
las matanzas recientes de campesinos, torturas y violaciones de mujeres,
ejecutadas por los bandos de paramilitares en la región de Barrancabermeja,
en el oriente de Antioquía, representan un libelo abrumador contra una
organización criminal responsable del asesinato de decenas de miles de
personas.

Son esos terroristas los que Alvaro Uribe, en su campaña anti-terrorista,
pretende reintegrar a la sociedad. En parte desde luego, pues unos 6500
paramilitares pertenecen a grupos de bandidos que no participan de las
negociaciones. En estas el gobierno tiene como interlocutores los bandos de
Carlos Castaño y Salvatore Mancuso, los dos capos.
Una extensa entrevista con el último, publicada en la edición del 20 de
julio de El Tiempo, ilumina bien su mentalidad y permite al lector hacerse
una idea de la atmósfera de hipocresía de la vida cotidiana en la Colombia
actual.

Hay que aclarar que Castaño y Mancuso son riquísimos. Jamás el ejercito los
incomodó, aunque aparecen con frecuencia y entran y salen del país sin
dificultad.

Mancuso, hijo de inmigrantes italianos, no está preocupado con el pedido de
extradición presentado por los EE UU. Expresando sorpresa, Salvatore,
lugarteniente de Castaño, afirma tratarse de un equívoco. Jura no mantener
relaciones con el narcotráfico (mentira ridícula) y dice no percibir por qué
lo acusan en Washington de traficante. Según él el equivoco terminará tan
pronto se le ofrezca la oportunidad de conversar sobre el tema con los
norteamericanos.

'Cuanto más claro tengan quiénes somos -declaró- y cuál es el horizonte al
que apuntamos, más claro tendrán ellos el papel que tendrán que jugar en la
solución pacifica del conflicto armado nacional'. Ese es su lenguaje. Y
probablemente las comadres se entenderán.

Salvatore es bucólico, casi romántico en su confesión. Firmado el acuerdo
con el gobierno, sus paramilitares quieren 'dedicarse a las familias y
volver a la vida normal que llevaban anteriormente'… El, personalmente,
podrá entonces, con placer por el deber cumplido, entregarse a su vocación
de agricultor, de industrial, de empresario...

Mancuso, como Castaño, es un mafioso. La hipocresía escurre de cada párrafo
de su discurso de Tartufo. Sus palabras dispensan comentarios. Eticamente
pertenecen ambos a la familia de Uribe, su protector.

Las FARC y la ONU

El 17 de julio, el secretariado del Estado Mayor Central de las FARC-EP hizo
pública una Carta Abierta dirigida de las Montañas de Colombia al secretario
general de la ONU.

En el preámbulo se explica el motivo de la iniciativa: el apoyo condicionado
que Naciones Unidas ofrecen a la lucha del presidente de Colombia 'contra el
terrorismo y el narcotráfico'.
La organización revolucionaria de Manuel Marulanda registró que la ONU se
abstuvo de utilizar el lenguaje de Uribe para cualificar las a guerrillas
colombianas.

El Estado Mayor Central de las FARC informa y reivindica: 'Las FARC.EP son
pueblo en armas, una organización político-militar de oposición al Estado y
al régimen político colombiano, una fuerza beligerante con opción de poder.
Al conocer la información de prensa sobre los resultado de las entrevistas,
foros y seminarios de los emisarios del Gobierno de Colombia, en la Unión
Europea y su organización, solicitan de usted igual tratamiento, espacio y
garantías para explicar su propuesta de Nuevo Gobierno para la Paz, plasmada
en la plataforma política, y hacer conocer en directo, de viva voz, los
argumentos políticos indispensables para que usted y la organización mundial
que representa, en uso de su buen juicio, pueda analizar y concluir con
certeza si realmente conviene darle el respaldo al señor Uribe Vélez, o si,
por el contrario, esa no es la contribución al conflicto interno de
Colombia'.

Agrega el Secretariado de las FARC que la entrevista pedida permitiría
informar la ONU de su propósito de buscar 'una solución política al
conflicto social y armado por vía diplomática'.
Para sorpresa y disgusto de Uribe, Koffi Anan, en declaraciones a la
comunicación social, se manifestó abierto a dialogar con las FARC. Estas han
propuesto como su representante en un eventual encuentro al comandante Raúl
Reyes.

Como es de conocimiento público, las FARC exigen negociaciones directas con
el Gobierno, rechazando la mediación de las Naciones Unidas para la solución
de los problemas internos, nombradamente el canje de prisioneros. En
confrontación están dos conceptos antagónicos de soberanía nacional. Sin
embargo, las FARC tienen gran interés en informar la ONU sobre sus
posiciones reales, desmontando las calumnias contra ellas forjadas.
Mientras, se profundiza la contradicción entre el discurso pseudo pacifista
de Uribe y su política de guerra total.

En el terreno militar las cosas van mal para el presidente. Pese a que el
general Ospina, comandante en jefe, insiste en prometer victorias decisivas
contra la insurgencia, las FARC infligieron en las últimas semanas nuevas
derrotas al ejército y a los paramilitares.

Los hechos desmienten la oratoria triunfalista de Uribe, exhibiéndose en sus
juegos de trapecio.

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