Una carta de Simón Bolívar

“A buen entendedor pocas palabras le bastan”…

Es Octubre de 1.830… Simón Bolívar se dirige a encontrarse con la Gloria, está a poco menos de dos meses de su inmortalidad… Bolívar le escribe al General Urdaneta... La agitación reina en la Gran Colombia, las conspiraciones están al orden del día… Páez, Santander pugnan… la oligarquía conspira… se levantan pueblos en apoyo a uno u otro bando; muchos en apoyo a Bolívar mismo… Bolívar ve como su obra se derrumba ante sus ojos…

“… a que cesen los partidos y se consolide la Unión…”…

Lean y juzguen por ustedes mismos:

*-*-*-*-*-*-

Soledad, 25 de octubre de 1830.

A S. E. EL GENERAL RAFAEL URDANETA.

Mi querido general:

Tampoco en este correo he recibido carta de Vd., sin embargo, le escribo desde la cama donde estoy reducido a sufrir mis males, que se empeoran; siendo lo más lamentable que no tengo un médico que me asista, y aunque no faltará alguno en Santa Marta, no he querido irme para allá, porque todavía no sabemos si se ha tomado o no Río Hacha: noticia que espero de un momento a otro pues ya tarda.

Mucho he celebrado que Vd. haya declarado que no puede separarse de lo ordenado por el congreso sobre modo y términos de publicar la constitución, para que dado este paso pueda Vd. también declarar a Venezuela que el gobierno de Colombia cumplirá con las miras pacíficas del congreso, y que nunca se ha pensado en hacerle la guerra a Venezuela. Debe Vd. fundar queja de que por la mutación ocurrida en Bogotá, se hayan mandado levantar 10.000 hombres y 300.000 pesos con las miras de oponerse al nuevo gobierno. Este esfuerzo extraordinario de Venezuela se está realizando en cuanto se puede. Es muy posible que Vd. sepa allá que han mandado expediciones a Maracaibo y buques de guerra. Dicen que Mariño viene a Cúcuta con tropas; y si se une este general con el perfidísimo Soto y el popular Fortoul, no dejarán Vds. que tener mucho que sufrir y aun de experimentar una reacción general. Bien puede Vd. estar cierto que en cuanto sientan en la Nueva Granada una expedición de Venezuela precedida de muchos papeles amenazadores y grandes mentiras, con protestas contra míl y contra Vd., digo que llegado este caso, no sé como puedan Vds. desenvolverse de las amenazas y aun realidades de Casanare, de la división por Pamplona, de las tentativas de Obando, de las rebeliones de Neiva y del levantamiento en masa de Antioquia por todas las autoridades y militares de aquel departamento. No piense Vd. que de aquí lo socorrerán, porque Río Hacha, sostenido por Maracaibo, dará bastante que hacer, sin hacer mención de Santa Marta, donde el Obispo, seguido por su clero y los ricachos de allí, están en contra por odio a Cartagena y a los cartageneros. Este cuadro de ánimas no es muy bonito, pero si Vd. hace muchos esfuerzos y pone buenos jefes en la frontera de Cúcuta y hace observar a Obando con otros de igual mérito, podría Vd. borrar dicho cuadro, aunque con una prodigiosa dificultad. Yo no sé si el decoro lo permite, pero sí me parece muy útil que se negocie con habilidad y destreza con Páez, Popayán y Casanare para no correr un ciento de riesgo. Todo esto me lo estaba aconsejando mi triste almohada.

Creo que a Carrillo lo engañarán en Cúcuta y Pamplona, pues es demasiado bueno para entender picardías. Yo procuraré que vaya Blanco para allá, Luque y O'Leary. El último sirve para todo. Blanco lo mismo, y Luque es una espada bien templada. Debería Vd. mandar la orden para que fuesen a tomar servicio en Bogotá. Blanco debería seguir por el camino más corto a Cúcuta. Que Justo quedara de comandante general del departamento, y Carrillo de Pamplona. En caso de ir toda la división pudiera mandarla Justo. Que se le dé a Blanco una brigada a sus órdenes, que la coloquen en la provincia de Pamplona según él quiera. Esta brigada no debe bajar de 1.000 hombres. Carrillo podría mandar otra y Justo toda la división.

Llame Vd. al servicio al coronel Acero, y si él ofrece servir, confíele Vd. la frontera de Cúcuta u otro puesto importante. Es un excelente oficial. Ofrézcale Vd. hacerlo general en la primera promoción, lo mismo que a Patria, que se ha comprometido: es bueno y viejo. Yo no sé si los generales que he indicado se vayan sin ser llamados y por eso será bien que se llamen. También Sardá es bueno; puede Vd. pedirlo, por si acaso se excusa uno o más. Veré a Montilla para que mande a Vd. oficiales y jefes inferiores.

Nombre Vd. a Valdés segundo jefe de las tropas del Magdalena y que entregue mientras tanto el mando a quien debe sucederle. Así lo pensamos por acá, y Montilla también.

No creo que pueda hacer servicios a Vd. y a la patria porque estoy muy postrado, si no me iría luego para Cúcuta; sin embargo, si me demoro algo y tuviera tiempo para llegar, y viere que hay tropas con que defender el país, me iré a Ocaña y de allí a Cúcuta o a la parte de Pamplona donde más convenga. Pero tengan Vds. tropas buenas y disciplinadas, pues de otro modo no puedo hacer nada.

Nos han nombrado en Cartagena de presidente y vicepresidente constitucionales. Me alegro por Vd., pero no por mí; pues no pienso aceptar ni el nombramiento constitucional por todo lo que he dicho antes de ahora, y porque mi antecesor ha sido depuesto por los jefes militares venezolanos y adictos a mí y le ordenaron escandalosamente que me llamase para que los pueblos me diesen el mando. La respuesta de esta nota la han publicado ellos mismos para que no quede duda de este inaudito atentado pretoriano. Semejante paso me cierra para siempre las puertas del palacio de Bogotá. Por todas estas circunstancias, mi amigo, Vd. debe tomar sus medidas para no ser el hombre más desgraciado del mundo: a grandes males, grandes remedios; y si no acuérdese Vd. del principio de nuestra carrera militar: vuélvase Vd. a aquellos tiempos y si no emigre lo más prontamente posible.

Déle Vd. mil expresiones a los ministros y a mis amigos y quedo de Vd.

Su afmo. amigo de corazón.

BOLÍVAR.


P. D.-He sabido por casualidad que Castelli ha visto una carta en la cual dicen que no tienen confianza en la amistad de Vd. conmigo. Añaden que esta carta es de un individuo allegado a mí: me ha sorprendido semejante cuento, pues yo no tengo más allegados que Wilson, Iturbide y mi sobrino, y, si he de juzgar por lo que les he oído, puedo asegurar a Vd. que no son capaces de pensar y mucho menos de escribir semejante torpeza. No dudo que hay alguna carta de algún necio que esté todavía preocupado con respecto a Vd., pero que este necio sea ml allegado, es falso, y, si por desgracia, es alguno de los de casa, bien puede Vd. escribírmelo para separarlo de mi lado. Con respecto a mis sentimientos diré a Vd. que Vd. me conoce, y que la última prueba que pude dar a Vd. de lealtad fué el aviso que le mandé con Diego Ibarra desde la víspera de la revolución de los Granaderos. Añadiré otra: que, a pesar de que noté el día que salí de Bogotá que Vd. no había venido a acompañarme, aproveché en el camino la ocasión de instar a Caicedo para que pusiera a Vd. de ministro de guerra, y le aprobé que pusiera a Paris de comandante de armas y conservara a Mariano con el de las milicias. Le signifiqué a Caicedo que le era muy conveniente apoyarse en el partido de Vd. para su propia seguridad. Todo esto pasó delante de Herrán.

A propósito de este general, diré a Vd. que lo espero de un momento a otro de vuelta de los Estados Unidos, de donde no ha debido pasar, según me aseguró, porque él esperó mucho desde la primera revolución de Río Chico.

*-*-*-*-*-*-


Esta semana no es para publicar sino para leer, nos vemos en las teclas…

[email protected]

PATRIA, SOCIALISMO O MUERTE….
¡¡¡VENCEREMOS!!!

¡¡PA´LANTE Y A FONDO CON LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA!!
¡¡CON CHÁVEZ TODO, SIN CHÁVEZ NADA!!

Esta nota ha sido leída aproximadamente 12780 veces.