Mapurite sabe a quién pee. El nalgotraficante Leopoldo López da dos
declaraciones diferentes en relación con el ataque terrorista a la antigua sede
de Pdvsa en Chuao. En entrevista telefónica con la BBC, López se muestra
moderado, considera que la bomba fue colocada por grupos extremistas opositores
al gobierno y luego critica razonablemente a éste por la cantidad de delitos que
quedan impunes. Pero cuando el pargócrata de Chacao, en cuyo municipio han
ocurrido todos los ataques terroristas menos el del edificio Teleport, habla
para los medios venezolanos, acusa al gobierno por este nuevo ataque
explosivo.
El modus operandi de la bomba en la antigua sede de Pdvsa en Chuao
apunta hacia los militarcitos de Altamira, posiblemente conchabados con otros
“parias” de la oposición: la Gentuza del petróleo. Tanto a unos como a otros,
los grupos importantes de la Coordinadora DemoKKKrática le sacan el cuerpo, pues
piden mucho y no tienen nada que aportar. Los cobardes de Altamira incluso
desprestigian aún más al resto de la oposición, pues el mundo entero sabe su
carácter terrorista y asesino. La Gentuza del petróleo no aporta masa, son
cuatro gatos y, encima, ya hasta quieren meter al Vecino Juan Fernández como
candidato presidencial, pues aunque no tienen respaldo de nadie, al menos tiene
la ventaja de poder meter una enorme pancarta en su propia caramera. De hecho,
la rapidez con que sujetos como Horacio Medina y otros botados de Pdvsa se
presentaron en Chuao hace pensar que estaban tomando café en las cercanías
esperando la detonación.
El “presunto” asesino Roberto Giusti nuevamente le dio tribuna a Genarito
Méndez Contreras, capo de los ganaderos del Táchira y gran ladrón cuando su
papacito fue gobernador adeco. Giusti, ahora beneficiario en Globovisión del
despido de Pingo, destacó mucho el video sobre guerrilleros venezolanos de las
FBL en el que aparece su “presunto” cómplice en el asesinato de Jorge Nieves con
unas imágenes francamente ridículas e increíbles, sobre unos irregulares
tapándose la cara con la bandera venezolana y que, según afirman los autores del
video, fue filmado en territorio venezolano. Por cierto que una de las cosas más
cómicas es que la Fuerza Armada venezolana adiestra a los guerrilleros de las
FARC en el uso de armas, cuando la verdad es que esos guerrilleros, tras medio
siglo de guerra real, podrían adiestrar a los militares de todo el mundo, dada
su alta experiencia en acciones bélicas. Por si fuera poco, la embajadora Elena
Holguín desmintió las versiones sobre nexos entre las Farc y los militares
venezolanos.
Por cierto, el “presunto” asesino Roberto Giusti mantiene la campaña de
mentiras que siguen en el pasquín de Andrés Rata. El miércoles en la mañana
aseguró en Globovisión que no hay detenidos por los otros atentados terroristas.
La verdad es que están presos los autores materiales de las bombas contra las
misiones diplomáticas de Colombia y España, así como la del Caracas Teleport.
Son militares de Altamira y el cabo Pablo Sifontes confesó la autoría tanto de
estos hechos de terrorismo como de la perpetración de cuatro asesinatos
horrendos, todo ello por órdenes del general Felipe Rodríguez. Éste aún está en
libertad o, más exactamente, sigue confinado a la Plaza Francia, donde hace el
payaso con otros cobardes, con otros que asesinan por encargo.
Qué manera de mentir concertadamente tienen los medios de comunicación. El
Nazional y El Universal (este último abre su portada con un enorme
titular, todo en mayúsculas, que dice CENSURA PREVIA) se agavillaron para
presentar la revés la sentencia 1942 de la Sala Constitucional. Resulta que
ambos diarios mienten concertadamente e interpretan de forma errónea y
simultánea la decisión judicial, lo cual es una prueba inequívoca de
confabulación. Lo más cómico es que ambos periodicuchos dicen que a partir de
ahora puede haber censura previa y se impida difundir propaganda de guerra o
incitaciones a la violencia, al odio racial o religioso. Sería bueno que Tanto
Andrés “Viagra” Rata como Miguel Henrique Otero de Peña recordarán lo que de
verdad es censura previa. Por ejemplo, cuando el hoy diputado adeco Pedro Pablo
Alcántara (sí, ése que tiene dos investigaciones por pedofilia de cuando era
profesor en Lara) se metió en El Nacional en noviembre de 1992, para
impedir que se publicara cualquier cosa contraria la gobierno. O cuando una
edición de El Nuevo País salió con su portada en blanco, sólo con el
cabezal y un titulo de deportes, como consecuencia de la censura previa de
Carlos Andrés Pérez. Eso por no hablar del asalto a Radio Rumbos realizado por
la Disip, por órdenes de Pérez a través de Luis Piñerúa, narrado en vivo y
directo por Alexis Rosas y Teresa Maniglia, periodistas de esa emisora.
La sentencia 1492 de la Sala Constitucional no faculta al gobierno para
ejercer censura previa, ni siquiera contra propaganda bélica o incitaciones a la
violencia racial y religiosa. Son los jueces quienes pueden prohibir la difusión
de determinadas informaciones, es decir, el Poder Judicial, no el Ejecutivo. Y
eso no es nada nuevo, ya que se viene haciendo desde hace muchos años
generalmente a través de recursos de amparo. Vale la pena recordar uno de esos
recursos para establecer censura previa, y no contra propaganda de guerra ni
incitaciones al odio racial, sino contra una publicación que destaba los guisos
y robos de ese patiquín llamado Marcel “Bragueta Eléctrica” Granier, cuyo único
mérito en la vida fue haber dado un braguetazo con la hija de William H. Phelps.
Granier demandó y logró del juez Humberto Mendoza D’Paola –sí, es primo hermano
de otro ladrón, el ex masista y calderista Víctor Hugo D’Paola- prohibiera la
publicación y difusión de El triángulo de la corrupción, del periodista
Rafael del Naranco. El hampón con toga D’Paola prohibió el libro. Poco después,
Radegundis Fernández, otro juez comprado por Bragueta Eléctrica Granier, no sólo
ratificó el veto al libro, sino que prohibió hasta mencionarlo. La justicia
puntofijista, comprada por un chulo, hizo lo que ni siquiera se atrevió a
realizar la Inquisición: prohibir que se mencione la existencia de un libro. Así
que no es que ahora se establece la censura previa, sino que ésta existió,
aplicada por el gobierno y hasta por simples particulares, durante los años de
la corrupción cuartorepublicana. Para más Inri, fue el dueño de un medio de
comunicación, uno de quienes pidieron y aplicaron la censura previa.
El martes, Leopoldo Castillo, alias Matacuras, y Acosta, su sigüí, estaban
felicísimos porque en la fiesta de la embajada francesa una de esas basuras
escuálidas le arrojó una copa de vino a Tarek William Saab, con tan mala
puntería que le pegó en el rostro a la esposa de éste. Castillo y Acosta
aplaudían la acción. El miércoles, comentaban indignados que ese día estaban
ambos comiéndose un pollito en un restaurant del este, cuando pasó una señora
que les dijo: “¡otro gusano más...!”. Ahora sí estaba indignado el asesino de
Moonseñor Romero y de una docena de jesuitas salvadoreños. Le parecía una falta
de respeto, un atentado a quién sabe qué. Claro, a ambos delincuentes les parece
excelente que cuando un chavista va a un restaurant lo insulten o caceroleen,
pero les parece un abuso si se lo hacen a ellos. Por cierto, Acosta debería
evitar comer pollo con el asesino de curas, no le vaya a dar un buen mordisco,
ya que es su al confundir su mediopollo con la comida.
Impresiona el cinismo de Manuel Rosales, pargócrata del Zulia. En una
entrevista a El Nazional, muy destacada en la portada de ese pasquín,
afirma que Chávez pretende eliminar la elección directa de los gobernadores.
Resulta que Rosales, destacado miembro del Opus Gay, firmó el decreto de Carroña
Estanga donde, entre otras cosas, se establecía que el Presidente ése elegido
por quién sabe quién, podía destituir a los gobernadores. Es realmente
vergonzoso que quien firmó un decreto de ese tipo acuse a alguien de querer
hacer lo que él hizo.
La Sala Plena, es decir, todos los magistrados del tribunal Supremo,
decidieron que al general golpista Alfonzo Ramírez lo juzgue un tribunal penal
ordinario, como a cualquier otro delincuente ordinario. Con mucha lentitud, la
justicia va abriéndose camino y finalmente los terroristas de Altamira recibirán
la pena que les corresponde.
Qué manera de mentir en los medios. Cómo intentan engañar a sus
escuálidos. Resulta que Eduardo Bertoni, un empleado de Alan Brewer Carías en la
Comisión de Libertad de Expresión de la OEA, dijo que lamenta que el Tribunal
Supremo haya mantenido vigentes las normas sobre desacato. Los medios,
incluyendo Globovisión, titulan que la OEA condena decisión del TSJ. Para que la
OEA condene no basta que un bacalao, un mercenario empleado de ese organismo,
diga cuatro pendejadas. La OEA habla cuando realiza una asamblea, no cuando abre
el hocico un corrupto.