|
Nota del autor: Es un material para la discusión, para propiciar el debate entre los amigos del proceso bolivariano. Si eso sé dá, hemos avanzado.
La situación nacional, en lo que va del cuarto (4°) trimestre del presente año, ha venido mostrando una serie de tendencias, entre las que podemos citar: el reagrupamiento de las fuerzas opositoras al gobierno, el aumento de la conflictividad social, la leve disminución de la base social del gobierno tanto en términos de los sectores sociales que lograron aglutinarse en torno a sus propuestas en un comienzo como de factores políticos afines y las fricciones políticas en el partido de gobierno y entre éste y los sectores aliados, deben ser analizadas en su justa dimensión, a fin de tener una caracterización lo más acertado posible de cada una de ellas y para diseñar las medidas que se consideren más apropiadas para producir una superación de la misma. Desde luego que ésta puede darse por diferentes caminos; los opositores al actual cambio político diseñarán su estrategia en función de contribuir a profundizar la ingobernabilidad y los elementos de crisis, porque consideran que eso les favorece, en el sentido de que contribuiría a minar las bases del gobierno, a elevar el descontento entre la población y a disminuir la base de sustentación social del régimen; mientras que los amigos del actual proceso de cambio se moverían en la dirección de superar las manifestaciones de descontentos, contener los visos de ingobernabilidad y recuperar las bases sociales afectas al gobierno, entre otras cosas.
LA POLARIZACIÓN DE LA SOCIEDAD VENEZOLANA
El triunfo de Chávez Frías, tanto en diciembre de 1.998 como en agosto de 2.000, marcó, en cierto sentido, una polarización de la sociedad venezolana, expresada entre quienes estaban a favor de las propuestas de cambio y de transformación de la sociedad venezolana y quienes se aferraban al viejo estilo de hacer política y de gobernar. Pues, la forma como se dirimió la contienda electoral, donde por un lado se concentraron todas las fuerzas del viejo régimen y de los sectores opuesto a la figura de Chávez Frías, y por el otro lado se agruparon quienes estaban a favor del cambio de la sociedad venezolana, sirvió también para abrir sendas a la polarización.
Como se ve, esta demarcación tan expresa, tan abierta, de las fuerzas políticas que actúan en el país no ha sido alentada personalmente por nadie, sino que más bien es obra de las circunstancias políticas y los objetivos que se establecieron en alcanzar. Sepultar la democracia corrupta y de entrega de los intereses nacionales, abrir caminos para la construcción de una democracia participativa, desmontar la estructura de estado que le servía de soporte a los intereses de las viejas clases políticas puntofijistas y echar las bases para la construcción de un nuevo modelo societal.
LINEAS DE ATAQUES DE LA REACCIÓN
En consecuencia, las fuerzas de la reacción conscientes de la derrota que habían sufrido y de que su modelo político y de acumulación, construido tras cuarenta (40) años de democracia representativa, tendía a desaparecer no se podían quedar de brazos cruzados, no podían ejercer una oposición política a la vieja usanza y esperar a que el tiempo de gobierno se venciera para abrir un nuevo proceso electoral, porque eso sería su muerte histórica tempranamente, eso sería su desaparición como factor político y de clase. Por eso desde un comienzo montaron sus líneas de ataques y trazaron sus estrategias para buscar el debilitamiento del proceso de transformación de la sociedad y minar sus bases de apoyo; apoyándose para esto, principalmente, en algunas instituciones, que según los registros de opinión mantienen (o mantenían) cierta credibilidad entre la población, como son los medios de comunicación y la iglesia católica.
La oposición mass mediática
Para lo cual se apoyan, principalmente, en los medios de comunicación, sobre todo los medios impresos de circulación nacional y la televisión; sin descatar los principales medios impresos de circulación estadal y la radio. Por donde realizan sus ataques y sus críticas constantes a todo lo que realice el gobierno, convirtiéndose así en la oposición mass mediática, en la oposición política al gobierno.
Todo lo que se haga desde el gobierno es criticado, es ridiculizado; es presentado como limitado de contenido y de soporte teórico. Como si fuese elaborado por "cretinos intelectuales" que no tienen conocimiento de nada y que en lugar de avanzar por buen camino lo que hacen es profundizar la problemática. Tratando de vender la imagen que se está conduciendo al país a un callejón sin salida y que está siendo conducido por una "cuerda" de ineptos.
Los medios, sensatamente, han perdido la sínderis. Se muestran no como comunicadores, sino como forjadores, como promotores, de una determinada opinión; creen que la sociedad venezolana está anclada en la ignorancia y que fácilmente puede ser manipulada; pero los hechos reciente han demostrado que éste es un pueblo que sabe percibir el contenido de los discursos, que presenta rechazo y enfrenta a quienes pretenden tomarlos como borregos y que, en cierta medida, ha aumentado su conocimiento político, lo que lo ha llevado a saber diferenciar entre quienes lo buscan utilizarlo para intereses mezquinos y entre quienes conociendo su papel transformador, dejan que sean ellos los que tracen sus propios caminos.
La alta jerarquía de la iglesia católica
La alta jerarquía de la iglesia católica también se ha sumado al trinar de las voces opositoras; sus ataques al gobierno han aumentado en la medida en que los beneficios que recibía del estado se han visto reducido. Era una casta privilegiada de la sociedad, de la democracia pasada, recibía subsidios para sus quehaceres mercantiles, donaciones de todo tipo y era tomada en cuenta, de manera casi obligatoria, a la hora de buscar opinión o de consulta sobre los acontecimientos del país. Asimismo, se hicieron de medios del estado, con la complacencia de los gobiernos anteriores y bajo la violación de las normativas y requisitos legales que establecían las instancias correspondientes, lo que pone entredicho el discurso de ecuanimidad, de respecto y de justicia que constantemente utiliza.
Pues, se ha venido convirtiendo en un grupo de opinión política; es percibido como un sector que buscar sumar fuerzas para incrementar la oposición al gobierno y que está de lado de las fuerzas de la reacción. Sus años de complacencias, de servilismos y de defensa de los intereses de los gobernantes corruptos, no ha podido deshacer el comentario popular de que "la iglesia cuando ataca a un gobierno es porque éste está al lado de los desamparados".
Los comodines de la reacción
La reacción en las primeras de cambios recurre a estos sectores, porque sus fuerzas están disminuidas, porque sus figuras principales, sus dirigentes, y sus partidos han perdido la credibilidad y su ascendencia dentro de la población y porque son percibidos como los responsables directos del caos en que se encuentra sumida la nación. Elementos que frenaban las posibilidades de que sus discursos y opiniones pudieran tener eco o receptividad entre los sectores populares, en las primeras de cambio. Son sus comodines para desarrollar la oposición.
REAGRUPAMIENTO DE LA REACCIÓN
Las fuerzas de la reacción, apoyada en su campaña mediática, aparecen como en crecimiento, como amenazadora de la gobernabilidad y de que han recobrado parte de la confianza de la población; o en todo caso es la imagen que han querido vender.
Lo cierto es que las fuerzas de la reacción, integrada por AD, COPEI, CONVERGENCIA, PRIMERO JUSTICIA, BANDERA ROJA, FIM, ARIAS CARDENAS Y SU PARTIDO, SECTORES DE LA BANCA, DE LA INDUSTRIA Y DEL COMERCIO, LOS PROPIETARIOS DE LOS MEDIOS IMPRESOS Y TELEVISIVOS DE CIRCULACIÓN NACIONAL Y LA ALTA JERARQUÍA ECLECIASTICA han venido reagrupándose y han aumentado sus coincidencias política, en la misma medida que la gestión del gobierno ha comenzado a concretarse y que han percibido un rumbo diferente a las prácticas que en el pasado desarrollaron los adecos y los copeyanos; como vemos, sus contradicciones han tendido a ser más fuerte, en la medida en que han percibido que sus intereses económicos comienzan a ser afectados y que se está tratando de montar otra institucionalidad, para dirigir el estado, donde ellos no están convocados.
Juegan a acrecentar la ingobernabilidad
De allí que se estén moviendo en la dirección de capitalizar algunos actos de protestas que sectores de la población han desarrollado por sus legítimos derechos, como la cancelación de la deuda social que la democracia representativa nunca quiso reconocer, de mostrar el fraude que montaron en las "elecciones" para renovar las autoridades sindicales en el ámbito nacional, como una derrota del gobierno, de acentuar su posición crítica contra las leyes aprobadas durante el período de la ley habilitante, sobre todo contra "la ley de tierras", supuestamente porque fue aprobada de manera "inconsulta" y porque no se tomó en cuenta la opinión de "los afectados", sistemáticamente han venido desarrollando un discurso ideologizante, tratando de hacer ver que el gobierno se mueve en dirección hacia un régimen de signo cubano y de tipo "comunista"; pues, ha sido una "cantaleta" discursiva desenfrenada de críticas y de obstáculos, con la intención de mostrar que nada sirve y que se va por un camino equivocado, en cuanto al rumbo del país. De igual manera, han tratado de hacer uso de algunos instrumentos de medición de opinión de la población, para poner a correr la bola de que la popularidad del gobierno ha descendido significativamente, que el malestar en las fuerzas armadas, por sus dificultades económicas y por la forma como se ha desarrollado la política gubernamental, ha aumentado y que las posibilidades de un "golpe de estado" son cada vez más cercanas.
Están jugando a acrecentar la ingobernalidad. Han pasado a un incremento de la oposición mediática y de la acción -no sabemos sí es un calificativo apropiado, en los actuales momentos-; llaman a paro de las actividades laborales y comerciales, convocan a movilizaciones para tratar de medir fuerzas, para decir que tienen capacidad de convocatoria, y de que tienen disposición de desarrollar una ofensiva; asimismo, algunos de sus voceros (sobre todo, Alfredo Peña y Carlos Ortegas) han realizado calificaciones que rondan las fronteras del irrespeto contra el jefe de estado, para minar su investidura y para forzar cualquier medida que limite sus derechos individuales; abiertamente hablan de golpe de estado, y no esconden sus intenciones de que están trabajando en esa supuesta dirección. Realizan lobby y montan sus acuerdos con los representantes más compicuos de la reacción internacional, para torpedear las líneas de la política económica, de integración de los países latinoamericanos y por la construcción de un nuevo orden internacional, que el nuevo régimen ha venido implementando.
Los opositores no cuentan con un proyecto de país.
Es innegable que la situación nacional aparezca, si la analizamos desde el ángulo mediático y la matriz montada por la reacción, como ingobernable y de que el gobierno se encuentra a la defensiva; pero las condiciones en las que se encuentra el bloque de la reacción nos puede conducir a una lectura diferente y nos puede proporcionar elementos para valorar las cosas de otra manera. Los opositores no cuentan con un proyecto para la construcción del país en estos nuevos tiempos, siguen aferrados a los esquemas puntofijistas y una buena proporción de la población los percibes como una vuelta al pasado; sus fuerzas orgánicas no tienen la recomposición de la que alardean, los adecos-copeyanos no pueden ocultar que su credibilidad es muy poca y que tanto quienes fueron sus militantes de base como la inmensa mayoría de los venezolanos los perciben y han hecho consciencia de que son estructuras montadas para favorecer a los grandes capitalistas y para beneficios de sus "altos dirigentes". No cuentan, por ahora, con una figura que ejerza liderazgo entre ellos y que se proyecte ante la población como confiable; quienes aupan lo militar son captados como serviles a la vieja clase dirigente, como co-corresponsables de la quiebra del país y con muy poca ascendencia dentro de la institución armada.
Las amenazas de la reacción con pocas posibilidades de materializarse
Todo ello contribuye a graficar los contornos de los espacios del bloque de oposición y nos conduce a señalar que los resultados que pretenden alcanzar a corto plazo no parecen muy confiables y que, además, tienen muy pocas posibilidades de concretarse; debido a que no cuentan con la fortaleza ni con las condiciones que posibiliten sus propositos: la salida del presidente. De igual manera, servirían para develar la falsedad de su discurso democrático, de respeto a la institucionalidad y de tolerancia de la que tanto alardean.
Se trata de una confluencia de agrupaciones políticas y de individualidades que han vanalizado el discurso político y que han hecho de la diatriba una cultura de oposición, un mecanismo para sembrar la duda y tratar de minar las bases de los sectores populares que aún se mantienen identificado con la propuesta de cambio y transformación que en los actuales momentos lidera el Presidente de la República.
EL BLOQUE DE LOS AMIGOS DEL PROCESO BOLIVARIANO
Las fortalezas de quienes integran el bloque del proceso de cambio bolivariano son evidentes: cuentan con un proyecto de transformación del país, el cual está básicamente recogido en la CONSTITUCIÓN BOLIVARIANA; tienen un dirigente, el Presidente de la República, con ascendencias entre sus filas, en bastos sectores de la población, muy a pesar de los silbidos de la reacción de que su base de apoyo ha disminuido sensiblemente, y dentro de la institución armada; quien -independientemente de ser lacerado como ser humano y de ser sometido a críticas bestiales, por parte de la reacción, ha mantenido el respecto institucional y dado muestra de tolerancia y de convivencia democrática, como ningún otro gobernante de este país, independientemente de que los enemigos del proceso bolivariano se empeñen en mostrar lo contrario.
Trabajar incansablemente por construir una referencia unitaria revolucionaria
No obstante, también se observa que los factores políticos que conforman el bloque bolivariano, que van desde los partidos que se integraron al llamado Polo Patriótico hasta las agrupaciones revolucionarias y los movimientos comunitarios y culturales, se encuentran, en cierta medida, desarticulados entre sí, sin posibilidad de construir una referencia unitaria, más o menos, estable en el tiempo, y con restricciones para consolidar referencias orgánicas entre el movimiento popular. Las razones que pudieran explicar eso son múltiples, pero entre las más resaltantes tenemos: sus relaciones unitarias están marcadas por una alta dosis electoralista, las manifestaciones de sectarismos y de prepotencia que ha expresado el MVR hacia los aliados, la visión de que la unidad solamente está referida a los partidos que conformaron la alianza electoral de las elecciones presidenciales, dejando de lado a varios factores que hacen vida dentro del movimiento popular y que han cabalgado con este proceso desde hace varios años y la creencia de algunos de que el proceso puede ser dirigido por un solo factor.
Muchos amigos del proyecto bolivariano sienten que no han sido tratado de la mejor manera, ven que constantemente les ponen restricciones, o limitaciones, a su participación y que son "atropellados" por factores y dirigentes que se dicen conductores de las acciones transformadoras que se están realizando en el país.
Si no se tiene claridad de los objetivos hacia donde apunta esto y de la conducción estratégica que hay que mantener, entonces constantemente se estarán cometiendo los errores que hemos acotados. Pues, tenemos que trabajar incansablemente por construir una referencia unitaria que comience abrirles rumbos de integración y soporte de masas a este proceso. Las cosas no pueden seguir mirándose con relación a una sola organización política, ni ésta puede pretender conducirlo todo; por el contrario, es hora de ampliar los horizontes de participación, es hora de saber que en el movimiento de masas y popular existe un conjunto de luchadores y de dirigentes capaces y con suficientes experiencias que están dispuesto a trabajar por el cambio abiertamente si se mantiene con ellos unas relaciones de respeto, de integración y de cooperación.
El diálogo entre las fuerzas que apoyan los postulados revolucionarios de la constitución bolivariana no puede ser sólo para dirimir estrategias para enfrentar la actual coyuntura política, sino que también debe ser para ir más allá, en el sentido de hacer concreción material de los discursos que hemos levantado, en que nuestra práctica este asida al discurso y que los sectores populares se integren cada vez más y sea el verdadero motor de transformación y para edificar una fuerte organización con esencia de revolución.
QUE HACER
Es hora de pasar a la ofensiva. El chantaje de la reacción tiene que ser contrarrestado con las acciones de calle, con las movilizaciones de los sectores populares. Estos deben movilizarse si perciben y están de acuerdo en que los instrumentos legales que aprobó la Asamblea Nacional bajo la aplicación de la ley habilitante defienden sus intereses y buscan hacer una mejor distribución de los beneficios sociales y materiales.
Hasta los momentos, los medios solamente le han abierto sus espacios es a la reacción para que expreses sus opiniones, que como sabemos son contraria al contenido de cada ley. El debate debe trascender esos terrenos para tener un contacto directo con las comunidades y lograr en la medida de lo posible que ellas deliberen y propicien las acciones de movilizaciones que a bien tengan en emprender. Esto es una expresión sana del ejercicio de la democracia.
La democracia tiene sus reglas y establece sus términos de convivencias, y ellas tienen que ejercerse. Los instrumentos legales sirven para dirimir los conflictos y sustentar la gobernabilidad, en cierta medida, por lo tanto tienen que ser aplicados.
La reacción prácticamente viene violentando los resquicios legales establecidos, peligrosamente esta entrando en un terreno de desobediencia civil y de desconocimiento del estado de derecho, que es necesario enfrentar y tomar las medidas del caso. Las instituciones que se encargan de esos quehaceres tienen que intervenir.
Pues, en este corto tiempo del gobierno bolivariano se ha dado muestra de la autonomía de los poderes. Hay que romper el chantaje de los adecos-copeyanos y de sus otros acompañantes, que tratan de mostrar que todo lo realizan las instituciones del estado lo hacen por mandato del Presidente de la República.
Claro, con eso persiguen aparecer como victimas y mostrar que éste es un gobierno que reprime la disidencia política y que ejerce la represión contra las fuerzas opositoras.
Los revolucionarios junto al pueblo tenemos que rescatar el sentido de conducción del proceso, defender y luchar por la aplicación de la CONSTITUCIÓN BOLIVARIANA en todos sus términos.
Ángel María Rízales Cruces 9/10/2002
Articulo leido aproximadamente 1183 veces
|