Poco es lo que se difunde, y menos aún se conoce, de la segmentación
histórica en términos de materialismo histórico o como materialismo dialéctico,
de la génesis democrática contemporánea venezolana. Es así como, la gestión
gubernamental y logros de los períodos de los generales Eleazar López Contreras
e Isaías Medina Angarita, son someramente recordados pero sistemáticamente
olvidados en los balances históricos. Existe un vacío propiciado por buenas
razones y, seguramente ocultado por verdaderas razones, muy prudentemente, tal
como Tomás Polanco Alcántara en su oportunidad lo señalara. Sin embargo, ni unas
ni otras pueden relegar el hecho de nuestra ignorancia selectiva acerca de estos
aspectos de sendas actuaciones del Gobierno Nacional de la época.
Un hecho que llama la atención, y hacia donde desearía centrar este escrito,
es la evidente coherencia del discurso de nuestro insigne demócrata Isaías
Medina Angarita, ciudadano del Mundo y venezolano de ejemplar trayectoria, que
echó los cimientos de la democracia que hoy disfrutamos, y que sufrió un revés
de fuerza, que superó su espíritu pacifista y nobles sentimientos. Durante su
Gobierno, enfrentó grandes dificultades, al mismo tiempo que amplío muchas
libertades. Ambos aspectos, se convirtieron en una fórmula peligrosa que estalló
en octubre de 1945. Tantas libertades en tan breve período de tiempo, sentenció
su destino, y nuestro destino.
Una de las principales dificultades, superadas por sus decisiones, y las
actuaciones de su equipo, fue su posición firme ante los hechos que asaltaron al
Mundo con la Segunda Guerra Mundial. En diciembre de 1941, con el ataque nipón a
Pearl Harbor, la Guerra tomó un rumbo diferente dirigiendo su atención, desde
Europa, hacia el resto del Mundo, incluyendo América toda, y Asia. El 31 de
diciembre de 1941, Medina rompe relaciones con el Eje, y postrimeramente en
febrero de 1945, declara la Guerra (estado de beligerancia) a Alemania y Japón.
La principal preocupación de Venezuela, era entonces, el suministro de
Petróleo y proteger las vías marítimas de transporte del preciado combustible, y
por supuesto, nuestra seguridad continental.
La coherencia en las acciones fue digna de reconocimiento, como sentenciara
la experta en Archivos Históricos, Dra. Nora Bustamante: “El Presidente
[Medina] y su Canciller [Dr. Parra Pérez] actuando en común
acuerdo, lograron que la política exterior de Venezuela, desde mayo de 1941
hasta mediados de 1945, fuera tan acertada como brillante”.
En este orden de ideas, y dadas las realidades de viejos problemas con nuevas
soluciones, destaca el hecho que ante la nueva sacudida beligerante que tiene
absorto al Mundo, se repiten patrones de comportamiento. En aquel entonces, el
Medio Oriente no era el suplidor de hidrocarburos que es hoy día. Por ello,
Venezuela, junto a México (que nacionalizó su empresa petrolera en 1938), eran
los principales proveedores de combustible del bloque aliado. Haciendo énfasis
en la contribución petrolera, el funcionario diplomático Alberto de Posse Rivas,
Encargado de Negocios de Venezuela en Gran Bretaña durante 1945, señaló en su
obra “Enroques Retrospectivos Diplomáticos” (1968) que “Venezuela ha contribuido
con su petróleo al triunfo de la Causa Aliada. Venezuela produce 35.962.527
toneladas métricas, más o menos, un millón de barriles diarios de ese producto,
y en su totalidad, fue exportado a los Aliados y en gran parte a la Royal Air
Force” (p. 113-114). De igual pensar es el historiador Guillermo Morón, quien en
su “Historia de Venezuela: La Nacionalidad” (1984) señala que “Hay que tomar en
cuenta que casi el ciento por ciento del petróleo usado por Inglaterra en su
lucha contra Alemania y el Eje provenía de los pozos venezolanos” (p. 327).
No quedan dudas que el aporte venezolano fue energético, prudente y oportuno.
Y sobre todas las cosas: económico.
El petróleo era explotado hasta 1943 con las leyes sentenciadas y
sentenciosas del período del General Juan Vicente Gómez. Según este marco
jurídico, las regalías de la explotación minera eran discrecionales; con la Ley
de Hidrocarburos, promulgada el 13 de marzo de 1943, éstos eran fijados en
beneficio del Estado venezolano. El Dr. Domingo Maza Zavala, reconoce los
aspectos positivos de esta Ley, señalando que ésta “consagra la reversión de las
concesiones al término del plazo. Fija las regalías en un sexto (16 2/3%) del
petróleo y asfalto extraído”. Dicha reversión, constituyó el núcleo fundamental
de la futura nacionalización de la industria petrolera venezolana. Postergada
por años, y hecha una realidad más de treinta años después.
Lo cierto es que, entre el 41 y el 43 la realidad de la explotación fue una y
entre el 43 y el 45 otra, y en ambos casos, las condiciones fueron leoninas para
el Estado y favorables para la industria petrolera de otrora. Es conveniente
recordar, que producto de las acciones de implementación de esta Ley, se
construyeron en 1946 los complejos refinadores en Paraguaná, en Punta Cardón la
Caribbean Petroleum Company, y en Azuay, la Creole Petroleum Corporation; ya que
hasta entonces nuestro petróleo se refinaba en Curazao y Aruba. Huelga decir,
que ambas refinerías constituyen hoy el mayor complejo refinador del Mundo.
Con respecto a la posición del Estado ante el auge de la industria petrolera
en detrimento de la producción en otros sectores no mineros, es conveniente
recordar, y así explicar por si mismo, la ecuánime exposición del presidente
Medina ante el Congreso de los Estados Unidos. Medina fue invitado por su
homólogo norteamericano, Franklin Delano Roosevelt, a visitar EUA. El propio
Medina señaló: “Con ocasión de mi visita al Congreso, expuse, con diáfana
claridad como podían tener confianza los capitales extranjeros en sus
inversiones en Venezuela, al amparo de sus leyes y con un Gobierno que respetaba
los derechos ajenos, pero sin que, en circunstancia alguna, pudiera haber para
ellos privilegios ni excepciones [subrayado propio]; y como era ardiente
nuestro deseo de que el capital extranjero, unido al propio, fuera un estímulo
para el desarrollo de nuestro comercio, industria, agricultura y minería”
(“Cuatro años de Democracia”, 1992, p. 59).
Entiéndase pues, que la coherencia comercial e ideológica se fundamentó en
dos hechos sin precedentes: Venezuela no aceptaba imposiciones ideológicas
fascistas o nazistas y menos con el uso de la fuerza, y para ello, suministró el
producto de sus entrañas a la causa de quienes –en ese momento- empuñaban las
armas. Segundo, Venezuela vendió barato, aunque algunos gustarían emplear el
término regaló, su esfuerzo al futuro de una Nación Global, que luego
constituida en Organización de las Naciones Unidas, aseguraría la Paz
Mundial.
Finalmente, y tal como se destacó anteriormente, otro problema bien asistido
por el Gobierno Nacional fue la seguridad continental de nuestras costas. Para
ello, según el Dr. José Giacopini Zárraga, hubo un acuerdo entre Estados Unidos
y Venezuela, para que las “fuerzas armadas venezolanas, se responsabilizaran por
la defensa del Continente en el área frente a nuestras costas, específicamente
entre el Golfo de Venezuela y la Guayana Británica, incluyendo las Antillas
Holandesas” (Leopoldo Tayhardt, 1994, “El Petróleo Venezolano y la Segunda
Guerra Mundial”, p. 17). El mismo Giacopini, señala que “el gobierno del general
Medina si aceptó esa responsabilidad, pero no aceptó la presencia de tropas
norteamericanas en el territorio nacional [subrayado propio]. Hubo una
transacción y, en lugar de tropas, se instalaron unas baterías costeras de 155
milímetros y vino personal americano para entrenar a los artilleros
venezolanos”.
Lo antes expuesto, según lo expresara Luis Andrade (“Aporte de Venezuela a la
Victoria Aliada Durante la Segunda Guerra Mundial”, 1996), demuestra claramente
que el gobierno venezolano de esa época adoptó una actitud nacionalista y
progresista, en defensa de la soberanía nacional, en la cual se incluía el
rechazo a las amenazas y agresiones nazis.
Hoy día, las amenazas son corpóreamente diferentes, e incluso en el campo
ideológico ha habido algunas metamorfosis cognitivas; sin embargo, los conceptos
de soberanía y desarrollo permanecen con nosotros y no se transmutan o
negocian.
Lo señalado anteriormente expuesto, permite poner en evidencia la solidez del
pensamiento sociológico de la génesis democrática del estado venezolano, puesto
a prueba en la diatriba más ortodoxa y paradójica del hombre: la Guerra. Esta
prueba de fuego, fue superada. Sin embargo, los frutos del esfuerzo se vieron
atomizados por la poca reflexiva continuidad del Plan de Estado, que no
necesariamente de Gobierno, en los años venideros. Por ello, probablemente, el
silencio del período de Medina Angarita y López Contreras es un hecho de
“amnesia voluntaria selectiva”. El mejor remedio: Recordar.
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