El resultado electoral para el Partido del Presidente Vicente Fox es desastroso, lanzó una costosa campaña propagandística para “quitarle el freno al cambio”, acusaba sobre todo al PRI de interponerse para detener sus iniciativas en el poder legislativo.
La ciudadanía no le creyó. No sólo disminuyeron en cascada los votos para el Pan sino que se los otorgó a su otrora castigado: el PRI, el viejo y temido representante de la dictadura perfecta de Mario Vargas Llosa. Sin embargo el PRI que ahora obtuvo la mayoría en la Cámara de Diputados no es el mismo de los 70 años de gobierno monolítico. No es más el impune que atropellaba cualquier norma. Llegó a estas elecciones con una multa de mil millones de pesos impuesta por el Instituto Federal Electoral por los recursos que recibió ilegalmente de PEMEX la paraestatal petrolera mexicana.
Para el PAN el descalabro es mayor porque en los ligares donde gobierno perdió el apoyo ciudadanos, es decir, le midieron la efectividad, y sólo obtuvo triunfos en aquellos lugares donde lo que le urgía a la gente era sacar al PRI. Las ciudades importantes, las zonas metropolitanas, otrora bastión del panismo, le dieron la espalda a falta de resultados.
Es verdad que el PRI no se merece la oportunidad, pero a falta de opciones viables de triunfo, la gente se volvió pragmática. Habrá que ver cuándo pasamos de la lógica del voto de castigo únicamente.
El Partido de la Revolución Democrática por su parte, tiene dos países enfrente. El de la ciudad de México donde obtuvo votaciones sin precedentes, de más del 50%, carro completo como se dice en nuestro país. Andres Manuel López Obrador el audaz Jefe de Gobierno cumple sus promesas de campaña: primero los pobres, a quienes otorga becas de unos 60 dólares al mes y alienta con eso al agradecimiento de la población pauperizada que de ninguna forma pensaba que su problema se podría resolver de fondo. Paliativo sí, pero efectivo. López Obrador y el PRD no reivindican aunque sea público y notorio, los grandes convenios que han hecho también con algunos de los más ricos del país.
Pero el PRD fuera del Distrito Federal tiene otro panorama, en Nuevo León y Jalisco, los dos estados más importantes fuera de la capital, perdieron el tercer lugar. Alcanzaron votaciones marginales y si de verdad quiere ser una alternativa nacional, tendrá que replantear su estrategia radicalmente.
Dice la gente: “El PAN no se merece ganar, nosotros no nos merecemos al PRI y Dios nos libre del PRD”. Quizá eso explique que seis de cada diez mexicanos no acudieron a las urnas. Tampoco los partidos emergentes o nuevos, incluido el Partido México Posible que obtuvo el apoyo de la crema y nata de la intelectualidad mexicana cosecharon la voluntad popular de cambio y la desconfianza hacia los grandes.
Por esas razones a la democracia mexicana todavía le falta un largo trecho por recorrer, pero los partidos deberían entender que los mexicanos aprendimos la primera lección de la democracia: el voto sirve, cuenta y se cuenta.
Las siguientes asignaturas son quizá las más importantes para cambiar el rostro del país, lograr que los gobiernos se vuelvan eficientes para resolver los problemas de la población, pero para un pueblo que durante décadas sufrió el fraude y no creyó en el poder de las urnas, esta primera lección es ya un gran aprendizaje.
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