A Teodoro Petkoff, el Ministro chiripa de Caldera, se le puede describir con el aquel viejo refrán popular que dice que cuando se arrecha “da culillo”. En verdad la agresividad y la intemperancia con que ha iniciado una feroz campaña mediática, adecuadamente financiada desde el extranjero, contra las instituciones financieras de la República sólo pueden tener contrapartida en los pánicos que lo asaltan y que lo han puesto en plan de encender el ventilador del lodo y del excremento mediático. Veamos.
En primer lugar, Teodoro tiene miedo de quedar en evidencia, por pirata. Por la pésima y antipatriota gestión al frente del Ministerio de Planificación cuando, en sus años de compinche con Matos Azócar, y como todo nuevo adulante del mundo bancario, colocó a deuda venezolana a unos precios históricos sin parangón que estamos pagando hoy en día. Este adalid de la “justicia” nos clavó en 1998 a los venezolanos unos Bonos a 10 años, en dólares a una tasa de 13,6 % y a un costo anual total de más del 14%. Ningún otro instrumento de la deuda externa venezolana es más caro que estos “Bonos Teodoro”. Hoy, a través del pasquín TalCual, le aterra que el Gobierno de Chávez, el mismo contra el cual ha conspirado sin descanso, logre, después de un paro petrolero y un sabotaje económico sin precedentes que le costó al país más de 9 mil millones de dólares, un refinanciamiento de la deuda externa venezolana que pudiera estar incluso por debajo de los precios que Teodoro le impuso a la República, cuando era el mandamás de la economía.
Dos. Pero Teodoro tiene también razones más terrenales, vinculadas a la necesaria dignidad de su bolsillo y a sus intereses políticos concretos. No es un secreto que, tras su paso por el Directorio del BCV, Teodoro se hizo de un capital político en dicha institución metiendo allí a cuanto amigo y familiar le hubiese entregado un currículo. Es así como Teodoro, maneja desde Tal Cual a una de sus piezas claves, el miembro del Directorio Armando León, eterno aspirante a Ministro de Finanzas, y a quien el diputado Leopoldo Martínez se le habría atravesado en el camino el 11 de Abril durante la Carmonada. Teo, como le dicen sus íntimos, dirige desde tercera también a un grupo claves de gerentes, entre los que se cuenta una camada de adecos encabezados por Carlos Delfino, quien le rindió cuentas en una reciente celebración cumpleañera. Por su parte y desde su puesto, cuyo lapso ya ha vencido, Armando se bate como un “león” para sabotear cuanto objetivo se proponga el Gobierno, fungiendo de corresponsal de TalCual en el BCV y así le hace el juego a quienes escondidos en el discurso de la “autonomía” (¿remember PDVSA?) quieren mantener al Banco Central como un feudo en manos de políticos y banqueros de la IV.
Tercero. Teodoro teme que con la salida de su apadrinado, no sólo se desmonte el aparato de chantaje que dirige desde TalCual, sino que incluso salgan a la luz pública ciertas herencias de su gestión sobre las que debe dar cuenta, entre otras: la decisión de escamotearle a la República 186 millones de dólares en utilidades no entregadas por parte del BCV, que Teodoro firmó como Director, y cuya demanda por parte de ciudadanos venezolanos, hoy está a punto de entrar a juicio. Como ayer, Teodoro se batirá en las páginas de su pasquín para defender la “autonomía” del BCV y se apresta a armar, con el apoyo de Armando, otro escándalo porque la República le va a exigir, como manda la ley, al BCV que entregue las utilidades cambiarias que tiene represadas, con las cuales se aliviaría el grave problema fiscal del país, y que se dice montan cerca de los 10 billones de bolívares.
Por último, Teodoro teme que se reactive otro caso candente como lo es el de los créditos indexados. ¿Cuántos se acuerdan que Petkoff fue el que firmó y autorizó esos créditos asesinos contra la clase media, y que hoy gracias a la presión judicial popular, han sido declarados inconstitucionales?
Ciertamente son muchos los cullillos que da Petkoff en estos momentos. Por eso, no es de extrañar la arrechera miedosa con que firma sus panfletos.
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