El sainete del “atentado” a Marta Colomina da cierta repugnancia. Es increíble
que una señora de esa edad se preste a semejante astracanada. Todo es un
conjunto de embustes, como que un grupo de hombres provistos de fusiles no haya
matado a la periodista y sus acompañantes, si esa era la intención, tal y como
ella acusa. Pero, además, el carro no sufrió daños apreciables, a pesar de que,
siempre según su narración, la chocaron hasta obligarla a detenerse. En fin, que
todo es una mentira sensacional, quizá para levantar su alicaída sintonía o, más
probablemente, para poder acusar otra vez al gobierno y sin el menor fundamento,
de agredir a los periodistas, cuando la realidad es a la inversa: periodistas
como la Colomina constantemente agreden al gobierno e insultan a quienes
simpatizan con el proceso. Lo lamentable es que personas así, de escasas luces y
con el cerebro dañado de tanta Tanqueray con aguakina, participen en estos
hechos sin saber que cualquier día va a ser de verdad. No porque el gobierno
vaya a asesinar a alguno de estos mercenarios de la comunicación –nada tiene que
ganar el Ejecutivo con la liquidación de cualquiera de ellos, que son
absolutamente inofensivos y las contadas personas que los escuchan es porque ya
están fanatizados contra Chávez- sino porque la oposición podría asesinarlos
para culpar al chavismo. Sujetos como Alfredo Peña de Otero, Enrique Mendoza,
Leopoldo López y otros de similar calaña son perfectamente capaces de fraguar la
muerte de una periodista, para buscar escándalo internacional y que
organizaciones delictivas como la Sip señalen por el crimen al Estado
venezolano. Ya se sabe que los tres mencionados fueron los principales
responsables de la contratación de francotiradores el 11 de abril de 2002.
Cualquiera de esos tres sujetos, y en la lista caben muchos otros, mataría a su
madre si cree que esto le reporta dividendos políticos. Y eso lo sabe la señora
Colomina, con todo y sus escasas neuronas deterioradas por el alcohol.
Mientras la oposición vive mintiendo sobre el aislamiento internacional de
Venezuela, el país acaba de obtener otra victoria en Colombia, puesto que la
Comunidad Andina aceptó textualmente la tesis de Chávez de integrarse primero a
Mercosur antes de hablar del Alca. La generalidad de los medios no habla de eso,
es decir no informan, lo cual es una manera de engañar. Lo cierto es que Chávez
y Lula se anotaron una significativa victoria en la ruta hacia la integración
económica y política de Latinoamérica.
El Universal, periódico del impotente Andrés “Viagra” Mata” lleva una
campaña vergonzosa, de constantes mentiras, que indica hasta qué punto ese
rufián desprecia a sus lectores y piensa que son imbéciles. Por ejemplo, ahora
toca con frecuencia el tema de la reconstrucción de Vargas. A pesar de lo
tremendamente avanzadas que van la sobras, que hace ya más de dos años que se
restituyeron todos los servicios y la vialidad, Mata, un sujeto tan imbécil que
hasta se compró bien caro una mujer fea que, encima, le pega, vive señalando las
omisiones. Resulta que en Estados Unidos tardaron un año completo nada más que
en quitar los escombros de las Torres Gemelas, a pesar de que allí nunca se
interrumpieron los servicios en la zona ni se destruyó la vialidad. La
diferencia es que en Vargas el volumen de escombros es “apenas” un millón de
veces mayor que en Nueva York.
Hablando de esa piltrafa que es Andrés Mata, su reportera Taisa Medina
publica allí una nota que debería enseñarse en las universidades como modelo de
lo que no debe hacer un reportero, por mucho que sea el bozal de arepa y aunque
el hambre sea mayor que la dignidad. Así arranca una información que firma dicha
periodista:
“De todo tipo de recursos se vale este gobierno para intentar sostener su
farsa. Su desgobierno. Su desprecio por las instituciones venezolanas. El colmo
más reciente fue la preparación del desfile del 24 de junio, en Campo Carabobo.
¡Hasta reclutó indigentes para que desfilaran como reservistas con uniforme
militar!”
Esta analfabeta de la profesión, nariceada con billetes, hace lo peor que
puede realizar un periodista: mezclar el género informativo con la opinión,
salpicando todo con odio y prejuicios. La despreciable reportera además
demuestra que Natura no la dotó con mucha inteligencia y, además, piensa que sus
lectores son imbéciles. En la nota afirma que el gobierno reclutó recogelatas,
los encasquetó un uniforme y los puso a desfilar. Eso sí, lo que no explica esta
tipa es cómo hicieron los lateros para aprender el orden cerrado, pues
participar en un desfile no es tarea fácil y requiere varios meses de
instrucción militar, además de semanas de entrenamiento para ese acto en
específico. Realmente personas como Taisa Medina producen repugnancia. Como
repugna que el Colegio Nacional de Periodistas no intervenga ante tan flagrante
violación de la ética profesional.
Hablando de basura, El Nazional se pasó el fin de semana mintiendo de
tal forma que parece increíble que alguien pueda ser tan bobo para pensar que
habrá quien se tragará semejante embuste. Según Miguel Henrique Peña de Otero,
su pasquín vende 110 mil ejemplares diarios. La realidad es que imprimen la
cuarta parte de esa cifra (30 mil) con una devolución del 35 por ciento. La
venta neta del diario no llega a 20 mil ejemplares, mientras que su hermano
pobre, Así es la noticia no vende siquiera cinco mil ejemplares.
Otra mentira flagrante, protuberante, notoria, se vio este fin de semana a
raíz del incidente provocado por la Policía Metropolitana al detener, golpear y
esposar a un subteniente del Ejército, que presenció y protestó actos
arbitrarios de ese cuerpo policial. Los principales diarios de Caracas
publicaron sólo la versión mendaz de la PM, a pesar de que la Policía Militar
contactó a todos los diarios, explicó su versión y se la envió por escrito.
Resulta que el militar detenido, al que acusaron de estar borracho, es un caso
único en la Fuerza Armada, pues es seminarista, no lleva arma y es absolutamente
abstemio. Lo detuvieron y golpearon. Cuando la Policía Militar fue a buscar al
comisario encargado del procedimiento, los funcionarios los recibieron a tiros,
pues sabían que los militares tenían órdenes de evitar incidentes. Es más, los
hampones de uniforme azul se robaron una subametralladora UZI. Pero al margen de
la criminalidad de la Policía Metropolitana, a quienes Alfredo Peña de Otero
ordenó buscar choques con los militares, lo más repulsivo es la actitud de los
medios de comunicación, impresos y audiovisuales, que sólo muestran una cara de
la información y se niegan a dar las dos versiones del hecho.
En el aspecto comercial, también Venezuela obtuvo un importante éxito: la
nueva Pdvsa montará su propia red de bombas de gasolina, es decir, competirá
allí con Shell, Exxon y YPF-Repsol. Poco a poco se abren nuevos para crudos y
productos venezolanos, además de participar en las áreas más rentables del
negocio petrolero.
Miguel Thodé, gran ladrón copeyano –y valga la redundancia- que a punta de
robos quebró el aeropuerto de Maiquetía, es otro de los que anda repitiendo
estupideces. Claro, en su caso no es por simple imbecilidad, peor por afán de
mentir, de engañar al lector. En un artículo que publica en Últimas
Noticias se refiere al caso del soldado que durante el aló,
Presidente del pasado domingo se refiere a Fidel Castro con el título de “mi
comandante en jefe”. Como ya señalamos, se trata de un grado militar, el más
elevado de Cuba, donde no existe el de general. No implica una facultad
inherente al Jefe de Estado, que en casi todo el mundo, incluida Venezuela, es
comandante en jefe de la Fuerza Armada. Los militares anteponen el posesivo “mi”
para referirse a quienes ostentan un grado superior. Así que, si ese soldado se
hubiese referido a Pinochet en lugar de al mandatario cubano, habría expresado
“mi teniente general”, pues ésa es su graduación. Claro, la credibilidad de
Miguel Thodé es bien baja y se la ganó a pulso, con anécdotas como cuando
narraba una pelea de Betulio González y, después de varios minutos señalando los
tremendos golpes que lanzaba el boxeador zuliano, cerró con aquello de “se cayó
Betulio”. Es que Miguel Thodé además de ladrón, es mentiroso hasta narrando
peleas.