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Al Borde del Abismo
Por: Rafael Valbuena
Fecha de publicación: 07/09/02
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tus panas
A primera impresión, el título de este artículo parece pesimista. Y no es para menos.

Desde el golpe del 11 de abril, el gobierno viene en una debacle sostenida hacia lo que parece su derrocamiento definitivo, producto de diversos desaciertos de sus personeros, y en especial de aquellos que como quintas columnas dentro de los diversos órganos del Estado actúan para bloquear, sabotear y neutralizar, todo intento por ejecutar los planes y proyectos del gobierno bolivariano, unidos simbióticamente, a la más despiadada conspiración de las élites y el imperialismo.

No faltarán quienes salten a la palestra a indignarse por esta apreciación descarnada. Sin embargo, debido al agotamiento de la provisión de mejillas que poseo, no me queda otra alternativa que decir las cosas tal y como se sienten en la calle y en el seno del movimiento popular.

"Chávez está preso", dicen algunos como explicación para tanta inoperancia, "está aislado", dicen otros. Nos topamos incluso con quienes se sienten traicionados. Muchos no se explican como este "gobierno revolucionario" mantiene detenido a Nicolás, de Radio Perola, mientras Orlando Urdaneta, Alberto Franceschi y Napoleón Bravo, por sólo citar tres nombres, incitan a la violencia y a la conspiración antidemocrática, sin que nada ni nadie sea capaz de sancionarlos. El poder judicial, invadido por las tribus de Miquilena, absuelve a los golpistas y allanan a los medios alternativos, sin que haya respuesta contundente del gobierno. ¿Separación de poderes?. Siempre y cuando favorezca a la derecha, a la oligarquía y a Washington. Mientras tanto, el poder legislativo, con representantes del MVR a punto de saltarse la talanquera a maletinazo limpio, busca, con la activa promoción del oposicionismo, el quórum necesario para salir de Chávez.

Por otro lado, el aparataje de seguridad del gobierno está neutralizado, no hay seguridad ni siquiera para el máximo representante del INTI y hermano del presidente, Adán Chávez, quien no se atreve ir a Machiques (Zulia), a ponerse al tanto sobre el asesinato de Pedro Doria, por temor a represalias del sicariato del clan Contreras, testaferro de CAP. ¡No confían ni en el ejército, ni la DISIP, ni en la G.N.! ¿Qué justicia puede quedar entonces para el médico y compañero?.

Los análisis externos, como el de Heinz Dietrich, hablan de un gobierno sin Estado, de una debilidad tremenda del sistema conductor y de los partidos de gobierno, al no ver la realidad como es. Es decir, la misma situación que vivimos cuando, en las reuniones del movimiento popular, atinamos a expresar estas críticas. "¡Escuálido!", "pesimista"... y pare Ud. de contar. Pero, me pregunto, ¿no es evidente que no tenemos el poder?. Quien recuerde lo visto hace unos días, cuando la policía de Leopoldo López le pateó el trasero a la DISIP de Diosdado, para luego hacer fiesta en los medios, puede asentir. También lo puede hacer el que vio (e incluso vivió) la represión por parte de la Guardia Nacional, enviada por el propio gobierno a reprimir las manifestaciones en contra de la decisión del T.S.J. Incluso hay quienes indican, que la protesta violenta, es producto de los infiltrados. No amigos, así como el caso de Carapaica, la violencia es producto de la indignación y de la impotencia de quienes viven en la injusticia y la opresión. ¡Cuánto no quisiéramos un Carapaica que hubiese evitado el asesinato de Pedro!. Porque para el compañero, no hay escolta ni seguridad como la que le colocaron a Rosendo para evitar "que atenten contra su integridad y la de su familia". A Pedro le propinaban cinco tiros en la cara, mientras Molina Tamayo se reía en El Salvador y Carmona se tomaba unos tragos en Miami y Bogotá.

Incluso ahora se habla de "despolitizar" el INTI (¿?). Y además, se sentencia a favor de los demandantes del IAN, para debilitar aún más el novel instituto bolivariano. En tanto que en las ciudades, se hace lo imposible por sabotear los Comités de Tierra Urbana, incluso desde el mismo MVR. Partido que por cierto merece mención especial, al ser el abanderado de una proyecto de revolución que no es tal, sino más bien un reformismo populista, donde la maraña institucional ha envuelto las políticas antioligárquicas y de interés popular, neutralizándolas y llevándolas irremediablemente al fracaso.

Por si fuera poco, los signos de corrupción se mantienen en un Estado que no ha dejado de ser clientelar, invadido por quienes, amparados bajo la ley de Carrera Administrativa, viven enquistados desde tiempos de la guanábana adeco-copeyana, y que ahora se ven nutridos por los oportunistas de oficio de partidos como el MAS, cuyo güabineo es tan conocido como añejo, a tal punto de tener ahora dos vertientes que les garantizarán cuotas de poder, con Chávez o sin él; del PPT, que le ha hecho la guerra a los Círculos Bolivarianos de educadores en el Estado Zulia y que mantiene diferencias tras bambalinas, con el Presidente Chávez, y de otros que ni siquiera se mencionan por su insulso papel dentro del gobierno.

Fue el movimiento popular, espontáneo y contra la desmovilización decretada por la mayoría de la dirigencia emeverrista, quien hizo presión para el retorno de Chávez al poder. Ha sido el movimiento popular, en forma de Círculos Bolivarianos, de Comités de Tierra, de Asociaciones de Vecinos, de Asambleas Populares, de Cooperativas y de un sin fin de organizaciones, quienes han estructurado la base de lo que puede ser la verdadera revolución bolivariana, naciente bajo este régimen transitorio y prescindible, para la verdadera refundación del Estado, la construcción del poder popular desde la base, hacia la cúspide. Para eso necesitamos a Chávez, y a su vez, el Presidente, puede abanderar ese cambio, si es capaz de asumir la crítica y poner orden en su propia casa, aquejada de traidores, falsos e hipócritas.

Allende cayó, entre otras cosas, por el cerco institucional que se le hizo. Hoy Chávez tiene al enemigo adentro y desde el Estado, pretenden eliminarlo política y hasta físicamente. Al parecer ahora esta conciente de ello y del esfuerzo del movimiento popular por organizarse y articularse, pero son necesarias medidas más audaces, no como las de cederle PDVSA a la conspiración, ni mucho menos el IDB, el IVA o la eliminación del sistema de bandas. No. Se trata de ir a la ofensiva y quitarle los bastiones a la derecha, reducirla y neutralizarla para profundizar el cambio. Porque lo inevitable es la confrontación y el cambio. El diálogo se agotó y las cartas están echadas. Ante el abismo, solo tenemos una opción: saltar adelante y retomar la ofensiva.

Rafael Valbuena
Miembro de la Alianza Popular Bolivariana (Zulia)
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Rafael Valbuena


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