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El diputado Rafael Simón Jiménez nos dice con su entrevista concedida al (presunto) periodista Roberto Giusti mas de lo que dice en ella. Como él sabe maniobrar para que no descubran sus verdaderas intenciones no llega a identificarse abiertamente con Giusti, apareciendo de este modo con cara de ‘como quien es’ y ‘como quien no es’. Por supuesto, el diputado Jiménez es capaz a estas alturas, de engañar solamente a individuos de la ralea de Giusti, porque al pueblo no lo engaña.
El pueblo, que es el mismo que elige y evalúa la actuación de sus elegidos ya sabe quien es el diputado ese que cree que tiene al proceso dependiendo de su magnánimo juicio. Se necesita mas que la astucia de un engañador para detener el ímpetu de un proceso (infiltrado por individuos de la misma calaña de Miquilena) que de manera natural, cual caudaloso torrente arrastrará a los que desafíen la fuerza que lo impulsa.
No conozco el pasado político del diputado Jiménez, pero nada me sorprendería que estuviera en el urredismo anacrónico o en el marxismo de pacotilla, por decir lo mejor. Con esto no quiero decir que estas sean las únicas fuerzas corruptoras del proceso, hay otras que valen la pena mencionarlas aparte y en otra ocasión cuando ese sea el tema.
En cuanto al entrevistador, el tal Luis Giusti (no merece ni mayúsculas en su nombre) sabe que en su entrevistado tiene un trofeo y lo trata como dándole la bienvenida al otro lado del rió (o de la talanquera). Su despreciable estilo es conocido y no merece mayor comentario.
Solo me queda darle una recomendación a Rafael Simon Jimenez y a Luis Giusti: disfruten su triunfo al detener la ley de contenidos, porque ese triunfo, como todos los que logra la oposición es efímero. ¡Allá ustedes! que han decidido desde hace tanto tiempo anotarse a perdedor.
jessarmi@hotmail.com
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