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La Revolución Bolivariana y los pisapasitos
Por: Esperanza Patriótica
Fecha de publicación: 20/06/03
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LA REVOLUCION BOLIVARIANA Y LOS PISAPASITOS
La contrarrevolución está desesperada, se prepara para asestar un nuevo zarpazo a la Revolución. Sin comprender, ni hacer un balance sobre su reciente derrota estructural, siguen atrapados en políticas cortoplacista, sin asidero en la realidad. Todos claman por el referendo, sin fe en su capacidad política para vencer. No hay que subestimar a los “fariseos de la política”. En breve generarán nuevas dificultades económicas y financieras, tratarán de controlar o paralizar el legislativo, se empeñarán en la búsqueda de alzamientos de militares aislados, avanzarán hacia actividades terroristas, sin importarle el costo humano, intentarán pronunciamientos “chimbos” en los tribunales, y sobre todo, dividir y comprar voluntades en el polo bolivariano. Todo para avanzar hacia un fin de año, con un calentamiento de la atmósfera política y social, que avale la salida de Chávez.
Hoy el mayor peligro para la Revolución bolivariana no viene desde la “miope”, “desarraigada” y aventurera oposición venezolana. Todas sus maniobras nuevamente se estrellarán contra la más firme y decidida barrera cívico-militar del pueblo, que desarrolla día a día su conciencia política en la confrontación. El mayor desafío de la Revolución es el de consolidar la unidad política, ideológica y de acción de sus líderes y del pueblo. Los enemigos más poderosos e inteligentes del país, comprenden la debilidad de sus aliados internos y trabajan ahora con la máxima imperial: “divide y vencerás”. Con calma, pero si escrúpulos, engendran monstruosos “Caballos de Troya” y poderosas “Quintas Columnas”. Se estimulan los más oscuros apetitos e intereses individuales, se alientan las tendencias más conservadoras para mediatizar la Revolución, se difama sobre las relaciones entre las fuerzas políticas y las personalidades bolivarianas, se provocan contradicciones artificiales entre ellas, se intenta copar el anillo entorno al líder, se pretende incomunicarlo con el pueblo y los grupos revolucionarios.
Después de la derrota de la virulenta acción fascista de principios de año, se observa el avance de algunas fracciones de “pisapasitos”, que constituyen una vieja corriente en la historia política de Venezuela. Es un personaje taimado, traicionero, siempre adulador, que nunca expresa con exactitud sus criterios y objetivos finales. Un espécimen acostumbrado a medrar de los grandes liderazgos, hasta que acumula suficiente capital y poder para manipular procesos, cambios socio-políticos. La simulación y la “incondicionalidad” son sus cualidades resaltantes. Se muestran como los más fieles, sacrificados y disciplinados, mientras realizan de manera cotidiana su labor de zapa bajo los más diversos pretextos humanos, ideológicos, políticos y económicos.
El primer derrotado por los pisapasitos en la historia venezolana, fue nada menos que Simón Bolívar, el hombre que superó al Imperio Español, uno de los mayores estrategas militares y políticos de todos los tiempos. El que alcanzó la independencia de casi toda la América del Sur. En carta a Briceño Méndez y considerando su viaje a la convención de Ocaña, en la que se estaban traicionando sus ideales, el Libertador dijo:
“He meditado mucho sobre mi ida a Ocaña, y he sacado en limpio que no conviene, por política y por conveniencia. Desde luego, será mal interpretada mi marcha, y en llegando allá, me van a echar una red de moderación obligándome a ceder a cuanto quieran mis enemigos y a las importunidades de mis amigos, que tiemblan con mis negativas, y no se si con razón, o sin ellas; pero como dice el señor Castillo, las inspiraciones del miedo son fatales”.
Algunos meses después se despedía de la Gran Colombia diciendo:
Colombianos.
“Mis enemigos abusaron de vuestra credulidad y hollaron lo que me es más sagrado, mi reputación y mi amor a la libertad. He sido victima de mis perseguidores, que me han conducido a las puertas del sepulcro”.
Horas después moría el más grande hombre de América, traicionado y expatriado por los pisapasitos que ya habían mostrado su verdadero rostro en Ocaña.
La Revolución Bolivariana no esta exenta de pisapasitos, algunos saltaron a la oposición temprano, otros esperan taimados y agazapados, en sus nidos de corruptelas y putrefacción. Desde allí preparan las condiciones para el momento en que se imponga la necesidad de mediatizar o negociar, para garantizar salidas y subsistencias personales. El pragmatismo es una de sus cualidades más visibles, sienten escozor cuando se habla de profundizar o radicalizar la Revolución, de la lucha contra la corrupción, por la justicia social o del aumento de la participación popular, pero sus ojos destellan y sus garras se crispan, cuando se trata de distribuir cuotas de poder.
El “pisapasitismo” tiene como tesis central la idea del “no se puede”. La revolución es muy linda y bonita, pero no es posible en Venezuela. No es posible porque la gente no aguanta, por los vecinos del norte, porque no es posible. Ellos también quieren superar las cúpulas corruptas, pero para cambiarlas por otras con la misma cachimba. Finalmente, proponen avanzar hacia una gobernabilidad sostenible: que implica una alternancia en el gobierno con sectores de la vieja elite y una nueva convivencia con los Estados Unidos. Ese es su decálogo. ¿Será que trocaremos los objetivos esenciales de la Revolución bolivariana por la formación e instauración de una “oligarquía patriotera” a la que le entregaremos las principales riquezas nacionales? ¿Quién o quiénes decidirán y escogerán a los elegidos a convertirse en la nueva oligarquía nacional? ¿De que forma “mágica” o “trascendente” acumulará su capital esta burguesía patriotera? Cualquier burguesía nacional, por “patriótica” que sea, es explotadora de riquezas y de la fuerza de trabajo humana: ¿será que le pediremos al pueblo, después de 40 años de lucha, que ahora debe contribuir a crear una nueva casta explotadora, que se autodefine como “patriótica”, para entregarle las conquistas revolucionarias?
Otros pisapasitos, son menos ideológicos, pero capaces de vender su alma al diablo por unos bolívares. Se muestran como chavistas inclaudicables, adalides de la pureza del chavismo, pero se “preparan para el post-chavismo. Piensan que los fines justifican los medios, cualquiera sean. Donde los intereses de grupos se recubren de una coraza político-ideológica inexistente.
El “pisapasitismo” siempre se empeña en tejer una tela de araña alrededor de la Revolución, tienen la paciencia de un pescador experto. Es así que colocan su gente en el CNE, en el Tribunal Supremo de Justicia, en la Asamblea Nacional, en todos los niveles del Estado. Simultáneamente ablandan la moral de los revolucionarios más débiles: carros, viajes, lujos, acostumbrarlos a las mieles del poder, estas son sus armas preferidas. Actúan sin prisa, su labor es desdibujar a la revolución, transformarla lentamente en una caricatura de sí misma. Aunque reconocen a Chávez como líder máximo de la Revolución Bolivariana, minan su conexión con el pueblo, conspiran contra la movilización popular fuente de la fuerza de la revolución. Los aterra el pueblo humilde y tienen una visión utilitaria de su apoyo, no vacilan en darle la espalda cuando ya no lo necesitan. Ellos son los que detienen la reestructuración de PDVSA y evitan que se convierta en una empresa revolucionaria. Son los que boicotean la formación y el buen funcionamiento de las cooperativas que tanto promueve el Presidente. Ellos son los que hacen una labor de zapa contra CADIVI y el control de cambio, conocedores de que este es un paso definitorio frente al neoliberalismo. Son los que nombran en los ministerios y en cargos burocráticos a personas con claro compromiso con la contrarrevolución, los que entregan las relaciones exteriores del país a representantes de la VI República.
Hoy pretenden entramparnos en un clima electoral desmovilizador, en el que el centro de las angustias es la reelección y no la revolución. Están con Chávez en cuanto portaaviones electoral y no como líder de la Revolución. Los nuevos aspirantes a oligarcas tienen su propia evolución, ahora el pueblo humilde que defendió al proceso les huele mal, ya los discursos del Presidente les parecen fuertes y fuera de tono, plantean que el país necesita sensatez. Defienden los mismos intereses y los mismos privilegios de la oligarquía desplazada.
La Revolución bolivariana y el pueblo no deben peder de vista, ni subestimar a los pisapasitos contemporáneos. A los que realizan su labor de zapa y de quinta columna desde las alcantarillas. No será derrotada esta Revolución por la contrarrevolución, pero puede sucumbir ante el oportunismo bolivariano. ¿Qué hacer frente a los que nos quieren dividir, para derrotarnos desde adentro? ¿Cómo prevenir y superar con la fortaleza de un haz de pueblo cívico-militar unido, la labor de zapa y los apetitos inescrupulosos de algunos grupos?
El mejor aliado del pisapasito es el mirapoquito, el que nunca ve o no quiere ver nada. Que vive en el llano y no ve la llanura. El que convive con el pisapasito a sabiendas de su actitud dañina y es incapaz de asumir una postura digna, de denunciarlo ante la opinión pública. Muchas veces se escudan en la defensa de la Revolución, en el criterio de no darle armas al enemigo. El deber de todo Revolucionario bolivariano es hacer la Revolución es hacer la revolución bolivariana. Lo que es incompatible con la convivencia y la complicidad de los que pretenden destruirla desde dentro.
Afortunadamente, los pisapasitos y los mirapoquitos son una ínfima parte de la ciudadanía, los elementos centrales de la Revolución bolivariana son su líder Hugo Chávez Frías y la gran mayoría del pueblo con su alianza cívico-militar que conducen los destinos del país. Una alianza que tiene que prepararse para superar los desafíos externos e internos de la Revolución. ¿Cómo defendernos de los peligros?
La tesis “divide y vencerás” sólo puede ser superada desde la antítesis: “une para vencer”. Esa práctica es una condición previa para el éxito en la revolución
, que ante todo constituye una batalla de ideas. Si no fortalecemos un piso ideológico que nos permita unir a los revolucionarios, guiarlos en la lucha, derrotar las ideologías enarboladas por la reacción y también las esgrimidas por los pisapasitos y mirapoquitos, no será posible la victoria estratégica. El cemento de esa unidad es el Presidente Chávez, no existe la más mínima posibilidad de emprender esfuerzo unitario alguno, que no sea dirigido y conducido por él. Así podemos explicar las causas del fracaso del Comando de la Revolución.
El Presidente tiene la responsabilidad y el deber de convocar un congreso ideológico donde se debatan las tesis que conviven en el ámbito bolivariano y se puntualicen las de la revolución. Que de coherencia política e ideológica a los bolivarianos. La segunda medida es construir una dirección política de la revolución, necesidad postergada con mil excusas pisapasitos, lo que nos mantiene en un estado de debilidad frente a los combates que se avecinan. La tercera medida es estrechar la relación del Presidente Chávez con su pueblo y del pueblo con la ideología revolucionaria bolivariana.
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Esperanza Patriótica


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