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Siendo aún un pre-adolescente ya me indignaba la manera de hacer política de adecos y copeyanos. De familia paterna urredista y familia materna adeca, el común denominador era que ‘copeyano, ni loco’. Corría el año mil novecientos setenta y nueve y llegó a casa procedente de Caracas un pariente lejano que venía a estudiar agronomía en la facultad de la U.C.V en Maracay.
El pariente se convirtió en una de las influencias mas positivas de mi vida. Trabajador y estudioso, siempre que podía estaba dispuesto a dar lo mejor de sí. Conociéndolo me dí cuenta que era izquierdista y venezolanísta. Al cabo de un par de años estábamos hablando sobre la posibilidad de irnos a la montaña y unirnos a un grupo guerrillero. Esto nunca se concretó, pero quedó muy adentro la semilla, la inquietud de hacer algo por nuestra patria.
Aquí quiero dejar por los momentos la historia con mi pariente lejano, para ese entonces en que hablaba de las posibilidades y del futuro de Venezuela con él, comencé a idealizar la figura de Gabriel Puerta Aponte. Para mí era el venezolano mas digno que existía. Alzado en la montaña, su estatura era inmensa a pesar de no formar parte (o mas bien debido a ello) de la fauna política legal venezolana. Bandera Roja era lo máximo, eran los verdaderos héroes de la patria, los que estaban llamados a rescatarla con el pasar de los años. Algún día el pueblo despertaría y ahí estarían Gabriel Puerta y los muchachos de Bandera Roja al frente de la revolución, unidos con todos los que procurasen el bien de la patria.
Hasta hace muy poco tiempo estuve desconcertado ante la posición absurda de Gabriel Puerta y de Bandera Roja, la única explicación que me saca del desconcierto es que nunca fueron en realidad mas que agentes encubiertos de aquellos a quienes pretendían combatir. Igual explicación le aplico a Ángela Zago y a todos los que de manera absurda y antinatural han preferido izar las banderas de la reacción de la derecha venezolana. Quizás peque de simplista, pero por los momentos no encuentro otra explicación.
Volviendo a mi pariente lejano, ante mi pesimismo por el futuro que le aguardaba a Venezuela de seguir gobernados por adecos y copeyanos, este me aseguró que una Venezuela mejor si era posible y que lo que tenia que hacer era primeramente dedicarme yo a amar a Venezuela y actuar en consonancia con ese amor.
Mi pariente lejano se graduó de ingeniero agrónomo por allá por el año mil novecientos ochenta y cuatro y desde entonces no lo he vuelto a ver. Lo último que he sabido de él es que vive en Francia donde está haciendo un doctorado. Espero que esté a favor del proceso liderado por el presidente Hugo Chávez.
Mis saludos y mejores deseos donde se encuentre para mi pariente lejano Edgar José Gutiérrez, de quien aprendí el amor a Venezuela.
Miguel F. Rodríguez
jessarmi@hotmail.com
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