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Pérez Esquivel: América Latina será un nuevo Vietnam
Por: Fernada Sanchez/Noticias Aliadas/Arogosismaimi/Marcos J Concepción
Fecha de publicación: 18/06/03
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Para el argentino Adolfo Pérez Esquivel, Premio Nobel de la Paz 1980 y titular del Servicio de Paz y Justicia (SERPAJ) de Argentina, la impunidad con la que EEUU ha actuado en Irak, pone a América Latina y todo el mundo en un estado de inseguridad total porque de ahora en adelante el país del norte puede intervenir en el país que quiera con absoluta impunidad y sin oposición alguna.

En la siguiente entrevista concedida en Buenos Aires a Fernanda Sández, corresponsal de Noticias Aliadas, Pérez Esquivel habla sobre esta amenaza y el nuevo esenario que se configura en la región a partir de la guerra en Irak.

¿Cuál es su lectura del actual conflicto bélico en Irak?

La guerra de Irak —aunque, más que de guerra, creo que deberíamos hablar de "invasión"— representa la expansión hegemónica de EEUU en el mundo (NA, Abr. 9, 2003), con lo cual queda claro que no se trata de un proyecto nuevo. Esta es una iniciativa que se viene desarrollando desde hace muchos años, sólo que a partir de los atentados del 11 de setiembre del 2001, los tiempos se han acelerado y las acciones tienen una dirección muy clara: controlar el Medio Oriente y, por consiguiente, el recurso del petróleo.

¿Cómo cree que podría influir este nuevo escenario mundial en América Latina?

En América Latina, EEUU ya intentó algo similar cuando, a través del Departamento de Estado y mediante una alianza con el empresariado local, se promovió [en abril del 2002] un golpe contra el gobierno constitucional de Hugo Chávez, en Venezuela (NA, Abr. 22, 2002). Y, teniendo en cuenta que el 30% del petróleo que importa EEUU proviene de Venezuela, es evidente la relación directa entre este episodio y lo que sucede hoy en Irak. Es un intento más tendiente a lograr un control directo y total del recurso del petróleo a nivel mundial. De todas maneras, convengamos en que el tema del petróleo —si bien central— es sólo una de las caras de esta avanzada, que para América Latina tiene connotaciones mucho más graves.

¿A qué se refiere, específicamente?

A la creciente militarización del continente, reflejada en la instalación de bases militares de EEUU en toda la región (NA, Abr. 9, 2003). En este sentido, la mira está puesta en tres ejes de acción, cada uno de ellos con distinto grado de desarrollo hasta este momento. Uno es la zona de la triple frontera entre Argentina, Brasil y Paraguay, donde ya hay presencia estadunidense (NA, Nov. 5, 2001). Otra es Colombia, mediante el Plan Colombia, que implica la intervención de asesores y militares en la región (NA, Abr. 10, 2000 y Mar. 12, 2002). Y la última es el llamado Proyecto Puebla-Panamá, que abarca Mesoamérica y el Caribe (NA, Jul. 29, 2002). Como verá, esos tres grandes ejes no son otra cosa que las bases operativas a través de las cuales EEUU planea intervenir en el continente. Y con la más absoluta impunidad, porque —como no me canso de repetir— las dos primeras víctimas de este conflicto fueron la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y el Derecho Internacional.

¿En qué medida cree que cada uno de ellos quedarán vulnerados tras la guerra?

Aún cuando los futuros escenarios son bastante imprevisibles, está claro que la ONU quedó totalmente marginada, bloqueada, sin capacidad de respuesta e incluso bajo la amenaza de EEUU de impedirle que intervengan en Irak. Por eso, si de aquí en adelante la ONU no actúa con claridad y firmeza, va a ser sumamente difícil que pueda sobrevivir. Algo similar es lo que ha sucedido con el Derecho Internacional: de un solo plumazo, se han borrado más de 50 años de construcción de pactos, protocolos y convenciones internacionales.

Entonces, esto pone a todo el mundo en un estado de inseguridad total. Y América Latina no escapa a eso ya que, a través de esta nueva lógica de la guerra "preventiva", EEUU puede intervenir en cualquier país del mundo con absoluta impunidad y sin oposición alguna.

Eso preocupa cuando en documentos del Departamento de Estado se habla, por ejemplo, de que "la democracia de Ecuador está bajo la presión de movimientos populistas e indígenas cada vez más radicalizados", como sugiriendo la necesidad de tomar cartas en el asunto, ¿cierto?

Bueno, convengamos que intervenir en cuestiones sociales internas de cada país es otro de los objetivos. Lo que sucede también en el caso de Ecuador es que el presidente Lucio Gutiérrez está llevando adelante una política muy ambigua (NA, Feb. 12, 2003). De lo que no me caben dudas es de que, si Ecuador llegara a verse involucrado en el Plan Colombia, América Latina podría ser el escenario de un nuevo Vietnam, con consecuencias tanto o más graves que las de la guerra de Irak.

¿Por qué?

Porque sería una reedición de la guerra de guerrillas. Y, en este sentido, ya existen algunas señales sumamente preocupantes. Por sólo poner un ejemplo, en Argentina existe un documento del 20 de junio del 2001, enviado por el Ejecutivo al Parlamento, solicitando la autorización para el ingreso al país de tropas latinoamericanas y estadunidenses. Ese documento es medular porque solicitaba la entrada de las tropas y, entre sus fundamentos, argumenta que "en un escenario de guerra los enemigos son las organizaciones sociales, organismos no gubernamentales y enemigos potenciales" (NA, Oct. 3, 2001). Esto refleja hasta qué punto la vieja doctrina de la seguridad nacional sigue vigente. Frente a esto, SERPAJ y la Asociación Latinoamericana de Juristas presentamos un recurso de amparo que fue ignorado. Así, las tropas entraron y luego se fueron.

Y esto sigue sucediendo en distintas áreas de continente, lo cual refleja que estamos frente a lo que yo llamo "totalitarismo globalizado". Es decir, la instalación de un imperio, de una dictadura mundial que en este momento está arrasando con todo. Pero, a pesar de todo, veo algunas señales alentadoras.

¿Cómo cuáles?

Como las movilizaciones populares. El mismo pueblo de EEUU comienza a movilizarse, porque la memoria de Vietnam aún está muy fresca en el recuerdo de la gente y hay manifestaciones en todos los estados. En nuestro caso, en cambio, el desafío es otro: debemos empezar a pensar y generar nuevos espacios sociales, políticos y económicos. Hoy, más que nunca, es necesario potenciar el pensamiento propio, las identidades culturales, la espiritualidad, el sentido de vida de los pueblos.

Fuente: Noticias Aliadas

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Fernada Sanchez/Noticias Aliadas/Arogosismaimi/Marcos J Concepción


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